luns, 29 de marzo de 2021

Catedrales humanas

 

[Ramonismo 62]

'Catedrales’ de Claudia Piñeiro es un espléndido retrato de una familia tras la violenta muerte de uno de sus miembros



Una novela negra que va más allá de esa calificación. ‘Catedrales’, editada por Alfaguara, renueva en su autora, la argentina Claudia Piñeiro, ese contexto de un género que a ella le permite adentrarse por territorios íntimos y públicos para explicar a un ser humano siempre complejo, más aún cuando esos seres están unidos por los nexos familiares, siempre tan complejos, pero riquísimos a la hora de abonar el imaginario de todo escritor.

Lazos que muchas veces son una red que ampara y protege, pero otras son una soga que cada vez se cierra de manera más intensa alrededor de los cuellos de los protagonistas. En estas catedrales humanas se nos cuenta un suceso violento sufrido hace treinta años por una familia. Una de esas familias cuyo ecosistema nunca nos haría intuir la desgracia. Una clase media acomodada, educada y con estudios y una tranquilizadora religiosidad, pero todos conocemos esa expresión de que «Dios escribe derecho en renglones torcidos», y en este caso esos renglones se torcieron con la muerte violenta de una de las tres hijas de ese matrimonio donde solo la felicidad parece tener cabida. Ese drama volteará por completo al clan, convertirá al padre en el luchador por encontrar una verdad y a los demás miembros de la familia en un itinerario vertiginoso de sentimientos.

Por ese itinerario Claudia Piñeiro nos conduce con su habitual solvencia literaria, perfecta dominadora de este género en esta novela llaman la atención dos cuestiones en absoluto menores. La primera de ellas es cómo se nos presenta este relato. A través de un viaje en el tiempo que une el presente de los protagonistas, treinta años después de aquel drama, y el momento del suceso, y todo ello a través del prisma que ofrecen las diferentes miradas de los protagonistas. Una multiplicidad del punto de vista sobre los acontecimientos que enriquece el relato y nos permite apreciar y reconocer lo que piensa o el porqué de las actuaciones de cada uno de ellos. Como en las fascinantes narraciones del mismísimo Faulkner Claudia Piñeiro pone el foco en cada uno de esos personajes para que desde su lugar entendamos las decisiones tomadas por cada uno de ellos, asomándonos a sus sentimientos y lo que ha supuesto ese hecho luctuoso en unas vidas que ya nunca fueron iguales a cómo lo eran antes. Y la segunda de las situaciones que nos llaman la atención es cómo esta presentación de los hechos le permite a la escritora ofrecer mucho más que la historia de una muerte que resolver, conduciéndose por ese anhelo de presentar como el ser humano ante se comporta ante determinadas situaciones con las que la vida amenaza nuestras rutinas. Miedos y temores que destrozan lo cotidiano, que tensionan nuestras conquistas y nos llevan a dar pasos impensables tan solo unos momentos antes. Al tiempo que se revelan esos procesos íntimos también se eleva la mirada a la colectividad y, en este caso, centrándose en un asunto de abortos clandestinos. Un tema oculto en su país, una palabra prohibida y cuya legitimación solo ha tenido lugar hace unos pocos meses tras importantes reivindicaciones de las mujeres argentinas y que todavía recordamos con orgullo desde este otro lado del Atlántico.

No duda la autora en presentar las vidrieras a través de las cuales contemplar su historia. Y estas son las que el maestro Raymond Carver nos ofrece en sus relatos, en especial esa ‘Catedral’ que Claudia Piñeiro menciona desde la admiración y a nosotros nos llega con la honestidad que la autora ha manejado siempre a través de una trayectoria en constante crecimiento. Novelas como ‘Las viudas de los jueves’(2005), ‘Elena sabe’ (2007) o sus últimas publicadas ‘Una suerte pequeña’ (2015) y ‘Las maldiciones’ (2017) o el libro de relatos ‘Quién no’ (2018) así lo confirman, junto a numerosos premios como el Clarín o el Pepe Carvalho del Festival Barcelona Negra, o desde nuestra tierra el XII Premio Rosalía de Castro del PEN, una tierra que también está presente en esta novela con Santiago de Compostela como refugio y su camino como vía de reflexión.

Claudia Piñeiro renueva con esta novela su alianza con el género policial, ese aire negro que la llevó a ser una de las referencias de la literatura latina, y así se ha visto como parte del documental ‘Latin noir’ junto a Leonardo Padura o Paco Ignacio Taibo II, dirigido por Andreas Apostolidis, para la que el importante fotógrafo Daniel Mordzinski la ha inmortalizado con una calavera entre sus brazos. Otro respaldo más a sus libros, a sus historias a esas catedrales oscuras en las que el ser humano busca una expiación y a las que en esta ocasión se le suman la muerte, el amor y la fe como trinidad literaria hecha tinta.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 27/03/2021

A plusvalía da cultura

 


NON SON poucos os que se poñen de costas á cultura porque non atopan nela unha suma nas contas de resultados económicos. Son os mesmos que a entenden como algo reservado a uns poucos, un xeito de ocupación que non aporta máis que algo de entretemento e uns costes que consideran excesivos fronte ao proceso de formación de calquera persoa que por tal se teña.

Fronte a isto é ben interesante o estudo que se vén de coñecer poñéndolle valor económico a esa plusvalía da cultura que vai máis ala do gozo persoal. Nesa análise valórase o retorno que a Cidade da Cultura deixa na sociedade e no que se recolle que cada euro que recibe de fondos públicos volta á sociedade convertido en 1,85 euros, o que é case dobrar o investimento inicial. Este estudo desenvolto pola Deusto Business School xunto coa consultora LKS Next convértese nunha interesante ferramenta para comprender o que a cultura é quen de deixar no tecido social cando se aposta por ela de xeito firme. Na Cidade da Cultura non quedou máis remedio que aproveitar o dispendio económico baixo o que naceu como unha infraestrutura faraónica que a Galicia, como acontecería con tantos outros territorios, quedáballe moi grande. Pero co feito non quedaba máis remedio que tirar para adiante e, polo menos, facer dela un elemento dinámico é útil para a nosa sociedade, converténdoa nun espazo multiusos no que pouco a pouco resolver as eivas que medraron entre proxecto e utilidade, e que como estamos comprobando nos últimos tempos estase a lograr cunha programación cada vez máis diversa e interesante que está a facer desa montaña de pedra e do seu espiñazo de balea un dos espazos de referencia en Galicia, grazas tamén ao agotamento orzamentario doutras institucións culturais fronte ao poderío económico que a Cidade da Cultura manexa.

Agora, dez anos despois, a súa directora, a pontevedresa Ana Isabel Vázquez, pode gabarse do feito ao longo deste tempo xa que se empezan a ver uns resultados esperanzadores cara ao futuro e ao que se lle suma este estudo que amosa que a cultura é unha das mellores empresas que pode haber para calquera cidade e que non só baixo as chemineas medran os cartos, como pensan moitos.

Voltemos a Pontevedra, que sempre foi un territorio idóneo para facer desa cultura industria e motor económico. Estámolo vendo nos últimos tempos, sobre todo antes da apocalipse vírica, cando numerosos axentes culturais agromaron baixo un modelo acaído para ser rede que conecte a moitos actores da cultura. O seu renovado espazo urbano, gabado e consolidado como ámbito centrado no ser humano, a súa longa tradición cultural e varios centros académicos dirixidos á cultura, a converten nun ecosistema axeitado para ese reto, pero aínda falta o que coroe esas arelas de facer cousas, un teito común no que cruzar ideas, no que facer do pensamento acción, no que darlle contidos aos latexos e inquedanzas de tanta xente como hai en Pontevedra con gañas de facer da cultura o seu futuro e o da propia cidade.

Xa vai máis dun ano cando escribín da necesidade de ser ambiciosos cando se falou dun novo uso para o vello edificio de Facenda como gran arquivo. Cando o silencio semella impoñerse apostemos por esa gran arquitectura como a casa común da cultura pontevedresa na que exposicións, talleres, música, libros, teatro, pensamento, congresos e demais posibilidades fagan dela un corazón cultural no mesmo centro da cidade coa que xa sabemos que os beneficios non só serán para o espirito senón tamén para os nosos petos.

 

 


Publicado no Diario de Pontevedra 26/03/2021

Fotografía: Sede da antiga Delegación de Facenda nos xardíns de Casto Sampedro (Rafa Fariña)

 

domingo, 21 de marzo de 2021

Pasadizos literarios

 

[Ramonismo 61]

 'Trigo limpio' es una lúcida intersección desde lo literario de tiempo y memoria, que hace de la infancia duda y pellizco



NO ERA fácil la propuesta de Juan Manuel Gil (Almería, 1979) que intuimos a medida que avanzamos en la lectura de ‘Trigo limpio’, la novela que Seix Barral ha distinguido con su Premio Biblioteca Breve y que dispara a este autor, no demasiado conocido, a esa dimensión estelar que otorga este reconocimiento. Y digo que no era sencillo porque todo libro que se plantea desde su propio ovillo es un artefacto endemoniado, tanto para el escritor, que debe atender a un sinfín de conexiones, como para el lector, que puede sentirse perdido y confuso entre la historia que se narra y cómo se explica esa armazón, así como las propuestas arquitectónicas de lo literario por parte del autor. Pero Juan Manuel Gil supera con creces ese ‘tour de force’, ese laberinto que nos plantea y que en ningún momento confunde a un lector cada vez más sorprendido por cómo se va deshaciendo ese enredo ante sus ojos, ante esa historia de una infancia desde la que construir vidas como un andamio que mientras se arma nos parece tan ajeno y al que, cuando queremos volver la mirada, el tiempo ya ha hecho su trabajo de desintegración de puntos claves en su presunta firmeza.

Ese pasado lleno de travesuras, de tardes en la playa que explicarían todo lo que es la vida, se configura aquí como una sombra gigantesca en la que poner luz  a través de lo literario, mediante la escritura de una novela que acaba siendo la que nosotros mismos sujetamos como parte de este recorrido vital que Juan Manuel Gil singulariza de manera brillante, a la búsqueda, quizás, de ese trigo limpio que existe en cada persona, una esencia virgen, sin las piedrecitas que el camino sitúa bajo nuestros pies para medirnos ante nosotros mismos y ante las miradas de los demás.

Los ojos de aquellos niños ya no son los mismos ojos de los adultos. La memoria raída a costurones, los sentimientos arrasados por los contactos con otras personas y el alma, el alma convertida en hatillo de sensaciones que de vez en cuando recupera su consistencia para nuestro estremecimiento, para recuperar aquella sensación que la infancia ha dejado en nuestro interior como un receptáculo de lo verdaderamente importante. Ahí hace su autor poderosa a esta novela, con un espacio, el definido por la pandilla, sus escenarios habituales o sus familias, por el cual deslizarse ese narrador como una Alicia en busca del país de las maravillas y al que es necesario regresar para entender la vida hoy y para hacer de la literatura el lugar del compromiso, el nuevo territorio a construir a partir de la memoria y del tiempo para lo que es preciso articular un relato, convirtiendo así a la escritura en la única manera de afrontar ese pálpito tan estimulante como lacerante.

Para ello el escritor no duda en ningún momento en mostrar sus armas, haciéndonos partícipes de un interesante debate literario sobre cómo armar una novela, cómo estructurar sus contenidos y dosificar los hechos, desde qué voces organizarla y cómo hacer de nosotros ese ratoncillo en que nos convierte todo escritor que, como un gato que se sabe vencedor, se permite jugar con nosotros al tiempo que como lectores entramos y salimos del libro o libros que aquí se hibridan en el doble itinerario planteado.

Un laberíntico desafío que se resuelve a través de una serie de pasadizos entre lo literario y lo real por los que nos adentramos para solventar esa doble temporalidad entre el momento de construir la novela y los hechos que la infancia ha ido armando y que solo el tiempo puede desvelar al completo. Una tensión en la que el autor evita esa nostalgia que arrastra el pasado, la infancia ya no es una patria sino una nebulosa en lo que nos movimos todos como pudimos y, demasiadas veces siendo ajenos a ciertas realidades imposibles de ser consideradas desde una mentalidad infantil. Esa mirada se hace dura, se afila en las relaciones entre los jóvenes, pero también con sus padres. Imposible calibrar el miedo ajeno desde las infancias felices. Juan Manuel Gil hace uso de otro ingrediente esencial para alcanzar ese punto de equilibrio que precisa la buena escritura, y ese no es otro que el sentido del humor, una fina pátina que, sobre en todo en los ingeniosos diálogos de los adolescentes logran que esbozamos una risa que se convierte en ese punto de camaradería entre los protagonistas de la novela y un lector que no deja de evocar su propia infancia.

Como fin último esta novela es una enérgica e inteligente declaración de amor a la literatura, a aquellos libros que marcan como el hierro candente nuestra piel y activan el deseo de escribir y, sobre todo, de escribir de una cierta manera en función de aquellos libros en los que bebemos como de un cáliz que otorga la vida eterna, al igual que esa mirada de la infancia de la que también volver a beber para saber quienes somos y que cada vez es más importante a medida que los años nos van sepultando y nos enfrentan a la memoria como abrigo.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 20/03/2021


venres, 19 de marzo de 2021

Un proxecto fermoso

 

Saga/Fuga


CORENTA ANOS de proxectos fermosos. Corenta anos de historias e lecturas viaxeiras, de olliños cheos de aventuras, de emocións e arreguizos na pel. Iso si que é todo un proxecto fermoso, como decía a inesquecible veciña de todos nós e, en especial da Libraría Seijas, María Victoria Moreno. E a iso foi ao que adicaron todo ese tempo Luz Gallego e Manuel Seijas, acubillados nese espazo de resistencia fronte ao exterior que foi a súa libraría na Avenida de Vigo. Unha rúa con arrecendo a pan saído do forno de Acuña, pero tamén con olor a libros, a páxinas que saíron durante esas décadas dese outro forno quente de dozura e agarimo. Imposible non facer con todo ese lévedo un bo pan en forma de lectores e lectoras.

«Cuando tenga hambre dadme medio pan y un libro», dixo Lorca cando se inaugurou a biblioteca do seu pobo. Luz Gallego e Tito Seijas seguiron de xeito apaixoado as palabras do poeta e non deixaron de poñer libros nas nosas mans, sementando toda Pontevedra, e máis alá, do mellor que temos para medrar: as historias, as palabras e, como a súa foi unha especialización no libro infantil, tamén as fermosas imaxes que neles se conteñen e que fixeron do libro infantil e xuvenil unha das nosas referencias culturais. A iso estes libreiros adicaron a súa vida, non só entre as paredes do seu castelo cheo de princesas rebeldes, de animais fantásticos ou de naturezas máxicas, senón tamén ao longo dos diferentes proxectos que fixeron desta cidade toda unha capital do libro destinado as nosos nenos e nenas. Aí temos a incrible editora Kalandraka e espazos como o Salón do Libro ao que tantos esforzos eles mesmos adicaron na súa configuración e posterior éxito, ou un Culturgal que os tivo tamén como libreiros de referencia.

Agora chega o tempo da xubilación, do gozo de facer do tempo unha conquista na que abofé os libros seguirán moi presentes. Os que estamos afeitos a esa adicción sabemos que o ben máis prezado é o do tempo. Nenuca e Tito gañaron a pulso ese tempo e oxalá este sexa xeneroso con eles, como eles o foron con todos eses pequechos que collían un libro das súas mans como se fose un tesouro, e claro que o era. Un cofre que levarán sempre xunto a eles, primeiro de xeito físico, pero despois como un recordo, como a lembranza acesa dunha historia e de todo o que a rodea, como é de onde saiu.

Sabemos que non son tempos sinxelos para os libros co papel acosado polas pantallas, de aí que aínda teñan moito máis valor esas redes que teceron estes libreiros durante tantos anos como unha malla de complicidade que nos suxeita tantas veces en momentos complexos, como o foron os meses de encerros domésticos nos que os libros foron as boias ás que aferrarnos no naufraxio. Templos complexos nos que mesmo as librarías poden sucumbir no tremor da crise xeral, de aí que defender as librarías e defendernos a nós mesmos. Falaba antes da Libraría Seijas como dun espazo de resistencia, e tanto Nenuca como Tito déronnos tamén unha lección nese terreo, no de combater as desilusións dunha sociedade que demasiadas veces lle dá as costas á cultura, xa non só dende o institucional, senón tamén dende o ámbito familiar, confundidos no que é mellor para os nosos sen reparar nas fortalezas dos libros e todo o que nos poden achegar.

Pregamos porque ese castelo teña un novo dono que manteña aberto ese pasadizo de ilusións cos que as librarías se unen as cidades. Así Pontevedra laiarase menos pola ausencia de quen ben sabemos seguirán deixándonos historias polos recunchos da cidade que tanto os quere.

 

 


 

Publicado no Diario de Pontevedra 19/03/2021

Fotografía: Nenuca e Tito Seijas ante un dos andeis da Libraría Seijas (David Freire)

xoves, 18 de marzo de 2021

Crebas do Rostro

 

[Foguetes Verdes]

Unha exposición no Museo do Mar de Galicia en Vigo da man do profesor da Facultade de Belas Artes, Manuel Sendón, converte o que o mar deixa na area nun azaroso obxecto artístico




ÉNCHENSE as nosas costas de lendas sobre obxectos que chegan a elas a cabalo da mar salgada. Un baile de escumas no que os máis diversos elementos humanos converten praias e cantís nunha xeografía intervida. O espazo de recepción dunha chea de elementos, os máis deles inesperados e abraiantes, que converten a nosa natureza nun espazo modificado, nunha contorna que muda a súa realidade en función dese elemento que a coloniza tras o contacto coa natureza que, dende o paso do tempo, traballa sobre os materiais acadando unha contundente presenza física chea de engaiolantes matices.

A Costa da Morte ten a sorte de ter como veciño a Manuel Sendón, referencia da nosa fotografía e profesor na pontevedresa Facultade de Belas Artes, e Manuel Sendón tamén ten a sorte de ter ante el esa xeografía estremecedora que ademais dalle de cando en cando estas sorpresas. Elementos que rápidamente soubo interiorizar e asimilar como parte dun proxecto artístico co que reflexionar, dende a chegada á praia do Rostro desas ‘crebas’ tan particulares, e deixar así plantexados ante o espectador temas como o azar, a memoria, o paso do tempo ou a ecoloxía.

Trinta grandes fotografías amosan todos eses elementos que xorden do mar dotados dunha pátina pantasma e mesmo poética. Crease así unha escenografía teñida de ciencia ficción que medra ao amosarse esas fotografías sen rastro do ser humano e cunha liña do horizonte que incrementa esa sensación de desacougo fronte ao que non vemos pero intuimos. Xunto ás imaxes  de gran formato un espectacular mural de sesenta fotografías recolle, ao fondo da sala de exposicións do Museo do Mar, en forma de mosaico, unha chea de pequenos elementos, obxectos cotiás, refugallos, plásticos... e tamén aves mortas. Partes dunha natureza cada vez máis contaminada polas nosas accións, moitas delas froito da nosa escasa conciencia sobre o coidado e respecto do tesouro que nos rodea.

Manuel Sendón exerce así de camiñante na natureza e remata por converterse en receptor dunha serie de elementos que forman parte da tradición oral que en moitos pobos mariñeiros aluden ao mar como contador de historias, non só de lendas mariñas, senón tamén de bultos que, de xeito regular e polo tránsito de barcos por esa ruta dun mar imprevisible, acaban chegando ao pé da xente, incorporándose a toda unha serie de relatos que forman parte da comunidade.

O fotógrafo xoga coas escalas dos obxectos, coas súas superficies e como o paso do tempo traballou sobre elas, pero tamén coa metonimia que posibilitan elementos como un xersei ou unhas luvas deitadas sobre a area que nos levan, de xeito inmediato, a falar da ausencia que foi presenza humana. Vidas extinguidas, náufragos do universo do mar, non só por cuestións laborais, senón tamén, como adoitamos comprobar día tras día, por fuxir das súas realidades vitais en zonas do mundo cheas de conflictos que os  obrigan a botarse ao mar sen mirar cara atrás e cunha forte carga de esperanzas que non sempre se cumpren.

Ata o 4 de abril, alí onde Vigo xa é máis océano que ría, nese Museo do Mar que é o mellor escenario posible para esta mostra entre ferramentas e materiais feitos para ser parte do mar, Manuel Sendón xera un espazo que nos enfronta a unha chea de novas paisaxes. Un percorrido polo mar e a costa que lle serve de refuxio durante moitos días do ano e que algo ten de laboratorio dende o que buscar esa íntima conexión coa contorna, a través do contacto coa xente que lembra naufraxios e historias que xa teñen moito de mitoloxía. E dende o seu labor de fotógrafo, coa recuperación visual destes elementos pousados sobre a area e que xeran unha paisaxe chea de texturas e cunha infinidade de percepcións do visitante que sente fronte a eses horizontes grazas ao estudado da mostra e como se resolve o espazo.

Cada fotografía, dende a sorprendente batea-casa inicial, convértese así en parte dunha viaxe por esa xeografía de mar, ceo e area na que o noso paso entre elas é un xeito de compartir a experiencia do autor que converte en atemporais unha serie de elementos cunha data de caducidade imposta polo noso mar.

 

 


Publicado no Diario de Pontevedra 18/03/2021

Fotografías Manuel Sendón


luns, 15 de marzo de 2021

El color de unos ojos

 

Ramonismo [60]

'Tienes que mirar’ es un estremecedor relato sobre la intimidad de una mujer tras el dolor por la pérdida de un hijo



NO HABÍA escuchado su nombre hasta que llegó este pequeño libro a mis manos. Anna Starobinets (Moscú, 1978) es periodista y bajo esa juventud ya ha escrito varios libros que la han convertido en uno de los referentes de la literatura de ciencia ficción en su país, recibiendo por ello diferentes premios. De ahí que, viniendo de ese territorio literario, sorprende más la realista precisión de lo que se cuenta en ‘Tienes que mirar’, que la Editorial Impedimenta publica en España desde esa emoción que se percibe en ciertos editores cuando tienen entre sus manos un texto que se sabe especial.

Y así es, hasta el punto que el complejo nombre de esta escritora rusa permanecerá en mi mente durante mucho tiempo, tanto como el que estará este texto que no deja en ningún momento de estremecer ante una historia autobiográfica sobre la sensación de pérdida, de dolor, de incomprensión, ante el obligado sacrificio de un hijo enfermo. Un ser todavía cobijado en el interior de una madre a la que las dudas, las preguntas, los miedos o las frustraciones convierten ese embarazo, que debería ser un itinerario de felicidad y esperanza, en una radiografía íntima, pero, al tiempo también en la de cómo un país y su sistema sanitario responden ante este tipo de situaciones límites en la vida de las personas en las que la humanidad son siempre el mejor bálsamo ante el desconcierto primero, el pánico después y la necesidad de soluciones que ese sistema debe ofrecer a la persona.

Despliega Anna Starobinets a lo largo de estas páginas toda una exploración de ese torrente de sensaciones que se desbocan tras conocer el fatal diagnóstico que espera al hijo que lleva en su interior. Un momento que desde la camilla de un sanatorio y frente a un ecógrafo se convierte en una pesadilla que se prolonga hasta el bello final del libro, en un trayecto lleno de sombras al que se somete su vida y la de su familia. Desde ese instante hospitalario la vida de Anna Starobinets se contempla desde los ojos de una mujer que quiere respuestas, pero sobre todo salidas a un laberinto de decisiones, imprevisible tan solo unos minutos antes de que un médico, frente a un grupo de estudiantes de medicina, le diese la pero noticia posible. Una falta de tacto y de intimidad en el momento posiblemente más íntimo para una mujer, y que la escritora no deja de denunciar a lo largo de los diferentes encuentros con una maquinaria médica rusa tan fría como nos lo puede parecer por los estereotipos acuñados desde el cine o la literatura, casi siempre peligrosos, pero que aquí se confirman dentro de una sanidad que semeja moverse entre máquinas más que entre seres humanos.

La humanidad aparece fuera de ese país, siendo Alemania la que reacciona de una manera muy diferente sobre cómo entender la situación que atenúe un proceso dolorosísimo en base a cuestiones tan elementales como la cercanía, la calidez, las explicaciones o el apoyo profesional. En definitiva, una complicidad con una mujer que busca de manera desesperada la posibilidad de empatizar con quien le debe ayudar en el trance de decidir sobre la muerte de un hijo.

No elude para ello la escritora ninguna de las situaciones que surgen en ese proceso y eso, junto con la buena escritura, precisa,ágil, con un punto periodístico de reportaje, logra acercar al lector a unas situaciones ante las que es muy difícil situarse, colocándonos ante una narración dotada de ingredientes de la literatura fantástica, pero cuyo terror parte de sentirlo como real, como una posibilidad ante la que ninguno de nosotros debe ser ajeno y de la que solo el azar y su finísima línea impertinente nos separa.

Posibilidades de futuro, experiencias médicas, afectos familiares y el permanente desgarro y desconcierto dan paso al después, al vacío generado por una presencia que nunca lo fue del todo. Ese íntimo nexo de una madre con su criatura, moviéndose en su interior, alimentándose de sus propios fluidos, provoca un agujero tras la desolación que todo lo engulle y que se convierte en una sima con otra mala noticia en la familia, pero también puede ser una de esas enseñanzas que la vida propone, de una intensidad tal que invita a valorar todo aquello que se convierte en realmente importante como parte de un siempre necesario acto de resistencia. Anna Starobinets acaba por darnos una lección de coraje y valentía, de sujeción desde el círculo familiar frente a un revés que solo puede ser reconducido desde la capacidad de las complicidades y los afectos por generar esa reconciliación con uno mismo.

Tienes que mirar’ es una forma de sentirse mujer desde lo literario, de acercarnos a los demás y cómo esa parte femenina de la sociedad debe enfrentarse a un territorio de felicidades, pero también de abismos, como es la maternidad, y en el que ante tantas dudas permanecerá la de saber cual es el color de unos ojos.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 13/03/2021

venres, 12 de marzo de 2021

O fume volveuse negro

 

Saga/Fuga


ERGUÉRONSE na mañá limpa do martes as columnas de fume negro para converter o horizonte da ría nun escenario de loita. O branco fume das chemineas de Ence deixaba paso á negrura no ceo cos neumáticos queimados e o corte de tráfico como protesta dos traballadores polo posible peche da fábrica. Mentres, dende os despachos, os seus xefes frotaban as mans ao ver como os seus reféns, os que levan poñendo a cara por eles cada vez que as cousas se lle poñen mal, subían un chanzo máis na espiral de presión que sofre esta cidade e a súa contorna durante anos.

Eles procuran defender o seu traballo, están en todo o seu dereito (pero nunca coa violencia), ese mesmo traballo que a empresa non defendeu durante as últimas décadas sabendo que estaban obrigados, coa súa caducidade de 2018, a saír desa concesión e instalar a súa fábrica noutro lugar. Os anos pasaron, as contas de resultados medraban, os brazos seguían cruzados e as complicidades políticas permitían que nada mudase. Agora semella haber un fío de esperanza para que a nosa contorna sande esa ferida que a historia cravou nun dos seus espazos máis fermosos nunha época na que as cousas eran moi diferentes a como o teñen que ser agora. O mundo vai por un lado mentres Ence quedou varada como un animal prehistórico nun espazo que podería ofrecer mil veces máis do que deixa Ence.

Co tempo a piques de esgotarse volta a presión, o medo nas rúas, e as diferentes maneiras de chantaxear a toda unha cidadanía que dende hai moitos anos cos seus votos nas eleccións municipais, onde este asunto é parte central, xa manifestou a súa maioritaria opinión sobre a estadía de Ence na ría de Pontevedra.

Moitos xa estamos fartos de ser reféns dunha empresa privada que se considera con máis dereitos que outras que xeneran tanto ou máis beneficios, sen laios nin presións, e que de xeito permanente pretende amosar que sen ela todo isto viríase abaixo, que non hai máis empresas ou que as demais son menos importantes. Había Pontevedra antes de Tafisa e a houbo despois. Existía Pontevedra antes de Ence e existirá despois.

Somos tamén reféns do seu secuestro ecolóxico dunha ría que sería moito máis produtiva sen a súa presenza, ollo!, xunto coa necesaria mellora dos verquidos dos concellos das súas orelas. Un secuestro ecolóxico que non só se mide en emisións a atmosfera senón tamén en consumos de auga nunha época con cada vez máis secas en tempos de cambio climático, ou dunha ferida urbanística que limita o crecemento da cidade e a recuperación e xeración de novos usos nun espazo marítimo que podería crear numerosos empregos (e non falo de pisos ou chalés). Hai moitos xeitos de contaminación e non todos eles entran na estatística. Máis alá da ría a nosa paisaxe tamén é refén dunha política forestal que despreza a produción de madeiras máis rendibles no económico e moito menos perversas co noso ecosistema, como comprobamos cada verán e lume tras lume.

Tamén son reféns os cidadáns de Pontevedra que escoitan palabras sobre as posibilidades dun accidente que poría a esta cidade ante unha catástrofe e que de non chegar a un acordo na súa permanencia non se investiría nas instalacións. Reféns por sentirnos culpables de que os obreiros perdan os seus postos cando outros eludiron as súas responsabilidades.

Que ninguén pense que esa perda sería unha alegría, eses traballos son polos que se debería apostar en serio para mudar unha ubicación errada e que cada día que pasa o é máis.


Publicado en Diario de Pontevedra 12/03/2021

Fotografía: Corte de tráfico dos traballadores de Ence diante da fábrica o pasado martes (Javier Cervera-Mercadillo)


domingo, 7 de marzo de 2021

Silbidos en la noche

[Ramonismo 59]

La ecuatoriana María Fernanda Ampuero con sus relatos nos muestra la violencia sobre la mujer



SU NOMBRE se consolidó, en su todavía breve trayectoria literaria, con el libro de relatos ‘Pelea de Gallos’, y es ahora, con otro conjunto de cuentos, ‘Sacrificios humanos’, al igual que el anterior publicado por Páginas de Espuma. Con él la escritura y la voz que allí resuenan hacen de la ecuatoriana María Fernanda Ampuero (Guayaquil, 1976) un nombre esencial en esa literatura que viene más allá del Atlántico, donde una excelente camada de escritoras nos están proponiendo una serie de textos con un enorme valor, no solo en lo formal, sino también en la contundencia de sus posiciones frente a unas realidades que, afortunadamente, van mudando en relación con el ámbito femenino. Son tiempos de conquistas, de avances que intentan paliar todo aquello que se ha ido sedimentando de manera vergonzosa en los intersticios de una sociedad que ha mirado siempre a la mitad de la población de manera miserable. Esa mitad, la de las mujeres, se ha visto desde lo masculino como una parte de la sociedad que debía moverse siempre en función de los deseos e intereses de los hombres. Fueron tiempos de silencios, de acciones que dependían no de la voluntad individual sino de las imposiciones de una sociedad que perpetúa esa situación hasta que recientemente una nueva mirada, repleta de fortaleza, emergió para modificar esa situación.

Es por ello que desde lo literario muchas mujeres hacen de su escritura una atronadora respuesta a lo vivido, o mejor dicho, sufrido, durante años, décadas y siglos, y es, dentro de esa contundente respuesta, donde nos adentramos en los ‘Sacrificios humanos’ de María Fernanda Ampuero. Doce relatos en los que brota el desasosiego frente a vivencias que colocan a la mujer en el disparadero, en situaciones límite que miden sus fuerzas de manera permanente, al tiempo que sonrojan a una sociedad en la que todo lo que aquí se cuenta tiene mucho de real, sujetándose esas diferentes circunstancias, objeto de la narración, en una cotidianeidad que no deja de sobresaltarnos desde los medios de comunicación.

Cada una de las historias aquí propuestas no deja de ser un alarido ante el mundo. El grito de quien sabe que solo desde esa contundencia se pueden plantear ciertos relatos que precisan, que están obligados a impactar al lector, a tomarle de la pechera para durante unos instantes izarlo del suelo y darse cuenta así de las situaciones a las que muchas mujeres se ven sometidas. Una nueva perspectiva que es la que también se necesita desde fuera de lo estrictamente literario para cambiar mentalidades, para ajustarlas a una situación global que solo desde nuestros actos individuales puede modificarse.

Los horrores que aquí se convocan forman parte de una suerte de expiación del mal a la que nos cita su autora. Sombras, miedos, terrores, estremecimientos, abusos, odios, dolores, violencias... se van sucediendo en unos textos capaces de corporeizarse en sus personajes, dotándolos de una inmediatez necesaria para que el lector casi puede mirarles a los ojos y asomarse a esa insondable oscuridad en la que toda esa violencia sobre la mujer (sea del tipo que sea, desde lo físico a lo mental), reúne a una serie de mujeres orilladas de lo que podría ser una vida exitosa. Personas que para la locomotora de una sociedad como la nuestra podrían calificarse como prescindibles, digamos que nadie las iba a echar en falta. Un conjunto de vidas que podrían sacrificarse para alimentar a ese monstruo que alienta este universo patriarcal, y que María Fernanda Ampuero conforma de manera magistral en lo literario, con la fuerza de las situaciones creadas y con un lenguaje trabajado para el impacto, pero también para fortalecer el milagro de contar historias dentro de unas atmósferas singulares, vinculadas a su entorno físico, a una geografía tropical de temperaturas elevadas, de una humedad en el ambiente que se adhiere a ese espacio entre lo literario y lo real capaz de generar una especie de nebulosa que lo agita todo y nos transmite esa incomodidad que nos perturba en cada narración.

Mujeres migrantes, mujeres enamoradas que llegan al matrimonio, mujeres sometidas a la violencia del poder, mujeres violadas, mujeres traicionadas... mujeres, mujeres, mujeres. Ellas son los sacrificios humanos que precisa la bestia como cruel alimento. Un pacto terrible ante el que se rebela la literatura de Maria Fernanda Ampuero para tensar al lector ante esa humedad latente, los insectos, la sensación de vulnerabilidad, el estremecimiento de la piel ante la capacidad del ser humano por no respetarse y por hacer añicos sentimientos y relaciones que demasiadas veces nos confunden y hasta hechizan como un silbido en la noche.

Seguiremos pendientes de esta mujer y de su literatura cobijada bajo el paraguas de una editorial siempre atenta a las voces que llegan de Latinoamérica como una conciencia a la que no debemos renunciar como parte de nuestra obligada voluntad de cambio.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 6/03/2021

 

venres, 5 de marzo de 2021

Naturalmente urbano

  Saga/Fuga


TRAS PERDER la audición de un oído al paso de una ambulancia, Gabi Martínez se preguntó cómo afecta el entorno urbano a nuestra salud». De esta manera es como se nos propone el ensayo del también novelista Gabi Martínez ‘Naturalmente urbano’ (Editorial Destino) en el que se reflexiona sobre como las ciudades deben adaptarse a la filosofía humana más que a las dictaduras automovilísticas o de aquellas actividades que generan una contaminación contraria a nuestra propia salud. Un pequeño y ameno texto lleno de propuestas sobre una ciudad pensada en base al ser humano, al ciudadano y no al peatón, como se nos ha bautizado a los inquilinos de las urbes en base a una mirada planteada sobre cuatro ruedas.

Gabi Martínez parte de experiencias llevadas a cabo durante los últimos años en Barcelona, Vitoria y sí, claro que sí, nuestra Pontevedra, para legitimar la necesidad de que las ciudades se conviertan en espacios sostenibles en las que cada vez ámbitos se piensen desde nosotros y en nuestras necesidades y no en las de quienes hasta ahora reinaban en calles y aceras. Elementos ajenos que colonizaron nuestra cotidianeidad de manera insolente y que ahora parece que tomamos consciencia de todo lo que supone. Escribe Gabi Martínez que el espacio público «O lo ocupas o te lo ocupan», de ahí la importancia de ocuparlo en base al individuo y bajo las decididas acciones de los políticos que apuesten de manera firme por erradicar esos malos hábitos de las últimas décadas. Los miedos de muchos a implantar diferentes medidas son el gran freno para que nuestras ciudades evolucionen.

A orillas del Lérez sabemos bien a que se refiere el autor con esos miedos, aquí desterrados rápidamente gracias a quienes actuaron sabedores de las posibilidades de un modelo que ahora está siendo un referente mundial. No hace falta recordar como comenzó todo hace veinte años, con solo pensar en unas semanas atrás con una nueva humanización de una calle como la Avenida Reina Victoria, ya podemos entender como todavía hoy, desde ciertos sectores, en Pontevedra se quiere negar un proyecto global en el que el automóvil debe ser periférico e interferir lo menos posible en los espacios de movilidad, allí donde personas o bicicletas reclamen su reinado sobre ese asfalto del que, como nos ofrece en un dato estremecedor Gabi Martínez: «el polvo que levantan el paso de las ruedas es casi la mitad de la contaminación por partículas que respiramos».

Así podríamos afirmar, como un grito de esperanza, aquello de menos asfalto y más verde, ya que ese «naturalmente urbano» del título también es un llamamiento a la integración en la ciudad de la vegetación, creada de manera intencionada, pero también permitiendo que la propia ciudad genere su naturaleza, tantas veces limitada por nuestras acciones que afectan a la fauna y la flora urbana, que la hay, aunque no siempre la apreciemos. Desde ámbitos de trabajo como los de la manzana urbana asociada a Barcelona, ya no solo desde los tiempos del mítico Cerdá, sino las hoy en día convertidas en supermanzanas de la mano de Salvador Rueda, se nos sitúa ante esos espacios, desde los que la ciudad se llena de oportunidades para una vida más sana, en la que el silencio se imponga al ruido, en la que el aire que respiramos sea cada vez mejor, en las que se impulse un comercio de proximidad, en la que las víctimas por atropellos sean cero, en la que los niños jueguen al balón en las calles y vayan solos al colegio, en definitiva, una ciudad en la que la vida sea eso, vida.

 

 


Publicado no Diario de Pontevedra 5/03/2021

Fotografía: Gonzalo García 

luns, 1 de marzo de 2021

Segunda oportunidad

 

Ramonismo [58]

 'Llévame a casa’ de Jesús Carrasco es el tercer hito literario de quien vincula territorios físicos y humanos



SIEMPRE se esperan con gran interés los relatos que propone Jesús Carrasco (Olivenza, 1972) desde el seísmo que supuso su debut literario, aquel inolvidable ‘Intemperie’ que saltó al cine de la mano de Benito Zambrano como refrendo definitivo del interés que había levantado entre lectores y críticos. Aquel fue el relato fundacional de una escritura a la que se mantiene conectado desde muchos aspectos, y que no cabe duda generó en el propio autor una presión que se ha ido consumiendo a lo largo del tiempo con cada desafío que supone volver a poner en circulación textos tras la historia de aquel niño en un territorio desolado y agreste.

Su segunda novela, ‘La tierra que pisamos’, vuelve a hacer del territorio físico una burbuja en la que ubicar a un ser humano que cada vez más se impone a esa espacialidad tan protagonista de sus novelas. Los sentimientos se van ensanchando al tiempo que los aspectos geográficos se van reduciendo cada vez más alrededor de las personas. El horizonte de la naturaleza se va consumiendo en favor del horizonte humano. Y así es como podemos ya situar su recién estrenada novela, ‘Llevame a casa’, publicada en la que ha sido durante esta triple propuesta literaria su hogar, la editorial Seix Barral.

Llévame a casa’ habla de dos espacios físicos. Uno en el norte, el de ese Edimburgo que acoge a Juan, quien marcha de su país, pero también de un entorno familiar en el que no se sentía cómodo. El otro, una pequeña localidad próxima a Toledo, donde el hogar íntimo permanece varado en ese singular espacio castellano en el que su geografía es un protagonista más de un relato donde los lazos familiares configuran otro paisaje. Es el de los afectos sometidos al paso del tiempo y las tensiones en los eslabones familiares, pero también el de esa epifanía en la que la vida toma un nuevo sentido en base al amor por una madre. Es, precisamente, en ese vínculo en el que ‘Llévame a casa’ se configura como una extraordinaria lectura por cómo nos va llevando el autor desde esa desconfianza o desapego emocional del protagonista, hasta el sentir en su interior que pasar los últimos años con su madre, lejos de ser una carga, se convertirá en lo mejor para él.

Ya es una marca de la casa la contundencia del lenguaje que emplea Jesús Carrasco en sus libros. Palabras que nos agitan y conmueven al mismo tiempo. Palabras en las que brota una sinceridad que refresca unos ambientes normalmente resecos, no solo en lo geográfico, sino también en lo sentimental; palabras que, como los sillares de un muro, se van colocando para separarnos de los demás, haciendo de nuestro propio interior otro dique que se convierte en afilado cuando quienes quieren superarlo son los nuestros. Aquellos que nos dieron la vida, aquellos con los que compartimos una existencia repleta de momentos felices que se han sedimentado en el tiempo y que hemos ido dejando atrás mientras se imponían egoísmos y situaciones del devenir en la realidad de cada uno que se convierten en encajes complicados con las vidas de los que tenemos más próximos.

Llévame a casa’ se convierte en una carta de navegación para cada uno de nosotros. Lectores que tenemos en nuestras familias singulares ecosistemas pero a los que no solemos dedicar demasiada atención a su cuidado, hasta que ya es demasiado tarde, dejándonos hundir por la tormenta. Hasta que el sobresalto nos despierta del letargo, en definitiva, hasta que tomamos consciencia de quienes somos realmente y lo que nos singulariza como personas, que no es más que una raíz, el formar parte de un engranaje.

La muerte del padre de Juan lo devuelve de manera abrupta a ese paisaje humano, al tiempo que lo coloca ante situaciones, amistades, objetos y caricias que sacuden una responsabilidad que había sido desterrada en las lluviosas tierras del norte. Esa recuperación de lo más humano que llevamos dentro, como es el nexo materno, se convierte en el lector en estremecimiento, en la conquista de una segunda oportunidad.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 27/02/2021