luns, 27 de xuño de 2022

Piel para el olvido

 

[Ramonismo 116]

La poesía de Natalia Litvinova es un ejercicio intuitivo que rastrea en la memoria familiar convertida en firme presencia



De origen bielorruso Natalia Litvinova vive en Buenos Aires desde los diez años, edad a la que su familia se trasladó a Argentina. Poeta, traductora y editora las últimas semanas protagonizó diferentes actos en Galicia debido a su estancia temporal en la coruñesa Residencia Latitude 43 de la mano de la también poeta Yolanda Castaño. Semanas en las que compartió su poesía con los lectores en espacios donde sus virtudes comunicativas nos permitieron a muchos descubrir a una mujer que entiende la poesía como una práctica con mucho de intuición, en el intento de encontrar la palabra que permita establecer un vínculo necesario con su memoria familiar para propiciar así una poética asentada en la nostalgia del pasado, pero entendida esta de una manera madura, en absoluto cursi o simple, sino que, bajo esa recuperación de sensaciones familiares vividas, se encuentra una memoria necesaria que explica a la persona que Natalia Litvinova es hoy.

«Esta blusa es piel para el olvido», es el remate de uno de los poemas de su último libro, ‘La nostalgia es un sello ardiente’ que se presentó en la pontevedresa Librería Paz a finales del pasado mes junto a su editora, la también poeta y novelista, Elena Medel, que, en el valiente y esmerado catálogo de La Bella Varsovia acoge los poemarios de Natalia Litvinova. Esa piel envuelve una hilazón de versos que indagan en la infancia de su autora, a través del recuerdo y la recuperación de las complicidades establecidas con la que fue su amiga en aquel momento, y ahora rescatada a través de las redes sociales, Catalina. A ambas, geografías, tiempos e idiomas, las han ido separando progresivamente hasta constituirse en dos planetas distantes entre sí, pero que Natalia Litvinova ha querido explorar en un ejercicio extenuante por lo que supone enfrentarse a una presencia de manera permanente, a través de un diálogo y una suerte de conversación continua durante muchos meses.

Una exploración que va más alla de lo meramente amistoso, adentrándose en lo que suponen las relaciones madre e hija, los vínculos con los espacios de la infancia en Bielorrusia, el campo, la casa, la escuela, pero también los aprendizajes y las experiencias que van componiendo a nuestro alrededor una coraza a medida que pasan los años.

Ya en su anterior libro de poemas, el espléndido ‘Cesto de trenzas’, esa mirada al territorio del pasado suponía un emocionante registro de lo vivido a partir de la tradición local de unir a las mujeres del clan mediante el corte de su trenzas y, posteriormente, ser guardadas en un mismo cesto. Unos cabellos que nos hablan de ese sentimiento de tribu, de un universo femenino que establece sus propias normas frente a tantas otras situaciones como suceden alrededor. «Soy la región /que mi madre/ mejor conoce» es la forma de abrir uno de los poemas de este cesto. Una contundencia del cuerpo que nos habla del impacto físico, de la relación de esa piel, de nuevo la piel, con un ecosistema de afectos, pero también natural. En sus libros todos los componentes de la naturaleza, desde los animales a los motivos vegetales, toman una enorme importancia como eslabones de esa cadena sentimental. Ella que, precisamente todavía niña, armó su primer poema desde la cocina del hogar mientras su madre cocinaba y la nieve caía sobre la tierra dura. Madre/cocina/nieve. Un triunvirato del que quizás no haya que salir nunca para no sentirse al borde del principio, un espacio acotado pero de una inmensidad tal que ni en toda una vida se podría rastrear al completo porque en él son infinidad las existencias que se contienen, las presentes, pero también las ausentes, ya que la poesía de Natalia Litvinova siempre tiene a los antepasados como un diapasón de lo que a ella misma le sucede.

La nostalgia es un sello ardiente’ es, por lo tanto, un magnífico acceso a una poeta que debemos seguir, especialmente desde esta orilla de un océano que ahora también es el suyo. Aguas que van y vienen como las personas y los versos por el mundo.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 11/06/2022

xoves, 23 de xuño de 2022

Cruzar la noche

 

[Ramonismo 115]

'Desgracia’ el libro de poemas de Fernando Valverde hace de la palabra y el verso el farol que portar en la oscuridad



HABITAR los poemas de Fernando Valverde (Granada, 1980), se convierte siempre en una experiencia arrebatadora. Un conducirse íntimo por los estados del alma y la conexión desde la palabra con la emoción de traducir nuestra existencia verso a verso.

Desgracia’ editado por Visor, como lo fue el imprescindible volumen que reúne su poesía entre 1997 y 2017, ‘Poesía’, sigue mostrándonos una de las miradas poéticas más intensas y comprometidas de nuestras letras. Intensa por que su poesía no ceja en el empeño en observar la vida, en medir sus luces y sus sombras, estableciendo desde la palabra las categorías de ese eterno duelo y, comprometida, por lo que tiene de honrar esa mirada a través de no sucumbir  en análisis y senderos más sencillos para el lector que harían de su simpleza un fracaso. ‘Desgracia’ es un dolor permanente, una vida que quema y hace de nosotros combustión.

Como Dante que miró hacia el fondo de la noche, Fernando Valverde, en un ejercicio de honestidad poética y personal, cruza la noche para legitimar esa palabra, ‘Desgracia’, como una parte más de nuestra identidad, como un acto de resistencia frente a una sociedad que solo se siente plena desde la felicidad, desde la alegría y la sonrisa líquida. Como si la pena, el dolor, la muerte o la oscuridad, que tantas veces nos envuelven, no formasen parte de nosotros, siendo, además, imprescindibles para explicarnos.

Es ahí, en ese itinerario entre las sombras, atravesando un mundo que se deshace, donde aparece Fernando Valverde portando un farol, una tea de luz que hace del poema y de la palabra, una esperanza que no pocas veces cede y tiembla ante lúgubres vientos. Vértigos, alturas, la resistencia de la belleza, el tiempo que se consume, la fragilidad de la memoria, la soledad y la imposible intuición de un final, nos van dando las claves de este hatillo de poemas valientes por mirar a los ojos allí donde pocos quieren mirar, pero donde encuentra la compañía de tantos como él: Dante, Byron, José Hierro, Ángel Valente y, por supuesto, su admirado Raúl Zurita, otro habitual del Gólgota poético a dónde todo poeta debe subir para mirar a sus pies, para observar a un ser humano, hijo de la estirpe de Caín, el de la mano teñida de rojo,  el fundador de la tristeza que, como una plaga bíblica, desde sus tiempos nos rodea como una serpiente.

En esa genealogía de la ‘Desgracia’ se adentra el poeta granadino para hacer frente al olvido, quizás lo máximo a lo que pueda aspirar cualquier poeta, a contar «todo cuanto olvido». Ese hecho de contar es el que ilumina en la noche, el que convierte los ojos en útiles, tantas veces inútiles. Y son, precisamente esos ojos los que se abren, por fin, llegando al remate de este rosario de versos que alcanzan «el borde desnudo de la sombra», para, desde allí, someternos de nuevo a la oscuridad, esa que evitamos como colectivo, esa que tememos como individuos, pero esa que todos somos en algún momento y que Fernando Valverde convierte en una noche que atravesar entre un silencio solo roto por las palabras.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 4/06/2022

 

 


xoves, 9 de xuño de 2022

Pelos, libros y risas

 

[Ramonismo 114]

Juan Pablo Villalobos nos propone un relato lleno de virtudes desde su sencillez y transmisión de la felicidad



HAY libros que son un bálsamo. Un feliz paréntesis en el ajetreo diario que te lleva a gozar durante varias horas de un relato que, aunque no lo parezca aparentemente, acoge en su interior toda una serie de cargas de profundidad sobre nuestro ecosistema, aunque este aparezca camuflado bajo una piel de bondad.

El escritor de origen mexicano, aunque afincado desde 2003 en Barcelona, Juan Pablo Villalobos, hace de su último libro, ‘Peluquería y letras’, editado por Anagrama, un itinerario vital que comparte con todos sus lectores, haciendo de su barrio, de su cotidianeidad, trabajo, familia y vecinos, una suerte de territorio donde puede suceder de todo y en el que nos podemos encontrar con situaciones de lo más insospechadas y que nos pueden llevar, abriendo el foco, a plantearlas a un nivel más global.

Lo que está claro es que, tras la lectura de esta pequeña novela que ronda las cien páginas, se tiene la sensación de encontrar en la literatura un lugar en el que guarecerse, la manera de pasar un buen rato asistiendo a las andanzas, entre picarescas y azarosas, de quien ve la vida a través de su ejercicio literario, con no pocas puyas a su propio oficio y a las inspiraciones que motivan los textos o los métodos de trabajo, pero que, al mismo tiempo, hace de ella un ejercicio compartido de descubrimiento de lo que se oculta en nuestras actividades diarias: recados, citas médicas, oficios y hasta en ir a cortar el pelo. A partir de ese deambular urbano se entrelazan toda una serie de situaciones que Juan Pablo Villalobos enhebra con frescura e inteligencia, aderezándolas de un humor que enseguida nos atrapa sumándonos a ese itinerario en una feliz andanza.

Ese «deseo de escribir» sobre el que reflexiona tras citarlo Juan Pablo Villalobos, nos lleva a lo largo del relato a encontrar y mostrar cómo en su interior se produce una suerte de contestación frente a esa concepción general del escritor que nos tiene que transmitir siempre un mensaje casi revelado, una suerte de epifanía literaria que solo quien está tocado por las musas puede llegar a convocar. El autor le da la vuelta a ese ejercicio por el que tantos autores suspiran, casi más que por sentirse como escritores, para que los demás los vean como autores de consideración. Lo que hace Juan Pablo Villalobos es que desde las aceras de su vecindario, desde esos escenarios comunes, donde aparentemente no sucede nada, se puede encontrar una mezcla de felicidad común con aventuras insospechadas que motivan esa literatura aparentemente banal, pero que nos lleva directamente a situarnos junto a un escritor y a una mirada hacia la realidad con la gran preocupación de poder resolver un fallido corte de pelo, así como diferentes complicidades personales.

Una novela, por lo tanto, que a poco que se rasque bajo esa capa de humor que nos agita permanentemente, nos muestra una reflexión sobre el oficio de escritor, pero sobre todo sobre la vida y sobre esa vida tan desprestigiada como es la vida feliz, la que también es capaz de generar literatura.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 28/05/2022


luns, 6 de xuño de 2022

Imaginar es salud

 

[Ramonismo 113]

Lo vivido en la pandemia lleva a José María Merino a armar un lúcido libro sobre nuestro tiempo y el Renacimiento



Como un acto de resistencia frente a la realidad es como podemos definir de manera rápida el nuevo libro de José María Merino, ‘La novela posible’, editado por Alfaguara. Un frente de resistencia ante un mundo que nos rodea de muerte y dolor durante la pandemia de una manera pocas veces vista en un tiempo en el que pensábamos que éramos invencibles. Pero llegó el covid y con él una serie de medidas que nos obligaron a un encierro forzoso en el que este Premio Nacional de las Letras encontró un firme anclaje a la vida en la escritura y, por supuesto, en la imaginación, que se rebela en el libro como un bálsamo de Fierabrás, absolutamente imprescindible cuando la vida se pone peliaguda.

En ‘La novela posible’ José María Merino trenza tres historias desde su encierro domiciliario. La primera la de la pintora Sofonisba Anguissola, una mujer (y como tal muy desconocida) con unas dotes extraordinarias para el arte pictórico, presente en la corte de Felipe II y con una larga vida absolutamente novelesca de la que el autor de origen gallego se adentra en su biografía. La segunda, la de una mujer en un momento de ruptura amorosa con su pareja y cuya vida observa desde su balcón y, en tercer lugar, la descripción de su propio confinamiento, en el que, como en un diario de a bordo, se relacionan tanto sucesos de la vida personal como de la actualidad de un país aturdido ante los acontecimientos.

Tenemos, por lo tanto, un planteamiento aparentemente complejo, de saltos temporales, de historias que se mueven en ámbitos diferentes, pero cuya resolución José María Merino maneja con una maestría y, sobre todo, con una inteligencia que, como es habitual en sus relatos, sirve para colocarnos ante nuestro retrato colectivo. Todo ello entre dudas sobre el propio proceso de escritura de la que se intuye como una novela posible y que, finalmente, se convierte en realidad, a base de limar asperezas con ese tiempo del Renacimiento aparentemente tan lejano pero que, simbolizado en esa mujer dotada de tan altas capacidades para la pintura y para la observación de la vida, poco a poco se van fundiendo casi en una misma identidad.

Ahí será donde un elemento es firme asidero para ambos, pero que José María Merino, como un Alonso Quijano rodeado de gigantes de largos brazos, convierte en su armadura para hacer frente a la realidad. Me refiero a la imaginación, esa que le lleva entre cifras de contagios y muertos a crear pequeños cuentos que, como cápsulas de distracción, se convierten en medicina ante el virus, el de la propia enfermedad y el infiltrado en una sociedad en la que demasiadas noticias falsas y políticos obtusos crean un campo minado para la esperanza en el ser humano y donde lo mejor es la evasión. Mirar desde un balcón cómo este páramo humano se desenvuelve, observar cómo una mujer descubre que el amor no siempre es lo que parece, o donde un académico nos ilumina con sus conocimientos sobre Cervantes o Galdós pero, sobre todo, donde sentimos cómo nuestras vidas se han visto detenidas con mayor o menor fortuna.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 21/05/2022


xoves, 26 de maio de 2022

Un libro y una librería

 

[Ramonismo 112]

'Un bosque flotante’ es un maravilloso relato que surge de los recuerdos de un niño como anclaje frente a culpa y olvido



Escribe el mexicano Jorge F. Hernández en un pasaje de ‘Un bosque flotante’ (Alfaguara) lo siguiente: «...la novela en realidad cuaja cuando es leída por alguien que la compra, que la recibe de regalo o que le cae en las manos en el inesperado vagón de un tren de vida». A esto me agarro para defenderme de los meses en que este maravilloso libro ha estado aguardando su tren en una estantería de mi casa esperando ese momento en el que, debido a una circunstancia imprevista, fue requerido para mi lectura, enfrentándome a un relato lleno de virtudes que transita por la memoria de un niño entre dos culturas, la mexicana y la estadounidense, adentrándose en una infancia llena de descubrimientos, remordimientos y espacios luminosos en el interior de ese bosque de sombras que supone para todos esa etapa vital.

Citaba una hecho inesperado que me llevó a recordar que hace unos meses había llegado a mí este texto firmado por este escritor, historiador, colaborador en medios de comunicación y, hasta hace bien poco, director del Instituto Cultural de México en Madrid, cesado de ese cargo por manifestarse públicamente a favor de «la lectura por placer», como si hubiera alguna razón más importante para hacer uso de esa cualidad humana (a buen seguro que detrás de esa justificación hay alguna sombría cuenta pendiente). Ese hecho nace de una voltereta del destino, Jorge F. Hernández, como si quisiera hacer de esa ridícula justificación de despido un sendero de vida, será quien rija en breve los destinos de la mítica librería madrileña ‘Pérgamo’, que, abierta desde 1946, se veía ya con la verja cerrada y el horno de una pizzería en el interior de su emblemático local del distrito de Salamanca, hasta que un empresario mexicano la compra (¡sí, un puritito milagro!) con el aval de tiempos pasados en los que, a buen seguro, logró allí tantos goces de la lectura, convirtiendo en librero al autor de ‘Un bosque flotante’.

Tras escuchar esa noticia no cabe duda que Jorge F. Hernández será un extraordinario librero, solo hace falta leer este libro y, en especial, el capítulo ‘Read. Lee’, en el que se despliega un desbordante amor por la lectura, por el descubrimiento de textos que serán sagrados desde la infancia, haciendo del crecimiento humano un permanente asidero a las enseñanzas que se encierran en ellos.

Un bosque flotante’ es un libro sobre ese ajuar tan preciado que todos portamos como es la memoria, la nuestra, pero también la de los que nos rodean, y que en ocasiones pierden, afanándose en su recuperación, como le sucedió a la madre del autor, pero también es el intento de comprender los diferentes escenarios de nuestra vida. Geografías pobladas de fantasmas que debemos serenar, de preguntas sin respuestas que solemos evitar hasta que ese mismo destino pone ante nosotros, tal y como estos días la ventura ha puesto en mis manos un libro y en las de su autor una librería. Ambos, contenedores de palabras y emociones, territorios de libertad en los que el ser humano se vuelve invencible para despejar todas esas sombras con que la vida acostumbra.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 14/05/2022


mércores, 25 de maio de 2022

Covid en negro

 

[Ramonismo 111]

Los tradicionales relatos policiales de Petros Márkaris se vinculan en ‘Cuarentena’ a los efectos del coronavirus



CREADOR de uno de esos personajes que pasarán a la historia de la novela negra, el comisario Jaritos, el escritor griego Petros Márkaris en su último libro, ‘Cuarentena’, nos lo presenta como protagonista en dos relatos dentro de un conjunto de siete en los que la pandemia generada por el coronavirus transforma nuestra realidad, haciéndolo desde la cotidianeidad de los más desfavorecidos, aquellos que viven en la calle, hasta el día a día de las investigaciones policiales, condicionadas por las medidas sanitarias para frenar a quien ha puesto patas arriba nuestras vidas, convirtiéndose en el más peligroso, e inesperado criminal de nuestros días.

Como es habitual en Petros Márkaris su literatura es tan accesible al lector como beneficiosa para quien guste de leer este tipo de novelas o relatos en los que diferentes crímenes deben ser resueltos, pero que este autor, y es su gran virtud, nunca despega del contexto de la realidad más cercana a todos nosotros, y así, en libros anteriores como ‘Con el agua al cuello, Liquidación final y Pan, educación y libertad, creó un tríptico sobre la crisis económica que todos recordamos cómo se cebó con su país; o en ‘La muerte de Ulises’ incluyó varios textos sobre la llegada de emigrantes a las costas griegas. Ahora, en ‘Cuarentena’, le ha tocado al coronavirus formar parte de este escenario negro en el que acostumbra a presentar sus relatos y al que no deja de aportar tres ingredientes que se citan con buen criterio en la presentación de la novela por parte de su habitual editorial en España, Tusquets, siendo estos la solidaridad, el humor y la esperanza.

Y es cierto que esta tríada le concede al libro ese tono amable y hasta necesario frente a las situaciones y tramas que se originan en cada uno de los cuentos. Aliviando tensiones y dejando varias vías de escape cuando la vida se pone complicada. Esa solidaridad la vemos entre aquellos a los que las derivas de la existencia colocaron en una posición común, extrema en ocasiones e inesperada para muchos, pero que, viéndose en un atolladero entienden que solo juntos todo puede funcionar mejor. El humor se presenta de una manera fluida, engrasando las situaciones que parecen más complicadas de resolver pero que logran hacerte esbozar esa sonrisa tan necesaria cuando se trata de pelear con jornadas complicadas y que en el caso del comisario Jaritos tiene que ver con espacio íntimo, con la relación con su mujer en ese aislamiento al que nos hemos visto sometidos y, por último, la esperanza, tan necesaria su manejo para no volvernos locos, para capear el temporal y seguir luchando por un futuro y con ese canto de esperanza cierra el autor este libro con un hermoso relato vinculado a la isla en la que creció el escritor y donde sus recuerdos y sensaciones evocan un ámbito de felicidad al que deberíamos regresar, recuperando la pureza y alejándonos de las contaminaciones que esta sociedad materialista suma a nuestras vidas.

Jaritos protagoniza esos dos primeros textos, con una aparición esporádica en otro, pero es en ‘Cuarentena’ y ‘Me llamo Covid y mato’ en los que su acción policial se condiciona por las imposiciones sanitarias provocadas por la pandemia. Desde el trabajo en casa a través de las tecnologías hasta los negacionistas. En ‘El arte del terror’, una vida complicada, con la emigración por medio, como la de tantos griegos, permite regresar a su país con un negocio hotelero que la pandemia se encarga de echar al traste. En ‘Centro de refugiados del coronavirus’, varios indigentes encuentran la solidaridad inesperada de un hombre que, como ellos, pero por diversos motivos, también necesita de esa solidaridad. ‘Los tres caballeros’, es un inteligente relato en el que tres sin techo, de nombres Sócrates, Pericles y Platón, buscan mantenerse donde hubo el esplendor olímpico y ‘La taberna de Karaguiosis’, es otro brillante texto de rivalidades griego turcas encarnadas en sendos restaurantes y sus típicas gastronomías, rematando el libro con ese relato sobre la Isla de la infancia de Petros Márkaris, completando un fantástico y helénico itinerario vital.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 7/05/2022


xoves, 12 de maio de 2022

Prega que sexa longo o camiño

 

[Foguetes verdes]

A publicación pola Editora Aira da poesía completa de Kavafis, por primeira vez en galego, incorpora á nosa lingua unha das propostas literarias máis deslumbrantes da historia

 


        O 29 de abril de 1863 nacía o poeta grego Konstandinos Kavafis. O 29 de abril de 1933 falecía na cidade de Alexandría na que nacera, e hoxe, un 29 de abril de 2022, celebramos o paso da súa poesía, unha das máis singulares e emocionantes da Historia da Literatura, á nosa lingua, por primeira vez de maneira completa nunha valente e necesaria edición anotada da man de Miguel A. Areses Martín e no selo da Editora Aira.

Toda unha achega a nosa literatura que a converte, ao meu modo de ver, nunha das máis apaixoantes aventuras dos últimos tempos. Un volume como este, no que poder movérmonos na nosa propia lingua, por ese universo kavafiano no que a Historia de Grecia, a sensualidade que xorde da súa homosexualide e unha filosofía existencial que pescuda nos diferentes estados de ánimo, son as puntas dun compás que nos leva por unha das travesías máis emocionantes da escrita do ser humano sobre o que envorca Kavafis a súa poesía.

Unha obra do presente, con independencia da latitude temporal na que se mova cada un dos seus poemas, que converte o instante que estamos a vivir nun momento único e irrepetible, e no que non nos podemos permitir o luxo de negalo, de torcerlle a cara ao goce que o destino pon ante nós, sendo Ítacas ás que chegar na procura do noso propio coñecemento.

A viaxe e o corpo, moitas veces tamén entendido como unha viaxe, libran a súa condición na permanente experiencia, na conquista de novas sensacións que nos farán medrar, de aí que o máximo que podemos pedirlle aos deuses ou mesmo aos mitos da nosa historia, moitas veces tamén entendidos como divindades, é que esa viaxe se prolongue o máximo posible. «Cando saias camiño a Ítaca,/prega que sexa longo o camiño,/cheo de aventuras, cheo de coñecementos». O seu poema ‘Ítaca’, como o pode ser ‘Recorda, corpo...’, por citar dous dos máis coñecidos da súa produción, son deses textos que se che pegan á pel, e mesmo a alma, e xa non podes deixar de levalos contigo na viaxe que supón a vida. O bo deste tipo de edicións completas é que xunto a estes poemas descubrimos moitos máis que poder ter xa xunto a nós ata chegar a Ítaca e, grazas ao homérico traballo de Miguel A. Areses Martíns, poder gozalos en galego, co que iso supón, non só de afectos, senón do compromiso do noso sistema cultural para acoller textos alleos a el que non fan máis que ensanchar o noso océano literario. Unha edición que ademais aparece anotada o cal é outra substancial mellora sobre anteriores edicións xa que clarexa moito o sustrato culto tan importante nunha obra na que reis, mitos, deuses, batallas ou xeografías do mundo clásico grego explícanse en cada unha das poesías permitindo unha mellor comprensión de cada una delas. Un traballo nada sinxelo, como tampouco o pode ser o de traer ao galego todos estes poemas que Kavafis dividiu de xeito escrupuloso en tres monllos: os poemas Canónicos (os que foron publicados), os Inéditos (que non debían ser editados) e os Proscritos (que el mesmo rexeitou). Ser quen de acadar a sonoridade e as métricas de quen tanto traballou cada un dos seus poemas converte este exercicio de edición nunha das grandes conquistas da nosa literatura nos últimos tempos. Unha análise da súa obra e da súa biografía completan un dos que abofé serán un dos libros galegos que marcarán este ano e reafirma o traballo que emprendeu en 2017, dende as terras de Allariz, a Editora Aira, cun catálogo cada vez máis interesante e heteroxéneo, con libros coidados de xeito exquisito e que nos está ofrecendo traducións tan valiosas como as de ‘O nome da rosa’ ou ‘Frankenstein’.

Pero a obra de Kavafis é sempre especial. Foino dende a súa creación, dende ese vencello a un territorio e a un mar no que aínda se poden escoitar os cantos daquel Homero despois do que xa todo foi repetición ou variación. As súas palabras, o contido das súas narracións: a ‘Odisea’ e a ‘Ilíada’, son o comezo formal da nosa literatura e Kavafis sabía que enchoupar a súa pluma nese tinteiro da historia non podía facerlle máis que ben a súa obra, á que tinxiu tamén de miradas e aloumiños convertendo o noso corpo nun mar por descubrir, nun mar por navegar: «Así de sabio como agora es, con tanta experiencia/xa comprenderás que significan as Ítacas». 

 

 


Publicado no Diario de Pontevedra. 29/04/2022