luns, 17 de xaneiro de 2022

El éxodo del silencio

 

[Ramonismo 96]

La poderosa narrativa de Sergi Bellver convierte este texto en un itinerario vital e histórico por las grietas de Europa



EUROPA, esa vieja dama, tantas veces agotada y otras tantas capaz de dar muestras de su efervescente diversidad vital, es el escenario de la novela de Sergi Bellver. Su estreno en este género tras haber mamado literatura desde los más diversos aspectos de este atractivo y enigmático universo, como es el de la escritura. Cuentos, poemarios, diarios, cuadernos de viajes, así como su activismo desde la edición, la enseñanza, la crítica, el periodismo o incluso la venta de libros, le otorgan un amor inquebrantable por el hecho de contar y por hacerlo bien, siempre desde el respeto al oficio. De ahí que este debut con el título ‘Del silencio’, que la coruñesa editorial Ediciones del Viento ha puesto en circulación, es todo un muestrario de ese amor a un oficio, el de escribir, pero también a tantear la realidad que nos rodea y, todo ello, sin perder el rastro de la historia y de los paisajes que nos configuran.

Del silencio’ tiene mucho de búsqueda, de materializar, desde lo literario, lo que el propio escritor apunta en su texto, como «perseguir ese silencio que todavía espero encontrar a veces bajo las palabras», y a ello se dedica en cuerpo y alma Sergi Bellver a lo largo de una novela marcada por una narración poderosa en el manejo del lenguaje, en atrapar al lector bajo una historia y en cómo se le presenta, con momentos de una inusitada y conmovedora belleza que se leerían una y mil veces.

Todo ello envuelve el relato de un refugiado en el París de posguerra que regresa a Budapest en la búsqueda de su tío, la persona que le enseñó el valor del silencio y las palabras. Esa dualidad, silencio y palabra, será la que balice la vida de un protagonista que, en su itinerario por Europa, desde París a Budapest, pasando por Viena o Praga, sintetiza uno de esos recorridos de tantos y tantos deambulantes, por los más diversos motivos, a lo largo de un territorio que llega a nosotros a través de los costurones que le ha dejado una historia de enfrentamientos, desencanto y dolor. Por esas suturas camina János, poniendo sus pies donde piensa que es un firme suelo, pero que no deja de dar sorpresas por lo que se acumula bajo él y que todavía el paso del tiempo y la memoria no han sido quien de cauterizar.

Con la presencia del amor el protagonista alivia esas tensiones, pero también tiene en la cultura otro de esos ingredientes imprescindibles para seguir respirando, para mirar al futuro con una cierta esperanza y para esa conquista de la belleza que emana de libros, imágenes de películas o músicas para atemperar un alma agitada en diferentes ocasiones y, al tiempo para guarecerse en ese silencio en el que busca siempre cobijo. Un cobijo que no sólo debería sosegar a János sino a la propia Europa que convirtió el siglo XX en un siglo de ruido y trincheras y cuyos acontecimientos forman en la novela una suerte de desfiladero que va desde la posguerra en París, la Primavera de Praga, la Guerra Fría o la Guerra de Argelia. Sobresaltos en los que los humanos son meras marionetas, personajes de una producción gestionada por un guión del horror en el que Sergi Bellver escarba para tirar de un hilo de humanidad, desde el que el protagonista asume su papel como individuo frente a ese colectivo que rara vez confía en las bondades de este.

Como novela que se mueve por varios escenarios y ciudades, tiene en todo lo que alude a sus descripciones y paisajes uno de sus puntos fuertes. Sergi Bellver, conocido trashumante literario, vuelca a lo largo de toda la novela sus experiencias en los diferentes escenarios de la novela. Ámbitos recreados con todo lujo de detalles en los que al poco tiempo el lector ya se siente cómodo por la confianza que el autor, que estuvo en todos ellos, es capaz de transmitir. Así es como esas páginas, esos fragmentos en particular, son toda una conquista del escritor capaz de evadirnos de nuestro entorno para adentrarnos en todos esos escenarios.

A través de esos viajes, de esas estancias, es cómo se ha ido armando ‘Del silencio’, precisamente desde muchos silencios solitarios y frente a las ventanas abiertas a esos paisajes que nos envuelven en una novela para disfrutar con el gozo de escribir, con el fulgor de una escritura hecha para aplacar el ruido.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 15/01/2022


domingo, 16 de xaneiro de 2022

Pensar o futuro

 

[Foguetes verdes]


O UN de decembro de 2021 quedará xa para sempre fixada como unha data para a historia da cidade. Ese día, cando o alcalde e a abadesa das Clarisas asinaban ante notario a compra polo Concello do Convento de Santa Clara aínda non eramos de todo conscientes das posibilidades dese feito para todos nós. Pero cando confirmamos o contrato coa nosa visita ao cenobio, pechado á cidadanía ao longo de 700 anos, un dase conta do que realmente supón e do que suporá cara un futuro no que hai aínda moito no que pensar.

Baixo esa operación, enfiada dende a súa mesma xénese cara a opción de pasar a formar parte na súa parte construtiva do Museo de Pontevedra, xunto coa zona verde aberta de xeito permanente para o goce cidadán, atopamos unha decidida aposta pola cultura como pulo para a nosa sociedade, nun futuro no que esa coordenada ten que seguir sendo unha das fortes apostas de todos nós. As posibilidades espaciais, que se definirán nos próximos meses, do Convento en relación ao Museo de Pontevedra coa súa función, xa non só expositiva, senón como dinamizadora de diferentes frontes culturais, plantexará unha das liñas de actuación da cidade no futuro. Un futuro que ten aquí un firme alicerce de esperanza no que unha boa nova, como a súa compra e posta en valor, ten que ser un punto de unidade común, e non deixarnos caer nos agoiros dos mercaderes do desánimo, apóstolos da tristura, incapaces de sumarse á felicidade colectiva ou de aceptar unha boa noticia como beneficiosa para o colectivo.

Empregar Santa Clara como confrontación dende o político, o cultural, as administracións ou o social non semella moi boa idea para aqueles que gustan de tensar as cordas do día a día, os que prefiren agocharse tras as celosías que impiden ver a vida con optimismo e alegría e axudar coas súas accións ao que será un proceso longo e complexo, que presentará atrancos de todo tipo, pero no que todos deberíamos confiar para a súa mellor resolución. Debémosllo a nosa cidade, pero tamén ás que habitaron ese espazo segredo ao longo dos séculos e que deixan en nós un patrimonio con moitas cousas por descubrir. Certo que é unha mágoa moverse nese espazo e ver os baleiros que deixaron as imaxes relixiosas que formaban parte dos seus retablos, pero tamén temos que entender que hai condicións insalvables que impedirían a compra do conxunto. O mesmo acontece cando camiñamos polo exterior e botamos en falla elementos fermosísimos e dun gran valor artístico que saíron do Convento, pero que ao mellor o tempo e ó regreso á vida no seu interior permiten a volta desa Santa que coroaba a fonte do claustro ou do antigo tímpano que se atopaba na capela do bosque. A recuperación da vida é quen de acadar milagres, non perdamos a fe.

Queda moito por facer e agora é tempo de calmar as impaciencias, de estudar o que temos no noso poder dende hai unhas poucas semanas e darlle moitas voltas ao que podemos facer. Todas as axudas serán poucas para un dos grandes retos da cidade nos vindeiros anos. O bo, é que ese desafío, vén da man das posibilidades que a cultura é quen de ofrecernos a todos nós. Sensibilidade, intelixencia, complicidade e amor polo que somos serán as ferramentas que nos unirán nunha tarefa común á que todos estamos convidados, sempre e cando queramos sumar e non facer de todo isto unha liorta que de producirse amosará a pel de cada un.

Santa Clara axudará a escorrentar as sombras e a afastar os trebóns, é algo que xa fixo durante séculos, pero oxalá sexamos quen de estar á altura do que o tempo vén de poñer nas nosas mans.

 

 


Publicado en Diario de Pontevedra 14/01/2021

luns, 10 de xaneiro de 2022

Reconsiderar la vida

 

[Ramonismo 95]

El primer libro de un tríptico sobre nuestra realidad hace de González Sainz un explorador del tiempo en que vivimos



HAY LIBROS que son una brújula. Textos que, pegados a la realidad, a nuestra realidad más inmediata, se convierten en una luz en esa búsqueda entre las tinieblas en que cada vez más se está convirtiendo nuestra sociedad.

La vida pequeña. El arte de la fuga’ que, bajo la edición de Anagrama, firma J. Á. González Sainz, se convierte en esa tea que porta el guía en la noche, y con esa proyección nos ilumina a nosotros mismos, a unos seres tantas veces desconcertados por este caos que hemos ido generando a lo largo del tiempo, y para ello el autor nos propone un relato que nos arrastra con suavidad entre aguas embravecidas. Una suerte de diario de abordo el que se van deslizando una serie de textos reflexivos que incitan a nuestra propia reflexión, a pensar nuestra posición en todo este manicomio que nos ha hecho renunciar a muchas de las cuestiones que deberíamos defender para aliviar nuestra salud física y mental.

Pasar cada una de estas páginas es un frenazo al vértigo cotidiano, un despeje de esas multitudes que nos rodean hasta el agobio, un descubrimiento de la mentira que cada vez más parece ondear desde diferentes estamentos de una sociedad a la deriva. J. Á. González Sainz destila así una narrativa que, bajo el guante de seda de su estilo fluido y dinámico, guarda un guante de hierro que aprieta muchos postulados filosóficos y de pensamiento ante los que perversamente hemos ido claudicando arrastrados por el frenesí del tantas veces presuntuosamente calificado como progreso. Para armar esa posición de faro el escritor no duda en reclamar la presencia de nombres como los de Antonio Machado, Montaigne o Handke. Pero también Hölderling o Claudio Rodríguez, poetas que también señalaron el camino y por el que este autor soriano reclama la conquista de un nuevo tiempo desde nuestra actitud de recuperación del yo.

Cuántas veces hemos pensado en plantarlo todo, en decir hasta aquí hemos llegado y en huir a la búsqueda de un oasis en el que refugiarnos para cumplir ese deseo de escapar. Pero seguimos encadenados, atornillados a los mensajes, las órdenes, las miradas, el gentío, el ruido, la furia, la música alta, los alaridos, las pantallas de ordenador, los móviles, las redes sociales, los horarios laborales y, lo que todavía es más asfixiante, la nadería y la mentira, que cada vez más nos acerca su afilado filo al gaznate.

Debemos conquistar esa vida pequeña que, en palabras de J. Á. González Sainz, tiene que ver con «la necesidad de volver a discernir lo que es bueno; de pararnos, de detenernos un momento o el tiempo que hiciera falta, y ponernos a considerar, con la mayor franqueza a nuestro alcance, si de verdad creemos o no saber lo que es bueno». Menudo párrafo, ¿verdad?, pues como este se suceden uno tras otro en este libro escrito en un estado de lucidez que ojalá se prolongue en los dos restantes textos proyectados para continuar este análisis de lo que somos y de esa posibilidad a la que deberíamos agarrarnos de repensar la vida.

Pocos libros se me antojan más necesarios en estos tiempos, pocas palabras mejor empleadas que las que pretenden horadar el ruido y acogerse bajo un silencio que nos permita situarnos en unas nuevas coordenadas. Esta vida pequeña es una gran vida y el libro de J. Á. González Sainz es un gran libro que nos pone en alerta, que nos enfrenta a esa torrentera que semeja irrefrenable de tantas derivas de nuestro tiempo y, sobre todo, a «los efluvios de la estupidez y la maldad, que nunca se sabe qué es peor o qué precede a qué» pero que están tiñéndolo todo desde esos altavoces mediáticos y políticos tan exasperantes.

Cuando J. Á. González Sainz agita todas estas palabras nos ubica en una posición de rebeldía en un acto que cada vez se vuelve más radical, como es el de leer un libro, aquí potenciado por su contenido, por la intención del autor de frenarnos, de alumbrar el deseo de escapar, de procurar una belleza que debería ser indiscutible

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 8/01/2022 

luns, 3 de xaneiro de 2022

No tempo dos pel vermella


O pulo dos novos nomes da nosa escrita, o Premio Nacional de Xesús Fraga e todo o que rodeu a Xela Arias marcaron este ano literario

 


Os dous coincidieron na presentación das súas novas novelas no Culturgal e fixérono acompañados por Manuel Rivas. Unha fotografía que tiña moito de afirmar o relevo xeracional dunha fornada de autores que están a converter a Galicia en toda unha referencia no literario, xa non só dende a calidade, que sempre a houbo, senón tamén dende a cantidade de nomes que nos engaiolan coas súas historias sen renunciar a esa calidade. Alí estaban Ledicia Costas e Diego Ameixeiras coa súas novelas recén saídas do prelo, ambas editadas por Xerais, amosando ese novo fulgor dos que o propio Manuel Rivas calificou como os «pel vermella» da nosa escrita. Mozos e mozas que non deixan de pescudar novos vieiros cos que expresarse, exploradores inquedos na conquista de novos territorios dende os que argallar historias que, como acontece nestes dous casos, sinalan tamén a nosa sociedade e a moitas das súas eivas, nun claro compromiso co que nos rodea, Así é como ‘Golpes de luz’ de Ledicia Costas e ‘O cervo e a sombra’ de Diego Ameixeiras, convértense para min nas dúas mellores obras de narrativa deste ano no noso país.

Unha narrativa galega que recibiu un enorme respaldo coa concesión a Xesús Fraga do Premio Nacional de Narrativa pola súa obra ‘Virtudes (e misterios)’ e que non era quen de levar a nosa lingua dende o ano 2003, cando Suso de Toro acadou este galardón con ‘Trece badaladas’. E dentro desa narrativa merecen a pena moitos outros títulos que se publicaron ao longo do ano. Así é como podemos citar varios libros que, dende a edición de Xerais, non debemos esquecer: ‘Sibila’ de Rosa Aneiros, ‘O peso do cerebro’ de Xesús Constela, ‘Nus’ de Manuel Gago e ‘Deixádenos Remar’ de Ana Cabaleiro.

Tamén títulos como ‘A vida secreta de Úrsula Bass’ (Galaxia) de Arantza Portabales, ‘O rosario e a buguina’ (Galaxia) de Ricardo Losada, a gañadora do premio Torrente Ballester do pasado ano e ‘Pazo de inverno’ de Alberto Lema, que acadou o Premio García Barros. Tamén nesta editora dous libros a salientar, xa que foron gabados con sendos recoñecementos, o Premio de Narrativa Breve Repsol, ‘Eternity’, asinado por Xosé Monteagudo e o Premio de Narrativa Illa Nova, ‘Oito días sen Eva Cortés’, escrito pola xornalista Sara Vila. Por rematar con este selo de Galaxia non se pode esquecer a culminación dun inxente proxecto como foi o de facer a biografía de Castelao e que baixo o título de ‘Castelao. Construtor da nación’ permitiu que Miguel Anxo Seixas a levase a bo porto, ao publicarse nestes derradeiros días do ano o terceiro tomo da que xa é, e será moi difícil de superar, a mellor biografía do autor de ‘Cousas’.

Se houbo nas nosas letras outro fito a salientar ao longo deste ano xunto a ese Premio Nacional de Xesús Fraga foi o tremor que significou todo o que rodeou a designación de Xela Arias como protagonista do Día das Letras Galegas, espallándose ao longo de todo o ano unha serie de publicacións que abordaron a súa figura achengándoa aos lectores dende as súas diferentes perspectivas, ao tempo que se lograba unha complicidade cos lectores e a sociedade como facía tempo que non se daba neste tipo de celebracións.

‘Lixeiro’ o último libro de poemas de Ismael Ramos, xunto con ‘Os paxaros e outros poemas’ de Daniel Salgado amosan a confirmación de dous poetas que levan xa varios anos facendo forza para ocupar ese lugar. Tamén para pelexar, ou mellor dito para medirse, con toda esa nova xeración de mulleres que ocupa nos últimos anos a cabeceira da nosa listaxe poética. Ambos realizan unha proposta íntima de observación das súas contornas, un exercicio de exploración persoal para afirmar cal é a súa posición ante esa sociedade a esculcar.

A carón destes poemarios atopamos outros ben interesantes. A nova achega literaria da xornalista cultural Pilar García Rego, ‘Humanario’ (Galaxia), volve a abraiarnos fronte a quen estivo demasiado tempo oculta nesta posibilidade creativa co plantexamento dun itinerario case de supervivencia ante a desolación e o medo. Do mesmo xeito ‘Trevo’ de Manuel Seixas (Galaxia) establece unha serie de vieiros polos que moverse na procura do acougo ante a revelación do noso fraude como especie que o tempo fuxidío enche de interrogacións. Luís Rei chegou ao final do ano co seu novo monllo de poemas baixo o título de ‘As sílabas do mundo’, coa edición de Kalandraka. Nel atopamos un percorrido vital, onde a felicidade e o do, amósanse como as dúas caras dunha existencia na que a memoria é o activo no que se acubilla o poeta para interpretar o almacén da vida. Outras recomendacións serían as que vén de editar Apiario: ‘O que fica fóra’ de Manuel Rivas e ‘Ave do paraíso’ de Lorena Conde, e ‘A timidez cas copas’ de Ruth Lodeiro en Laiovento.

E remato este recordatorio onde tantos faltan, pero o lido lido está, con ‘Que hostia din os rumorosos?’ do grupo Rompente e que nos deixou unha xoia poética e visual da man da editorial Elvira para lembrar a radical vixencia dos Reixa, Romón e Avendaño xunto á plástica de Antón Patiño.



Publicado no Diario de Pontevedra 31/12/2021

Un huerto vital en el que cultivar la curiosidad y el asombro

 

 

Luis Landero reivindica en ‘El huerto de Emerson’ el valor de la educación y la literatura en el desarrollo del ser humano

 

 


Cuando en el Cementerio Civil de Madrid cientos de lectores de Almudena Grandes decidieron honrarla levantando sus libros hacia el cielo azul nos dejaron una de las grandes fotografías del año literario, pero también nos dieron una de esas lecciones que solo la cultura es capaz de lograr. Una cultura que tiene su gran valor al surgir de la emoción, como tantas veces nos hizo ver la escritora madrileña. Fue una de sus enseñanzas, la del compromiso con el poder de la cultura, en este caso, de la literatura, como uno de nuestros activos humanos más importantes y necesarios, capaz de generar una serie de complicidades y afectos que a todos los lectores nos dignifican.

Es cierto que llegamos a cada final de año con la lengua fuera tras agotadores días de listas y listas de libros favoritos para unos y otros. Los más diferentes suplementos y firmas se encargan de sistematizar cuales son los mejores libros para cada uno de ellos, de ahí que la propuesta realizada desde estas páginas no pretende más que anotar una serie de preferencias personales de entre los libros leídos por quien esto firma, y que ya han sido recomendados a lo largo del año. Muchos no están porque el tiempo es el que es y no dispusieron de ese instante que a buen seguro merecían, pero lo que sí puedo afirmar es que cada uno de los títulos que por aquí asomen, a quien se refugie en ellos, les dará una buena sombra y no se arrepentirán de su o sus lecturas.

Aquí va un párrafo de autores extranjeros, con mi gran descubrimiento del año, Theodor Kallifatides y ‘Lo pasado no es un sueño’ (Galaxia Gutenberg), Nélida Piñón y ‘Un día llegaré a Sagres’ (Alfaguara), Anna Starobinets con ‘Tienes que mirar’ (Impedimenta), Maggie O’farrell con ‘Hamnet’ (Libros del Asteroide), Martin Amis con ‘Desde dentro’ (Anagrama) y dos mujeres a seguir, los de Jazmina Barrera, con ‘Punto de cruz’, y Lorena Salazar, con ‘Esta herida llena de peces’, publicadas en la editorial Tránsito.

 



Luis Landero lleva regalándonos en los últimos años libros repletos de una emoción que surge, precisamente, de esa mirada al pasado, a su pasado, desde el que poder entender al escritor que es hoy. Mucha de esa emoción es precisamente parte de su educación y de las de los demás, como pueden ser los diferentes alumnos en los que ha volcado su amor por las palabras y los libros. Todo eso y mucho más, como una implicada mirada al presente, confluyen en ‘El huerto de Emerson (Tusquets), en la que a buen seguro será una de sus obras más relevantes.

Ha sido este un año de muchos nombres nuevos, especialmente mujeres por las que las editoriales han apostado en una decisión que, a la vista de los resultados, es más que plausible. La coruñesa Bibiana Candia con ‘Azucre’ (Pepitas de Calabaza), ha sido una de esas benditas sorpresas, con el relato de un grupo de esclavos gallegos llevados a Cuba en una historia sorprendente y que Bibiana Candia narra de una manera muy especial, su gran mérito. De manera similar Elisa Levi nos propone en ‘Yo no sé de otras cosas’ (Temas de hoy), una historia en un ámbito rural llena de asperezas sobre lo que nos rodea y con un papel muy importante de la naturaleza.


Dos nombres gallegos merecen con sus últimos libros ocupar posiciones de privilegio, Javier Peña y Manuel Jabois, con ‘Agnes’ y ‘Miss Marte’ (Blackie Books y Alfaguara), nos proponen historias contadas de una manera singular, arriesgada y atractiva para el lector, reivindicando el poder narrativo de ambos. A partir de aquí libros como ‘Los días perfectos’ de Jacobo Bergareche, ‘Volver a dónde’ de Antonio Muñoz Molina, ‘Trigo limpio’ de Juan Manuel Gil, ‘Los ojos cerrados’ de Edurne Portela, ‘Los montes antiguos’ de Andrés Ruiz Enrique, ‘Humo’ de José Ovejero, ‘El hombre que ordenaba bibliotecas’ de Juan Marqués, ‘La vida pequeña’ de J. A. González Sainz, el ‘El libro de Fernando Fernán Gómez’ o el libro ilustrado de Ilu Ros ‘Federico’, son más que recomendables.

Y en poesía, junto a títulos esenciales editados por Tusquets, como ‘Tiempo sin claves’ de Ida Vitale o ‘Donde muere la muerte’ el libro póstumo del Premio Cervantes, Francisco Brines, son imprescindibles en Visor ‘Un mentido color’, de Felipe Benítez Reyes, ‘Después del paraíso’ de Luis Alberto de Cuenca, ‘No puedes ser así’ de Luis García Montero y en Renacimiento ‘Viaje de invierno’ de Miguel D’Ors, junto a ese futuro de la poesía que ya es presente, Mario Obrero, y su deslumbrante debut con ‘Peachtree City’ (Visor).




PUBLICADO EN DIARIO DE PONTEVEDRA 31/12/2021


venres, 31 de decembro de 2021

La pureza del silencio

 

[Foguetes verdes]

Acaba un año repleto de tensiones, dudas y miedos, pero sobre todo de un estremecedor ruido desde el cual es imposible que nuestra sociedad logre cualquier tipo de progreso


VIVIMOS en el ruido. Somos parte de un sonajero que cada vez parece agitarse más y más fuerte. Medios de comunicación, políticos, redes sociales o los más diversos y asfixiantes soportes tecnológicos llenan nuestras vidas de un trueno permanente que nos aleja de nosotros mismos, de la posibilidad de pensar y reflexionar sobre qué tipo de sociedad estamos armando y cual es nuestro papel dentro de ella.

Ese ruido que disuelve las palabras como un azucarillo en el café es cada vez más insoportable. Cada vez nos vuelve más necios y nos ahoga en un futuro cada vez más negro y desesperanzador. Pienso, cada año que pasa, de manera más firme, en el valor de las palabras como nuestro último asidero a una realidad que se me antoja más irreal, en buena parte debido a ese ruido perpetuo, a la capacidad de unos y otros por pervertir el poder de las palabras y convertir el jaleo, el engaño y la mentira en un soniquete permanente que nos aturde como el talismán de un hipnotizador.

El escultor Jaume Plensa situó este año una de sus prodigiosas cabezas frente a la urbe de Nueva Jersey, en una zona marítima bordeando con Nueva York. La cabeza de esa mujer hace el ademán de colocar uno de sus dedos en los labios reclamando silencio al gran monstruo, a esa civilización de cristal y acero que somete a la naturaleza a su presuntuoso y discutible progreso. Una cabeza de mujer que reclama recuperar la pureza de un silencio que nos vuelva hacia nosotros mismos, que propicie que dediquemos un tiempo a entendernos y a los que nos rodean.

También el escritor gijonés Ricardo Menéndez Salmón ha abordado la necesidad de lograr un mayor silencio en nuestra sociedad en su reciente novela ‘Horda’, editada por Seix Barral, y en la que un relato distópico nos sitúa en una sociedad en la que las palabras han perdido su significado, siendo los niños sus dominadores desde un poder que anula cualquier manifestación verbal o escrita. Y en las últimas semanas si se habla del estreno de una película, iba a decir en una sala de cine, pero este tiempo miserable hasta eso, la magia del cine, se la está cargando con el dominio de las plataformas televisivas, es de ‘No mires arriba’, donde el apocalipsis que unos científicos anuncian por el impacto de un cometa contra la tierra genera toda una sucesión de delirantes situaciones que definen de la mejor manera que he visto en los últimos tiempos este tipo de negacionismos, especulaciones informativas y políticos incansables en su misión, que no es la que debería, esto es, la de la generar el mejor estado para los ciudadanos a los que se deben, sino que su meta es la de someter toda su acción a las siglas e intereses de sus partidos.

Tres propuestas desde la cultura para, no tanto descifrar nuestro entorno, y sí intentar sacarnos del trance en el que tantos nos han metido. Sacudirnos de toda esta estupidez que nos vuelve autómatas en manos de los que usan la palabrería en vez de la palabra, los que mienten para crear una falsa verdad con la que argumentar sus proclamas, los que asumen una realidad que nada tiene que ver con el beneficio del conjunto de la población, los que solo tienen en su programa el enfrentamiento, la tensión y la degradación del contrario, los que son incapaces de arrimar el hombro por el bien común, los que se entristecen ante las buenas noticias que ven como una afrenta a sus pueriles ideales.

Ojalá el 2022 llegue con más silencio bajo el brazo. Ojalá cese el ruido y la furia. ¡Feliz año!

 

Publicado en Diario de Pontevedra 31/12/2021 

venres, 24 de decembro de 2021

Mulleres nas silveiras

 

[Foguetes verdes]

Rosario Álvarez e Menchu Lamas acadaron o Premio Otero Pedrayo polos seus méritos profesionais, pero tamén por converter o seu facer nunha apertura de camiños aínda a valorar


O PASADO sábado, no acto de entrega do Premio Otero Pedrayo, Fina Casalderrey fixo a loa dos méritos acadados por Rosario Álvarez para merecer dito premio, xunto coa outra gañadora, Menchu Lamas. Como acontece cando Fina Casalderrey, a nosa Premio Nacional de Literatura Infantil e Xuvenil, fala, o mundo cala, e iso hoxe só o acadan as persoas que son quen de acariñar coas palabras.

O silencio que envolveu as súas verbas, convertidas nas mesmas folerpas de neve que caeron aquel día máxico dunha infancia pontevedresa compartida, e das que aquí falou ao recuperar aquel algodón da nenez, fixo que o público estivera ben atento a unhas palabras que ían máis alá de gabar a unha premiada con méritos de sobra para acadalo, senón que tamén serviu para poñer voz a esa demanda felizmente axitada nos últimos tempos sobre a necesidade das mulleres en poñer de relevo o esquecemento que sufriron ao longo do tempo para facerse valer, para visibilizar o seu traballo e a súa posición nun mundo que sempre será menos mundo se despreza o feito pola metade da súa poboación.

Fina Casalderrey dixo que sempre viu a Rosario Álvarez como a muller que ía apartando as silveiras para que moitas outras pasaran por ese camiño con menos espiñas, evitando así deixar sinais na pel das que tantas veces se danan, non só no exterior, senón tamén no interior da persoa. O currículum de Rosario Álvarez, primeira muller presidenta do Consello da Cultura Galega, lingüísta e mestra, sobre todo mestra, regouse dende ben nova coa auga fresca da fonte dos Tornos, a carón da que medrou acubillada na nosa tradición local de lendas, soños e palabras que converteron o seu futuro nunha permanente defensa da nosa lingua e, ao tempo, dunha cidade que ten nela un dos seus grandes motivos persoais dos que gabarse, o que materializou coa concesión en 2020 do Premio Cidade de Pontevedra.

Tamén tivo que apartar moitas silveiras Menchu Lamas, única muller no colectivo Atlántica que nos anos oitenta mudou a visión da arte de Galicia, no seu interior e de cara ao exterior, e que dende entón plantexa unha obra que dende o simbólico e a cor foi quen de construír iso tan complexo para calquera artista como é un universo propio. Outra muller, Rosario Sarmiento, toda unha abandeirada no eido do pensamento artístico de Galicia, alabou e confirmou a súa traxectoria e personalidade, como merecente duns premios que poucas veces redimensionaron o feminino como nesta ocasión. Xa van catro as mulleres que se moven entre estas verbas, catro persoas que son auténticas referencias nos seus ámbitos de traballo, e todo iso nunha Deputación presidida tamén por unha muller, Carmela Silva, a primeira muller en ocupar a presidencia dunha Deputación en Galicia.

O sábado, no salón de plenos da Deputación de Pontevedra, visibilizouse todo un universo feminino de primeiras ocasións, de chegar ao lugar que sempre ocuparon os homes, como se non houbese espazo para ninguén máis. Mulleres que rachan teitos de cristal ou, volvendo a Fina Casalderrey, mulleres que apartan as silvas para que as seguintes mulleres non se manquen. Mulleres como Bibiana Candia, a autora dun dos libros deste ano (non o perdan por favor!) titulado ‘Azucre’, que esta semana gañou o Premio Julio Camba de xornalismo ou Míriam Ferradáns, a poeta de Bon, que tamén vén de acadar o Premio Francisco Fernández del Riego de xornalismo en lingua galega. Mulleres galegas que non deixan de amosar un novo tempo, un tempo con menos espiñas.

 

 

Publicado no Diario de Pontevedra 24/12/2021