luns, 27 de xuño de 2022

Piel para el olvido

 

[Ramonismo 116]

La poesía de Natalia Litvinova es un ejercicio intuitivo que rastrea en la memoria familiar convertida en firme presencia



De origen bielorruso Natalia Litvinova vive en Buenos Aires desde los diez años, edad a la que su familia se trasladó a Argentina. Poeta, traductora y editora las últimas semanas protagonizó diferentes actos en Galicia debido a su estancia temporal en la coruñesa Residencia Latitude 43 de la mano de la también poeta Yolanda Castaño. Semanas en las que compartió su poesía con los lectores en espacios donde sus virtudes comunicativas nos permitieron a muchos descubrir a una mujer que entiende la poesía como una práctica con mucho de intuición, en el intento de encontrar la palabra que permita establecer un vínculo necesario con su memoria familiar para propiciar así una poética asentada en la nostalgia del pasado, pero entendida esta de una manera madura, en absoluto cursi o simple, sino que, bajo esa recuperación de sensaciones familiares vividas, se encuentra una memoria necesaria que explica a la persona que Natalia Litvinova es hoy.

«Esta blusa es piel para el olvido», es el remate de uno de los poemas de su último libro, ‘La nostalgia es un sello ardiente’ que se presentó en la pontevedresa Librería Paz a finales del pasado mes junto a su editora, la también poeta y novelista, Elena Medel, que, en el valiente y esmerado catálogo de La Bella Varsovia acoge los poemarios de Natalia Litvinova. Esa piel envuelve una hilazón de versos que indagan en la infancia de su autora, a través del recuerdo y la recuperación de las complicidades establecidas con la que fue su amiga en aquel momento, y ahora rescatada a través de las redes sociales, Catalina. A ambas, geografías, tiempos e idiomas, las han ido separando progresivamente hasta constituirse en dos planetas distantes entre sí, pero que Natalia Litvinova ha querido explorar en un ejercicio extenuante por lo que supone enfrentarse a una presencia de manera permanente, a través de un diálogo y una suerte de conversación continua durante muchos meses.

Una exploración que va más alla de lo meramente amistoso, adentrándose en lo que suponen las relaciones madre e hija, los vínculos con los espacios de la infancia en Bielorrusia, el campo, la casa, la escuela, pero también los aprendizajes y las experiencias que van componiendo a nuestro alrededor una coraza a medida que pasan los años.

Ya en su anterior libro de poemas, el espléndido ‘Cesto de trenzas’, esa mirada al territorio del pasado suponía un emocionante registro de lo vivido a partir de la tradición local de unir a las mujeres del clan mediante el corte de su trenzas y, posteriormente, ser guardadas en un mismo cesto. Unos cabellos que nos hablan de ese sentimiento de tribu, de un universo femenino que establece sus propias normas frente a tantas otras situaciones como suceden alrededor. «Soy la región /que mi madre/ mejor conoce» es la forma de abrir uno de los poemas de este cesto. Una contundencia del cuerpo que nos habla del impacto físico, de la relación de esa piel, de nuevo la piel, con un ecosistema de afectos, pero también natural. En sus libros todos los componentes de la naturaleza, desde los animales a los motivos vegetales, toman una enorme importancia como eslabones de esa cadena sentimental. Ella que, precisamente todavía niña, armó su primer poema desde la cocina del hogar mientras su madre cocinaba y la nieve caía sobre la tierra dura. Madre/cocina/nieve. Un triunvirato del que quizás no haya que salir nunca para no sentirse al borde del principio, un espacio acotado pero de una inmensidad tal que ni en toda una vida se podría rastrear al completo porque en él son infinidad las existencias que se contienen, las presentes, pero también las ausentes, ya que la poesía de Natalia Litvinova siempre tiene a los antepasados como un diapasón de lo que a ella misma le sucede.

La nostalgia es un sello ardiente’ es, por lo tanto, un magnífico acceso a una poeta que debemos seguir, especialmente desde esta orilla de un océano que ahora también es el suyo. Aguas que van y vienen como las personas y los versos por el mundo.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 11/06/2022

xoves, 23 de xuño de 2022

Cruzar la noche

 

[Ramonismo 115]

'Desgracia’ el libro de poemas de Fernando Valverde hace de la palabra y el verso el farol que portar en la oscuridad



HABITAR los poemas de Fernando Valverde (Granada, 1980), se convierte siempre en una experiencia arrebatadora. Un conducirse íntimo por los estados del alma y la conexión desde la palabra con la emoción de traducir nuestra existencia verso a verso.

Desgracia’ editado por Visor, como lo fue el imprescindible volumen que reúne su poesía entre 1997 y 2017, ‘Poesía’, sigue mostrándonos una de las miradas poéticas más intensas y comprometidas de nuestras letras. Intensa por que su poesía no ceja en el empeño en observar la vida, en medir sus luces y sus sombras, estableciendo desde la palabra las categorías de ese eterno duelo y, comprometida, por lo que tiene de honrar esa mirada a través de no sucumbir  en análisis y senderos más sencillos para el lector que harían de su simpleza un fracaso. ‘Desgracia’ es un dolor permanente, una vida que quema y hace de nosotros combustión.

Como Dante que miró hacia el fondo de la noche, Fernando Valverde, en un ejercicio de honestidad poética y personal, cruza la noche para legitimar esa palabra, ‘Desgracia’, como una parte más de nuestra identidad, como un acto de resistencia frente a una sociedad que solo se siente plena desde la felicidad, desde la alegría y la sonrisa líquida. Como si la pena, el dolor, la muerte o la oscuridad, que tantas veces nos envuelven, no formasen parte de nosotros, siendo, además, imprescindibles para explicarnos.

Es ahí, en ese itinerario entre las sombras, atravesando un mundo que se deshace, donde aparece Fernando Valverde portando un farol, una tea de luz que hace del poema y de la palabra, una esperanza que no pocas veces cede y tiembla ante lúgubres vientos. Vértigos, alturas, la resistencia de la belleza, el tiempo que se consume, la fragilidad de la memoria, la soledad y la imposible intuición de un final, nos van dando las claves de este hatillo de poemas valientes por mirar a los ojos allí donde pocos quieren mirar, pero donde encuentra la compañía de tantos como él: Dante, Byron, José Hierro, Ángel Valente y, por supuesto, su admirado Raúl Zurita, otro habitual del Gólgota poético a dónde todo poeta debe subir para mirar a sus pies, para observar a un ser humano, hijo de la estirpe de Caín, el de la mano teñida de rojo,  el fundador de la tristeza que, como una plaga bíblica, desde sus tiempos nos rodea como una serpiente.

En esa genealogía de la ‘Desgracia’ se adentra el poeta granadino para hacer frente al olvido, quizás lo máximo a lo que pueda aspirar cualquier poeta, a contar «todo cuanto olvido». Ese hecho de contar es el que ilumina en la noche, el que convierte los ojos en útiles, tantas veces inútiles. Y son, precisamente esos ojos los que se abren, por fin, llegando al remate de este rosario de versos que alcanzan «el borde desnudo de la sombra», para, desde allí, someternos de nuevo a la oscuridad, esa que evitamos como colectivo, esa que tememos como individuos, pero esa que todos somos en algún momento y que Fernando Valverde convierte en una noche que atravesar entre un silencio solo roto por las palabras.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 4/06/2022

 

 


xoves, 9 de xuño de 2022

Pelos, libros y risas

 

[Ramonismo 114]

Juan Pablo Villalobos nos propone un relato lleno de virtudes desde su sencillez y transmisión de la felicidad



HAY libros que son un bálsamo. Un feliz paréntesis en el ajetreo diario que te lleva a gozar durante varias horas de un relato que, aunque no lo parezca aparentemente, acoge en su interior toda una serie de cargas de profundidad sobre nuestro ecosistema, aunque este aparezca camuflado bajo una piel de bondad.

El escritor de origen mexicano, aunque afincado desde 2003 en Barcelona, Juan Pablo Villalobos, hace de su último libro, ‘Peluquería y letras’, editado por Anagrama, un itinerario vital que comparte con todos sus lectores, haciendo de su barrio, de su cotidianeidad, trabajo, familia y vecinos, una suerte de territorio donde puede suceder de todo y en el que nos podemos encontrar con situaciones de lo más insospechadas y que nos pueden llevar, abriendo el foco, a plantearlas a un nivel más global.

Lo que está claro es que, tras la lectura de esta pequeña novela que ronda las cien páginas, se tiene la sensación de encontrar en la literatura un lugar en el que guarecerse, la manera de pasar un buen rato asistiendo a las andanzas, entre picarescas y azarosas, de quien ve la vida a través de su ejercicio literario, con no pocas puyas a su propio oficio y a las inspiraciones que motivan los textos o los métodos de trabajo, pero que, al mismo tiempo, hace de ella un ejercicio compartido de descubrimiento de lo que se oculta en nuestras actividades diarias: recados, citas médicas, oficios y hasta en ir a cortar el pelo. A partir de ese deambular urbano se entrelazan toda una serie de situaciones que Juan Pablo Villalobos enhebra con frescura e inteligencia, aderezándolas de un humor que enseguida nos atrapa sumándonos a ese itinerario en una feliz andanza.

Ese «deseo de escribir» sobre el que reflexiona tras citarlo Juan Pablo Villalobos, nos lleva a lo largo del relato a encontrar y mostrar cómo en su interior se produce una suerte de contestación frente a esa concepción general del escritor que nos tiene que transmitir siempre un mensaje casi revelado, una suerte de epifanía literaria que solo quien está tocado por las musas puede llegar a convocar. El autor le da la vuelta a ese ejercicio por el que tantos autores suspiran, casi más que por sentirse como escritores, para que los demás los vean como autores de consideración. Lo que hace Juan Pablo Villalobos es que desde las aceras de su vecindario, desde esos escenarios comunes, donde aparentemente no sucede nada, se puede encontrar una mezcla de felicidad común con aventuras insospechadas que motivan esa literatura aparentemente banal, pero que nos lleva directamente a situarnos junto a un escritor y a una mirada hacia la realidad con la gran preocupación de poder resolver un fallido corte de pelo, así como diferentes complicidades personales.

Una novela, por lo tanto, que a poco que se rasque bajo esa capa de humor que nos agita permanentemente, nos muestra una reflexión sobre el oficio de escritor, pero sobre todo sobre la vida y sobre esa vida tan desprestigiada como es la vida feliz, la que también es capaz de generar literatura.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 28/05/2022


luns, 6 de xuño de 2022

Imaginar es salud

 

[Ramonismo 113]

Lo vivido en la pandemia lleva a José María Merino a armar un lúcido libro sobre nuestro tiempo y el Renacimiento



Como un acto de resistencia frente a la realidad es como podemos definir de manera rápida el nuevo libro de José María Merino, ‘La novela posible’, editado por Alfaguara. Un frente de resistencia ante un mundo que nos rodea de muerte y dolor durante la pandemia de una manera pocas veces vista en un tiempo en el que pensábamos que éramos invencibles. Pero llegó el covid y con él una serie de medidas que nos obligaron a un encierro forzoso en el que este Premio Nacional de las Letras encontró un firme anclaje a la vida en la escritura y, por supuesto, en la imaginación, que se rebela en el libro como un bálsamo de Fierabrás, absolutamente imprescindible cuando la vida se pone peliaguda.

En ‘La novela posible’ José María Merino trenza tres historias desde su encierro domiciliario. La primera la de la pintora Sofonisba Anguissola, una mujer (y como tal muy desconocida) con unas dotes extraordinarias para el arte pictórico, presente en la corte de Felipe II y con una larga vida absolutamente novelesca de la que el autor de origen gallego se adentra en su biografía. La segunda, la de una mujer en un momento de ruptura amorosa con su pareja y cuya vida observa desde su balcón y, en tercer lugar, la descripción de su propio confinamiento, en el que, como en un diario de a bordo, se relacionan tanto sucesos de la vida personal como de la actualidad de un país aturdido ante los acontecimientos.

Tenemos, por lo tanto, un planteamiento aparentemente complejo, de saltos temporales, de historias que se mueven en ámbitos diferentes, pero cuya resolución José María Merino maneja con una maestría y, sobre todo, con una inteligencia que, como es habitual en sus relatos, sirve para colocarnos ante nuestro retrato colectivo. Todo ello entre dudas sobre el propio proceso de escritura de la que se intuye como una novela posible y que, finalmente, se convierte en realidad, a base de limar asperezas con ese tiempo del Renacimiento aparentemente tan lejano pero que, simbolizado en esa mujer dotada de tan altas capacidades para la pintura y para la observación de la vida, poco a poco se van fundiendo casi en una misma identidad.

Ahí será donde un elemento es firme asidero para ambos, pero que José María Merino, como un Alonso Quijano rodeado de gigantes de largos brazos, convierte en su armadura para hacer frente a la realidad. Me refiero a la imaginación, esa que le lleva entre cifras de contagios y muertos a crear pequeños cuentos que, como cápsulas de distracción, se convierten en medicina ante el virus, el de la propia enfermedad y el infiltrado en una sociedad en la que demasiadas noticias falsas y políticos obtusos crean un campo minado para la esperanza en el ser humano y donde lo mejor es la evasión. Mirar desde un balcón cómo este páramo humano se desenvuelve, observar cómo una mujer descubre que el amor no siempre es lo que parece, o donde un académico nos ilumina con sus conocimientos sobre Cervantes o Galdós pero, sobre todo, donde sentimos cómo nuestras vidas se han visto detenidas con mayor o menor fortuna.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 21/05/2022


xoves, 26 de maio de 2022

Un libro y una librería

 

[Ramonismo 112]

'Un bosque flotante’ es un maravilloso relato que surge de los recuerdos de un niño como anclaje frente a culpa y olvido



Escribe el mexicano Jorge F. Hernández en un pasaje de ‘Un bosque flotante’ (Alfaguara) lo siguiente: «...la novela en realidad cuaja cuando es leída por alguien que la compra, que la recibe de regalo o que le cae en las manos en el inesperado vagón de un tren de vida». A esto me agarro para defenderme de los meses en que este maravilloso libro ha estado aguardando su tren en una estantería de mi casa esperando ese momento en el que, debido a una circunstancia imprevista, fue requerido para mi lectura, enfrentándome a un relato lleno de virtudes que transita por la memoria de un niño entre dos culturas, la mexicana y la estadounidense, adentrándose en una infancia llena de descubrimientos, remordimientos y espacios luminosos en el interior de ese bosque de sombras que supone para todos esa etapa vital.

Citaba una hecho inesperado que me llevó a recordar que hace unos meses había llegado a mí este texto firmado por este escritor, historiador, colaborador en medios de comunicación y, hasta hace bien poco, director del Instituto Cultural de México en Madrid, cesado de ese cargo por manifestarse públicamente a favor de «la lectura por placer», como si hubiera alguna razón más importante para hacer uso de esa cualidad humana (a buen seguro que detrás de esa justificación hay alguna sombría cuenta pendiente). Ese hecho nace de una voltereta del destino, Jorge F. Hernández, como si quisiera hacer de esa ridícula justificación de despido un sendero de vida, será quien rija en breve los destinos de la mítica librería madrileña ‘Pérgamo’, que, abierta desde 1946, se veía ya con la verja cerrada y el horno de una pizzería en el interior de su emblemático local del distrito de Salamanca, hasta que un empresario mexicano la compra (¡sí, un puritito milagro!) con el aval de tiempos pasados en los que, a buen seguro, logró allí tantos goces de la lectura, convirtiendo en librero al autor de ‘Un bosque flotante’.

Tras escuchar esa noticia no cabe duda que Jorge F. Hernández será un extraordinario librero, solo hace falta leer este libro y, en especial, el capítulo ‘Read. Lee’, en el que se despliega un desbordante amor por la lectura, por el descubrimiento de textos que serán sagrados desde la infancia, haciendo del crecimiento humano un permanente asidero a las enseñanzas que se encierran en ellos.

Un bosque flotante’ es un libro sobre ese ajuar tan preciado que todos portamos como es la memoria, la nuestra, pero también la de los que nos rodean, y que en ocasiones pierden, afanándose en su recuperación, como le sucedió a la madre del autor, pero también es el intento de comprender los diferentes escenarios de nuestra vida. Geografías pobladas de fantasmas que debemos serenar, de preguntas sin respuestas que solemos evitar hasta que ese mismo destino pone ante nosotros, tal y como estos días la ventura ha puesto en mis manos un libro y en las de su autor una librería. Ambos, contenedores de palabras y emociones, territorios de libertad en los que el ser humano se vuelve invencible para despejar todas esas sombras con que la vida acostumbra.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 14/05/2022


mércores, 25 de maio de 2022

Covid en negro

 

[Ramonismo 111]

Los tradicionales relatos policiales de Petros Márkaris se vinculan en ‘Cuarentena’ a los efectos del coronavirus



CREADOR de uno de esos personajes que pasarán a la historia de la novela negra, el comisario Jaritos, el escritor griego Petros Márkaris en su último libro, ‘Cuarentena’, nos lo presenta como protagonista en dos relatos dentro de un conjunto de siete en los que la pandemia generada por el coronavirus transforma nuestra realidad, haciéndolo desde la cotidianeidad de los más desfavorecidos, aquellos que viven en la calle, hasta el día a día de las investigaciones policiales, condicionadas por las medidas sanitarias para frenar a quien ha puesto patas arriba nuestras vidas, convirtiéndose en el más peligroso, e inesperado criminal de nuestros días.

Como es habitual en Petros Márkaris su literatura es tan accesible al lector como beneficiosa para quien guste de leer este tipo de novelas o relatos en los que diferentes crímenes deben ser resueltos, pero que este autor, y es su gran virtud, nunca despega del contexto de la realidad más cercana a todos nosotros, y así, en libros anteriores como ‘Con el agua al cuello, Liquidación final y Pan, educación y libertad, creó un tríptico sobre la crisis económica que todos recordamos cómo se cebó con su país; o en ‘La muerte de Ulises’ incluyó varios textos sobre la llegada de emigrantes a las costas griegas. Ahora, en ‘Cuarentena’, le ha tocado al coronavirus formar parte de este escenario negro en el que acostumbra a presentar sus relatos y al que no deja de aportar tres ingredientes que se citan con buen criterio en la presentación de la novela por parte de su habitual editorial en España, Tusquets, siendo estos la solidaridad, el humor y la esperanza.

Y es cierto que esta tríada le concede al libro ese tono amable y hasta necesario frente a las situaciones y tramas que se originan en cada uno de los cuentos. Aliviando tensiones y dejando varias vías de escape cuando la vida se pone complicada. Esa solidaridad la vemos entre aquellos a los que las derivas de la existencia colocaron en una posición común, extrema en ocasiones e inesperada para muchos, pero que, viéndose en un atolladero entienden que solo juntos todo puede funcionar mejor. El humor se presenta de una manera fluida, engrasando las situaciones que parecen más complicadas de resolver pero que logran hacerte esbozar esa sonrisa tan necesaria cuando se trata de pelear con jornadas complicadas y que en el caso del comisario Jaritos tiene que ver con espacio íntimo, con la relación con su mujer en ese aislamiento al que nos hemos visto sometidos y, por último, la esperanza, tan necesaria su manejo para no volvernos locos, para capear el temporal y seguir luchando por un futuro y con ese canto de esperanza cierra el autor este libro con un hermoso relato vinculado a la isla en la que creció el escritor y donde sus recuerdos y sensaciones evocan un ámbito de felicidad al que deberíamos regresar, recuperando la pureza y alejándonos de las contaminaciones que esta sociedad materialista suma a nuestras vidas.

Jaritos protagoniza esos dos primeros textos, con una aparición esporádica en otro, pero es en ‘Cuarentena’ y ‘Me llamo Covid y mato’ en los que su acción policial se condiciona por las imposiciones sanitarias provocadas por la pandemia. Desde el trabajo en casa a través de las tecnologías hasta los negacionistas. En ‘El arte del terror’, una vida complicada, con la emigración por medio, como la de tantos griegos, permite regresar a su país con un negocio hotelero que la pandemia se encarga de echar al traste. En ‘Centro de refugiados del coronavirus’, varios indigentes encuentran la solidaridad inesperada de un hombre que, como ellos, pero por diversos motivos, también necesita de esa solidaridad. ‘Los tres caballeros’, es un inteligente relato en el que tres sin techo, de nombres Sócrates, Pericles y Platón, buscan mantenerse donde hubo el esplendor olímpico y ‘La taberna de Karaguiosis’, es otro brillante texto de rivalidades griego turcas encarnadas en sendos restaurantes y sus típicas gastronomías, rematando el libro con ese relato sobre la Isla de la infancia de Petros Márkaris, completando un fantástico y helénico itinerario vital.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 7/05/2022


xoves, 12 de maio de 2022

Prega que sexa longo o camiño

 

[Foguetes verdes]

A publicación pola Editora Aira da poesía completa de Kavafis, por primeira vez en galego, incorpora á nosa lingua unha das propostas literarias máis deslumbrantes da historia

 


        O 29 de abril de 1863 nacía o poeta grego Konstandinos Kavafis. O 29 de abril de 1933 falecía na cidade de Alexandría na que nacera, e hoxe, un 29 de abril de 2022, celebramos o paso da súa poesía, unha das máis singulares e emocionantes da Historia da Literatura, á nosa lingua, por primeira vez de maneira completa nunha valente e necesaria edición anotada da man de Miguel A. Areses Martín e no selo da Editora Aira.

Toda unha achega a nosa literatura que a converte, ao meu modo de ver, nunha das máis apaixoantes aventuras dos últimos tempos. Un volume como este, no que poder movérmonos na nosa propia lingua, por ese universo kavafiano no que a Historia de Grecia, a sensualidade que xorde da súa homosexualide e unha filosofía existencial que pescuda nos diferentes estados de ánimo, son as puntas dun compás que nos leva por unha das travesías máis emocionantes da escrita do ser humano sobre o que envorca Kavafis a súa poesía.

Unha obra do presente, con independencia da latitude temporal na que se mova cada un dos seus poemas, que converte o instante que estamos a vivir nun momento único e irrepetible, e no que non nos podemos permitir o luxo de negalo, de torcerlle a cara ao goce que o destino pon ante nós, sendo Ítacas ás que chegar na procura do noso propio coñecemento.

A viaxe e o corpo, moitas veces tamén entendido como unha viaxe, libran a súa condición na permanente experiencia, na conquista de novas sensacións que nos farán medrar, de aí que o máximo que podemos pedirlle aos deuses ou mesmo aos mitos da nosa historia, moitas veces tamén entendidos como divindades, é que esa viaxe se prolongue o máximo posible. «Cando saias camiño a Ítaca,/prega que sexa longo o camiño,/cheo de aventuras, cheo de coñecementos». O seu poema ‘Ítaca’, como o pode ser ‘Recorda, corpo...’, por citar dous dos máis coñecidos da súa produción, son deses textos que se che pegan á pel, e mesmo a alma, e xa non podes deixar de levalos contigo na viaxe que supón a vida. O bo deste tipo de edicións completas é que xunto a estes poemas descubrimos moitos máis que poder ter xa xunto a nós ata chegar a Ítaca e, grazas ao homérico traballo de Miguel A. Areses Martíns, poder gozalos en galego, co que iso supón, non só de afectos, senón do compromiso do noso sistema cultural para acoller textos alleos a el que non fan máis que ensanchar o noso océano literario. Unha edición que ademais aparece anotada o cal é outra substancial mellora sobre anteriores edicións xa que clarexa moito o sustrato culto tan importante nunha obra na que reis, mitos, deuses, batallas ou xeografías do mundo clásico grego explícanse en cada unha das poesías permitindo unha mellor comprensión de cada una delas. Un traballo nada sinxelo, como tampouco o pode ser o de traer ao galego todos estes poemas que Kavafis dividiu de xeito escrupuloso en tres monllos: os poemas Canónicos (os que foron publicados), os Inéditos (que non debían ser editados) e os Proscritos (que el mesmo rexeitou). Ser quen de acadar a sonoridade e as métricas de quen tanto traballou cada un dos seus poemas converte este exercicio de edición nunha das grandes conquistas da nosa literatura nos últimos tempos. Unha análise da súa obra e da súa biografía completan un dos que abofé serán un dos libros galegos que marcarán este ano e reafirma o traballo que emprendeu en 2017, dende as terras de Allariz, a Editora Aira, cun catálogo cada vez máis interesante e heteroxéneo, con libros coidados de xeito exquisito e que nos está ofrecendo traducións tan valiosas como as de ‘O nome da rosa’ ou ‘Frankenstein’.

Pero a obra de Kavafis é sempre especial. Foino dende a súa creación, dende ese vencello a un territorio e a un mar no que aínda se poden escoitar os cantos daquel Homero despois do que xa todo foi repetición ou variación. As súas palabras, o contido das súas narracións: a ‘Odisea’ e a ‘Ilíada’, son o comezo formal da nosa literatura e Kavafis sabía que enchoupar a súa pluma nese tinteiro da historia non podía facerlle máis que ben a súa obra, á que tinxiu tamén de miradas e aloumiños convertendo o noso corpo nun mar por descubrir, nun mar por navegar: «Así de sabio como agora es, con tanta experiencia/xa comprenderás que significan as Ítacas». 

 

 


Publicado no Diario de Pontevedra. 29/04/2022 

martes, 10 de maio de 2022

Estar cuerda... o no

 

[Ramonismo 110]

Rosa Montero hace de su vida y de la de otros escritores un fino alambre en el que equilibrar razón y delirio



VUELVE Rosa Montero a hacer de su vida y obra una especie de desfiladero por el que adentrar a sus lectores para aislarnos del exterior y situarnos, en esta ocasión, ante esa frágil y delicada frontera que se plantea a lo largo de la historia creativa entre la genialidad y la locura.

Y digo vuelve porque si con ‘La ridícula idea de no volver a verte’ (2013) nos habíamos enfrentado a una mujer devastada por la muerte de su pareja, pero cuyo ánimo ponía en relación con la gran Marie Curie, ahora, en ‘El peligro de estar cuerda’ (Seix Barral), de nuevo de una manera magnífica, su experiencia personal nutre un texto lleno de virtudes que nos ofrece a la mejor Rosa Montero, capaz de ser periodista, novelista, ensayista... para acercarnos a una vida llena de grandes libros escritos por ella pero a través de los cuales se ha ido generando toda una situación personal a partir de cómo los escritores se relacionan con la propia existencia. Para ello Rosa Montero abre el abanico de la Literatura para situar ante nosotros toda una serie de autores cuya vida y obra aparecen señalados de manera definitiva por una situación mental, cuando menos conflictiva, que les hace a todos ellos plantear una vida, cuando menos conflictiva, entre la existencia y la imaginación, promoviendo una realidad paralela en la que prácticamente todo escritor se adentra como manera de atemperar sus demonios en un sinfín de manías, miedos, pesadillas, que pueden arrancar desde la propia infancia para desbordarse con el paso de los años hasta llegar a situaciones límite, como pueden ser los no pocos casos de suicidio que se han dado entre hombres y mujeres cuya obra literaria nos ha fascinado.

Con motivo de aquel libro de 2013, tan pegado a este, tuve la fortuna de entrevistar a Rosa Montero y, revisando estos días ese encuentro, un destacado de aquella entrevista resaltaba una de sus respuestas: «Tú no decides el libro que vas a contar, sino que el libro te escoge a ti. Se impone una imagen que se mete dentro de tu cabeza». Y de esto, precisamente, va en gran parte lo que se encierra en ‘El peligro de estar cuerda’, de imágenes que se insertan en nuestra mente y que son capaces de provocar un reguero de situaciones que, en el caso de los escritores, suelen determinar sus escritos. Rosa Montero nos propone una especie de «autopsia de la creatividad» con la que gozamos, no solo por la calidad del texto, sino por cómo es capaz de incorporar diferentes estudios científicos sobre el comportamiento de la mente humana, así como por hacer de ese muestrario de escritores y escritoras la prueba evidente de que todos ellos se mueven a lo largo de su vida como un equilibrista portando una pértiga sobre un fino alambre sin red.

Un ejercicio íntimo que exorciza numerosos fantasmas, que nos hace partícipes de su vida, evocador de muchos momentos sumamente delicados, de ‘Otra’ Rosa Montero, de comportamientos inexplicables, de dolores y traumas, en definitiva, de buena parte de lo que conforma a una persona y cuya escritura es, precisamente, lo que le permite vivir.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 30/04/2022


Amistades literarias

 

[Ramonismo 109]

Ana Merino pone en valor el hallazgo de la desconocida documentación del amigo de García Lorca, Joaquín Amigo



Si Ana Merino nos había fascinado con su debut novelístico, ‘El mapa de los afectos’, merecedora del Premio Nadal 2020, ahora, con ‘Amigo’, reafirma su capacidad narrativa, ella que ya es una más que reconocida poeta. Una poesía que está muy presente a lo largo de esta novela que convierte en material literario el hallazgo en el archivo familiar de Joaquín Amigo, uno de esos miembros satélite de los grandes astros de la Generación del 27, de toda una documentación que orbitaba alrededor de la figura de Federico García Lorca.

Ana Merino, en esta novela editada por Destino, rápidamente nos envuelve en una historia que circula por dos vías. Una presente, la de una profesora de Escritura Creativa que llega a la Residencia de Estudiantes de Madrid para investigar esa documentación, presentar su poesía e impartir un taller, dejando atrás, en una Universidad Norteamericana, toda una suerte de sucesos que arrastrará de manera permanente en su vida, vinculadas al ambiente universitario y las luchas de poder académicas. La otra vía literaria es la que se genera como un viaje a través del tiempo a aquella España ya perdida, a través de esa documentación, que como todo lo que se aproxima a García Lorca, brota como agua fresca de la fuente de la historia y, en este caso, desde la veta de la amistad más profunda. Y es que amistad y traición no entienden de tiempos ni de momentos, sino que, como parte de la identidad humana, son atemporales, pudiéndose rastrear sus huellas en cualquier espacio físico o temporal, siendo estos dos elementos los que vertebran ambos itinerarios en el relato de Ana Merino.

En la celebración del Día del Libro pocos textos se me ocurren tan volcados en lo literario y en su potencial para con el ser humano como este ‘Amigo’ en el que desde la trama, llena de vínculos con la cultura y lo literario, con libros que marcan vidas, con libros que activan emociones, con libros que nos ofrecen respuestas a ciertos misterios que surgen ante nosotros, y también con la propia resolución que Ana Merino logra de esa hibridación entre el pasado y el presente. Estamos ante un libro que desborda su propia identidad novelística y se convierte en muchas cosas más, también en un pulso a la propia vida de la autora que no podemos separar de lo que cuenta por las muchas afinidades que existen entre la protagonista y la experiencia profesional, académica y literaria de Ana Merino, que también lleva desarrollando una larga trayectoria en la Universidad de Iowa en la que pasa buena parte del año. Novela, ensayo, hasta diario, si me apuran, y donde se van balizando destellos de terrenos propios de Ana Merino: la poesía, el cómic, surgen en el relato como chispazos muy efectivos para entender a los diferentes protagonistas de la novela. Los de antes y los de ahora.

Por la importancia que tiene no solo para el devenir de la novela, sino de nuestro propio sistema literario, es especialmente emocionante el manejo que se hace de la correspondencia entre Federico García Lorca y Joaquín Amigo, ambos asesinados por los dos bandos enfrentados en la Guerra Civil, el primero en su Granada natal, el segundo arrojado por un barranco en Ronda, y ambos unidos en un trágico destino con sus restos todavía sin ser encontrados y, por lo tanto, honrados como se merecen. En esas cartas se contiene toda una época y son, tanto una visión de cómo Lorca asistía al crecimiento artístico de su figura, como la visión del catedrático de Filosofía sobre la dimensión que podía alcanzar su amigo.

Esos ecos del pasado, con presencias como las del también poeta Luis Rosales, tantas, demasiadas veces, señalado gratuitamente en el fin del autor del ‘Cancionero Gitano’, vuelven décadas después a un Madrid por cuyas calles pasearon todos ellos, incapaces de calibrar un destino que se convertiría en terrible y en el que el desfiladero de la amistad podía verse cercenado por oscuros elementos, por traiciones y por ese sentirse defraudado por el otro, por una confianza rota a la que no siempre es fácil encontrar una explicación por muchos años que pasen.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra. 23/04/2022


xoves, 21 de abril de 2022

Un poeta vencido

 

[Ramonismo 108]

Manuel Moya recrea en ‘Lluvia oblicua’ las últimas horas de Fernando Pessoa fundido con Lisboa y sus otras vidas



Era uno, pero en él se citaban muchos otros. Nadie ejemplifica de manera más concreta aquello que, otro gigante de la poesía, Walt Whitman, afirmaba en su «contengo multitudes». Las multitudes de Fernando Pessoa fueron sus heterónimos y entre todos ellos generaron algunas de las páginas más hermosas de la literatura, al tiempo que convertían Lisboa en un mirador sobre la existencia humana.

El onubense Manuel Moya, auténtico experto en las multitudes pessoanas, coordinador de numerosas antologías poéticas de cada uno de sus heterónimos y que próximamente nos presentará una minuciosa biografía de Fernando Pessoa, es quien afronta, en esta pequeña novela, el devenir vital de uno de los primeros héroes trágicos de la literatura urbana del siglo XX. ‘Lluvia oblicua’, editada con mimo por Baile del Sol, es, a su modo, también una biografía, si bien alejada de la correlación de datos que se le presupone al género, pero convirtiendo todos esos movimientos vitales en un permanente latido de humanidad que hace de este texto uno de los mejores tranvías a los que subirse para conocer y reconocer al autor de ‘Mensagem’.

Entre el tabaco, el bagaço y los sueños convertidos en derrota, Fernando Pessoa se aproxima al precipicio en que se convertirán sus últimas horas, por supuesto, trashumantes por calles, plazas, cafés, oficinas y cais de la capital lusa. El paisaje de Lisboa tiembla de manera cada vez más intensa por las puñaladas en el costado que sufre el poeta, por las toses insistentes y por un hígado que renunciaba a seguir aliviando los excesos etílicos de un Pessoa que asume todas esas miserias como el poeta vencido que se siente, como el niño fracasado ante la figura ausente de una madre que, desde el cementerio de Os Prazeres, reclama su presencia para recuperar aquella felicidad compartida, el único instante, el de la infancia, en el que Fernando Pessoa pudo mirarle a los ojos a la alegría.

«Si escribo lo que siento es porque así atempero la fiebre de sentir», escribe el Bernardo Soares del ‘Libro del desasosiego’, y esa fiebre permanente es la que en el propio texto de Manuel Moya va en progresión hasta su final, cuando la lluvia lisboeta que el propio Pessoa decía que caía de manera oblicua, había ya ahogado al vate. En todo este proceso de deterioro Fernando Pessoa nunca estuvo solo y a partir del centro imantado que él simbolizaba, los Álvaro Campos, Bernardo Soares, Ricardo Reis o Alberto Caeiro, y otros menos conocidos, como el Barón de Teive, le acompañaban en ese reflejar al ser humano, sumando papeles a ese baúl inmarcesible, maná inagotable de una personalidad que era muchas, también de amores, como el de Ofelia, de interés por el esoterismo, la política y, en definitiva, por un mundo que nunca le gustó, de ahí que se empeñara en inventar nuevos mundos.

A esos nuevos mundos, a los mundos de Pessoa, es a los que nos acompaña Manuel Moya desde una espléndida escritura, diáfana y emocionante en la explicación de la progresiva derrota de quien se consideró un poeta vencido por la propia vida.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 9/04/2022


domingo, 10 de abril de 2022

Cuando la leyenda supera la realidad

 

FOGUETES VERDES

El fallecimiento de Cholo, capitán y mito del glorioso Pontevedra de los años sesenta, le abre las puertas de la eternidad a una de esas figuras irrepetibles en cualquier comunidad


Todo colectivo precisa, a lo largo de los años, aunar una serie de ingredientes míticos que le otorguen su identidad, su singular configuración frente a otras ciudades para hacer de ella un espacio de identificación de todos sus integrantes. Pontevedra es rica en mitos, en  historias sedimentadas desde su conformación más primitiva hasta nuestros días. Así rebosaba felicidad, durante su estancia pontevedresa, Gonzalo Torrente Ballester, quien más y mejor escribió desde el mito, surtiendo su imaginario de todo un rosario de historias y personajes que se convirtieron en texto. Pero pocos de un calado tan grande como los que puede generar un territorio de pasiones compartidas como es el fútbol.

Pontevedra ha hecho de la historia del equipo del ‘Hai que roelo’, una Ítaca colectiva a la que regresar cada cierto tiempo. Un anclaje con la memoria de los que vivieron aquel tiempo y que llega a los que no lo vimos a través de un relato cada vez más legendario que es, tal y como filmó John Ford en su película ‘El hombre que mató a Liberty Valance’, como se escribe la vida de las personas, por encima de la realidad de los acontecimientos. 

Aquel equipo granate, líder de Primera División, que se codeaba con las grandes referencias del fútbol en España, era mucho más que un simple equipo. Era el alivio semanal de una ciudad que en esa década tomaba aire tras los años posteriores a la Guerra Civil y sus miserias. Al desarrollismo social y económico se le unía un conjunto que, de manera inesperada, desde el tesón y la vitalidad, se había hecho un hueco en la élite del fútbol, convirtiendo Pasarón en ese vergel de sueños e ilusiones desde el que domesticar el día a día.

Todavía hoy esa alineación de jugadores es un mantra que acompaña a esta ciudad, no solo al hablar con algún vecino que lo vivió, sino que, como estés fuera de ella y digas que eres de Pontevedra, y si tu interlocutor tiene una cierta edad, antes de darte las buenas tardes te descerraja aquella alineación, no solo como un gesto cómplice, sino como la recuperación de un compromiso de resistencia colectivo que iba más allá de las orillas del Lérez.

He tenido pocas sensaciones más intensas en esta ciudad que las que surgían al cruzarme con Cholo por sus calles. Aquellas piernas, que como dos torres pétreas se hundían en el barro de Pasarón impidiendo el paso de cualquier rival, semejaban levitar al caminar sobre nuestras aceras. Era el poso de ese imaginario colectivo que te hacía reconocer al héroe, admirar al hombre que, como todos sus compañeros admiten, encarnaba a una generación irrepetible, no solo para el fútbol sino para la propia ciudad. Cuando pasaba a su lado siempre giraba la cabeza hacia todos los lados buscando la complicidad de los viandantes. «¡Pero no sabéis quien es!, ¡No sentís lo mismo que yo!». Muchas veces sentía lástima por todos los que no reaccionaban ante su presencia, la del conductor de trolebuses que, con su capa granate, había ajusticiado a sus oponentes en los terrenos de juego.

El escalofrío al pasar junto a quien fue el dorsal número tres poco tenía que ver con el que originaba en sus rivales, desmadejados ante quien seguramente no era el más alto, ni el más fuerte, ni el más rápido, pero sí el mejor. Verse entre aquella defensa, con sus medallas de lodo, debía ser como sentirse en medio de una manada de rinocerontes en plena estampida.

Todo tiempo es finito y esta semana se inició con la muerte de Cholo, el final de una época en esta ciudad que, quizás, se despierte así de aquel sueño granate que tantas veces ha atenazado, por su reflejo de Narciso, al propio equipo en su deseo de repetir aquellos éxitos. Nosotros seguiremos recordándolo desde la leyenda, porque como nos enseñó el director de cine irlandés: «En el Oeste, cuando la leyenda se convierte en realidad, publicamos la leyenda».

 

 


Publicado en Diario de Pontevedra 1/04/2022

Fotografía. Cholo y Vallejo dejan a Ufarte tendido en el suelo en un lance del encuentro disputado en el Estadio Manzanares. FOTO CIFRA.


Museo Torres. 30 anos despois

 

FOGUETES VERDES

Cando se cumpren trinta anos da inauguración do Museo que leva o nome do pintor Manuel Torres, e tras unha recente reforma do mesmo, aínda se está lonxe de amosar o seu potencial




O 25 de marzo de 1992 Diario de Pontevedra levaba a súa portada a noticia da inauguración do Museo Manuel Torres de Marín, no que se depositaba o legado cedido polo propio pintor ao seu pobo natal para o disfrute dos seus veciños. Cúmprense, polo tanto, trinta anos daquel acto que deixou nese Concello un tesouro artístico e cultural de indudable importancia a través da obra dun dos pintores máis sobranceiros de Galicia, integrante da mellor xeración da nosa pintura, como foron Os Renovadores que, nos anos trinta, fixeron da súa obra unha reclamación da identidade galega dende as novas formulacións pictóricas das vangardas que viñan a rachar coa pintura máis académica e rexionalista. Maside, Laxeiro, Colmeiro, Souto e Torres forman esa xeración mítica da nosa arte, dentro da que a figura de Manuel Torres sempre é a que pecha ese listado, como se fose o último da fila, cando a súa pintura está ao mesmo nivel da de calquera dos anteriores. O certo é que a dimensión da súa figura non acaba de poñerse en valor, tendo a nosa sociedade aínda pendente un maior coñecemento e aplauso da súa obra.

É indudable que, tendo un Museo co seu nome, e con boa parte da súa obra alí, ese centro tería que ser o verdadeiro motor para impulsar o maior coñecemento de Manuel Torres, a través da difusión da súa obra e do impulso de diferentes actividades que melloren esa percepción pública do pintor marinense. A recente reforma destas instalacións, sempre pendentes para un mellor aproveitamento en exclusiva do legado Torres da creación doutro centro cultural na vila que permitise focalizar no seu Museo todas as actividades na obras e na figura de Manuel Torres, están moi lonxe de reivindicar todo o potencial do pintor, que tería que ser un dos grandes reclamos da vila, cando o realmente difícil é poder contar cunha figura da que gabarse.

O primeiro que sorprende é que no exterior, ao pasar pola Avenida de Ourense, non exista unha indicación axeitada da presenza dese Museo e do seu contido que permita á xente que emprega esa rúa, con moito paso de turistas en vindeiras datas, plantexarse a visita ao Museo. Cando accedemos a el, na nova decoración da entrada, atopamos unha boa idea, impactante, pero mal resolta, ao non confiar esas grandes imaxes de benvida ao que en verdade singulariza a obra de Manuel Torres, como poden ser as escenas coa xente de Marín, as súas peixeiras, as famosas regateiras, ou calquera outra actividade dos traballadores vencellados ao mar; ou mesmo as vistas de espazos tan senlleiros da súa obra e vida como a tantas veces pintada Banda do río. Tamén botamos en falta nesa benvida, acompañada de datos sobre a vida e pensamentos do pintor, algunha mención ao feito realmente importante da súa carreira, como é o formar parte desa xeración de renovadores da arte galega, da nosa vangarda, que é o que vai a definir o seu rol dentro da nosa arte xunto aos xa citados.

Pasamos a percorrer a exposición permanente e atopamos outra eiva relevante xa que, ao ter salas adicadas a exposicións temporais doutros pintores, encontrámonos cun complicado atranco para poder ver o maior número posible de obras, laiándonos de novo de que non todo o espazo acolla unha completa exposición permanente adicada a súa figura, que sexa realmente didáctica para o seu coñecemento, e que se podería completar de xeito puntual con mostras dos seus contemporáneos ou de pezas do propio Manuel Torres expostas noutros centros, con especial relevancia do Museo de Pontevedra co cal sería interesante establecer un fío directo para que ambas institucións traballasen en común no fortalecemento da súa figura. Os cadros que se mostran agora están ausentes de calquera criterio expositivo, sexa de carácter cronolóxico, temático ou técnico, semellando unha acumulación de obras incapaces de dimensionar a quen se tería que tratar co maior dos respectos.

 

 


Publicado no Diario de Pontevedra. 25/03/2022

Fotografía. Mesa presidencial no día da inauguración do Museo Manuel Torres de Marín, coa presenza do propio pintor (segundo pola esquerda sentado a carón de Filgueira Valverde). RAFA.

luns, 4 de abril de 2022

Yo soy Timandra

 

[Ramonismo 107]

La nueva novela del griego Theodor Kallifatides nos conduce a la Atenas en la que creció el mito y el logos



EL pasado año el escritor y buen amigo pontevedrés Diego Moldes recomendaba en las redes un pequeño libro titulado ‘Otra vida por vivir’ de un autor con uno de esos nombres griegos que parecen contener todo el Egeo en su interior, tan fascinantes como lo es el de Theodor Kallifatides. Tras su lectura descubrí a un escritor que me impactó como hacía tiempo que no me ocurría. A partir de ahí, y tras rematar aquellas páginas, he leído todo lo que puede de Theodor Kallifatides quien, desde una límpida mirada hacia la vida, plantea en cada uno de sus libros un sencillo y humilde recorrido para entender su identidad y para explicar quién es este hombre nacido en 1938.

Emigrante en Suecia desde los años sesenta, títulos como ‘Madres e hijos’ o ‘Lo pasado no es un sueño’, todos ellos bajo la traducción de Selma Alcira y editados, como su última novela, ‘Timandra’ (traducida por Carmen Vilela), en Galaxia Gutenberg, son una mirada hacia un pasado que necesita el presente para entender qué es lo que sucede alrededor de quién atisba el final de su vida y en la que ese territorio griego, del que geográficamente ha estado tan distante, supone la resolución de los enigmas y dudas que en estos momentos se le plantean. Su infancia, la relación con su madre, la II Guerra Mundial o la tradición cultural griega trufan unos relatos emocionantes por el pálpito vital que se guarda en cada uno de ellos, por una sinceridad que impacta en el lector de una manera tan inesperada como cautivadora y donde ese consejo de su padre que se cita en ‘Otra vida por vivir’: «No te olvides de quién eres», es la llave maestra para entender lo que significa la escritura de un autor con más de cuarenta libros de ficción, que ha publicado ensayos, poesía y ha sido traductor de numerosas obras del griego al sueco y viceversa.

En ese «no te olvides de quién eres» recae el poder del origen como el lugar al que mirar, el ámbito de las respuestas y quizás, en ese sentido ‘Timandra’ sea la aproximación literaria de Theodor Kallifatides al sustrato mitológico de la Atenas más clásica, de la que luchó con Esparta, de la que llenaba sus calles de filósofos, en este caso Sócrates y los Sofistas, y donde se acuñaban toda una serie de mitos para crear uno de los vectores culturales e históricos fundamentales de una Europa que parece estar, de una manera cada vez más intensa, pagando las consecuencias de despegarse de aquella herencia helena de cultura, mitos y pensamiento.

Una mujer, Timandra, es la protagonista y quién, a través de su mirada deseosa de libertad, y con el epicentro en el amor y sus numerosas derivadas, nos conduce a una serie de episodios vitales que nos narra ella misma para confirmar aquello de que «una historia es lo que queda de nuestra existencia». Esas historias contendrán a diferentes personas con variados nexos con la protagonista. Personas, como ella misma afirma, «como ríos caudalosos de aguas limpias que nos obsequian con vegetación y frescor, y otras son como torrentes, secos en verano, cuando más los necesitas», y es que a lo largo de todo el libro se colmatan una serie de frases que, bajo el manto de la historia, son también una deliciosa manera de pensar nuestro presente y de calibrar nuestros días desde una mirada antigua que, aunque distante, no parece tan lejana para entender al ser humano.

Un libro que rezuma humanidad y que hace de la bella Timandra, mujer criada para el placer, enamorada del héroe Alcibíades, una manera de ver el mundo, de percibir una realidad en la que luz y sombras se confrontaban de manera permanente. «Siempre me fascinaba más la sombra de un hombre que el hombre mismo». Y es desde esa alternancia de la luz y la sombra en la que en el libro se habla también de política, de fama, de deseo, de la relación entre amantes, también entre una madre y una hija, entre rivales de guerra, entre filósofos... en definitiva, risas y lágrimas que, como en una representación teatral, ocupan nuestras vidas en cualquier tiempo y lugar.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 4/04/2022


martes, 29 de marzo de 2022

Sangre y arena

 

[Ramonismo 106]

'Malaventura’ es una trágica reunión de relatos y personajes ambientados en una Andalucía convertida en el viejo Oeste.



EL deslumbrante debut novelístico de Fernando Navarro (Granada, 1980), autor de guiones de películas como ‘Verónica’, ‘Orígenes secretos o ‘Bajocero’, tiene la capacidad, como sucede en esos filmes, de adentrarte en una atmósfera muy determinada, perfilada de una manera tan intensa que, desde las primeras palabras, se produce un enganche del que es imposible desprenderse hasta su conclusión.

Malaventura’, editada por Impedimenta, es un prodigioso desfiladero por un escenario andaluz convertido en un paisaje de western, en el que se suceden una serie de cuadros o pasajes, en el que diferentes personajes se cruzan ante nosotros para que conozcamos un instante. Un momento de cada una de sus vidas en el cual se produce algún hecho catártico, una suerte de germinación trágica de la existencia que nos conduce por ese tránsito, no solo hasta universo fílmico del Oeste norteamericano si no, y siendo una de sus grandes virtudes, a todo un imaginario del sur español de bandoleros, guardias civiles y todo un latido lorquiano que le confiere una singularidad a la novela como de nuevo romancero adaptado, en su forma, a una estética pulp donde las huellas de nombres como los de Tarantino o Cormac McCarthy se enhebran con toda esa literatura vinculada al territorio entre el remate del siglo XIX y los inicios del siglo XX.

Pero si algo identifica la narrativa de Fernando Navarro es la capacidad de la palabra por, más que sugerir, por impulsar al lector hacia todo un universo físico donde esa palabra provoca toda una literatura sensitiva, donde surgen olores, miradas, tactilidades, sabores y sonidos que convierten cada uno de estos relatos en una catarata de sensaciones. No se sale indemne de estas historias. En cada una de ellas lo dramático emerge como un heraldo negro que poco a poco nos va insertando en ese punto límite del ser humano en el que la violencia es una manifestación humana que no solo atiende a lo irracional, sino que, en no pocas ocasiones, nos remite a un proceso traumático que anida en nuestro interior y que ante una situación determinada brota de manera irreconciliable con la propia vida.

Esa violencia es la que condiciona la tensión permanente que se vive en esta lectura y lo que constantemente genera una suciedad en el ambiente. Un aire turbio que en ocasiones se convierte en irrespirable y al que el autor nos evoca desde un manejo del lenguaje que no permite un solo respiro a través de las peripecias de un conjunto de personajes situados en lo extremo, orillados por la cotidianeidad de la vida que hace de sus márgenes un refugio para muchos, incapaces de regresar a la civilización. Son los Ethan Edwards que, como en ‘Centauros del desierto’, aparecen despojados de cualquier vinculación a lo colectivo, incapaces de integrarse en la tribu y siempre condenados a un permanente proceso de huida. No es extraño que autores tan próximos a este tipo de narraciones, como el escritor Jon Bilbao, la aplaudan, o que el director de cine, Jonás Trueba, califique el libro de «desacomplejado y valiente» o de que está «construido con un imaginario cinematográfico y flamenco». Un híbrido que cataliza todo lo que sucede en él y que nos muestra como escenarios o paisajes sociales y culturales muy alejados geográficamente, humanamente no lo están tanto, ya que ese alma humana es un paisaje común por el que se mueve una sangre igual de roja por mucho océano que haya por el medio.

Sangre y arena serán los vectores físicos de lo que aquí sucede. La sangre de las personas, la sangre que brota de un interior tras la herida y la violencia que antecede a la muerte y que se posa sobre esa arena polvorienta y árida de una geografía que todo lo marca. De esa conjunción saldrá una espesa alianza de muerte y vida que es donde quizás todo cobre su sentido o, por lo menos, donde no seamos más que nosotros mismos. Un cuerpo en una tierra con los que Fernando Navarro establece una trágica alianza desde la palabra.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 26/03/2022


mércores, 23 de marzo de 2022

Un Salón con moita arte!

 

Saga/Fuga

 


VOLVEU o reino de Orbil a encherse de nenas e nenos celebrando un dos grandes inventos da humanidade como é o libro. Despois dos anos álxidos da pandemia e despois dos grandes esforzos dende a organización para manter do mellor xeito posible o espírito que move o Salón nese tempo, recuperar esa sensación de movérmonos nun espazo adicado á cultura, aos libros, aos nosos creadores e creadoras, e facelo na compaña de todos os cativos que, ademais de presente son o futuro mesmo, significa recuperar un desas emocións que só a cidade de Pontevedra foi quen de crear dende que se ideou este espazo que chega a súa vixésima terceira edición .

Non quero deixar pasar esa cifra porque é a que nos dá a verdadeira medida da importancia deste proxecto que cobra maior sentido ao longo do tempo. Pensar en vintetrés anos de encontros supón facelo en nenos que pasaron polo Salón desde os catro, cinco ou seis anos e que agora xa son adultos, e aos que ese vencello durante varias edicións, con todo o que se move durante estas semanas no Pazo da Cultura de Pontevedra, abofé que lles fixo interesarse pola nosa cultura e, en especial, polo mundo do libro e todo o que este pode inspirar.

Nesas inspiracións as decoracións do Salón do Libro convértense sempre nunha referencia de cada unha das edicións. Algo que todos agardamos porque sabemos da súa importancia xa que acceder ao Salón é entrar nun país de maxia e fantasía, tamén de motivacións para botarnos á lectura e á descuberta do moito e bó que xera o noso sistema cultural, cada vez máis activo, cada vez máis firme nas súas posibilidades pese a ter, en demasiadas ocasións, que loitar contra numerosos atrancos e a falta de confianza nel.

Desta vez, nesta recuperación do espazo vivido do Salón do Libro, a temática permitiu facer dos dominios do benquerido Orbil un gran Museo, ao ser a arte ese motivo que como poucos pode inspirar o xerar unha contorna adecuada para motivar e envolver aos visitantes. O certo é que o resultado final é espectacular, coa posibilidade dende as paredes que rodean aos usuarios do Salón de facer un percorrido por unha chea de movementos artísticos que durante o século XX fixeron da arte un carrusel de emocións e sensacións que mudaron a unha velocidade como a que propuxo o propio século.  A intrepretación feita e a súa adaptación ao que poden ser as miradas e percepcións dos máis pequenos, os auténticos protagonistas nestes días,  fíxose dunha maneira brillante que permite gozar dende o Surrealismo ao Neoplasticismo ou do land art, con esa instalación adicada ao bosque de Agustín Ibarrola no espazo que se lle brinda á cultura convidada como é a de Euskal Herria, ata a fermosa lembranza ao noso Manuel Moldes. E todo iso xunto ao homenaxe a un dos nosos grandes ilustradores, Xosé Cobas, ou á escritora Marica Campo.

A todo iso que non é pouco súmenlle os contacontos, a biblioteca, os espectáculos musicais, os traballos escolares, as visitas dos colexios, as propostas artísticas e de ilustración dunha chea de mulleres da nosa contorna ou as presentacións de propostas tan interesantes como as do Espazo Brétema ou El Barroquista acerca de cómo ver a arte dunha maneira diferente. Temos así un Salón do Libro que recupera a súa actividade con toda a súa forza, e sempre dende a emoción de volver e de propoñer un territorio de ilusións e soños para que os nosos pequechos sigan facendo do reino de Orbil o mellor lugar no que medrar.

 

 


Publicado no Diario de Pontevedra 18/03/2022

Fotografía. Contacontos no Salón do Libro de Pontevedra (David Freire)