luns, 18 de decembro de 2023

Vidas paralelas

 

[Ramonismo 176]

'El querido hermano’ novela el viaje de Manuel Machado para visitar la tumba de su hermano horas después de su muerte



ANTONIO y Manuel Machado. Dos hermanos, dos Españas. El primero, exhausto por el vagar de un exilio entre caminos de dolor y llanto, reventó en Collioure, en febrero de 1939, frente a un mar y junto a un gabán en cuyo bolsillo un papel guardaba como un tesoro unas palabras que eran bálsamo: «Estos días azules y este sol de la infancia», y fue él quien escribió aquello de que «una de las dos Españas ha de helarte el corazón». Así ocurrió, y todavía hoy parece que esta tierra se empeña en continuar dentro de ese ruin marco, de ahí que las figuras de estos dos personajes que compartían sangre y pasiones literarias, a los que la vida y la situación sufrida en España tras la sublevación militar de 1936 fue progresivamente alejando, ubicándolos respectivamente en cada uno de los dos bandos enfrentados en la Guerra Civil, representen esos dos ecosistemas existenciales.

Si siempre se ha calificado este conflicto como de una guerra entre hermanos, el caso de Antonio y Manuel Machado es uno de los ejemplos más evidentes de esta situación, envuelta por las luces y sombras que rodean a todo ser humano, precisando para su mejor comprensión de diferentes acercamientos a esa realidad. Uno de los más lúcidos y emocionantes de los últimos tiempos es el que refleja el escritor Joaquín Pérez Azaústre en su novela ‘El querido hermano’, galardonada con el último Premio Málaga de Novela y que ha editado Galaxia Gutenberg, en la que se relata el itinerario (no sólo físico) de Manuel Machado tras conocer el fallecimiento de su hermano, y cómo se gestiona ese desplazamiento entre Burgos y Collioure, amparado por el preboste franquista, y también literato, José María Pemán, quien entendió de cuestiones humanas y afinidades literarias por encima de las miserias bélicas.

Esta magnífica idea de novelar ese recorrido por todo lo que posibilita, al mismo tiempo nos va a permitir la aproximación a la situación social que se vivía en aquel momento y que el autor refleja de una manera muy clara, integrándose perfectamente en la circunstancia familiar, no lastrando la peripecia vital de los dos hermanos, sino contextualizando y explicando muchas de esas situaciones o decisiones que el trazo gordo, los prejuicios o el paso de los años, van solidificando para desdén de uno y otro y, sobre todo, deja patente el marcado amor que mantenían ambos, aún cuando los devenires vitales lo fueron ensombreciendo todo.

Ese camino en el que confluyen otros personajes, como Eulalia, la mujer de Manuel Machado; o Raúl, el chófer de la expedición; activa toda una serie de recuerdos que nos van a ir dando las claves precisas para componer ese puzle lleno de complejas piezas que poder encajar finalmente cuando todos ellos lleguen a la localidad francesa y entendamos que ambas vidas sólo tienen sentido narradas en paralelo, como parte de un destino común y que ahora se revela ante nosotros. Un desplazamiento entre bosques, elementos simbólicos, ciudades como San Sebastián, donde el propio Manuel Machado pronunció su discurso de ingreso en la Real Academia Española no obviando su condición de hermano del poeta rojo y soportando numerosos recelos por parte de quienes veían en su pasado una mácula para tales honras, enfrentándose a esa atmósfera de «cosas en el aire» que siempre les rodeó. Ese pasado está muy presente a lo largo de la novela, un pasado de vida en común en el París de la bohemia de entre siglos, también de éxitos teatrales compartidos entre ambos, llenando plateas y recibiendo numerosos aplausos y loas, pero siempre bajo los vaivenes políticos del convulso siglo XX en España con el fin de una monarquía, la dictadura de Primo de Rivera, la República, la Guerra Civil... episodios de la historia de un país que también lo fue de millones de vidas particulares, la mayoría anónimas, pero otras, como las de los hermanos Machado, elevadas sobre el resto por sus méritos literarios, y que muchos han querido seguir manteniendo enfrentados sin atender a lo particular e íntimo, a lo que supone un vínculo al que ninguno de los dos nunca renunció y motivó un viaje de despedida, o mejor dicho, de reencuentro.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 11/11/2023 

mércores, 13 de decembro de 2023

Casa en llamas

 

[Ramonismo 175]

'La luz difícil’ nos adentra en las horas finales de un hijo y cómo estas se viven desde la distancia de la casa familiar



No es sencillo encontrar luz cuando la vida se empeña en rodearse de oscuridad. Envolviéndonos en ese denso manto que conlleva la pérdida y la despedida de un ser tan querido como lo puede ser un hijo. Tomás González, (Medellín, 1950), nos propone en ‘La luz difícil’, editorial Sexto piso, justamente eso, reflejar en las sensaciones de un padre de qué manera esa luz puede asomar entre la asfixiante negrura de esa atmósfera desde el amor a los demás o a partir de la experiencia artística.

David, un pintor de origen colombiano, recuerda veinte años después las jornadas vividas desde el accidente que dejó asolado por el dolor a su hijo, hasta su muerte voluntaria, una tensa espera que tiene lugar en un apartamento de Nueva York y que ahora se revive tras el regreso a su país de origen. Todo ello Tomás González es capaz de armarlo desde una aparente cotidianidad y desde una escritura que acompaña para sentir lo que piensa ese hombre que, al tiempo que se acerca la muerte, no deja de realizar un permanente canto a la vida, compartido con aquellas personas que quieres, también con las que atraviesas ese tiempo precioso con que la existencia nos hace su regalo maravilloso, aunque este puede convertirse en un doloroso tránsito. Todo ello se pone en paralelo con su mirada creativa, con la voluntad de hacer de la pintura una manera de expresión y de liberación de una angustia que se puede condensar en pintar la espuma del mar. Pinceladas que son como palabras, medios de comunicación con los demás y una manera de tocar el infinito, como puede ser una luz, esa luz difícil de materializar sobre una superficie plástica, o de encontrar entre los golpes de una vida para armar una esperanza en un relato llamado a definir la despedida y el adiós a quien tanto ha dado y forma parte de uno mismo.

Al tiempo que ese hecho está ahí, y mientras las horas pasan entre tranquilizantes y horas de vigilia, a su alrededor los diferentes personajes que comparten la vida con David, su esposa, sus otros dos hijos o los asistentes del hogar, tejen toda una malla de afectos surgidos de la convivencia, de las confidencias y relaciones que estos mantienen con otras personas, y que el pintor observa armado de su paleta de colores y palabras para encontrar ese hálito de vida que permita soportar la derrota. David mira a los demás pero su vista cada vez es más frágil, cada vez lo va alejando de esa realidad que cada vez necesita en mayor medida del tiempo que también lo expulsa de los territorios de la pintura o la escritura, en los que encontraba ese efecto balsámico que solo la creación artística es quien de procurar. La ceguera se aproxima al tiempo que lo que se procura es conservar en el interior esa luz que permita resistir. Para ello también son muy necesarias las complicidades entre todos los miembros del clan, las caricias, los abrazos, los sacrificios, las confianzas, las conversaciones, los consejos... pero también las miradas al exterior, cómo se observa la realidad que tanto en Nueva York, como en un pueblo del centro de Colombia, funcionan como paréntesis ante lo que sucede en esa casa en llamas donde todo parece tambalearse a la espera de la confirmación de que se ha producido esa muerte que es un poco la de todos los protagonistas del libro.

Tomás González nos ofrece una novela extraordinaria que, pese a su aparente fragilidad, por su tono apacible y por sus tintes poéticos, se convierte en un férreo asidero desde el que intentar entender todo lo que puede significar padecer una situación de esa entidad. ‘La luz difícil’ también hace de la memoria una emoción que, ante la inminencia de la muerte, o quizás por ello, lo que se dedica es a exaltar la vida, a celebrarla, a calibrar toda esas aportaciones que sin grandes necesidades sí que precisan del amor para sostenerse y sostener a quien intenta mimetizar el reflejo de la luz en el agua, un instante tan fugaz como eterno, tan complejo como necesario para tener ante nosotros la última de las explicaciones, la que no soluciona nada, pero sí la que permite seguir en pie.

«La verdad no existe, además, y el mundo es sólo música», es una de las muchas frases que Tomás González hace emerger de las profundidades del alma para intentar pintar la vida, para sumar esa espuma que le de sentido

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 4/11/2023 

martes, 12 de decembro de 2023

Rumbo al mar

 

[Ramonismo 174]

 'Mañana y tarde’, publicado días antes de la concesión del Nobel a su autor, reflexiona sobre el inicio y el fin de la vida



EL PASADO cinco de octubre el nombre de Jon Fosse dejó de ser el de un desconocido, para ser aclamado por el mundo literario como el nuevo Premio Nobel de Literatura. Favorito entre quienes siempre juguetean con las apuestas de candidatos y, sobre todo, entre quienes conocían su literatura que en España tiene en la editorial De Conatus un refugio frente a la ignorancia masiva, ante uno de esos nombres que llegan más allá de las fronteras literarias más comunes, también de los ámbitos más comerciales y mediáticos, pero que no por ello dejan de tener su mérito e importancia. De ahí que los Premios Nobel, más allá de los efectismos de esos nombres extraños, también desempeñe un relevante papel en poner el foco en esas otras literaturas tan desconocidas por una buena parte del mundo, autores muy ligados a su entorno, a una geografía, también a una lengua, muchas de ellas minorizadas, y en permanente peligro por otros ecosistemas lingüísticos mucho más poderosos.

Bajo este conjunto de situaciones es cómo nos debemos estrenar (quien esto escribe así lo ha hecho) en la lectura de este noruego nacido en 1959, debutó en la novela en 1983 y desde entonces ha escrito más de cincuenta obras entre teatro, novela, poesía o ensayo. ‘Septología’, editada por De conatus, reúne tres de sus obras más aplaudidas y en estos días saldrá a la venta una nueva edición empujada por los vientos del Nobel. Pero hace tan solo unas semanas, antes del revuelo que llegó del norte, Nórdica libros y De Conatus publicaron en comandita ‘Mañana y tarde’, con traducción de Cristina Gómez-Baggethun y Kirsti Baggethun y tras su lectura me parece una magnífica puerta de acceso a su literatura.

En ‘Mañana y tarde’ se nos relata una historia de nacimiento y muerte, una suerte de elipsis vital llena de lirismo y un punto de ascetismo que a medida que avanzaba en su lectura se me antojaba muy cercana a las obsesiones del cine del danés Carl Theodor Dreyer, donde las preocupaciones espirituales, las miradas profundas sobre el tránsito de la vida, las relaciones entre los personajes sin elementos que nos distraigan de esos contactos humanos y el papel de la naturaleza como un enorme contexto en el que suceden nuestro día a día y con unas connotaciones tan singulares como las de aquellas latitudes lo son todo.
Todo esto es lo que rodea la historia de dos Johannes, un niño que nace, y un anciano. En un libro que se abre con un parto y todo un conjunto de reflexiones sobre ese hecho, sobre lo que supone para el que llega a este «mundo de dolor» bajo la tensión Dios-Satanás, también para los que lo rodean, y que termina con la jornada final de un hombre ante su final, ante lo que significa abandonar la vida frente a un horizonte que nos lleva a pensar en qué sucederá, qué nos encontraremos después de ese acto final, imprevisible, pero que siempre acaba llegando.

La escritura, premeditadamente sencilla de Jon Fosse busca hacer de lo cotidiano, de lo aparentemente intrascendente, lo realmente importante de nuestras vidas, momentos en los que se condensa nuestra esencia y nuestra manera de afirmarnos en el mundo, tanto en el pasado como en el presente, y que en ciertos momentos plantea de manera genial y sorpresiva con ciertos cruces de personajes y tiempos, o mejor dicho de presencias, que hacen que una mirada se prolongue más allá de ese instante presente que se está viviendo y desarrollando en el libro.

A lo largo de la novela se refleja una clara intención a la hora de observar la existencia humana y todo aquello que la rodea, y que puede ser susceptible de mantenerla, desde lo sentimental hasta lo espiritual, lo que le lleva más que a pretender encontrar respuestas a plantear preguntas que casi siempre tienen su contrapunto en un momento de calma, en una escena de pesca junto a un amigo, o en la contemplación de un lejano horizonte marino entendido casi como una meta, como el lugar donde encontrar las respuestas a esas preguntas que surgen en el territorio de lo físico, de lo eminentemente humano y que cuando todo se acaba precisa una luz en la oscuridad.

Jon Fosse pasa desde este mes a formar parte de la historia de la literatura. Con sus obras ya lo estaba, pero otra luz, la luz del Nobel, nos va a permitir iluminar su intensa y frágil escritura. 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 28/10/2023 

luns, 11 de decembro de 2023

A vida no canto

 

[Ramonismo 173]

El nuevo disco de Salvador Sobral retoma el optimismo y disfrute de la vida a partir de su nueva condición de padre



TIMBRE es el título del nuevo trabajo de Salvador Sobral, convirtiéndose en todo un canto a la vida, lleno de vibrantes sonoridades, de divertimentos y de músicas que, sin perder nunca su irrenunciable identidad vocal, nos sitúan en un territorio de felicidad común a partir de cantar a lo que él mismo define como «la inocencia de crecer».

De esa inocencia todos nos hacemos cómplices a partir de esa primera nana cantada en castellano, un delicioso umbral que nos adentra en los hilos de colores con que nos ovilla este disco. Un amor a la recién llegada capaz de transmitirse a quienes se dejan seducir por su música, siempre cálida y cercana.

Tras discos sobresalientes como ‘París, Lisboa’(2019) y ‘Bmp’ (2021), ‘Timbre’ nos conduce también por esa mezcla de ritmos con que siempre se caracteriza el cantante portugués, un duende de la experimentación, de las probaturas a la hora de intentar encajar su voz y su singular entonación en cada uno de ellos. Estamos ante un conjunto de canciones que nos hablan de agradecimientos, de regalos, de manos que se tocan, de encuentros y confianzas que a cada uno de nosotros nos unen con nuestros semejantes y que en estas once canciones colectivizan esa confianza, no sólo desde su propia voz, sino a través de colaboraciones tan especiales como la de su propia hermana, Luísa Sobral y las cantantes Silvana Estrada y Barbara Pravi, o Jorge Drexler, en la canción que cierra el disco y que es la cuarta que en él se interpreta en castellano.
Toda una confluencia vocal maravillosamente adaptada a las diferentes instrumentaciones empleadas en cada una de ellas, algunas tan estremecedoras como la canción ‘de la mano de tu voz’, dedicada a Silvia Pérez Cruz, que en ella participa haciendo coros y que nos habla de la amistad y la capacidad de colaborar para avanzar en la vida y para propiciar canciones que, como esta, son un auténtico pellizco de emociones en forma de amor hacia los demás.

Llega ‘Timbre’ quizás en el mejor momento personal del artista nacido en Lisboa en 1987 y que tras el triunfo logrado en Eurovisión en 2017, dando un auténtico golpe sobre la mesa de autenticidad y sinceridad en el mundo de la música, y tras caer en un lógico hastío ante los medios que únicamente unían su trayectoria a ese hecho, con el que ya parece reconciliado. Ahora ha logrado una exultante madurez que hemos reconocido en esos trabajos anteriores ya citados, y que con este disco, tras el nacimiento de su hija y superados sus problemas de salud tras un exitoso trasplante de corazón, se vuelca en la música y en sus actuaciones en directo, siempre fascinantes, como la que todavía recordamos en esta tierra cuando participó en 2019 en el ciclo ‘Os xoves de Códax’, junto a uno de sus habituales colaboradores el pianista de jazz Abe Rábade.

Por lo tanto, con un cantante feliz, ya absolutamente centrado en su carrera, es lógico que surja un disco como este, lleno de la luz con que Aïda ilumina su vida desde hace unos meses, repleto de caricias a la vida, tantas veces compleja y áspera, pero que cuando se calma es un auténtico paraíso, y hasta ese paraíso precisamente nos conduce Salvador Sobral para rodearnos de sonidos de jazz, también del crooner que nunca dejará de ser, pero sobre todo el hombre confiado en su propuesta musical, entendida casi como un acto de resistencia frente a tantas distracciones como plantean otros músicos en relación a lo que supone llegar al alma, rascar allí donde las emociones son capaces de brotar y que si se logra en este caso es por todo lo que nos explica en ‘porque canto’, una auténtica confesión sobre lo que supone cantar para él, lo que pretende con su música y la mejor definición de qué significa esta pasión que se siente en el interior de un artista.

‘A distância não é lugar’, ‘pedra quente’, ‘abutres da premonição’‘se quando tu vieres’... desfilan ante nosotros con ese delicioso acento que vuelve a ponernos en la pista de lo hermoso que es escuchar cantar en portugués, de su sonoridad tan especial y que convierte ese territorio en un canto a la vida o como canta Salvador Sobral «a vida no canto». Déjense enredar por estos hilos de colores que en forma de sonidos cantan a la esperanza a través de una nueva vida, esa que impulsa a un padre a seguir haciendo lo que más le gusta, escribir canciones, subirse a un escenario y convertirnos en cómplices de su ilusión

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra, 21/10/2023 

xoves, 16 de novembro de 2023

Familias en tensión

 

[Ramonismo 172]

Guadalupe Nettel hace de ‘Los divagantes’ una mordiente aproximación al clan familiar y lo que supone para el individuo



SE aproxima la mexicana Guadalupe Nettel de manera inteligente al ámbito de la familia a partir de diferentes situaciones que no hace más que trabajar y mostrar la quiebra, ese punto de ruptura que siempre está presente en todo contexto humano, más aún si este viene definido por esa pertenencia a la tribu y a un ámbito donde las relaciones se evidencian como mucho más intensas que en cualquier otro territorio que vincule a los seres humanos.
En cada uno de ellos la autora es capaz de poner la lupa en ese instante en el que todo muda, bien por un acto premeditado o por cualquier circunstancia azarosa que pone a los protagonistas ante una nueva realidad, tras la cual todo, a partir de ese momento, será diferente y sus componentes no serán los mismos. Con una magnífica escritura, libre de complejidades estilísticas o difíciles armazones argumentales, Guadalupe Nettel saber hacer de cada relato una especie de esencia, una sublimación donde nada sobra y todo está perfectamente medido para dirigir nuestra atención hacia esa tensión que en muchos de los textos intuimos línea tras línea, mientras en otros nos sorprende, provocando también en el lector esa tensión que nos permite conectar con alguno de sus protagonistas.

Elementos silenciados a lo largo del tiempo, conductas que se revelan en un determinado entorno al que no se estaba acostumbrado, interferencias oníricas, la evolución de las relaciones entre hombre y mujer, los cambios en los hijos... Todos ellos son ingredientes de los relatos que forman parte de ‘Los divagantes’, editado por Anagrama, a partir de los cuales se produce esa fractura que nos sitúa ante una nueva realidad que provoca el siguiente cambio en la mirada de quien se hace eco de él. Esa mirada puede suponer el final del relato, pero también una rápida advertencia de aquello que sucede a nuestro alrededor y que por diferentes cuestiones nunca habíamos atendido. Y es que las familias son ecosistemas diversos en los que nada está escrito y los comportamientos de sus componentes serán los que irán definiendo su evolución.

Divagantes, ecosistemas... palabras que nunca son casuales, ya que si hay otro elemento que está muy presente en buena parte de los relatos es la naturaleza y cómo ella puede albergar metáforas, explicaciones e incluso razonamientos para lo que le ocurre al ser humano en esos otros contextos más urbanos de ciudades, calles o viviendas, donde todo parece oprimir todavía más nuestras acciones, de ahí que la necesidad de la naturaleza, de establecer un contacto que nos permita recuperar aquella parte más atávica de lo que somos accione nuevas percepciones de la existencia. Se preguntarán ustedes que son los divagantes, pues en uno de los relatos más hermosos, que así se titula, se nos explica cómo una de las variedades de albatros recibe ese nombre cuando se desorientan por la ausencia de viento, obligado en su manera de volar, cayendo en la desorientación y alejando a esos ejemplares de su entorno natural. Así es como muchas veces las personas se encuentran frente a esa desorientación que viene marcada por la insatisfacción, el miedo, las dudas, las inquietudes, lo inesperado o ese destino que tantas veces se nos escapa de las manos con independencia de nosotros mismos, por citar tan solo alguna de las situaciones que pueden motivar ese estado de perplejidad, hacen que reaccionemos de una manera que mudará todo aquello que las rodea.

Ese alambre sobre el que hacer equilibrios, como es el afecto, es con el que Guadalupe Nettel activa la energía interior de cada una de las historias, manejada desde una forma de escribir especial, ya reconocida como una de las más atractivas y firmes de latinoamérica, logrando entre otros galardones el prestigioso Premio Herralde de Novela en el año 2014 con ‘Después del invierno’, siendo en 2023 finalista del Premio Booker Internacional con su anterior libro, el también muy recomendable, ‘La hija única’, donde de nuevo la familia, a través del hecho de la maternidad en tres mujeres, está muy presente.

Sabemos lo jugoso que es la familia como materia literaria, lo bueno es cuando encuentras una manera de aproximarse diferente, que mira allí donde no estamos acostumbrados a hacerlo, tal y como hace Guadalupe Nettel.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra, 14/10/2023


domingo, 5 de novembro de 2023

Cuidado, no te quemes

 

[Ramonismo 171]

Eloy Tizón reúne en ‘Plegaria para pirómanos’ nueve relatos sublimes, tanto en su escritura como en su fondo de pura vida



CADA uno de los relatos que configuran esta ‘Plegaria para pirómanos’, editado por Páginas de Espuma, precisa de su tiempo de reposo. Un periodo de latencia que sirve para no salirse de lo narrado, absolutamente imposible hasta que pasan varias horas, y para que la contundencia del lenguaje baje unos cuantos grados una temperatura que abrasa las pupilas del lector en cuyo estado se hace imposible la relación con el entorno.

Nueve textos con un hilo que los trenza, unos de manera más evidente, otros de manera más casual, pero todos ellos perfectamente armados por un narrador en estado de gracia que dinamita la propia concepción del relato breve, estableciendo nuevos itinerarios, digresiones espaciales y temporales, pero que en cualquier caso se aferran a la vida para entender cómo esta patalea, para capturarla de la mejor manera posible y meterla en estas páginas en las que escribir es como perseguir a un conjunto de patos tras abrirles una jaula.

Esta metáfora, evidentemente, sería imposible que se me ocurriera a mí, de ahí que la recupere de uno los relatos que componen este libro, y es que en cada uno de ellos podríamos dedicarnos a señalar alguna de esas frases que una vez que las lees las entiendes ya como eternas. Verdades absolutas que se revelan ante el lector para siempre y que quedarán marcadas a fuego como aquellas señales humeantes con que se marca a determinadas reses. Un humo que sale de entre esas palabras, de entre unas historias escritas desde un lenguaje en permanente combustión que alumbra todos esos rincones en que se esconde la vida, tanto en sus puntos álgidos, en sus conquistas y felicidades, como en sus simas, sus ocasos y tristezas, o como él mismo escribe, «la vida es mitad magia, mitad espanto».

La vida del escritor, la existencia en soledad de los ancianos, la juventud, la vida en pareja... son sólo algunos de los argumentos que motivan a Eloy Tizón para trazar toda esa geografía humana que se abre frente a nosotros para poner ante nuestros ojos toda esa realidad que nos rodea y que muchas veces, demasiadas, intentamos evadir tan concentrados como estamos en nosotros mismos, en defender nuestra identidad, aunque ello vaya en perjuicio del colectivo, de una sociedad ante la que cada vez más debemos mostrarnos cautos, casi protegidos por una coraza de espinas para evitar toda una serie de daños, de ahí que no extraña que el protagonista de este devenir se llame Erizo.

Relatos para leer una y otra vez, sobre todo tras esa lectura inicial que se hace siempre entre la sorpresa y el deslumbramiento para, en posteriores encuentros, detenerse en los juegos que nos plantea su autor, en las complicidades con el lector, al que respeta de una manera no demasiadas veces vista en la literatura ya que sin esa implicación que se necesita en cada relato todo se vendría abajo. ‘Grafía’, ‘El fango que suspira’, Dichosos los ojos’, ‘Anisópteros’ son los títulos de algunos de ellos, mis favoritos, si quieren que les plantee un ranking, siendo los que más veces han hecho que me relama en sus historias y sobre todo en cómo estas se nos ofrecen, el gran reto de todo escritor, la gran conquista de Eloy Tizón. En ‘Dichosos los ojos’ enumera varias de esas bendiciones con las que la vida nos premia, instantes fugaces que nunca ya seremos quien de olvidar, preguntándose al inicio «¿Qué es lo que me falta a mí por ver?», a lo que todos nosotros podríamos unirle estos relatos, ya que en ellos te toca la belleza de verdad.

Seres equivocados, vecinos indolentes con quien se agota a unos centímetros de ti, un grupo de chicas a la búsqueda de la belleza, de qué manera miramos el mundo... son algunas de esas derivas en las que el autor logra que nos adentremos para mirar directamente a los ojos a la vida, aunque la temperatura de ésta sea tan alta que nos haga correr peligro. Siempre un peligro controlado, muchas veces inscrito en un inesperado latido poético capaz de configurar hermosas imágenes para la fiereza de las palabras, quizás, la única manera de aliviarnos del dolor, de curarnos del lamento, y todo en un libro que terminó de imprimirse, en la primera edición de las muchas que vendrán, el 26 de agosto de 2023, aniversario del nacimiento de Julio Cortázar, que se preguntó «quién nos curará del fuego»

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 7/10/2023 

xoves, 2 de novembro de 2023

Yo... nosotros

 

[Ramonismo 170]

'Mirafiori’ completa una trilogía literaria sobre el descubrimiento de la vida y la experimentación amorosa



SABE Manuel Jabois que la vida empieza a tomar velocidad con la primera caricia a una piel distinta, con esa mano que se agarra a otra, primero desde la timidez y la agitación y después con la seguridad de haber llegado a tierra firme. Cuando el yo se convierte en un nosotros.

‘Malaherba’, ‘Miss Marte’, y ahora ‘Mirafiori’, todas ellas editadas por Alfaguara, configuran un tríptico que hace del descubrimiento de la vida una revelación no siempre fácil de asumir y mucho menos de escribir, por todo lo que tiene de mirar hacia uno mismo, de una escritura llena de experiencias y sensaciones vividas que, convertidas en literatura, y con el paso del tiempo como reactivo obligado, adquiere esa configuración de balcón en invierno al que asomarse para entender en lo que uno se ha convertido.
Manuel Jabois nos conduce por sus novelas de una u otra manera por ese territorio del comienzo, donde amistades y amores nos jalonan como presencias que nos acompañarán eternamente, bien de manera física o casi como fantasmas capaces de aparecer de la manera más imprevisible. Patios de colegio, veranos, calles de una ciudad... escenarios de lo cotidiano que se convierten en auténticos laboratorios de vida, experimentos desde los que evolucionar hacia la existencia adulta en un tránsito lleno de imprevisibles consecuencias, de obstáculos que superar, pero también de gozosos descubrimientos que forman parte del proceso humano de crecimiento.

La literatura de Manuel Jabois convierte ese laboratorio en la manera en que cada uno de nosotros llegamos a esas situaciones que nos revelan la vida, otorgándole su sentido real, ese que pertenece a nuestra intimidad, al capítulo de las relaciones que surgen a lo largo de esa experimentación vital. Hermosos y malditos nuestra juventud nos hace percibir la realidad de una manera muy diferente a cómo la entenderemos años después, pero ese tiempo queda en nosotros como los anillos en el interior del tronco de un árbol. Señalando momentos, dejando constancia de un tiempo en el que fuimos, pero del que todavía somos parte.
Así es como ‘Mirafiori’ cuenta una historia de amor, casi nada, la de Valentina Barreiro, ‘Valen’ y  un hombre con la línea del fracaso bien marcada en su mano. Un destino al que se verá abocado con el paso de los años, ese tiempo que aquí nos lleva a saber de esa historia cuando ésta ya ha finalizado, cuando se ha convertido en una larga sombra que los acompaña a ambos a lo largo de sus vidas y ante un encuentro que agita el pasado y sirve para activar viejos, o no tan viejos, fantasmas. Y es que ‘Mirafiori’, en este tríptico literario, sirve para que ese amor no esté tan vinculado a un momento concreto, a la adolescencia o a la incipiente madurez, como sucedió respectivamente en las dos primeras novelas, y sí ahora a cuando este ya no supone más que una derrota. Una bandera blanca que agitar. Esa derrota es la que motiva un relato que arrastra numerosas cadenas como una pesada carga de las que unos se liberan antes que otros.

Otro libro cuyo título comienza por M, como esa montaña rusa que es la vida, de picos altos y bajos, de emociones que Manuel Jabois expresa como siempre, o mejor que nunca, con frases redondas, con pellizcos a nuestra piel para que nos sobresaltemos en esa atmósfera que se logra crear entre recuerdos, entre miradas a una Pontevedra de los años noventa donde sus calles, sus institutos, sus discotecas y sus comercios vuelven a reconocer al autor que nunca se olvida de su origen, de donde nace todo y sin el que poco o nada se puede explicar de lo vendría después. Sucede lo mismo con su Portonovo y con un mar que devuelve muertos, poniéndonos en un estado de alerta permanente a lo largo de toda la lectura, al ser capaz de vincular esa historia tan vital con una serie de espectros que surgen de los relatos escuchados, de muchos redactados en las páginas de prensa, pero sobre todo, aquellos que nos rodean todos los días, aunque no seamos quien de explicarlos de manera razonable.

Tampoco el amor atiende a demasiadas razones y así es como Manuel Jabois despliega un riquísimo recorrido emocional de lo real y lo imaginario, de lo físico y lo etéreo, de impulsos y retrocesos, en definitiva, de cómo dos personas, desde sus yos individuales gestionan ese nosotros que brota en un momento determinado de nuestras vidas como una torrentera capaz de arrastrarlo todo y a la que sólo el tiempo y la evolución de sus protagonistas pueden concederle un sentido, real, o no.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra, 30/09/2023