martes, 15 de abril de 2014

Fantasía para la metáfora




Conocido por novelas ya emblemáticas y canónicas dentro del género fantástico, como ‘La máquina del tiempo’, ‘El hombre invisible’, ‘La isla del Dr. Moureau’ o ‘La guerra de los mundos’, la obra de H.G. Wells se derrama también hacia otros relatos que son desconocidos por muchos de nosotros. La Editorial Nórdica vuelve a mostrar su buen olfato para rebuscar y poner en circulación textos de grandes autores que muchas veces se han visto orillados por sus grandes narraciones, colocando en nuestras manos auténticos tesoros literarios. Es el caso de ‘El país de los ciegos’ un pequeño relato publicado originariamente en 1904 en ‘The Strand Magazine’, que se presenta ante nosotros en una de esas ediciones que de manera tan brillante trabaja esta editorial respetando, incluso, el idioma en que ha sido escrito y acompañándolo de una serie de ilustraciones que también sirven para reivindicar el trabajo de ilustradoras como Elena Ferrándiz que, a la vista de la interpretación que hace sobre varios pasajes del libro, poseen una gran potencia visual.
Las palabras de H.G. Wells y las ilustraciones de Elena Ferrándiz componen, por lo tanto, una gran metáfora a partir del argumento de este relato en el que un hombre tras caer por una ladera nevada de los Andes se encuentra en un valle aislado del resto del mundo en el llamado País de los Ciegos. Un lugar donde una extraña enfermedad privó de la visión a sus habitantes y en el que el recién llegado pretenderá imponerse a esa comunidad. Su relación con esos pobladores crea un juego de tensiones entre ambos en el que el protagonista pretende lograr el fin de esa frase tan conocida y que en el libro se repite varias veces: “En el país de los ciegos, el tuerto es el rey”, pero tras esa ceguera se esconde un argumentario mucho más peligroso de lo que se presupone al principio, tanto por ese protagonista como por el propio lector.
A nadie se le escapa el gran poder metafórico que puede tener la ceguera dentro de un relato literario, recordemos la maravillosa novela de José Saramago ‘Ensayo sobre la ceguera’. H.G. Wells también se aprovecha de ese poder para construir todo un tratado sobre las relaciones sociales, el conocimiento humano, la soledad, la capacidad de alienación del hombre, la imposición sobre el que es diferente hasta convertirlo en un semejante. En definitiva, literatura en la que se encierra una componente reflexiva de gran profundidad y que permite adscribir a un género, como es el fantástico, una enorme capacidad para suscitar el debate sobre nuestra propia sociedad. Así lo fue a principios del siglo XX cuando vio la luz este texto, y así lo sigue siendo hoy en día, en el que ese mismo texto renace para reivindicar su plena vigencia y su permanente actualidad.


Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 12/04/2014

luns, 14 de abril de 2014

14 de abril


OTRO MÁS y otro menos. Otro año más en su recuerdo y otro año menos en su implantación. España, hastiada de Borbones y políticos caducos, fondea en otro 14 de abril para seguir penando sus oligarquías de representantes públicos, incapaces de ver como este país se ahoga lentamente y sin que ellos se echen a un lado, asustados de perder sus privilegios.
Cualquier sistema político democr...ático es asumible, siempre que funcione, claro está, pero durante los últimos años hemos visto cara a cara las fragilidades y miserias del nuestro, y como ha perecido dentro de sus propias limitaciones. Ante otro 14 de abril, con su primavera de sueños y esperanzas, con su abril florido de ilusiones, pensamos en esos jóvenes titulados y no titulados que a cientos huyen de un país sin futuro, descosido por sí mismo y donde ya solo nos queda soñar por ver algo diferente.

Entre Dous. Diario de Pontevedra 14/04/2014

domingo, 13 de abril de 2014

Prestigio


«La cultura no es -o sí, pero no debería- solo un espectáculo, aunque, precisamente, en las épocas de crisis la cultura de entretenimiento y la cultura espectacular se utilicen como respiradero para aliviar las tensiones que produce una acrecentada alienación cotidiana». Texto extraído del ensayo ‘No tan incendiario’ de Marta Sanz. Editorial Periférica (2014).
 

Con el Museo de Pontevedra enseñándonos piezas tan singulares para un Museo de este tipo como antiguos trenes de juguete y sin habernos recuperado todavía de aquella otra exposición de adornos navideños, llega la Fundación RAC y pone la ciudad patas arriba con una exposición de pintura. Sí, sí, eso que se suele exhibir en los museos en los que se configura un proyecto museístico coherente, con aspiraciones a conseguir que la cultura sea motivo de orgullo de toda una comunidad. 
Carlos Rosón, gestor de dicha Fundación, apasionado y concienzudo coleccionista, trae a nuestra ciudad la pintura de una de esas figuras emblemáticas de la pintura en España, Manuel Salinas (Sevilla, 1940), y lo hace con una muestra retrospectiva de su obra, que por primera vez se exhibe en Galicia, y en la que además de valorar su propio trabajo uno no puede dejar de pensar lo importante que es el que en una ciudad haya un espacio para mostrar este tipo de sensibilidades. Recuerdo con especial emoción cuando por el Museo de Pontevedra pasaron exposiciones como las de Diego Rivera, hace justo diez años, o las de la Colección de Arte Cubista de la Fundación Telefónica (que ahora se expone de manera permanente en su sede madrileña de la calle Fuencarral, con colas que asoman por la Gran Vía), las de Canogar o del fotógrafo Marín, esta última ya en el nuevo edificio del Museo. Exposiciones de tronío que colocaban al Museo y a la propia ciudad al mismo nivel que las grandes entidades culturales que han hecho de la cultura un reclamo, no solo de visitantes, sino también de prestigio. Esa cuestión que es tan difícil ganar pero que es tan fácil perder. 
Nadie entendería en el Museo Thyssen o en el Museo del Prado este tipo de exposiciones, sin duda merecedoras de visibilidad y de su espacio, si bien no parece que las nuevas instalaciones del Museo de Pontevedra sean las más adecuadas. Para ese viaje no hacían falta alforjas. Mezclar, como podemos ver durante estos días, las poderosas y estimulantes piezas de Elena Colmeiro con trenes de juguete (con independencia de su encanto y capacidad de fascinación sobre todos nosotros) plantea un desequilibrio en la línea de actuación de cualquier centro que pretenda ser una referencia, algo que el Museo de Pontevedra siempre ha sido. La búsqueda por satisfacer las estadísticas de visitantes (tantas veces engordadas a base de contabilizar masivas visitas de escolares y hasta del electricista que por su trabajo cruza el umbral de la puerta) nunca debe ser el criterio a seguir. ‘Gran Hermano’ también lo ve mucha gente y no por ello se ensalza como modelo televisivo, si exceptuamos, claro, a Mercedes Milá y sus experimentos sociológicos. 
Es posible que la exposición de Manuel Salinas sea visitada por no demasiados espectadores, pero los que vayan descubrirán unas obras de trascendencia que les permitirán incrementar su bagaje cultural, además de la satisfacción del espíritu, que allá cada cual cómo la mida. Escribo tras visitar la muestra y les aseguro que la mía está por la nubes ¡vaya exposición! Pero es que además, esas obras permiten seguir incrementando la valoración de la Fundación RAC, ya reconocida por la Feria de Arte Contemporáneo ARCO en 2009, un galardón con el que, de la manera en que se quiera evaluar, se prestigia a Pontevedra, adquiriendo la cultura ese plus de seducción y atractivo para generar un flujo de visitantes que revierta en la ciudad, y que sus gestores, desde tantas administraciones, no acaban de ver como uno de sus principales motivos de trabajo. 
Volviendo a la pintura de Manuel Salinas, si la recorren entenderán lo que realmente es un pintor, una persona apasionada por una obra en la que, pese a su edad o gracias a ella, se libera de todo lo que le rodea para pintar por derecho y hacer lo que su inspiración demanda sin miedo alguno. Es sorprendente observar la vitalidad de sus últimas creaciones, cuadros rematados hace unos pocos meses y que, con más de setenta años en el carné de identidad, parecen haber sido pintados por un artista que busca el riesgo en el inicio de su carrera. Desde la abstracción Manuel Salinas es capaz de lograr un febril equilibrio de formas y color, un engranaje perfecto con la imponente arquitectura de este espacio en el que, rodeado de esos cuadros, se acrecienta una atmósfera de reflexión, un silencio solo roto por el grito pictórico y el gesto de quien trae hasta Pontevedra una revisión de su obra que, de no ser por esta Fundación, quizás nunca podríamos disfrutar. Ese es el valor de la cultura y de aquellos que la gestionan, más que desde el poder, desde la sensibilidad y el conocimiento. Factores que revierten en la sociedad en una deuda impagable por el ciudadano.


Publicado en Diario de Pontevedra 12/04/2014
Fotografía: Una de las piezas de Manuel Salinas en la Fundación RAC. (Alba Sotelo)

luns, 7 de abril de 2014

Suspendido en el aire



No deja Enrique Vila-Matas de buscar nuevos territorios literarios, de jugar con las diferentes posibilidades que la escritura, y porque no la vida, ofrecen para posibilitarnos la consecución de algo bello y que ese algo provoque nuestro disfrute. Cada uno de los libros de este autor es una nueva conquista que, una vez se van sumando, permite concluir que su proyecto narrativo es uno de los más interesantes y sugerentes de las letras españolas. Y es que tras la lectura de ‘Kassel no invita a la lógica’, uno no deja de reflexionar sobre esa lucha permanente del escritor-sobre todo del que verdaderamente se entienda como tal- por conformar un itinerario que, como en este caso, se asoma de manera decidida por la vida. Digo esto porque una situación que le presenta la vida a Enrique Vila-Matas se convierte aquí en germen narrativo, en experiencia vital y finalmente en una obra literaria en la que todo se encuentra suspendido en un momento. Tanto el arte como la vida se citan aquí, en estas páginas y en un punto concreto, como sucede en diferentes instantes del libro, para que el autor juegue como un malabarista con ellos, primero desde cierta incredulidad o escepticismo, pero finalmente reconociendo sus bondades y quizás la última posibilidad para la regeneración del ser humano. Hasta ahí de importante y necesario es el arte.
‘Kassel no invita a la lógica’ parte de la propuesta que se le hace al escritor Enrique Vila-Matas para participar en la más importante cita del arte contemporáneo, la Documenta de Kassel. Su intervención es de lo más curioso ya que se trata de ser él mismo una especie de obra de arte, una ‘perfomance’ o un ‘happening’, siendo trasladado hasta un restaurante chino en el cual debe permanecer sentado un número diario de horas mientras escribe para que los visitantes o espectadores interactúen con él según sus pareceres. Lo que podría presentarse como una ‘boutade’ más del tan cuestionado arte contemporáneo y, tras como se fue gestando su participación, sin ningún viso de prosperar, acaba siendo un acicate para participar de una cita clave para entender el arte más arriesgado y actual y ante el que Vila-Matas ha cambiado muchos de sus pareceres. El autor reflexiona desde esa experiencia sobre el arte, a partir de sus visitas a diferentes instalaciones de la Documenta, sus paseos a lo largo de la ciudad germana y los contactos con los diferentes organizadores de este evento. Todo ello lejos de hundirle en la previsible decadencia occidental y junto a su carácter menguante de ánimo a medida que avanza el día, va a permitirle conseguir una energía necesaria para cualquier ser humano, pero más aún si este se dedica a algún aspecto creativo. Esta mezcla de ‘flâneur’ y ‘voyeur’ ejerce sobre el lector una mirada terapéutica ante el arte sobre el que a través de su lucidez e ironía, no deja de emitir juicios y valoraciones sobre su necesidad para el ser humano. En definitiva una brisa en la que todo está suspendido.

Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo (5/04/2014)

domingo, 6 de abril de 2014

Inagotable Torrente


«Y llegué a la conclusión de que, cuando Castroforte del Baralla se ensimisma hasta cierto punto, un punto máximo, claro, la cima del ensimismamiento, asciende en los aires, en una palabra levita, y no desciende hasta que deja de pensar, de interesarse por algo suyo y piensa o se interesa por algo ajeno. Si mientras está en el aire, llega la Comisión Geodésica, o el tren militar que ha de llevarse a los quintos, no la encuentran.»
(‘La Saga/Fuga de J.B’. Gonzalo Torrente Ballester) 


En la beatífica espiral del arte pocos elementos se evidencian más evocadores que la inspiración que una obra puede llegar a provocar en otro artista para seguir trabajando desde ella, permitiendo nuevas posibilidades a partir de ese punto de partida, y abriendo nuevos caminos que a ambos no hacen más que obligarles a seguir creciendo. El último ejemplo, muy cercano a nuestra Pontevedra, es la interpretación que el artista Manuel Quintana Martelo ha hecho de la inagotable novela de Gonzalo Torrente Ballester ‘La Saga/Fuga de J.B.’, que durante estos días pueden contemplar y disfrutar en una exposición ubicada en la compostelana Fundación Gonzalo Torrente Ballester, que dirige otro pontevedrés de pro, criado en la calle de la Oliva y de esos que siguen al Pontevedra c.f. en Tercera División domingo tras domingo desde donde quiera que esté: Miguel Fernández-Cid. 
Torrente Ballester, Manuel Quintana Martelo y Miguel Fernández-Cid conforman una conjunción de esas que solo el tiempo y el arte con capaces de lograr para que todo siga funcionando de la mejor manera posible en este mundo. Las palabras del primero, la pintura del segundo, y los proyectos alentados por el tercero, son siempre necesarios, más cuando se unen para formar un triángulo en el que perderse en su interior y lograr, se lo aseguro, una gratificante experiencia.
Seis grabados, acompañados del interesante proceso de creación de cada uno de ellos, son el eje de esta exposición que finalmente nos conduce hacia una carpeta en la que aparecen reunidos para resumir el espíritu de la novela del escritor ferrolano. Esta conjunción de caracteres nos hace a todos levitar, como a esa Castroforte del Baralla que tiene mucho de Pontevedra, aun hoy también muy dada a la levitación. Y es que ambas villas son la misma, y las calles, rincones, mitos y personajes de esta capital, que Torrente Ballester conoció durante su estancia en una vivienda de la calle Arzobispo Malvar y sus clases en el Instituto Valle-Inclán, inspiraron a la ciudad que conforma la novela más importante de la Literatura Española del Siglo XX (sí, sí... como lo oyen, háganme caso, aunque no se lo hayan dicho muchas veces para escarnio, lamento y vergüenza de esta ciudad que nunca ha sido quien de honrar a esta obra y recordarla en unas calles que fueron inolvidables en los años de vida del escritor). 
‘Doña Benita dos Carallos’, ‘Castroforte levita’, ‘Las metamorfosis de JB’, ‘Las tórtolas tristes’, ‘El tren ensimismado’ y ‘El carrito de don Benito Valenzuela’ son esos seis grabados en los que se condensa tanto la novela como el arte de Quintana Martelo, que si en su pintura siempre se revela como fascinante, también desde el grabado es capaz de alcanzar logros sumamente atractivos. Si les gustan y pueden invertir en arte, pues que sepan que se pueden llevar a sus casas esa carpeta con los seis grabados ya que desde la Fundación se ponen al alcance de aquellos interesados. Una delicia. 
Ciertas obras literarias, como otras obras de cualquier disciplina artística son inagotables en su abordaje y en cada nueva aproximación a sus contenidos lo único que provocan es más arte, más reflexión y más goce. Esto es lo que sucede si se adentran en ese triángulo de nombres que nos reclaman al grito de: «¡Veciños, veciños, roubaron o Corpo Santo!»


Publicado en Diario de Pontevedra 5/04/2014
Imagen: 'Castroforte levita'. Uno de los seis grabados de Manuel Quintana Martelo (FGTB)

xoves, 3 de abril de 2014

El mar

OTRA VEZ reclama su tributo. Su cruel pago a partir de aquellos que le desafían día a día en busca de su pan. El mar se ha tragado nuevas víctimas, héroes que desde el anonimato diario buscan subsistir con su duro trabajo pero que de manera imprevisible se han ido al fondo del mar y con ellos la felicidad de sus familias.
Ni los avances técnicos, ni las medidas de salvamento serán nunca quien de evitar por completo que el mar se cobre ese peaje por surtirnos de él y por disfrutar de su inmensidad.
«El resonante tigre de las aguas,/las uñas resonantes de cien tigres,/las cien manos del agua,/los cien tigres con una sola mano contra nada», escribió Octavio Paz, y es que cuando el mar araña el dolor es incontenible, un grito sordo que se hunde en su profundidad hacia un abismo en el que la belleza se convierte en silencio y desolación.

Entre Dous. Diario de Pontevedra 2/04/2014

martes, 1 de abril de 2014

Extraños, pero nuestros



¿CON CUÁNTOS de nuestros familiares se podría escribir una novela? Personajes más o menos conocidos, de los que llevamos oyendo hablar durante años y años, seres que asoman cada dos por tres en conversaciones de sobremesa o en discusiones acaloradas entre los miembros de unas familias que siempre tienen a alguno de estos ‘extraños’ entre sus componentes. Una especie de árbol que a nadie le gusta mover por si lo que de él cayese no fuese de nuestro agrado.
Muchas veces nos cuesta mirar hacia nosotros mismos y hacia ese círculo más cercano que siempre pretendemos que sea lo más estable y cómodo posible; eso es lo que necesitamos de una familia, pero esos ‘extraños’ son siempre una amenaza, un peligro latente en la fractura de ese pretendido equilibrio. Vicente Valero nos presenta a sus propios extraños convirtiéndolos en los personajes centrales de una novela con un claro tono expiatorio. Y es, precisamente a partir de esa condición, desde la que la novela toma vuelo y alcanza ese sentimiento de profundidad que tan bien sienta tanto al escritor como al lector.
Fragmentada en cuatro grandes bloques, inspirados en otros tantos personajes diferentes, Vicente Valero teje a partir de su propia mirada las historias, siempre fascinantes, de cada uno de esos protagonistas que emergen de la nebulosa de los recuerdos para corporeizarse ante nosotros. Ese tejido se sustenta en los relatos e historias oídos a lo largo de su vida, sucesos que están a punto de perecer bajo el olvido, pero que aquí se recuperan a partir de esos rastros que obligan a investigar para reconstruir un pasado necesario en este presente. El autor, más conocido por su reconocida labor poética así como por la edición de diferentes ensayos, aquí se lanza a la narrativa y no lo ha podido hacer mejor. Preciso en el lenguaje, todas esas historias que tienen como origen el seno de una familia en Ibiza, nos transportarán a tiempos y geografías distintas, lo que supone un esfuerzo de ambientación e implicación de cada una de las historias a su entorno, pero también para el lector supone una diversificación de relatos que se agradece a la hora de la lectura del libro.
Y es que cada una de nuestras familias son precisamente eso: historias diferentes que se han ido acolmatando en los álbumes familiares y que, una vez abiertos, te conducen hacia la singularidad de sus componentes, y otras historias que se van engarzando a sus experiencias, normalmente alejadas del núcleo familiar, aunque este permanezca siempre como asidero ante las dificultades de una vida que aquí se hace relato, pero también experiencia y el detonador de nuestras propias experiencias, muchas de ellas recuperadas al mismo tiempo que nos enfrascamos en ‘Los extraños’ de Vicente Valero. Todos ellos extraños, sí, pero nuestros queridos extraños.

Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 30/03/2014