domingo, 17 de xaneiro de 2021

Todo está en los libros

 

[Ramonismo 52]

'Simón’, el libro de Miqui Otero, lleva meses, desde su sinceridad y ternura, emocionando a los lectores




CERRAMOS el complicado año 2020 con dos libros que impactaron en nuestro sistema literario como dos meteoritos caídos sobre la faz de la tierra. Uno, el ensayo de Irene Vallejo, ‘El Infinito en un junco’, cuyo rastro pasó por este Ramonismo allá por el mes de abril, cuando todo era desolación y caos, y ese junco se hizo firme rama sobre la que apoyarse; el segundo, es esta novela, ‘Simón’, firmada por Miqui Otero (Barcelona, 1980), quien a su lugar de nacimiento une unos más que poderosos lazos, familiares, emocionales y hasta laborales, con nuestra Galicia.

Desde su salida de la imprenta de Blackie Books (la misma que estos días reedita en edición de bolsillo su anterior y también aplaudida novela, ‘Rayos’) esta llama naranja ha ido alumbrando mentes y acariciando corazones entre los miles de lectores que la han convertido en una de esas narraciones que marcan un año que, hablando del año del que estamos hablando, toma un plus de importancia, un cariz casi de servicio público, por lo que tiene de refugio ante la tormenta, de guarida ante el naufragio que todos hemos sufrido.

Todo ello gracias a este cruce de vidas, de experiencias vitales que te engullen como el reflejo de una historia vivida por uno mismo. Una época, un tiempo que se pega a todas estas palabras escritas con una naturalidad y en un estado de gracia que hacen de esta novela ese éxito que no deja de crecer. ‘Simón’ es esa caricia que todo lector necesita para entender que la vida puede convertirse en un itinerario literario, con sus picos y sus simas, con sus gozos y sus lamentos, en definitiva, con esos dientes de sierra que convierten este caminar por la realidad en una montaña rusa de emociones que son las que nos van haciendo, las que nos construyen como personas en las que se entremezclan lo que somos, nuestra identidad, con aquello que viene de fuera, ese hábitat que nos rodea y que nos modela, desde lo familiar, las amistades, los amores y los trabajos. También las geografías, que aquí son, por lo tanto, bien importantes, desde esa Barcelona germinal anclada en el olímpico año clave de 1992 hasta la Galicia convertida en saga/fuga levitante de Castroforte del Baralla, pasando por los diferentes escenarios y territorios por los que se mueve esta novela cuyo argumento es el relato de una vida, la vida de Simón y, pegada a ella, la de su primo, y la de Estela, y la de su familia, y la de los azares que traen, como botellas procedentes del océano, otras vidas a las nuestras, para generar así un fresco exultante de lo que significa vivir, con lo bueno y lo malo, con mirar las estrellas pero también con el dolor que nos endurece la piel, o como escribe el gran Joan Margarit: «una herida es también un lugar donde vivir». Parte final de un poema que se incorpora como se hace con numerosas aportaciones de luminosos autores que preñan el libro de esa pisada de la cultura en cuya huella los demás podemos poner el pie para ver cómo nos queda lo dicho. Montaigne, Scott Fitzgerald o César Aira jalonan los pasos de Simón y nos ponen al tanto de la radical importancia de la cultura en la formación de una vida. Todo está en los libros, se repite una y otra vez a lo largo del texto, algo que una vez que avanzamos en el relato veremos como no sólo se refiere a historias, pensamientos o emociones, sino a ciertas sorpresas que pueden variar ese itinerario vital planteado anteriormente como eje axial de este libro. 

Esa tensión entre la cultura y la vida se mantiene durante toda la novela: «Que las canciones son para escucharlas, las películas para verlas y las novelas para leerlas mientras se intenta buscar una vida y no para vivirlas desde dentro ni para protagonizarlas». Como esta maravillosa frase el libro está plagado de líneas que logran que te detengas a su fin para volver sobre ellas, para pensarlas y repensarlas en tu propio contexto vital. Ese es el gran músculo de ‘Simón’, la capacidad para contenerte, para hacer de espejo de los últimos años de todos nosotros y que, junto a este guion, vamos armando el nuestro, al tiempo que nos dejamos acariciar por una novela inolvidable.



Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 16/01/2021

 

venres, 15 de xaneiro de 2021

O verán, o Nadal, e nós?

Saga/Fuga 


O PRIMEIRO foi o de salvar o verán, despois o que tiñamos que salvar era o Nadal, pero, e a nós, quen nos salva a nós? Así se podería escribir a evolución desta pandemia no noso país. Sempre detrás dos movementos do virus, nunca adiantándonos, e máis aínda cando todos sabemos como se comporta e as consecuencias de certas decisións.

Enleados no perverso debate de economía ou saúde, sen entender que sen saúde non pode haber economía e non tanto ao revés, estamos dispostos a permitir a morte de miles de persoas por salvar durante unhas semanas as nosas economías. Terrible se o pensamos durante un momento, que é, precisamente, o que ninguén con capacidade de dirixir este desconcerto semella ser quen de facer. Os nosos políticos rodéanse de profesionais sanitarios que supoño terán un parecer semellante ao que non poucos expertos en sanidade e epidemioloxía non deixan de avisar polos medios de comunicación de xeito case desesperado, calificando as medidas que tomamos para deter o virus como febles e con poucas consecuencias para o que realmente nos tiña que importar que é deter a transmisión da enfermidade, aliviar o noso sistema sanitario e evitar mortes, tráxico punto final da cadea.

Asistimos cada vez máis perplexos e indignados aos feitos e ás palabras de políticos de tódalas cores que non deixan de sonroxarnos polas súas actitudes, polas súas decisións, complexas, sen dúbida, nesta situación tan estraña e dura, pero que semellan tomarse cada vez máis pensando en todo menos en nós. Políticos que se agochan nas competencias duns e doutros, políticos que pensan que somos idiotas e aos que se nos chega a botar en cara aquilo que eles mesmos nos permitiron facer, ausentes da valentía que todo gobernante precisa para iso, para gobernar, que é tomar decisións, nos gusten ou non, protestemos ou non, haxa manifestacións ou non.

Pouco a pouco o virus convértese xan non só nunha praga, senón nun detector das eivas da nosa casta política, sempre poñéndose ombreiro con ombreiro co outro político que lle pode facer sombra, e nunca medíndonse cos ollos dos cidadáns, moito máis responsables (na súa meirande parte) do que hai que facer, capaces de asumir medidas moito máis fortes en beneficio da saúde e menos a favor do Ibex 35 e dos movementos de capital. Certo que son tempos duros, nos que os cartos lle fan falla a todo o mundo, pero nunca, nunca, deberían ser a prioridade do político fronte ao ben máximo de cada individuo: a súa vida. Temos os cartos de Europa para repartir, fágase. Axúdense aos sectores máis necesitados, cos que se está sendo máis duro nestes momentos. Se se pechan negocios hai que compensar aos seus donos, pero facelo xa. Virán tempos aínda máis severos no económico, teremos que apretar moito máis o cinto, pero iso será despois, agora deixar correr as cousas e as medias tintas lévannos a unha terceira onda cuns síntomas que presaxian a neve negra do inverno. Os nosos políticos, os de Madrid e os daquí, non fai falla citalos, todos os sabemos e lembraremos os feitos de cada un, non quixeron ser o Grinch do Nadal, e agora tócalles asumir as cifras que van a chegar en forma de enfermos nas UCIS e de mortos. De novo o estremecemento. Agora estamos á carreira para tomar medidas, decisións que coma no verán tiñamos que ter tomado antes do que ben sabiamos ía acontecer, con dor e mágoa, pero coa realidade nas mans e a sinceridade nos corazóns, non cos xestos atribulados dos que non estiveron á altura. Damnatio memoriae.

 

 


Publicado no Diario de Pontevedra 15/01/2021

Fotografía: Sanitario facendo unha proba de detección do coronavirus (David Freire)

 

sábado, 9 de xaneiro de 2021

Libro nací y libro soy

 

[Ramonismo 51]

'Madrid’ de Andrés Trapiello es una biblia castiza. El libro que toda ciudad debería tener para ser conocida y conocerse



POCAS realidades mejores que un libro que te hace disfrutar, un libro con el que gozas con su escritura al tiempo que aprendes y descubres un montón de cosas. ‘Madrid’, de Andrés Trapiello, editado por Destino, es uno de esos felices acontecimientos que te depara el mundo literario de cuando en cuando, convirtiéndose en un auténtico festín para entender la vida como el andamiaje de la escritura. Un balcón, como tantos en Madrid, desde el que asomarse a ella, desde el que entender lo que supone una ciudad a lo largo de los siglos y la infinidad de situaciones que se van colmatando para conformar su piel sentimental y su orografía física.

Su autor vive en ella desde 1975, procedente de la ciudad de León en la que nació en 1953. A partir de ahí su vida se convierte en parte de la historia de Madrid, como ha sucedido a lo largo del tiempo con tantos y tantos que han hecho de Madrid el lugar «donde se cruzan los caminos», que cantaba Sabina, meta de tantos seres humanos que buscaban en la Villa y Corte la respuesta a sus sueños o, simplemente, el ámbito en el que desarrollar de la mejor manera posible sus vidas.

Una ciudad son quienes viven en ella, apunta Andrés Trapiello, y a sus moradores es a los que más atañe lo que aquí se cuenta, ya que ellos son los protagonistas de una historia común. La de los habitantes que le dan su carácter al territorio y del que emergen los nombres y los hechos que le dan lustre, con especial atención al universo literario del que Andrés Trapiello es un consumado conocedor, tal y como nos ha ido mostrando en diferentes trabajos y libros que van más allá de lo puramente ficcional, propiciando esa didáctica que tanto se echa en falta en este país cuando hablamos de nombres y hechos de nuestra historia, a los que muchas veces se les une lo torticero de quienes se han aprovechado de esos hitos para consolidar una historia diferente a la que realmente fue. Es por ello que ‘Madrid’ encaja de manera lógica tras libros como ‘Las armas y las letras’ o ‘El Rastro’, e incluso como un jalón más en ese monumental desafío compuesto por los hasta el momento 22 volúmenes de su particular diario, el ‘Salón de los Pasos Perdidos’.

Ese carácter didáctico sobrevuela todo el texto, ¡una bendición! y bajo ese vuelo se despliega la hibridación feliz en el relato que surge de la mezcla de lo personal, esto es, de la biográfica presencia de Andrés Trapiello en Madrid, desde su llegada hasta ayer mismo; junto a la biografía de la ciudad, establecida a partir de los componentes históricos, literarios, artísticos, urbanísticos, gastronómicos, y tantos otros que se engrasan entre sí hasta formar el gran puzle que es este libro, y cuyas piezas se refuerzan con el pegamento que le otorga la escritura de Andrés Trapiello, deslumbrante en su forma y en su fondo, deudora de sus maestros Cervantes o Galdós, riquísima en sus descripciones, límpida en sus expresiones, y siempre con un pellizco de humor entre sus palabras que recupera lo que él mismo dice de su admirado creador de Don Quijote: «A Cervantes se le lee siempre con una sonrisa en los ojos». Pues de esta forma nos asomamos a este texto que se encuentra con el joven lleno de dudas y un punto picaresco en un Madrid que superaba el gris del franquismo, y que luego vino a colorear una Movida que permitió nuevas ilusiones en la ciudad.

Desde esas décadas del pasado siglo Andrés Trapiello ha hecho de Madrid el escenario de su vida, el marco que tanto le llena y que le hace feliz, junto a sus escapadas a su casa extremeña, allí donde el ruiseñor alienta su poesía. En ese Madrid y su madrileñismo ha escarbado como un arqueólogo en los diferentes sedimentos que la conforman, pero si uno de ellos destaca es el humano, como hicieron Cervantes y Galdós, y que tan bien resume la Fortunata del segundo en su famosa expresión: «Pueblo nací y pueblo soy», definición de una identidad de la que es imposible rehuir.

A esa identidad es a la que se une este libro tan pegado al alma madrileña y por el que nos lleva de la mano su autor a través de una serie de estampas que nos descubren un espacio al que uno ya desea regresar tras la pesadilla de este coronavirus que también se infiltra por este texto. Porque Madrid es siempre ese lugar al que ir para sentir el latido de una vida que detona en la de sus protagonistas, los de antes y de los de ahora, en espacios como el Madrid histórico, el de sus Cavas, la plaza Mayor, también el de la Gran Vía, de museos como el del Romanticismo, esencial en este texto, el Rastro, la Puerta del Sol, y sus afueras, que también son Madrid, al igual que toda una serie de personajes que nos lo han escrito y dibujado para la eternidad: Larra, Mesonero Romanos, Goya, Galdós, Gutiérrez-Solana, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna, Edgar Neville y ahora, con este libro en la mano, Andrés Trapiello.

 

 


 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 9/01/2021


 

venres, 8 de xaneiro de 2021

E agora que?

 

Saga/Fuga

 


VAITE 2020, Mala chispa te coma 2020. Foron algunhas das despedidas (abofé que as máis educadas e publicables) que lle demos dende Pontevedra a ese ano, xa gravado a ferro quente nas nosas vidas. Agora que o superamos aínda estremece pensar na xente que morreu, nas que sufriron pola enfermidade, nos que teñen a súa economía destrozada, nos meses do confinamento, na ausencia de contacto entre seres queridos, no andar cunha máscara na cara, na perda das nosas liberdades... certamente podes marchar a gusto 2020. Tanta paz levas como descanso deixas. Pero, e agora que?

Abriunos as súas portas o 2021 e semella que aínda estamos no epílogo dese annus horribilis. As seguintes semanas amosarán a nosa falla de sensibilidade e de colaboración na resolución do coronavirus. Non había máis que saír á rúa, sobre todo en certas datas dun Nadal que os nosos políticos nos obrigaron a gozar como se estivésemos para festas, para entender que non o estabamos facendo ben, que somos incapaces de tecer esa rede da solidaridade cos demais que é case a única que nos pode salvar ou polo menos a que pode ralentizar os procesos de impacto do virus no noso sistema sanitario; o outro, as vacinas, milagrosamente xa están entre nós, nunha vertixinosa carreira científica convertida nunha das máis grandes xestas da nosa historia, e que vén amosar a necesidade e obriga dos nosos dirixentes por potenciar e destinar recursos a ese campo, o da investigación, o dunha ciencia que cando se poñen mal as cousas sempre é a única vía de escape. Gastos que son inversións, cartos que se adican ao realmente importante, á nosa saúde. Cuestións que semellan evidentes pero que moitas veces parece que non o son, e así vemos como este país vai ao ‘trantrán’ para facer as súas propias vacinas, para non depender de franquicias forasteiras, por esa falla de investimentos, e todo iso mentres non deixas de ver a científicos españois traballando en laboratorios extranxeiros, aportando o que aprenderon ao longo dunhas carreiras que se cursaron no noso sistema educativo. E aínda por riba os retrasos á hora da vacinación e de novo a falla de sanitarios, a falla de inversións na sanidade.

Contaxios, vacinas e outras enfermidades, como as que contemplamos coa boca aberta coa toma do Capitolio dos Estados Unidos por parte dos partidarios do aínda presidente Trump, amosan un terrible escenario neste comezo do 2021 ou aínda final do 2020, porque xa todo comeza a parecer un mesmo ano, unha época terrible que nos pon a proba e cada día que pasa semella que nos afundimos máis nesta loucura colectiva, cun modelo global de sociedade esgotado dende o económico ao medioambiental e do que todos temos parte de culpa.

Aínda que nos poida parecer que o dos americanos nos queda moi lonxe non dubiden que eses dementes que discuten a realidade, aquilo que deciden os pobos, e que non entenden que o poder non é unha propiedade súa, senon que tamén poden mandar de xeito lexítimo os que non pensan como eles, témolos xa entre nós, defendendo ideais antidemocráticos e tamén antihumanos, e que aproveitaron o momento máis feble da nosa sociedade, con milleiros de mortos e de enfermos polo coronavirus, para poñer contra as cordas a nosa democracia.

Onte moitos botamos a man á cabeza, pero a pouco que un ía analizando a situación e que dende o noso país moitos sacaban a lingua a pacer, pois voltaba a ter claro o que pretende acadar toda unha ideoloxía mundial, que non responde a casos illados, con nomes como os de Trump, Bolsonaro ou mesmo Abascal, senón a toda unha pretensión de derribar ás vontades dos pobos, os únicos que poden decidir os camiños a seguir. Comenzaches mal 2021 e iso que te avisamos de que te portaras ben. A ver que fas!

 

Publicado no Diario de Pontevedra 8/01/2021


 


sábado, 2 de xaneiro de 2021

ONS. A paisaxe interior

 

[Ramonismo 50]

A película de Alfonso Zarauza é unha travesía polas vidas duns seres á procura dun faro que sinale unha esperanza

 


'ONS' é moito máis que o título da última película do realizador Alfonso Zarauza. 'Ons' é un xeito de sentirse, un territorio no que atoparse fronte ao resto das persoas. O arquipélago da ría de Pontevedra emerxe do oceano como unha sorte de altar mítico no que o ser humano, neste caso os protagonistas do filme, saen á escena para coñecerse a si mesmos, para relacionarse dende a tentativa de superar as físgoas que a vida pousou en cada un deles.

Unha illa na que non hai onde agocharse, onde só a néboa é quen de confundir, de xerar ese estado de inconsciencia entre o real e o irreal, entre o vivido e o soñado, o espazo ideal para que emerxan as pantasmas, para o tremer dos medos e a aparición das dúbidas. Os actores participantes Melania Cruz, Morris, Xulio Abonjo, Anaël Snoek e Marta Lado, sen esquecer os puntuais momentos de Miguel de Lira, xeran un espectro humano traballado de maneira exemplar, algo que xa non sorprende neste director, pero que aquí consolídase como o gran acerto da película, xunto á idea de sumarlle a outra gran protagonista, esa terra insular na que os personaxes se moven sen posibilidade de fuxida, visualizado de maneira poderosa en Melania Cruz facendo ‘running’ coma un ratiño na noria da súa xaula, mentres ao seu arredor todo un horizonte amosa a súa imposibilidade para acadalo, para facer da súa vida un vieiro de redención xunto á unha persoa traumatizada polos efectos dun accidente.

Melania Cruz (Mariña), chega a Ons xunto a súa parella, Morris (Vicente), alí pasan o verán coa idea de sandar feridas xunto ao seu irmán Xúlio Abonjo (Antón) e a súa muller, Marta Lado (Isabel), ambos con traballos vencellados á propia contorna, o que os obriga a vivir alí durante todo o ano, como ser o vixiante da fauna da illa, mentras ela é quen está ao coidado do faro e, polo tanto, dese fío de luz que alumea na escuridade, o arame que marca o camiño a seguir cando todo se volve negro, pero ao que, paradóxicamente, tampouco te podes achegar ao cen por cen. Os días pasan e o tempo comeza a mudar, as brétemas converten o sol redentor do verán nunha fiestra cara o desacougo e a chegada imprevista dun personaxe afía as aristas de todos eles provocando a ferida e a dor.

Neste escenario humano Alfonso Zarauza move as súas pezas con mestría, colocándonos ao seu carón ao deixar nas nosas mentes boa parte das intencións dos protagonistas que nunca se fan evidentes ao cen por cen, nunha intelixente complicidade co espectador que busca en cada mirada deles a solución ás interrogantes que as horas e os roces entre eles poñen enrriba da mesa, ou, mellor dito, sobre ese altar expiatorio que é unha illa cada vez máis salvaxe e indómita. Os cantos de serea póusanse na area para tensar o ambiente e facelo irrespirable, mentres os humanos carrexan as súas cargas ao lombo.

Se o traballo actoral é maiúsculo, ao seu carón funcionan outros elementos que como a engranaxe dun reloxo fan que todo se mova a un tempo, se xerar distorsións que moitas veces esnaquizan traballos concretos en moitas películas. Falo dun guión ben armado polo propio Zarauza e Jaione Camborda, pero tamén de cuestións técnicas que as veces se esquecen de resaltar nos filmes e sen os que todo sería ben diferente. A fotografía de Alberte Branco convértese nun poemario visual polo que facer desfilar todos eses sentimentos humanos. Non só no exterior, cos efectos da natureza e esa atmosfera fría que fai todo máis complexo, senón no propio interior dunhas vivendas con moitas deficiencias para a iluminación eléctrica, e aí atopamos unha escena marabillosa, alumeada por candeas e na que as miradas entre os protagonistas desafían á propia realidade, xerándose un espazo ao estilo Kubrick en 'Barry Lindon', e á que se lle pon a guinda coa música de Chicharrón.

Atopamos, polo tanto, un extraordinario traballo conxunto dun filme que, pola especificidade do lugar da rodaxe, converteuse en especial, fornecendo o labor en equipo, e iso abofé que se trasladou ao resultado final no que se detecta esa complexa argamasa que o enguedella todo é que é tan dificil de xerar no cinema no que as veces semella que cada un vai polo seu lado. Con ‘Ons’, e os seus oitenta e sete minutos de duración, Alfonso Zarauza achega outro audaz gran de area ao noso audiovisual que vai de celebración en celebración, e no que, como estamos a ver en traballos como os de Oliver Laxe, Paula Cons ou Lois Patiño, por citar algúns dos máis recentes, a coralidade das aportacións dos diferentes participantes na película, amosan a afouteza do noso cinema.

Sexan cómplices desta travesía polos sentimentos dunhas persoas á procura dunha luz, dunha esperanza que as leve a vivir, e a nós a ser parte desa illa que tamén somos quen de habitar.




Publicado na Revista. Diario de Pontevedra 2/01/2021

luns, 28 de decembro de 2020

Unha biografía que se converte na novela que explora un século

 


Xa tocaba rematar o ano cando chegou a novela de Suso de Toro ‘Un señor elegante’. Unha novela da que se falaba dende hai tempo. Sabíase que Suso de Toro andaba a argallar algo, e iso sempre xera expectación. Sabíase que o autor de ‘Polaroid’ estaba a mergullarse na historia deste país, pero o que non sabiamos era que tras ese traballo de busca atopabase a historia de Ramón Baltar, ‘Un señor elegante’ (Xerais), e xunto a ela todo un pano de fondo que amosa moitísimas situacións desta Galicia tantas veces chea de medo de mirar cara o seu pasado, inzado de historias ocultas entre familias, sementadas de segredos e medos fronte aquelas gadoupas dun tempo que aínda, en moitos casos, semella non estar superado. Unha novela monumental chea de buratos polos que meterse arredor da historia central dese ‘señor elegante’.

Ata ese momento por estas páxinas a novela que causara unha maior sensación fora a de Xesús Fraga, ‘Virtudes (e misterios)’, (Galaxia), na que tamén se nos obriga a mirar ao pasado a través dunha historia da emigración a cargo da avoa do autor. Unha emigración a Londres, a unha Europa sempre nun segundo lugar fronte aos procesos migratorios galegos cara América, e que aquí se trata con engaiolante mestría, chea de conexións con nós mesmos a través de detalles que nos enguedellan coas nosas propias familias. Destacamos tamén outros dous títulos publicados en Galaxia, ‘O paraíso dos inocentes’, de Antón Riveiro Coello, e ‘Silencio’ de Agustín Agra, un sinxelo libro de relatos pero cheos de fondura e coa capacidade impagable de tentar descifrar a complexa natureza humana. Outro libro de relatos ben interesante é o publicado en Baía Edicións, ‘Entre donas’, no que un monllo de autoras xuntan as súas voces na reinvindicación da ollada feminina que mude a nosa sociedade.

Tampouco podemos pasar por alto a chegada á nosa lingua por primeira vez do ‘Poeta en Nova York’ de Federico García Lorca coa traducción de Suso Díaz, asentando nas nosas letras a mellor poesía do granadino como parte dun proceso de fornecemento do noso sistema cultural ben necesario. Nesa liña tamén está a traballar de xeito meritorio a pontevedresa editorial Kalandraka con diferentes traducións de títulos sinalados da literatura universal como ‘Na estrada’ de Jack Kerouak.

Tamén nun ano coma este, no que se celebra o centenario da Xeración Nós, merece o aplauso a escolma de textos arredor desta xeración que Galaxia vén de sacar do prelo con diferentes autorías que se mergullan nos seus protagonistas, dende os máis coñecidos Castelao, Otero Pedrayo ou Vicente Risco ata nomes máis descoñecidos como Antón Villar Ponte ou quen tan ligado estivo a Pontevedra, Antón Losada Diéguez.

Pero de novo a poesía é a que está a converter a Galicia nunha referencia literaria en todo o estado. Os premios a nivel nacional de Olga Novo ou Alba Cid, por libros editados o pasado ano, renovan a forza das palabras das nosas poetas que seguen achegando poemarios tan interesantes como os de Ana Romaní en Chan da Pólvora, ‘A desvértebra’; ou  ‘Gramo Stendhal’ de María Lado en Apiario; e iso sen esquecer a voces maiúsculas da nosa poética, como Chus Pato que presenta a súa ‘Obra completa’ en Euseino? Editores; ou Yolanda Castaño que logrou o Premio Estandarte ao mellor Libro de Poesía coa antoloxía bilingüe ‘Un cobertizo lleno de significados sospechosos’ (Milenio).

E seguindo coa poesía pero desta volta asinada por homes destacar dúas presencias. Unha a reimpresión 25 anos despois de ‘O valo de Manselle’ mítico texto poético de Anxo Angueira que a editorial Apiario voltou a erguer de xeito prodixioso e a recente publicación dun poemario póstumo do inesquecible Manuel Álvarez Torneiro que da man da colección Tambo de Kalandraka pon ante nós ‘Clave de bóveda’o que supón un inesperado agasallo e unha recuperación do acubillo da palabra de Álvarez Torneiro como xeito de iluminar a vida. Un libro que ademais chega acompañado de dous pequenos debuxos doutro inesquecible, o pintor Manuel Moldes.

A memoria é parte fundamental de calquera escrita. Un xeito de entender como somos en base a un pasado moitas veces esquecido. A editorial Alvarellos dende esa vertente achega dous libros imprescindibles ‘Federico García Lorca en Santiago de Compostela’, a cargo de Henrique Alvarellos seguindo as pegadas da presenza lorquiana en Compostela e ‘Aramados’, a recuperación do relato de Manuel García Gerpe da súa experiencia nun campo de concentración entre 1939 e 1941.

Non están todos os que son pero si que son todos os que están, nesta mirada puramente persoal, de lecturas e abofé que con máis dun esquecemento.


Publicado no Diario de Pontevedra 27/12/2020

El éxito de un libro que nos conduce por un itinerario infinito

 


Este año literario ha venido marcado por el centenario del nacimiento de Benito Pérez Galdós, del también centenario, pero en esta ocasión del nacimiento, de Miguel Delibes, y en el que se editó de manera íntegra la obra de Manuel Chaves Nogales. Con ese impresionante telón de fondo y con toda una pandemia marcando los tiempos de editores, autores, lectores y libreros la cosecha literaria habría que calificarla de excelente. Como sucede con toda selección esta será injusta y responde a gustos puramente personales de libros leídos y referenciados en las páginas de este medio a lo largo de todo este año en el que la biografía de Galdós escrita por Yolanda Arencibia y editada por Tusquets (Premio Comillas de biografía); la reedición de la obra de Delibes a cargo de Destino, así como el llamado ‘El libro de Miguel Delibes. Vida y obra de un escritor’ y los cinco volúmenes de Chaves Nogales a cargo de Libros del Asteroide, justifican la aportación a nuestras letras de estos tres gigantes.

Si un libro define este año este ha sido el ensayo ‘El infinito en un junco’ (Siruela), de Irene Vallejo, una lúcida recuperación del mundo antiguo como germen del libro, de ese objeto que se ha convertido a lo largo de los siglos en un amparo para millones de lectores y una manera de reflexionar sobre nosotros mismos. Irene Vallejo convierte este texto en un infinito que, de manera amena, se adentra en la historia del propio libro desde la antigüedad, conectándolo con nuestro presente y generando así una serie de chispazos que hacen de este libro un enérgico homenaje a lo literario y al mundo clásico, al que cada vez más el nuestro dirige su mirada.

Marta Sanz con ‘pequeñas mujeres rojas’ (Anagrama) recupera la memoria como firme asidero desde el que tensar la deuda de esta sociedad con el dolor del pasado, de los sufrimientos que emergen de una Guerra Civil y sus consecuencias todavía sin solucionar para tantas familias destrozadas por esa violencia soterrada en nuestra sociedad. Ricardo Menéndez Salmón evoca la figura de su padre, o mejor dicho su relación padre hijo en ‘No entres dócilmente en esa noche quieta’ (Seix Barral). Un valiente ejercicio de introspección personal, que alivia conciencias y ofrece al lector un lacerante recorrido por el ser humano lleno de emociones. ‘Centroeuropa’ (Galaxia Gutenberg) es otro retrato, a cargo de Vicente Luis Mora, pero en vez de centrarse en un ser humano lo hace con todo un continente. Una Europa que en demasiadas ocasiones aparece agotada de sí misma y aquí mira a su propio corazón repleto de sustratos de aquellos que murieron por ella y que el autor cordobés metaforiza en las andanzas de un hombre por las tierras de la antigua Prusia.

Tres mujeres, Olga Merino, Elvira Lindo y Almudena Grandes, nos dejaron este año tres enormes novelas. Con ‘La forastera’ (Alfaguara), ‘A corazón abierto’ (Seix Barral) y ‘La madre de Frankenstein’ (Tusquets) nos adentramos en tres universos femeninos llenos de fuerza y una poderosa capacidad narrativa. Con la primera de ellas Olga Merino nos sitúa ante la racial historia de una mujer y su vinculación con su tierra; en la segunda, Elvira Lindo nos regala un fragmento de su vida con la memoria familiar y de toda una época en España; mientras Almudena Grandes, con el quinto capítulo de sus Episodios de una Guerra Interminable, recupera un mundo femenino maltratado por la sociedad franquista.

Más libros a reivindicar son ‘Poeta chileno’ (Anagrama) de Alejandro Zambra; ‘Fin de temporada’ (Seix Barral) de Ignacio Martínez de Pisón; ‘Rewind’ (Anagrama) de Juan Tallón; ‘Basilisco’ (Impedimenta) de Jon Bilbao; ‘Madrid’ (Destino) de Andrés Trapiello, ‘Los europeos’ (Taurus) de Orlando Figes; ‘Cuentos’ (Páginas de Espuma) de Carlos Castán y, por supuesto, ‘Simón’ (Blackie Books) de Miqui Otero, otro de esos libros que han marcado este 2020 por el desparpajo a la hora de hilar una historia llena de vida y vidas.

Otra de las grandes protagonistas de este año es la poesía. Con los premios más importantes de las letras recayendo en diferentes sensibilidades poéticas. Desde el Nobel en la norteamericana Louise Glück, con su obra editada en España en Pre-Textos, y cuya retirada de los derechos de publicación a esa editorial ha sido uno de los grandes líos literarios del año; hasta el Cervantes, entregado al gran Joan Margarit, quedando emplazado para el próximo año otro inmenso poeta, Francisco Brines. Y junto a ellos novedades tan emocionantes como ‘La rama verde’ (Tusquets) de Eloy Sánchez Rosillo, ‘Los desnudos’ (Visor) de Antonio Lucas, ‘La oscuridad intacta’ (Pre-Textos) de Dana Giogia; ‘Una vida de pueblo’ (Pre-Textos) de Louise Glück; ‘Aunque los mapas’ (Visor) de Raquel Vázquez; ‘Gavieras’ (Visor) de Aurora Luque y 17 segundos’ (Visor) de Kirmen Uribe.


Publicado en Diario de Pontevedra 27/12/2020