martes, 7 de marzo de 2023

Geografía humana

 

[Ramonismo 141]

Víctimas de un territorio, ‘La tercera clase’ pone voz a varios protagonistas en un proceso vital de formación personal



FRENTE a Doñana, en el estuario del Guadalquivir, Sanlúcar de Barrameda tiene, en esa confluencia de aguas dulces y saladas, un lugar que su vecino Caballero Bonald constituyó casi en un espacio mítico llamado Argónida.

Ahora, otro autor imbricado en ese mismo paisaje, Pablo Gutiérrez (Huelva, 1978), nos trae otro relato ‘La tercera clase’, editado por La Navaja Suiza, en el que la configuración también de una geografía, que en este caso se decanta más por el paisaje humano que por el físico, aún cuando éste define y marca muchas de las acciones y actividades que marcan la vida de los protagonistas de este libro en el que varias voces ponen el foco en un momento coincidente de sus vidas. Un periodo de una enorme intensidad, como es la adolescencia, siempre marcada por lo que sucede en unas vidas en las que casa, calle e instituto configuran un triángulo en el que las experiencias, los descubrimientos, en definitiva, las tensiones, se suceden de manera vertiginosa.

Pablo Gutiérrez nos propone adentrarnos en esa marisma de personas, de alumnos y profesores, de padres y vecinos que en un entorno tan determinado, con una fuerte componente social y de desarraigo económico que marca la existencia de todos ellos y define buena parte de lo que sucederá en sus vidas, las vidas de esa tercera clase. A ese futuro no llegamos porque Pablo Gutiérrez hace una novela de presente, en la que todo se sucede desde las miradas y las voces de los personajes principales a los que concede el autor la palabra para poder ver ese presente desde su propia percepción. Todo un desafío que no es nada sencillo y del que el autor sale más que airoso en esta novela en la que rápidamente el lector se siente casi como uno más en toda esa colmena, como si asomados a la ventana de nuestro hogar observásemos en la plaza a todos ellos dirimiendo sus cuitas de amores, de heridas e ilusiones, sus aventuras en el instituto, y como todo eso se proyecta en su proceso de crecimiento personal. Pero desde esa ventana también vemos los movimientos sospechosos alrededor del hachís, economía sumergida de ese territorio que, una vez más, reclama su atención como protagonista de la novela. Y lo hace no solo desde el sabor de sus pescados, sino también desde esas situaciones delictivas que generan demasiadas tentaciones, precisamente en quienes la tentación es una de sus motivaciones vitales. Y ahí no solo lo puramente narrativo tiene su interés sino que el propio autor nos transmite una serie de reflexiones sobre esas situaciones que marcan tanto a un conglomerado humano y sobre cómo se podría gestionar.

Con todo, lo más interesante de ‘La tercera clase’ es todo el universo de relaciones que se genera entre sus protagonistas, cómo las acciones, incluso las más inocentes y aparentemente inofensivas, constituyen todo un terremoto en cada uno de ellos, cuánto más cuando los acontecimientos incrementan su gravedad hasta el extremo. Es entonces cuando el propio autor aumenta ese abanico de sentimientos y entra el estupor, la reflexión e incluso entendemos como ese proceso de crecimiento entra en un tiempo de progresión.

Hablaba antes de tentaciones y entre esas tentaciones si hay una que como un reactivo en un experimento todo lo muda es el amor, capaz de joderlo todo, como escribe el propio autor. Ese sí que es un auténtico terremoto cuando llega en esas edades, cuando son varios los actores que forman parte de una misma tensión y cuando las miradas se convierten en un auténtico combate de los afectos que, muchas veces, es el sustituto único de la ausencia de esos mismos afectos en el ámbito familiar. Con todo esto nos seduce Pablo Gutiérrez, en gran parte por su destreza para narrar, para hacer del lenguaje otro de los activos del texto. Desenfadado, fresco, pero que también se engarza con otros elementos que, propios de nuestro sustrato cultural, sirven como anclaje de la memoria, como red que sujeta nuestro tiempo con unos referentes que muchas veces solemos tensionar desde nuestra incapacidad para respetar ese pasado y aprovechar sus lecciones.

Está claro que este profesor de Literatura en un instituto de Sanlúcar de Barrameda ha hecho buen acopio de materiales en sus jornadas laborales, y es que pocos ecosistemas tan inspiradores e intensos como las aulas y pasillos de un instituto, con alumnos y profesores en permanente estado de agitación y donde lo humano y sus infinitos factores no dejan de generar el sustrato necesario para que la mitología de Argónida siga creciendo, no solo año a año, sino también, curso a curso, persona a persona.



Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 28/01/2023

luns, 6 de marzo de 2023

Un mar poético

 

[Ramonismo 140]

La sensibilidad de Aurora Luque vuelve a conducirnos por un verso que navega entre la antigüedad y nuestro presente



SIEMPRE es un gozo vital subirse a la embarcación a la que en forma de libro nos invita Aurora Luque. Esta gaviera de la poesía sube a la gavia de su nao para llevarnos a diferentes puntos de la costa de ese mar que acostumbra a generar con sus versos como seducción al lector. Una situación que se desborda en este libro, ‘Un número finito de veranos’ que, editado por Milenio, logró el pasado año el Premio Nacional de Poesía con toda la justicia que provoca la emoción de su lectura, y donde ese carácter náutico de su propuesta se lleva a un exuberante extremo.

Si ese mar siempre ha estado presente en quien, por su formación como filóloga clásica con un férreo anclaje con la cultura griega, no puede distanciarse mucho de ese mar o mares que rodean ese Ática colmatado de leyendas, héroes, mitos, aventuras o feminidades con Safo al fondo como sustrato de su poesía, aquí es un inteligente contexto para, desde ese germen, tanto íntimo como comunitario, de nuestro ecosistema social, desarrollar toda una mirada a nuestro mundo actual. Esa comunicación, ese nexo establecido desde el verso entre dos espacios vitales, uno del pasado, tan rico en sugerencias e inspiraciones, como el mundo heleno, y otro, el de nuestro presente, donde todo aquel pasado homérico semeja oscurecerse cada vez con una mayor intensidad por nuestros actos y conductas.

El verano siempre se presenta ante nosotros con ese carácter ilusionante, con esa pátina de sensualidad, de calores y aguas saladas que provoca su disfrute como un intervalo anual en nuestras rutinarias vidas. Es ese «mar de agosto» con su «opulencia de horizontes», por el que se mueve la nave de Aurora Luque para salpicarnos con las palabras, para provocar fascinantes imágenes de universos naturales que se enhebran, con su reconocida destreza, con un enorme listado de hitos culturales, tanto del pasado como del presente, por el que desfilan poetas, escritores, mitos o libros que generan ese armazón que mantiene todo a flote, incluso cuando las cosas vienen mal dadas, cuando se intuye la tormenta por los hechos de esos humanos incapaces de medir las repercusiones y los efectos de sus propios actos.

Buscando esa luz del pasado se ilumina nuestro presente, y es que todo el poemario está atravesado por una especie de luz a la que se aferra Aurora Luque, quizás como la única o la última forma de redención de nuestro tiempo. Una luz de cultura y belleza, generadora de emociones, y que la poeta almeriense ha ido sumando a lo largo de su vida. También este libro tiene mucho de navegación por sí misma, de genealogía íntima, que necesita no solo del verso sino también de pequeñas prosas que sitúen ciertos hitos vitales importantes para el hoy. En uno de ellos escribe: «La luz busca traductores que la entiendan». Y a eso es, precisamente, en lo que se enfrasca nuestra gaviera, en otear el horizonte para entender esa luz que asoma tras esa línea que delimita lo conocido de lo ignoto, haciendo de esa luminiscencia una tea imprescindible para conducirnos por el mundo.

A todo esto debemos sumarle otro componente más que siempre está presente en la obra de Aurora Luque. La conquista de ese carácter nectáreo de la palabra, esa sensualidad que desprende siempre una poesía que es gozo y felicidad para el lector, de ahí que muchos de sus poemas giren en torno a esa búsqueda, a esa Ítaca a la que es necesario retornar para encontrar todo el sentido a lo que hacemos. Pero también esa búsqueda se dirige hacia quienes, antes que ella, han hecho esa misma travesía, atravesando mares encrespados, desafiando los más fieros peligros y buscando en su interior el acceso a esa belleza. Emociona, en este sentido, poemas como ‘Un periscopio con el horizonte’, en el que se destaca al libro como uno de esos elementos que nos permiten divisar esos horizontes futuros capaces de contener «fabulosos veranos envasados», «bálsamos para el mal de la rutina», «formas apasionadas de amistad»..., y es que pocas maneras mejores nos podemos encontrar de definir lo que puede suponer un libro para cada uno de nosotros.

Junto a todos esos libros reposará ‘Un número finito de veranos’, libro galardonado con la gloria del reconocimiento oficial, pero que junto sus compañeros de estantería no duden que comandará nuevas expediciones por un mar que es más que un mar físico. Es mar de emociones, mar de sensaciones y de estremecimientos ante lo que Aurora Luque es capaz de convocar en un puñado de páginas, ni más ni menos que aquello que fuimos, aquello que somos.



Publicado no Diario de Pontevedra 21/01/2023

martes, 21 de febreiro de 2023

Un día de historias


[Ramonismo 139]

Este libro es la crónica de un día desde el que nada fue igual en nuestra historia y en la de millones de personas anónimas


EL 14 de abril de 1931 pasó a la historia de España como el día de la proclamación de la II República, pero bajo esa bandera tricolor que ondeó en las calles de todo el país se arremolinaba todo un día de historias, la mayoría de ellas anónimas. Un puñado de esas vidas de un día son las que Paco Cerdá recupera en el espléndido libro editado por Libros del Asteroide, ‘14 de abril’ y que logró, con toda justicia, el II Premio de No Ficción Libros del Asteroide.

En aquel efervescente magma histórico las vidas de todos los españoles cambiaron de una u otra manera y pasar las páginas de este libro, escrito como una crónica coral de aquellas singulares 24 horas, supone asomarse a una selección de esas existencias que los libros de historia han sepultado ante los grandes nombres, frente a los que se pone el foco como actores principales pero a cuyo alrededor surgen toda una serie de vidas que, desde su anonimato cotidiano, plantearon también toda una heroicidad nunca pretendida, y sobre la que no se suele atender a su importancia.

Paco Cerdá, autor del exitoso libro ‘El peón’, renueva aquí su complicidad con el lector a través de una magnífica escritura, limpia y clara, que hace de la sustancia del relato su gran valor frente a otras escrituras más pretenciosas. Esta claridad de lo narrado permite que lo ordinario, aquello que forma parte del día a día de toda persona, se muestre ante nosotros, con el marco de aquella jornada. Sustentado todo ello en una cuidada documentación, llena de datos que balizan cada una de esas vidas que se revelan ante nosotros desde las diferentes bandas horarias de un día en el que cada minuto era una efervescencia de imprevisibles consecuencias.

Vidas y geografías que nos alejan de ese centro mediático que es Madrid y de la multitud que salió a sus calles a celebrar el cambio político y que acostumbran a ser siempre las que reflejan y resumen la vida de aquel día desde las imágenes. De esta manera Paco Cerdá amplía ese foco y nos lleva a diferentes lugares de España para activar esas existencias anónimas, como la del mecánico de Granada Francisco Zafra o la de la pescadera de Moaña, Cándida Lago, entre otros muchos que asoman por estas páginas, y junto a ellos también el autor nos convoca a lo que sucede en torno a la mesa del Consejo de Ministros, a la salida de España del monarca Alfonso XIII, o ante rostros populares de aquel tiempo como los de Miguel de Unamuno o la actriz Margaritu Xirgu. Se nos ofrece así esa doble cara que tiene toda moneda que se arroja al aire y que, dependiendo del lado que caiga, la historia seguirá un camino u otro en esas horas llenas de ilusiones y esperanzas, también de miedos, ambiciones y ansiedades. Sentimientos que son ante los que nos convoca Paco Cerdá a través de esta colmena de personajes que, ante un hecho histórico diferencial, se adentran por un desfiladero en el que desconocen que se encontrarán a su salida.

Historia y vida confluyen en esta perspectiva tan necesaria que surge de mirar hacia donde pocas veces se ha dirigido la mirada, pero donde los latidos de tantos y tantas fueron los que finalmente convirtieron a España, aunque fuera durante unos pocos años, en un ilusionante proyecto colectivo en el que la ciudadanía fue la auténtica protagonista de ese cambio y esa esperanza que a muchos les costó sangre y vida. A esos ciudadanos pone voz y casi rostro Paco Cerdá, contándonos cómo ese día mucha sangre, también anónima, se derramó por las calles del país en una trágica mezcla de futuro y un presente que se hacía final.

Leer ‘14 de abril’ es encajar las piezas de un puzle del que hasta hace no mucho faltaban bastantes fragmentos. Huroneando en archivos y prensa de la época Paco Cerdá ha ido encajando esa cara B de una historia que debemos tener siempre presente para entender los movimientos de la historia que, muchas veces, se deciden y toman cuerpo lejos de las moquetas oficiales y en donde el cruce de gestos y de miradas de un rey en huida y un modesto hortelano pueden contener la mayor de las fuerzas para resumir lo que supuso aquel día en la historia de España.

En definitiva, un conmovedor relato que nos sitúa ante nosotros mismos, ante nuestra historia y la lucha de un pueblo por decidir su destino.


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 14/01/2023

luns, 20 de febreiro de 2023

Todos somos lume

 

[Ramonismo 138]

'O lume’ pon en relación o noso mundo e a un home, esgotados ambos polas súas condutas e baixo un proceso de destrución



CON ‘O Lume’ regresa David Rubín  ao galego, nunha coidada edición a cargo de Demo Editorial e que sae en paralelo á edición en castelán da man de Astiberri. Este é un feito ben importante que pon de relevo o seu autor ante a necesidade que el mesmo tiña de poñer en valor un produto feito en Galicia que, a través do traballo colectivo entre a propia editora e un grupo de libreiros, que colaboraron asegurando un número de compras determinado, permiten que un produto desta calidade forneza o noso sistema cultural, no que, ao meu modo de ver, supón un dos acontecementos deste ano nese sistema dada a calidade do que todos eles poñen nas nosas mans.
Esta colectivización do traballo é tamén unha reflexión para todos nós sobre cómo poder artellar un sólido medio cultural que permita seguir facendo produtos que entre moitas mans aseguren a súa continuidade e o respecto ao traballo de toda a cadea de produción da cultura, co seu innegable valor económico. Esa esperanza, que se agocha baixo ese xeito de traballar, enfróntase co que nos atopamos no interior de ‘O lume’, un desasosegante relato sobre cara onde nos encamiñamos nun mundo como o noso, que cada vez máis nos empeñamos en esnaquizar.

Non son poucos os méritos desta novela gráfica que van dende a potencia visual das súas imaxes, algo que xan vén de serie dadas as cualidades do seu autor, ata unha narración na que se explora un xeito de contar moi interesante e suxerente para o lector que se atopa tecendo unha complicidade co que se lle conta, por esa capacidade de David Rubín de confiar en quen se enfronta ao seu traballo e ao que fai parte do relato. Un tercer elemento a suliñar sería o contido do propio cómic, e cómo esa historia, baseada nun planeta terra a piques de desaparecer polo inminente impacto dun meteorito e do que só unha mínima parte do seus habitantes terán unha posibilidade de salvación grazas ao proxecto dun arquitecto de prestixio e o seu deseño para ubicar unha colonia humana na lúa, permite amosar e propor a reflexión sobre o mundo que esta sociedade consumista e fagocitadora está a destruír sen a máis mínima intención de mudar ese proceso.

Sobre estes tres vértices suxéitase un libro cheo de virtudes que xa te atrapa dende o visual, dende un poderoso comezo no que asistimos ao nacemento da vida, á situación do ser humano no contexto do universo o que nos leva xa nese inicio a pensar sobre a nosa existencia e o noso papel dentro dese contexto de millóns de anos e distancias siderais. O certo é que ‘O lume’, dentro desas virtudes agocha no seu interior todo un conxunto de cargas de profundidade sobre a nosa sociedade e o noso rol dentro desa evolución e ata onde levamos este ecosistema co que non somos demasiado cómplices. Así o libro abre unha profunda reflexión sobre o ecoloxismo, a arquitectura, o consumismo, as redes sociais, as marcas das empresas que cada vez máis enchoupan as nosas paisaxes urbanas e cómo estas sucumben cada vez dun xeito máis veloz ante a voracidade do capitalismo, e tamén sobre cómo os políticos non dubidan en enganar á poboación para manter o seu status.

Toda esa contorna é á que rodea ao protagonista de ‘O lume’, un arquitecto que, froito das súas decisións profesionais e persoais, asistirá a como, igual que ese mundo, vive un proceso de degradación íntimo, tanto pola enfermidade que sofre como polas súas relacións persoais. Ambos, o eu e o mundo global, consomen o seu tempo contrareloxo, nunha degradación que explica en que nos podemos converter cada un de nós e a nosa unión co planeta. Todos somos lume, e do control dese lume, desa chama interior, dependerá o noso futuro. De aí que ese arquitecto tente mudalo todo, atopar unha solución final, dende o seu desterro íntimo para vagar por ese mundo como un heroe grego tráxico á procura da súa propia salvación, senón no físico, polo menos na nosa memoria.
        A partir deste contexto David Rubín ofrécenos todo un espectáculo de imaxes no que o espazo exterior, os ambientes futuristas ou algunhas das nosas cidades convertidas en escenarios da desolación convértense en todo un agasallo para os sentidos que che deixan coa boca aberta. O mesmo co emprego da luz e da cor, que estoupan no interior destas páxinas para transmitir ese desacougo, esa intranquilidade que medra a medida que remata o noso tempo, a medida que nos damos conta de que de nós mesmos dependerá unha última e quizais xa desesperada solución ao que fomos quen de provocar.



Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 7/01/2023

venres, 30 de decembro de 2022

Caixa de Pandora

 

[Ramonismo 137]

'A culpa’ de María Solar, Premio Xerais, artella un relato arredor do pasado como activo dun inesperado presente



POUCO a pouco María Solar tece a súa traxectoria literaria subindo chanzos na súa progresión como escritora. Se na literatura infantil e xuvenil títulos como ‘Teño uns pes perfectos’ ou ‘Os nenos da variola’ xa a sitúan nun lugar de referencia nese complexo e nunca gabado de todo ámbito da escrita, as súas novelas ‘As horas roubadas’ e, a recente, ‘A culpa’, merecedora do último Premio Xerais de novela, veñen a confirmar ese traballo firme e comprometido arredor do que supón armar unha historia e presentarlla aos lectores de xeito atractivo.

E iso é o que nos atopamos con ‘A culpa’, unha novela que te engule xa dende as primeiras páxinas obrigando ao lector a continuar pasándoas ata desvear o nobelo no que María Solar che foi envolvendo dende as primeiras liñas. Unha herdanza sempre adoita ser unha caixa de Pandora, polo tanto un caixón de imprevisíbeis consecuencias cando o abres, aínda máis se esta chega de alguén que tan só coñeciches pouco tempo antes da súa morte.

A autora escribe, chegando ao remate do libro, que as relacións baseadas en intereses económicos son das máis férreas que nos podemos atopar e así é como esa relación baseada nunha herdanza millonaria arrinca tirando dese fío do pasado dunha muller cunha historia abraiante que pouco a pouco imos coñecendo. A vida dunha artista que fixo a súa gloria na Arxentina e que entre as luces do éxito, fóronse tamén amoreando unha serie de sombras que a perseguiron dende ben nova ata os seus derradeiros días.

Esa herdanza de cartos trouxo, entre os billetes, outro tipo de herdanzas, que Amanda, a súa inesperada receptora, xunto coa súa parella, Enric, asumirán xa como algo que vai a marcar a súas propias vidas ata o desenlance final. Chea de xiros, de cambios sobre o agardado, a aposta de María Solar por esta narración merece o aplauso por ser quen de moverse por diversos territorios, por distintos ámbitos espaciais e temporais, facendo máis complexa a súa escrita, e que cando se remata de xeito exitoso convérteo todo en algo no que felicitarnos, por esa renuncia a desenvolver historias máis sinxelas que non suporían ningún desafío para a autora á hora de seguir medrando como tal. María Solar non temeu esa loita co papel, coa inspiración, pero sobre todo co traballo, e deste xeito xorden uns personaxes que definen en boa parte a novela. A súa construción e posterior crecemento sitúa ante nós unha serie de nomes que definen a lectura de ‘A culpa’ e converten as súas vidas e toda unha experiencia arredor da cal arrumuíñanse as preguntas, as que se van facendo as protagonistas dun tempo pasado, a artista Mirtha Val e a súa compañeira de tantas cousas como pasaron xuntas, Marcela; pero tamén, os protagonistas do presente, Amanda e Eric.

E se as preguntas cando miramos cara nós mesmos adoitan ser complexas máis aínda o poden ser as respostas, porque nelas atopamos o que moitas veces non queremos ver e recoñecer. De aí que asomarse ao Diario de Mirha Val que nos conta o vivido por ela, supón achegarse a unha realidade complexa dende o seu inicio pero que a vida foise encargando de endereitar ata que comezan a asexar os segredos e as culpas que adoitan meterse uns dentro doutros na configuración do que é unha personalidade. Como matrioskas María Solar abre esas bonecas para atopar no seu interior unha faciana ben distinta da que locen cara todo o que ás rodea, sendo a descuberta dese interior no que Amanda envorcará toda a súa atención para darlle sentido a esa herdanza que asume con todas as súas consecuencias, isto é, co bo, mais tamén co malo.

Xunto ós personaxes o outro gran achádego do libro e cómo se presenta ante nós a historia. De que xeito se propón unha estrutura que, dividida en tres partes, primeiro fainos coñecedores desa ‘Herdanza’, ao tempo que sabemos da súa receptora e da súa vida cotiá, para despois trasladarnos ao pasado a través do diario de Mirtha Val e o latexo da ‘Culpa’, para, finalmente, propoñer unha serie de capítulos baixo o título da ‘Pel’. Culpa e pel, o interior e o exterior, o que nos agonía ao longo dos anos e a fachada que amosamos cara o exterior. As dúas caras do que somos e de cuxo enfrontamento xorden as respostas a aquelas preguntas das que falabamos con anterioridade.

O XXXIX Premio Xerais de Novela acolle con bo tino a súa concesión á obra de Maria Solar, como o respaldo preciso fronte as dúbidas que sempre levedan dentro de todo autor ou autora para adentrase en certos camiños cheos de riscos.



Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 17/12/2022

xoves, 29 de decembro de 2022

Parénteses da dor

 

[Ramonismo 136]

Os relatos que propón Antón Riveiro Coello son un afouto berro de rebeldía contra a guerra e as súas miserias



UNHA das peores facianas do ser humano é a que xorde das guerras e da súa capacidade para situar ao ser humano nun espazo límite no que o seu comportamentos pouco ou nada teñen que ver co cotiá e que, sen embargo, permite entender o que realmente somos. Animaliños ameazados, acubillados baixo o medo e o desacougo; bestas violentas sen a mínima sensibilidade polo que somos e capaces de estremecernos co exercicio da violencia, en función do bando do que formemos parte ou ao que as circunstancias nos levaron a pertencer.

E é, precisamente nesa dualidade, na que nos sitúa Antón Riveiro Coello en ‘Días de intemperie’ (Galaxia) a través dun monllo de relatos que se afunden nesa ferida que sempre é o ser humano cando adoita adentrarse nos escenarios bélicos. Pouco importa a razón que motivou a barbarie, o seu escenario xeográfico, ou o ámbito temporal no que se produce, o certo é que a guerra é sempre un espello do arreguizo no que reflectir ao ser humano para, a un mesmo tempo, colocar ao lector ante ese pano de fondo que nos podería envolver a nós mesmos de ter nacido baixo esas situacións. ‘Días de intemperie’ é unha paréntese da dor que só permite a literatura, facendo da escrita un salvoconducto fronte ao terror e mesmo fronte a esas rutinas da guerra que xeran este tipo de conflitos cando se enquistan e cando ese medo asolagador quítanos o osíxeno cada pouco, facendo del outra desas rutinas nas que ata somos quen de aprender a vivir.

Antón Riveiro Coello prende en nós, dende a súa escrita sempre coidada e dunha calidade como poucas na nosa literatura, esa candea que ilumina alí onde se impón a escuridade. Mariupol, Alepo, a raia ourensá na Guerra Civil, Vietnam... pouco importa o contexto, máis alá de certos matices, para comprender cómo esa maquinaria do horror funciona dun xeito semellante máis alá do seu tempo, orixe ou localización. Unha globalización do medo na que cabe toda a dor do mundo. Cada unha das historias que aquí se nos contan compoñen un conxunto de pezas que forman parte desa intemperie á que a guerra nos somete. E o certo é que poucas veces non se despexa esa intemperie, xa que a chea de intereses do presuntuosamente chamado ser humano non deixa de convocarnos a esas xornadas de espiños. Estámolo vendo ben de preto estes meses coa invasión rusa de Ucraína e cómo ese conflito pasou da sorpresa e a indignación a un estado de letarxia á que xa estamos acostumados, mentres a dor, a destrución, o frío ou a fame compoñen todo un escenario que se repite como en tantos outros conflitos ao longo da historia. Antón Riveiro Coello preséntanos unha colección de personaxes inesquecibles que, dende as súas íntimas percepcións da vida, deben someterse a esas novas circunstancias nas que se ven envoltos, facendo dos seus actos movementos que nin eles mesmos imaxinarían que serían quen de facer. Os coidados aos maiores, a homosexualidade, a cultura, o medo, a cultura, a vinganza... ensaríllanse co sangue e o po da barbarie humana. Algúns deses relatos, como ‘Un vestido para Vera Gurtélov’, arredor de tres desertores; ‘A bolboreta de prata’, sobre o medo e a covardía; ou ‘Acuario’ sobre unha libraría na cidade Siria de Alepo e o papel da cultura neses momentos, cualificaríaos de auténticos cumes do relato breve, nos que nun espazo reducido artéllase todo ese itinerario da fraxilidade humana, logrando conmovernos por cómo se presentan esas derivas persoais, como se acada unha atmosfera engaiolante e por cómo o resultado final queda pendurado de maneira máxica no aire, acompañándonos aínda horas despois do remate da lectura.

‘Días de itemperie’ convócanos, daquela, a facer da literatura un refuxio no que tentar termar da nosa inquedanza ante o que sempre supón unha guerra, máis aínda nestes días nos que unha chama as nosas portas. Antón Riveiro Coello, sempre tan pendente da nosa relación cos demais, afronta aquí esa tensión dende uns textos cheos de dureza, mais necesarios para tentar comprender, aínda que sexa ben a gusto nos nosos fogares, todo o que pode supoñer unha guerra. O arreguizo que xorde entre as súas liñas é o mellor alento para saber que cada un deses relatos é un contedor perfecto dos nosos horrores como especie e dos ben chamados días de intemperie.



Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 10/12/2022

mércores, 28 de decembro de 2022

La piel de la belleza


[Ramonismo 135]

'Puerta de embarque' es un firme posicionamiento poético en el mapa de la existencia, donde medir el tiempo y el yo



EMOCIONA y hasta sobrecoge en ciertos momentos detenerse a pensar entre los poemas que configuran ‘Puerta de embarque’, vinculados a la edad de su autora. Raquel Vázquez nació en Lugo en 1990 y durante los últimos años ha puesto en nuestras manos una serie de poemas que más que especular sobre un futuro alumbran un presente anclado en la mejor poesía. Hablo de aquella en la que las palabras pesan y cuya densidad y medida aunadas son capaces de propiciar un rosario de imágenes que vinculan al lector de manera directa con lo escrito.

Editado por Renacimiento, ‘Puerta de embarque’ retoma el testigo del muy aplaudido ‘Aunque los mapas’ (Visor, 2020) que recibió dos galardones tan importantes en el territorio poético como el Premio Loewe a la Creación Joven y el Premio Ojo Crítico de RNE de Poesía. Dos hitos que refrendaban una manera de ver el mundo, y, sobre todo, acogían a una persona capaz de aunar sensibilidad y una propuesta sustentada en la capacidad de la palabra por provocar toda una torrentera de imágenes que permiten al lector adentrarse en nuevas dimensiones. En aquel libro anterior ese itinerario nos llevaba de una manera más intensa por geografías exteriores, por esos mapas que la vida pone ante nosotros para recorrer en un proceso de descubrimiento y de contacto con el exterior, balizando toda una cartografía de las experiencias que la vida genera.

En esta ocasión Raquel Vázquez apuesta por lo íntimo de ese viaje, por situar un espejo frente a nosotros y escrutar lo que allí se refleja. Sin duda ese viaje también puede ser muy revelador de nosotros mismos, complejo y duro, pero ahí es donde la escritura se convierte en el más firme salvoconducto para atravesar esas fronteras de lo personal que tantas veces es difícil superar. «Escribo, pero nunca/parece suficiente/para alcanzar la piel de la belleza». En estas líneas la autora nos presenta su otra determinación a la hora de definir su poesía, la belleza, o mejor dicho, la búsqueda de una belleza que desde lo literario impacte en el lector. Tenemos, por lo tanto, la intimidad y la belleza, nos falta por traer a este relato el otro factor que determina esta ‘Puerta de embarque’, y este no es otro más que el tiempo. Pero sobre todo un tiempo que lo condiciona todo, que define como pocas realidades lo que nos sucede y que marca esas fronteras antes citadas con su paso adentrándonos en diferentes momentos de lo que supone nuestro tránsito. Tiempo y momentos que se suceden en cada poema como la confirmación de un instante, de una inspiración que se revela desde la poesía como los diversos engranajes de la acción que somos. «Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo», una frase tomada del Eclesiastés que, como otras utilizadas por Raquel Vázquez, como acceso a diferentes partes del poemario, igual que otras tomadas de otros poetas o cantantes, no hacen más que señalar esa inmediatez de lo que somos. Una suma de momentos que gracias a ese dominio de la palabra para concebir imágenes se muestran ante nosotros como una irrupción tan inesperada como sorprendente en cuanto a sus posibilidades.
    Será entonces, con ese instante ante nuestros ojos, cuando se produzcan las emociones. Cuando la vida se despliega desde las grietas, la gravedad, el dolor o la muerte, como peajes para atravesar esos diferentes estados del alma que se vislumbran en nuestro cuerpo. Momentos de debilidad, la evidencia de nuestra fragilidad que encuentra sosiego en bastiones de la cultura, en la mitología, en los referentes del universo artístico, en el que no pocas veces se sujeta la poeta lucense para intentar resistir, al tiempo que alumbrar el momento siguiente.
«Van los trenes vacíos», repite varias veces en uno de los poemas finales, como esos momentos en los que el futuro llega ligero, imprevisible en sus consecuencias, debido a esa vacuidad nuestra sin posibilidad alguna de dominarlo. Raquel Vázquez se ofrece a la belleza para desde ella domesticar esa fiereza de lo inesperado pero, ante todo, para calmar nuestros propios demonios interiores ante ese espejo que es cada poema.

'Puerta de embarque’ vuelve a ser otro paso seguro de quien ha alcanzado un magisterio poético de primer nivel y ahora nos lo demuestra con estos momentos fraguados desde el paso del tiempo, esto es, desde nosotros.


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra (3/12/2022)