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xoves, 30 de xuño de 2011

La cima más alta




Es la cita deportiva del verano, incluso de un año sin Mundial de Fútbol y sin Juegos Olímpicos. El Tour de Francia se erige edición tras edición como el deporte en su grado más extremo, en una competición de colosos secundados por paisajes maravillosos y cumbres sembradas de historias a lo largo de tantos y tantos ascensos y descensos.
Tantos como los cien que se cumplen desde que los corredores subieron una de esas cumbres míticas, el Galibier. Un estremecimiento de piernas parece traer consigo el nombrar a la montaña que dejará decidida la carrera en esta edición tras dos pasos por ella, siendo en uno de ellos final de etapa. Allí arriba, a 2.645 metros de altitud, récord absoluto de la historia del Tour y superando al Granon (2.413 metros) que se subió en 1986, rodeados de nieve en pleno julio, de nubes que flanquearán a los héroes es donde se dilucidará el duelo. Uno más. Porque el Tour se escribe a través de sus duelos: Lemond-Fignon, Anquetil-Mercx, Indurain-Chiappucci, Armstrong-Contador... Y cito el de Indurain y Chiappucci porque de esa primera lucha entre ambos en el Tour de 1991, por lo tanto veinte años hace de esa fecha, nació el primer triunfo del pamplonica, el primer triunfo en el Tour de Francia algo que se convertiría en costumbre en los noventa. Pues de esos duelos es de los que vive la carrera francesa, y en ese Galibier será donde Contador (29 años) y Andy Schleck (26 años) definan el suyo, como en los dos últimos años. En el primero de ellos fueron 4:11 minutos los que a favor del español le hicieron llegar con la casaca amarilla a los Campos Elíseos, en el segundo la diferencia se redujo a tan solo 39 segundos, es por ello que este Tour será muy especial. Habrá que ver si esa distancia se sigue reduciendo, si el esfuerzo en el Giro de Italia por parte de Contador le pasa factura o si la preparación a conciencia, sin apenas competir, del luxemburgués, sirve para aproximarse al que sin duda es el mejor ciclista en la actualidad y al que el propio Ivan Basso definió hace unos días como el más fuerte de todo el pelotón y que si está al nivel exhibido en el Giro será muy difícil vencerle.
Con este panorama arrancará el próximo sábado el Tour de Francia, bajo el signo de ese duelo, pero también con todo lo que suele arrastrar esta carrera: etapas en línea llenas de peligros inesperados, altas temperaturas, ritmos frenéticos desde el primero al último día; las dos grandes cordilleras del ciclismo, en esta edición subiendo primero los Pirineos y después los Alpes, y junto al ya citado Galibier la siempre hermosa y épica subida a Alpe-d’Huez, y las sorpresas, porque, ¿qué es un Tour sin sorpresas?, sin algún corredor que inesperadamente acose a los favoritos; o algún equipo que ponga patas arriba la carrera, atención este año al Euskaltel; o con algún ‘gallo’ que se quede fuera de juego a las primeras de cambio... así se ha escrito la historia de esta carrera que tal y como la entendemos hoy llega a su 98º edición.
Pocos eventos pueden sumar tantas batallas en su currículum, pero el Tour lo ha conseguido, con pocas variaciones desde su origen, permaneciendo fiel a aquellos pioneros que subían con las gomas a la espalda en un enfrentamiento a pecho descubierto con la altura y unas superficies inimaginables en estos tiempos. De aquellos polvos vienen estos lodos y desde el día 2 asistiremos a un capítulo más del deporte más hermoso y duro que hay, porque el ciclismo es eso, deporte, puro deporte.

xoves, 5 de maio de 2011

Un enemigo menos

La muerte de Bin Laden es quizás la única buena noticia de esta semana para el Real Madrid. Un enemigo menos que sumar a los árbitros sibilinos, al Villarato, al Platinato, a las pantomimas de los jugadores catalanes, a la prensa culé o al melifluo pero maquiavélico Guardiola. Sombras que como la del vampiro Nosferatu parecen acechar constantemente al inmaculado blanco, como si este estuviera a lo largo de su historia libre de males. Que Barcelona o Real Madrid se quejen de los árbitros es vergonzoso, cuando siempre han sido los mejor tratados, como suele suceder siempre con los más poderosos. Cada vez que el Real Madrid alza la voz con su letanía de lamentos se parece más y más a aquel Barcelona de Núñez que penaba sus fracasos deportivos y como club con el permanente lagrimeo frente al bien tratado madridismo, inmerso en otro entramado de favores similar al ahora denunciado.
Querer reducir todo lo sucedido durante estos cuatro enfrentamientos a una estratagema arbitral, a un concordato de intereses en favor del Barcelona, sólo sirve para distraer la mirada sobre la diferencia de juego, al fin y al cabo lo único importante cuando se habla de fútbol. El Real Madrid y su enfervorizada militancia -defensora incluso de planteamientos que hace sólo unos meses eran intolerables para ellos mismos y sus cenáculos de comentaristas- se ha dejado embaucar por esa dialéctica Mourinhista de crear un lodazal en torno al fútbol, dejando el juego en el trastero, como quien deja un hermoso recuerdo de tiempos mejores. El todo vale del portugués ha hecho que el aficionado madridista se haya convertido en un abertzale de su ideología, de su forma de entender este circo lleno de aviesas miradas, envidias, odios, gestos e insultos, que hasta han convencido al angelical Iker Casillas, inimaginable en el papel protagonizado tras el encuentro del martes, acusando directamente al árbitro de haberles impedido acceder a la final de la Copa de Europa. Este arrebato de ira, visualiza como pocas situaciones las consecuencias de la siembra mourinhista. Atraído al lado oscuro de la fuerza, Iker Casillas, como el joven Anakin Skywalker, tendrá que sentarse durante estas próximas semanas, que para el Real Madrid deberían ser de profundas reflexiones, a escuchar a su interior para discernir que camino seguir, y quizás ser capaz de oír la voz del venerable Yoda cuando advirtió al caballero Jedi  de que «El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti». Y así parece que se han escrito estos enfrentamientos entre dos rivales futbolísticos que durante estas semanas han incrementado de manera exponencial su antagonismo, aunque lamentablemente no siempre desde el terreno de juego. Ahora quedan semanas en las que, con la Liga decidida, los medios deberían reflexionar, y mucho, sobre su papel en estas jornadas, así sorprenden las páginas de ayer de Marca, donde una portada explosiva contrasta con el sentido y ejercicio de profesionalidad que Santiago Segurola realiza en su comentario del partido, donde la polémica ocupa un lugar anecdótico. De nuevo los dos caminos ante lo que fue una noche que clausuró un intenso duelo donde se abrieron profundas heridas entre compañeros, entre amigos, que deberán debatirse en los próximos días entre la luz y la oscuridad con ‘La roja’ al fondo.


Publicado en Diario de Pontevedra 5/05/2011

xoves, 28 de abril de 2011

Pep & Mou



Y lo que tenía que pasar pasó. Mourinho se sorprendió porque Guardiola arremetiese contra él, contra don José, ‘el puto amo’, el rey del mundo, ante una mesnada de micrófonos y periodistas de la ‘central lechera’, cual Leonardo diCaprio en la proa del Titanic. Así es el universo merengue y sus corífeos mediáticos, pétalos sobre el suelo para el paso del Florentinismo y caudillaje ante las glorias culés. Si el campo no se puede poner cuesta arriba, pues tiramos del manual de cualquier guerra, ¿cómo lograr resistir ante un ejército superior?, pues a las trincheras, pequeñas escaramuzas que van enfangando el territorio: desigualdades arbitrales, una libreta con los errores de un colegiado exhibida ante la prensa, miserias en torno al dopaje, gladiadores sobre el campo que convierten el balón en una anécdota, compañeros de selección levantando por el cuello a un amigo y aún en la victoria, más leña al mono que es de goma y seguimos atizando desde los micrófonos. Y el guiñol de la cachiporra, feliz, ganador de su Champions mediática, la que mejor maneja, la que le permiten construir desde las altas instancias blancas agobiadas por la necesidad de tocar metal aunque luego lo arrojen bajo las ruedas de un autobús junto a décadas de señorío y compromiso, mientras, en el maletero, cual  Asuranceturix el bardo, escondido y bien atado, el rapsoda Valdano, único esteta asociado con el fútbol y ahora condenado al destierro psicológico, pena su enfrentamiento con el ‘puto amo’. Rey de reyes, intocable por el propio cuerpo de entrenadores, sólo un héroe astur osó plantar cara, como Don Pelayo, al bravucón luso, el resto, calla, y observa como los desprecios se van convirtiendo en muescas en las cachas de un revólver al que el Real Madrid ha vendido su alma. Ganará, sí, o a lo mejor no, ¿pero merecerá la pena pagar ese precio?
Surgen estas líneas cuando faltan un par de horas para que los focos de medio mundo, perdón, del mundo entero, busquen el encuentro sobre el campo de Pep & Mou, una marca que se convertirá en parte del clásico. Hace 24 horas Guardiola se aflojó el nudo de la corbata y regurgitó lo que le pedía el barcelonismo y sobre todo sus jugadores, único compromiso del entrenador culé, cogiendo la cachiporra del guiñol y provocando un chichón en la frente del que fuera su compañero en los tiempos catalanes del traductor (cántico que coreará todo el Camp Nou en el partido de vuelta, encendido desde la tarde de ayer). Pep mintió, y mintió al decir que buscaba aprender dentro del terreno de juego cuando se medía a Mourinho, éste pasará a la historia por ganar títulos, por sus broncas, sus erupciones prepartido, pero por aportar algo a la historia del fútbol creo que no. ¿Qué diferencia a Mourinho de Javier Clemente a nivel futbolístico? Simplemente tener miles de millones para construir una plantilla de escándalo como todas las que se ha ido encontrando por esos países en los que no ha hecho más que ganar, una herencia de latón pero de escaso corazón, y más pobre aún será su influencia en el imaginario de la historia del fútbol. Lo que sí es cierto, y plausible además, es su capacidad para motivar a todo aquel que pase a su lado, incluso conseguir lo que parecía imposible, motivar a Pep Guardiola, para que bajase al fango, a esa trinchera que se olvida del fútbol para coger la cachiporra, y ya que se divierte uno, por lo menos que nos divirtamos todos, porque esto, al fin y al cabo, no deja de ser un juego.


Publicado en Diario de Pontevedra 28/04/2011

xoves, 31 de marzo de 2011

Y por supuesto…Liga

Alguien dudaba de que este fin de semana la Liga de fútbol cerrase sus puertas? Evidentemente nadie. En este país el paro puede batir su propio registro mes tras mes, podemos enviar aviones a combatir a otros países, podemos asistir a la destrucción de parte de un país por medio de un terremoto y todo ello impasibles, sin una mueca en el rostro, y es que un fin de semana sin Liga, eso ya sería demasiado. El cortocircuito final para una sociedad a la que el fútbol sirve de terapia semanal. Hoy son muchos los españoles que soplarán tras quitarse un peso de encima, y asegurarse así esas horitas que muchos tienen de libertad condicional de sus matrimonios para bajarse al bar a ver a su equipo favorito, o sin que sea favorito. Podrán también revolcarse durante los días previos y los posteriores en el lodazal de la prensa deportiva, entre agresivos titulares que mantiene en estado de agitación permanente al ciudadano de a pie con las orejas levantadas ante el mínimo agravio al club de sus amores.
Y todo ello por la pasta, porque los privilegiados equipos de fútbol quieren seguir sumando millones y millones para gastar impunemente, sin ningún control. Quieren vender el único partido que se puede ver en abierto, el partido de los pobres, podríamos llamarle, pero el colmo es que todos los clubes que quieren que se suprima ese partido -excepto lo que se conoce como el grupo de los seis, Villarreal, Athletic, Espanyol, Sevilla, Real Sociedad y Zaragoza- nos han dado una especie de ultimátum a todos, al comprometerse a pagar la deuda que mantienen con Hacienda (¡ojo!, 627 millones de euros) en el caso de que se pueda vender ese partido. Si ya había motivos para mandar a muchos a la cárcel, después de esto ya me dirán. Dedíquense ustedes a pagar lo que nos deben, como el resto de los mortales, y luego monten el pollo que quieran (qué se lo digan al Teucro, con cuentas embargadas hace unos meses por unos cuantos miles de euros, frente a estos millonarios a lo que nadie les dice ni mu). Nunca entenderé el porque de esa permisibilidad con el entramado del fútbol, el más rico y poderoso, y al que más se permite endeudarse. Esa barbaridad de millones a buen seguro permitirían a España salir de la crisis, ¿demagogia?, no; auténticos delincuentes a los que nadie se atreve a meter mano no vaya a ser que se monte otra huelga de fin de semana y entonces eso sí que dejaría pequeño cualquier problema de esta sociedad (¡ah! pues sí que lo entiendo). Una huelga en el fútbol sería una tragedia nacional y eso sí que no lo aguantaría ningún Gobierno. Entonces la gente saldría a la calle, las ciudades se llenarían de barricadas y se vería a una sociedad activa y reivindicativa y no esta agónica población maleada por nuestros gobernantes, cada vez más interesados en sus destinos políticos que por el bien general, algo que se incrementa exponencialmente cuanto mayor sea el rango del dirigente. Gracias a la juez Purificación Pujol, sabremos si el Real Madrid aplasta al Sporting de Gijón en el Bernabéu o si el Barcelona se deja algún punto ante el Villarreal, pero también si el Celta de Vigo sigue haciéndose el harakiri, en definitiva, seguiremos respirando fútbol, el oxígeno de tantos y tantos. Con el fuego apagado provisionalmente, porque no duden que volverán a la carga, esta sociedad seguirá estando entretenida con su anestesia favorita, un narcótico contra los problemas que nos volverá a convocar durante un fin de semana, en el que pudo no haber fútbol pero en el que a cambio no habrá ninguna revolución.


Publicado en Diario de Pontevedra 31/03/2011

venres, 25 de marzo de 2011

Cicatrices




Quien bien te quiere te hará llorar. Máxima inapelable del amor traspasada esta semana al mundo del fútbol. Amor y fútbol tan parejos en deseos y frustraciones, en pasiones y desencuentros, en odios y rencores. Cicatrices que se depositan en el corazón sin posibilidad de sutura. Fernando Castro Santos se despidió hace dos días del banquillo granate de la misma forma que lo hizo en el día de su presentación, con el corazón en la mano, los huesos del Hai que roelo en la memoria y las canillas amoratadas de sus años de jugador. Expuso todo por sentarse en ese potro de tortura: tiempo, dinero, y lo que es más importante, amigos y pasiones por intentar salvar al equipo de su ciudad. Entidad en la que para él empieza y acaba el fútbol, eterno retorno al que se acaba volviendo por muy lejos que se esté.
Fernando Castro Santos llevaba tiempo sin entrenar, él mismo se preguntaría si su tiempo ya había pasado. Con el Pontevedra al borde del abismo se juntaban la necesidad de volver al escaparate público, de sentirse entrenador, de calzarse las botas, y entre orden y orden, pegar un buen balonazo al espacio vacío; con devolver a la institución aquello en lo que uno se ha convertido. Otro dicho conocido: ‘De bien nacidos es ser agradecidos’, el de Lourido nunca sabrá si su vida sería mejor o peor, pero sí que sería muy distinta de no haber pasado por la universidad de Pasarón, por ese vínculo indeleble entre historia, ciudad y afición que se pega a los huesos y del que es imposible desprenderse. Otros muchos ya han sufrido ese mal, Martín Esperanza, Milucho, Rafa Sáez... técnicos de corazón más que de pizarra que buscaron profetizar en su tierra sabedores de que aquí no profetiza ni Dios. Aventuras suicidas para caer en el cainismo de un público ávido de carne fresca y que se relame más si esta carne procede de los valles próximos. Fernando Castro Santos ha fracasado en su vuelta al Pontevedra c.f., él mismo lo admitirá, sabe que venía a protagonizar una gesta, pero la gesta se lo comió. Podría haber acabado la temporada con el descenso bajo el brazo y nadie le reprocharía nada, pero él mejor que nadie sabe de la degradación de los equipos, del virus de la duda que se inocula entre los miembros del vestuario, de la pérdida de confianza ante el guía de la manada que debe ser ajusticiado para que otro más fuerte la conduzca hacia las verdes praderas. Él ha sido el primero en apartarse, quizás ha sido su mejor movimiento táctico desde su llegada a Pasarón, por el camino ha dejado parte de su vieja camiseta pegada al cuerpo. Este Pontevedra poco tiene que ver con el que el conocía, con el que tenía idealizado en la patria de su memoria. ‘Al lugar que has sido feliz nunca debieras tratar de volver’. Ahora es el tiempo de las Sociedades Anónimas, de los especuladores del fútbol, de las nóminas que se imponen a los sentimientos y todo eso perjudica al elemento clave del fútbol, al único lilimento que cura los golpes. El del orgullo por sentirse parte de una historia, de una leyenda acodada en la desembocadura del Lérez. Hasta aquí no pararon de desplazarse buscavidas, cazarrecompensas, jugadores de fortuna y un sinfín de personajes que medraron ordeñando las vacas gordas. Solitarias y enflaquecidas es cuando regresa el Buen Pastor a cuidar a su rebaño, Fernando Castro Santos enseguida olió a podrido en cuanto empezó a abrir las ventanas de un club muy diferente a aquel que fue su amor de juventud y que ahora le ha dejado el corazón lleno de cicatrices.

Publicado en Diario de Pontevedra 24/03/2011

xoves, 24 de febreiro de 2011

Compostela




Al que esto suscribe su DNI le recuerda diariamente el haber nacido en Santiago de Compostela. Un orgullo, sin duda, que junto a la emigración a esta ciudad nuestra de Pontevedra con apenas siete años, se incrementa notablemente al poder presumir de las dos ciudades más hermosas que hay en nuestra comunidad. Es por ello que todo lo que roza la piel de ambas ciudades parece que te afecta de una manera especial, y así es como esta semana (y ya llego al ámbito deportivo), con el anuncio de la retirada de Ronaldo, Compostela, ha vuelto a resucitar su gesta deportiva de mayor éxito, esa que vivió un sueño de la mano de un equipo de fútbol por el que incluso se llegó a levantar un campo de fútbol (que fácil sería hacer un paralelismo, ¿verdad?) y que ahora alcanza la condición de monumento a uno de los goles más hermosos de la historia del fútbol. Muchas veces he pensado que aquel milagro que obró nuestro querido, y ahora sufridor, Fernando Castro Santos, sólo tenía un fin y era que Ronaldo lograse marcar aquel gol. Un gol para el que incluso ‘El País’ necesitó el pasado lunes dos páginas para describir su ejecución, un gol que protagonizó un anuncio televisivo, un gol que dio una de las mayores alegrías al gran Bobby Robson, cuya imagen con las manos sujetándose la cabeza no puedo olvidar y un gol que define toda la existencia del Compostela. Al resumirse de manera cruel su historia en un partido frente al Barcelona, tras años de ascensos y engullido finalmente por esa manada encerrada en el cuerpo del 9, para despertar de ese sueño con un brutal mazazo y a partir de ahí ya nada volver a ser igual. Cada vez que paso ante San Lázaro, recuerdo críticas a su construcción, y cómo un equipo llamado a ser pasajero exigía tal despliegue económico, y que ahora, con el equipo en Regional Preferente justificando dicha idea, y bajo el nombre de Campus Stellae juegue allí sus partidos junto al otro equipo representativo de la ciudad, en esa misma categoría regional. Quizás desde esta semana es desde la que ese estadio está ya plenamente justificado en tanto en cuanto es uno de los mejores monumentos de la historia del fútbol a ese gol que puedes ver una y otra vez y te sigue poniendo la piel de gallina, sigues comprobando que es uno de los momentos más sublimes del fútbol y que tuvo lugar en Compostela. Nunca un campo y un equipo tuvieron un final más épico. Una lenta agonía tras el paso huracanado de un ser que hacía de la potencia un arma arrojadiza y que al llegar al área, a ese momento de definir, donde tantos se marean, se convertía en una inesperada sutileza. Así era Ronaldo, seguramente el mejor delantero que he visto junto a Romario, Gary Lineker y Van Basten, leyendas que surgen de la memoria y cuyo último exponente comunicó entre lágrimas su adiós. Ahora, con las modernas torres Hedjuk y las barrocas torres de la Catedral, las torres de iluminación del Estadio de San Lázaro parecen estar continuamente alumbrando a ese terreno de juego que una noche pisó el ‘fenómeno’ para galopar con un balón entre las piernas que hubiese llevado, no lo duden, hasta el mismísimo sepulcro del Ápostol, pero antes se encontró con una portería, él, que había nacido para marcar, sabía que ese maravilloso gol le iba a acompañar durante toda la vida, así como el nombre de un equipo llamado Compostela que había nacido y existido para alcanzar ese momento por el que siempre será recordado: el gol encajado más hermoso del mundo.

Publicado en Diario de Pontevedra 24-02-2011

xoves, 17 de febreiro de 2011

El monumento



Leo en el Diario del domingo la excelente crónica de Cristina Prieto sobre el partido del Teucro y reparo en un destacado que se hace eco de las manifestaciones del entrenador azul, Modesto Augusto, en las que alaba a todo el equipo por la remontada realizada, pero en especial a dos de sus jugadores, Rafa Dasilva y Dani Benaches, hasta el punto de reclamar para ellos la creación de un monumento. Y me parece bien. En no pocos comentarios durante los últimos años he proclamado las aptitudes y actitudes de ambos jugadores, independientemente de estar en el vergel de ASOBAL o en el territorio indómito de la División de Honor Plata (vaya bobada esto de la plata) o en demasiadas ocasiones la desaprobación de la hinchada. Ambos han traspasado ya lo que es un mero jugador, se han convertido en referentes de un club, en parte de su historia y con su trabajo y juego han demostrado el compromiso con una entidad y su camiseta, anteponiendo el club y el equipo, en no pocas ocasiones, a las críticas situaciones económicas y que ellos han sufrido y sufren. De no todos se puede decir lo mismo. En cuanto a calidad no creo que existan en esta categoría dos jugadores con sus capacidades, la fuerza goleadora del lateral y la capacidad de abrir defensas para el resto de compañeros, casa a la perfección con las habilidades del pivote en la línea. Pocos jugadores existen que sepan buscar espacios y sujetar balones como lo hace Dani Benaches. Ambos forman una pareja temible para sus rivales y un cómodo colchón para sus compañeros que saben que cuando el equipo se atasca pueden contar con ellos en la búsqueda de una solución. Modesto Augusto los conoce bien, son ya muchos años bajo sus órdenes y también padeciéndolos como rivales, sabe de sus bondades deportivas, pero sobre todo de su papel en un vestuario. El carácter de ambos les hace convertirse en líderes y en los mejores representantes de sus compañeros basándose en su bonhomía y el respeto de sus colegas ganado a base de muchos sudores. Sabe Modesto, que si algo hace como los ángeles es llevar un vestuario por el carril necesario, que llegan semanas decisivas. Tres partidos ante Universidad de León, Huesca y Academia Octavio, que pueden colocar al Teucro en la primera plaza de la categoría, o cuando menos posicionarse de manera privilegiada para organizar la fase de ascenso con el segundo puesto. Modesto incentiva así a sus dos bastiones, a los dos jugadores que cualquier equipo de esta categoría desearía tener en sus filas, ellos jugarán un papel decisivo en las horas próximas, no sólo sobre la pista, sino con la motivación necesaria para sus compañeros, muchos de ellos jóvenes que necesitan de su aplomo para completar sus virtudes. Son la clase de jugadores que deciden la marcha de un partido, como se comprobó con Rafa Dasilva ante el Adelma o con Dani Benaches en numerosas ocasiones de minutos oscuros y partidos equilibrados, que es ahí cuando aparece la plusvalía del jugador. Su valor añadido como emblema de una entidad. Ahora que está de moda la consulta popular para decidir símbolos de nuestra Pontevedra, la directiva del Teucro debería empezar a presentar propuestas sobre ese monumento, aunque para ellos, su mejor monumento será el aplauso constante de su afición, la afición del Teucro.


Publicado en Diario de Pontevedra 17/02/2011
Fotografía Gonzalo García

xoves, 27 de xaneiro de 2011

Hora de medallas



Llega la hora del reparto  de medallas en el Mundial de balonmano de Suecia y en el cuarteto final, en el deseado salón noble, se encuentra la selección española. Llegaron sin hacer ruido, que es como se suele llegar a estos sitios cuando se quiere ganar algo de verdad. Boca cerrada, cabeza gacha y entrenando, gastando la zapatilla, machacando a los porteros o ensayando la defensa una y otra vez, base inexpugnable sobre la que forjar un equipo de balonmano. Valero Rivera confiaba en sí mismo y en su curriculum, eso es algo que se le nota de lejos, pero sobre todo confiaba en su defensa 5:1, sistema que cuando se hace bien, algo nada fácil de conseguir, se convierte en una defensa irritante para el atacante que se encuentra siempre con un jugador recortando permanentemente las líneas de pase, limitando su potencial ofensivo, pero sobre todo, desquiciando al rival. Ningún sistema lo logra tanto como ese y a la inversa, ningún otro sistema mal realizado te aboca al desastre de manera más veloz. Valero Rivera lo sabe desde hace años, aquel Barcelona inexpugnable hizo del 5:1 sustento de sus éxitos, y ahora, asentado con el paso de los años en la selección, el entrenador sabía que necesitaba tiempo para aposentar ese engranaje defensivo. El ataque ya vendría después, una buena defensa suele convertirse en el mejor inicio de un ataque (ahora mismo, tras leer esto, todos los entrenadores, que conozco y que no, están aplaudiendo con las orejas). Ese tiempo tras los últimos fiascos en las citas internacionales se debe en buena medida, a otro entrenador travestido de presidente de Federación, Juan de Dios Román, él, como pocos, sabe de la importancia de respetar los ciclos de trabajo, lo difícil del inicio, la travesía por el desierto del fracaso hasta llegar a un oasis. Una complicidad inestimable en la consecución del éxito. La selección española parece haber llegado a ese lugar, a ese vergel de donde cuelgan los metales. Estar en semifinales ya es importante, pero más lo es cómo se ha llegado. Tras crecer de manera continua como equipo, a base de defender, defender y defender, con lo cual la que era a priori mejor portería del campeonato, la pareja Sterbik-Hombrados, se permite dejar el a priori a un lado y se convierte en un sólido pilar desde donde ir generando la confianza que todos los jugadores necesitan. El viento ha soplado a favor durante todo el torneo y cada encuentro permitía a la selección avanzar un paso más; un buen inicio en el siempre complejo partido inaugural; remontar varios partidos, incremento de la confianza; empatar con Francia tras ir seis goles abajo, aplastar a Islandia... todo eso son estaciones de paso para creer en uno mismo. Y con el equipo crecido es cuando aparece el desarrollo personal, de la portería ya todo dicho, descomunal la progresión del pivote Aguinagalde; Ugalde, perfecto en el avanzado; Rocas, se acuerdan de Rocas, pues otra vez jugador de balonmano; Romero más centrado y humilde que nunca... y así podíamos ir uno por uno hasta los teóricamente suplentes que ante Hungría demostraron que están enchufados, todo un éxito.
Ahora sólo quedan dos encuentros, ambos tremendamente complicados, el de semifinales ante un equipazo, Dinamarca, el escrutador Pillo escribió ayer en estas páginas todo lo que había que decir de ellos, sólo se dejó llevar por su chándal de entrenador al mentar a la suerte, olvidándose de que cuando un equipo está como España los que necesitan la suerte son los demás.


Publicado en Diario de Pontevedra 27/01/2011

xoves, 13 de xaneiro de 2011

Tócala otra vez...Xavi



Y la seguirá tocando una y otra vez, en una especie de orquestación rítmica que hace crecer a sus compañeros tanto como decrecer a sus rivales. Messi no se entendería sin Xavi, Iniesta tampoco, por mucho que le duela a José Ramón de la Morena y hasta el Barcelona tendría muy difícil mantener ese listón de éxitos tan elevado sin la manija del seis azulgrana. Su puesto es la clave del Barcelona de los últimos veinte años, lo siento Xaime pero tengo que volver a Cruyff, él se inventó dentro de su sistema a este medio centro de toque y visión de juego y creó, como Tim Burton en su fábrica de chocolate, una cadena de montaje para seriar el molde que ya inmortalizara en la figura de Pep Guardiola. Por aproximación fueron poco a poco surgiendo nombres como los de Iván de la Peña, Andrés Iniesta o Thiago Alcántara, variaciones en sucesivas generaciones del modelo inicial y que se erigen como continuadores de esa saga-sustento del juego culé.  Y así es como la plantilla blaugrana se ha ido salpicando de estos ‘locos bajitos’ como les llamaría Serrat, y que en verdad no dejan de ‘joder con la pelota’ mareando a todo aquel que se les ponga por delante.
El balón de oro se lo ha llevado Messi, con los mismos merecimientos y virtudes que Xavi Hernández o Andrés Iniesta. Cada uno de ellos no se entendería sin los otros dos, y todos se han mostrado  de manera ejemplar, alabando tanto a vencedores como a vencidos, conocedores de que ninguno sería lo que es sin el concurso de sus compañeros, y por extensión de un bloque que ha hecho de sus valores argumentario en el triunfo. Con los fastos ya superados y la permanente matraca periodística en torno al galardón francés, Xavi volverá a tocarla una y otra, como el pianista de Casablanca en un revival que eterniza una forma de jugar al fútbol amparada en la estética del gusto y que además, para pasmo de muchos, permite la consecución de triunfos. Éxitos aliñados con la sensación de que a través de estos jugadores el Barcelona ha hecho de su cantera un auténtico edén futbolístico, una área experimental que ha deparado al Barcelona sus mejores logros deportivos, pero sobre todo una sensación de calma en el club impensable hace pocos años. Y ello porque al banquillo también ha llegado una persona amamantada en Can Barça, el que fue el arquetipo de este esquema de jugador nunca debió pensar en que su segunda parte le superaría. Es de nuevo la representación entre dos jugadores de sus dos Barcelonas, el capitaneado en el campo por Pep Guardiola con Cruyff en el banquillo que presentaba la versión 1.0 del Dream Team, donde sólo se pensaba en el ataque como mejor arma defensiva, a base de brutales porcentajes de control del balón, pero que no estaban a salvo de que un equipo les cosiese al contraataque-basta ver la final de Copa de Europa perdida ante el Milán-, y al que llegamos ahora, con Xavi y Pep Guardiola que podría definirse como el Dream Team 4.0, tras las versiones de Van Gaal y Frank Rijkaard, donde a ese argumentario ofensivo se le ha unido una efectiva capacitación defensiva pero donde sobre todo es el ritmo de Xavi el que decide todo lo que pasa en el campo, y también fuera de él, hasta el punto de que un extraordinario jugador argentino ha ganado el balón de oro gracias a esa melodía con la que sale a danzar en cada encuentro. Mientras ésta suene, el Barcelona seguirá ganando, aunque los balones dorados no sean para el director de orquesta.


Publicado en Diario de Pontevedra 13/01/2011

xoves, 16 de decembro de 2010

Situación límite



Decía en una ocasión el ex ministro de Asuntos Exteriores de Israel y una de las personas más inteligente que he oído, Shlomo Ben Ami, que el conflicto entre israelíes y palestinos no tendrían solución hasta que se llegase a un punto límite, algo así como que tuviese lugar una acción llena de barbarie que se llevase por delante miles de víctimas. Ese golpetazo en las mentes del resto del mundo, y en las de los propios participantes en el conflicto, permitirían que todos se pusiesen manos a la obra y planteasen un retorno a la paz. Y pensarán ustedes, lectores deportivos, en que jardín se está metiendo este hombre (si es que todavía siguen leyendo estas palabras), pues lograr algo tan sencillo como visualizar como muchas veces dejamos enquistar las cosas, que se vayan pudriendo mientras miramos hacia otro lugar. Esos lugares, en el mundo del deporte, aparecen llenos de esperanzas, de ilusiones, de  confiarse en aquello ‘de esta vez sí’, en los que siempre se olvida que esto no es una maquinaria perfecta, sino un juego en el que muchas veces todo depende de la caprichosa pelotita.
Pues todo esto viene a cuento para acercarnos a la situación actual del Pontevedra c.f. a un club que se ha visto rodar cuesta abajo en los últimos meses hasta una situación límite, tras salir a la luz pública temas como esa deuda de más de dos millones de euros,  la posibilidad de entrar en la ley concursal, de jugadores que denuncian al club, de empleados que dudan sobre su continuidad,  o el último capítulo del serial, esa convocatoria de huelga por parte de los jugadores.  Mientras en el plano deportivo, el gran bálsamo para estas situaciones, no hace más que echar sal en la herida. Así las cosas el crack parece inminente y es entonces cuando se encuentra bajo la alfombra de un despacho la solución a todos esos males, como tantas veces enmascarada bajo un eufemismo justificador de  sueldos, en esta ocasión hablamos de un ‘plan de viabilidad’, que debe ser el mismo del Celta B, líder de la categoría, en el que casi todo se fía a «relegar el objetivo del ascenso mientras el equipo debe mirar hacia la cantera», según explicaron dos de los directores que tiene el club (aún hay alguno más), Fran Crujeiras y Artur Tamazain. Y es que todos estos años de sueños con el salto de categoría, de jugadores con unos salarios desmesurados, de infinidad de excesos y de vivir muy por encima de la realidad, parece que ha servido para descubrir la verdad del fútbol, la que debe buscar el trabajo y la exigencia máxima a los futbolistas, la de intentar reunir a un grupo comprometido en el que confiar sin prisas durante un par de temporadas para rentabilizar la inversión de los años anteriores en al cantera. Pero no, eso no servía, el Pontevedra tenía que realizar stages, concentrarse en hoteles, tener un organigrama de Primera División, pagar las fichas más altas del grupo de la Segunda División B y todo ello, para que, para sentirnos con la vitola de favoritos, ser la élite de la Segunda División B. Pues para este viaje no hacían falta tantas alforjas y ahora se quieren llenar gracias al apoyo popular (ya sería el colmo que se fuera a pedir a nuestras instituciones, tan solidarias ellas durante estos años con una Sociedad Anónima, aunque todo se andará) a los empresarios, esos que están con el agua al cuello; a los aficionados, esos que resisten, cada vez menos, un espectáculo dantesco en el terreno de juego.
Hemos tenido que llegar a una situación límite para comprender lo que se tenía que haber hecho hace varios años. Son las duras enseñanzas que nos ofrece la vida.




Publicado en Diario de Pontevedra 16/12/2010
Fotografía Rafa Fariña

xoves, 9 de decembro de 2010

El ovillo azul



Cada vez más enredado por Tirios y Troyanos el ovillo azul del Teucro ya va siendo hora de que comience a desenredarse. Con el equipo líder de la categoría, los jugadores demuestran que son una vez más lo mejor que tiene el deporte, siempre en su sitio, apostando por el balonmano, su trabajo, y una camiseta que muchos se han empeñado en ir destruyendo con sus acciones cada vez ejecutadas más desde el empecinamiento y la obstinación que desde la búsqueda de la defensa de los intereses del club. Club es precisamente la palabra que más ha sido vapuleada durante los últimos meses dentro de un guerracivilismo impensable no hace muchos años en los que el Teucro se enorgullecía de la unión de todos sus estamentos, como destacó en estas mismas páginas en una entrevista retrospectiva una de las estrellas de la historia teucrista, Gaby Ben Modo.  Ahora que un grupo de socios han elevado la condición de padres a unos excesos que escapan a lo que debe ser una estructura de club, lo que les ha llevado en una huida hacia delante a presentar una candidatura que será oficializada el próximo viernes en el nuevo presidente, Carlos García Alén,  en sus manos estará el futuro del Teucro  y este futuro no depende de pagar o no unos chándales o de dos o tres equipos más en la base (desde siempre los jugadores de las categorías inferiores llegado cierto momento deben aprender a volar y ante la falta de alternativas partir hacia otras latitudes, nada nuevo bajo el sol), un club debe buscar el mayor equilibrio posible entre cantera y el equipo profesional, que en este balonmano de crisis que vivimos, cada vez lo será menos, pero cuya existencia es lo que da sentido al resto de la infraestructura del club. Ahora llega el turno de las decisiones que deberán ser tomadas por los nuevos gestores, esperemos que no se dejen llevar por los cantos de sirena de tantos conocedores de balonmano que hay en esta ciudad, de tantos sabios que se dedican a crear estados de opinión fundamentados no se sabe muy bien en qué pasado o en unos poderes que les han sido conferidos no sólo para opinar, que en eso andamos todos, con mayor o menor fortuna, sino para influir en las decisiones de los demás, algo de lo que tanto gustan. Ellos y sólo ellos, deberán ser quienes comiencen a desenmarañar este ovillo demasiado liado por muchas manos, cuando las manos de verdad, las que ciertamente importan, son las de los deportistas, esas que han aupado a este equipo a un liderato que muy pocos pensaban, pero que ponen en valor el potencial de unos jugadores, muchos de ellos veteranos, que respiraron los aromas de un pasado de vino y rosas y que ahora intentan salir indemnes del fuego cruzado. Su gran mérito es precisamente sobrevivir a estos últimos meses en un ambiente hostil, junto a un entrenador, Modesto Augusto, que ha vuelto a demostrar que hay pocos como él para llevar adelante a un equipo como el Teucro, un club enredado en sí mismo.



Publicado en Diario de Pontevedra 09/12/2010

xoves, 2 de decembro de 2010

No sólo gestos



Aquel balón llegó rodando caprichosamente hasta sus pies, procedía de la precipitada conducción del presente del fútbol o por lo menos de lo que muchos nos venden como el fútbol hoy: imagen, publicidad, efervescencia, físico, Cristiano Ronaldo. Se agachó y lo recogió casi con la misma suavidad con la que hace no muchos años lo desplazaba sobre el terreno de juego. Pep Guardiola tenía el balón en su manos, y entonces dudó, fueron sólo unos segundos, pero durante ese breve espacio de tiempo se encontró ante sí mismo, como Hamlet ante la calavera de Yorick, y entonces, traje, jersey de pico y zapatos de punta afilada se convirtieron en una camisola blaugrana con el 4 a la espalda. Guardiola se materializó en futbolista y optó por el vacile al eterno rival, un simple gesto, propio del jugador que por naturaleza no debe facilitarle al oponente su empresa. Fue un gesto en un partido lleno de ellos, aderezo de una exhibición futbolística, pero no nos engañemos, que no debería ir más allá: el retruécano de Guardiola, la mano abierta de Piqué, los alaridos de Valdés son pellizcos al lacerado madridismo tras su incapacidad para contener el juego, y ese mismo madridismo, ese tan dañino que surge de la prensa afín, es el que busca hacer de ellos motivo principal de lo sucedido en la noche catalana. Lejos de ponerse frente al espejo y asumir sus deficiencias, el entorno mediático blanco busca el seguir azuzando el fuego de la rivalidad para con ese humo tapar lo que lejos de ser una vergüenza es parte del largo proceso de aprendizaje que le resta a los muchachos de Mourinho.
A los pocos días de instalarse en Madrid, el técnico portugués comprendió que quedaba mucho por hacer para poner al Real Madrid a la altura de los más grandes. Su fulgurante inicio liguero, además de hablar bastante mal del nivel medio de nuestra liga, aceleró las esperanzas e ilusiones blancas que, tras vencer a diferentes equipos, se dispararon hasta la exageración, como ha quedado patente tras el derbi. En el primer enfrentamiento ante un equipo que debería entenderse como un rival directo, mesura de hechos y posibilidades éstos y éstas quedaron arrasados (penalti y fuera de juego incluidos) por un Barcelona desaforado, acrecentado por los desafíos madridistas, y más que por sus goles, por la imagen de superioridad de una manera de entender, pensar y vivir el fútbol sobre otra. Xavi e Iniesta pusieron las cosas en su sitio, decidieron que no debía existir más discusión, que el fútbol se puede jugar y se debe jugar siempre con el balón. La calavera de Guardiola despejaba todas las dudas, balón, balón y más balón. Mourinho echaba de menos a sus guerreros milanistas y sólo pudo agarrarse a Lass, el canto del cisne de un entrenador que vive fuera de los banquillos y que se pasó el segundo tiempo con el culo pegado al diván culé, olvidándose ya del partido y pensando en otros gestos: en asumir la derrota, en tapar la boca a sus jugadores para que no se desvíen de la línea oficial por él marcada. Este tipo de partidos se acolmatan de gestos, rivalidad y pasión son el caldo de cultivo para que medren como champiñones, el error viene a la hora del análisis y a la sustitución de lo esencial por lo superficial. Muchos se quedarán con la destrucción del mito Guardiola, otros con los cinco lobitos de Piqué, yo me quedaré con la sensación de haber visto el mejor fútbol que podemos ver.



Publicado en Diario de Pontevedra 01/12/2010

xoves, 25 de novembro de 2010

Cosas del derbi



Llega el derbi, esta vez descabalgado del paraíso deportivo del fin de semana, desplazado por una mezcla de política e intereses televisivos, elementos que cada vez más interfieren en el fútbol. Me gusta el derbi por excelencia de nuestro fútbol, Barcelona y Real Madrid enfrentados a cara de perro, pero casi más que el derbi me gusta el pre y el pospartido, lo que sucede antes cómo se establecen las estrategias, cómo se calientan los ánimos, los recaditos que se envían unos a otros, los artículos de los personajes más diversos, las porras de los amigos y lo que ocurre después, las valoraciones de lo sucedido, las caritas que les quedan a unos y otros, los efectos de los chispazos balompédicos en centros de trabajo y cafeterías. En definitiva, la salsa del derbi es casi más rica la que se cocina fuera  que la que se sustancia sobre el césped.
¿Y sobre ese césped que es lo que nos vamos a encontrar? pues seguramente mucho menos de lo que esperamos a día de hoy, y eso que todavía falta la recta final preparatoria del encuentro, entretenidos ambos contendientes en sus partidos europeos. El barcelonismo espera confiado en brazos de sus pequeñines, esos peloteros asentados en un esquema de juego definido y perfectamente desarrollado desde el cráneo de Guardiola. Es la calma, la confianza ante un trabajo de varios años con lo cual para los culés este partido podría jugarse tanto el lunes como dentro de tres semanas, sin urgencias. El Madridismo, en cambio, desea ese partido como la verdadera reválida de este año. Arrasar en la Liga está bien, ganarle al Milán no está nada mal y golear en el templo del heroe Ajax, cuna del cruyffismo, adorna lo realizado hasta el momento, pero en la Casa blanca se necesita una prueba de fuego para redimensionar a este fulgurante Madrid. Es por ello que las huestes merengues no quisieran esperar al próximo lunes, si por ellos fuera, recién llegado el Barcelona de tierras griegas y tras unos breves estiramientos ya se podría iniciar el encuentro.
Es la intensidad adolescente de quien comienza a descubrir la vida, a respirar tras años sustentados en los finos alambres del escepticismo y la desilusión. La llegada de Mourinho ha supuesto en este Madrid una ingesta acelerada del elixir de la juventud que ha revolucionado las hormonas de los jugadores blancos y desencadena en cada encuentro una atronadora tormenta. Al Real Madrid, a este Real Madrid, todavía le falta cierto aposentamiento, alcanzar la madurez de un juego más estructurado, pero mientras, lo que hace es dinamitar los encuentros con un ritmo frenético a partir de unos jugadores extraordinarios. Pero como todo joven todavía presenta numerosas fisuras, momentos inciertos de los que un buen rival, un rival potente, como el que se encontrará el Real Madrid en el Camp Nou puede sacar jugosos réditos.
En definitiva, dos modelos contrapuestos que presagian el mayor enfrentamiento de los últimos años, pero como sucede ante las grandes expectaciones muchas veces se quedan en nada, y es más que posible que veamos un partido extremadamente intenso, con muchos roces entre los jugadores, mourinhadas varias, tanganas y parones de juego, y a lo mejor, los goles se quedan para otro día. Por lo de pronto disfruten del prepartido, no sean demasiado desafiantes con sus compañeros rivales ya que todo derbi tiene tras de sí un postpartido y aunque esa semana será más corta, esas balas las carga el diablo. Que ustedes lo disfruten bien.

Publicado en Diario de Pontevedra (25/11/2010)

xoves, 11 de novembro de 2010

Deuda saldada



Siempre que cumplo años algún recuerdo visualiza lo mayor que me hago. Rozando ya los cuarenta en esta ocasión todo llegó por donde parece que llega todo, por el facebook. Allí un amigo dejó colgado un enlace para refrescar la memoria sobre el duelo entre Michael Jordan y Drazen Petrovic en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Dos de los mejores baloncestistas de la historia, frente a frente, en una final y olímpica, casi nada. Miradas, desafíos, y movimientos eléctricos que les aislaron del resto del mundo por unos minutos. Ambos parecían estar disputando uno de esos encuentros que tantas veces salen en el cine, disputado en el patio trasero de una vivienda de algún barrio americano, un uno contra uno, sólo que éste estaba siendo televisado a millones de personas. Pero ellos, a lo suyo.
Por eso de la diferencia de años con mi nostálgico amigo, mi memoria se precipitaba más atrás en el tiempo, cuando uno palpitaba baloncesto a raíz de aquella medalla olímpica que España logró en los Juegos de Los Ángeles, tan inesperada como inolvidable. Una medalla era una medalla, y a partir de ahí todo fue diferente en el país del fútbol y sólo fútbol. La revista semanal ‘Gigantes’, los mejores jugadores del mundo recortados en una carpeta tuneada, madrugones para ver el All Star Game y hasta la grabación de partidos de la NBA. En ese universo se instaló de repente un estirado jugador que procedía de Croacia para jugar en el Real Madrid (algún defecto tenía que tener) de los ochenta, y con el 4 a la espalda hizo lo que nunca he visto hacer a ningún otro, o quizás sí, precisamente a Michael Jordan, pero a mí me gustaba más Drazen Petrovic, el genio de Sibenik, un croata engreído y orgulloso (una redundancia hablando de croatas) pero que jugaba como Dios al baloncesto. Me agarro a mis frágiles recuerdos para rememorar su estilo inconfundible, su andar casi de puntillas, su pecho estirado, sus fintas, quiebros y requiebros, sus airadas miradas, sus brazos en alto, su lengua fuera en las entradas a canasta, su soplido antes de un tiro libre, sus saltos de alegría, y sus lanzamientos con unos porcentajes de acierto escandalosamente buenos. Con varios kilos de músculo menos que en el 92 este jugador se bastaba él solito para destrozar un partido, como aquel de una final de la Recopa de Europa que enfrentó al Real Madrid frente al Snaidero Casserta, en el que anotó 62 puntos, no el equipo, que llegó hasta 117, sino él solito para superar a un rival atónito que no daba crédito a lo que estaba viendo y a una hinchada enloquecida. Como ese partido de 1989 hubo muchos, temporada tras temporada el croata se superaba a sí mismo y su entrada en la NBA supuso uno de los hitos del baloncesto europeo con un jugador que de verdad trataba de tú a tú a las estrellas yankees.
No me pregunten por qué o a cuento de qué viene este artículo, cosas de la edad, y quizás también tenga algo de expiación personal, una deuda pendiente desde aquellos ochenta en los que uno andaba pensando en otras cosas y donde la posibilidad de escribir sobre un jugador así era una quimera. El tiempo parece que pone todas las cosas en su sitio y quizás este 11 de noviembre de 2010 sea la ocasión que nunca tuve de escribir de Drazen Petrovic, el mejor jugador de baloncesto que he visto nunca y todo gracias a Javi Casal. Gracias.

xoves, 4 de novembro de 2010

Ya nada volverá a ser igual



La vida muchas veces nos sitúa en encrucijadas, cruces de caminos en los que debemos de tomar una decisión que posiblemente cambiará el resto de nuestras vidas. David Cal hace años, en ese tránsito del deporte aficionado al profesional, se encontró ante la primera de ellas, la de apostar fuerte por sus calidades deportivas, y exigirse al máximo durante cada uno de los días del año para convertirse así en uno de nuestros mejores deportistas a nivel mundial. Hace unas semanas el palista de Aldán se encontró de nuevo en una tesitura semejante, la de dar un paso adelante y formar parte de la candidatura de Telmo Martín a la alcaldía de Pontevedra. David Cal, y me imagino que su incisivo y tantas veces sensible entorno, dieron el sí, la afirmación necesaria para ser incluído en una lista que hará que ya nada vuelva a ser igual. La política, entre sus afiladas aristas, tiene la de ir lentamente erosionando a sus componentes, la de ir minando la visión que antes del bautismo político teníamos de cada uno de sus integrantes. David Cal, siempre será nuestro héroe olímpico, nuestro sagrado medallista, pero lo será menos. Pasar de estar coronado con el laurel de los triunfadores, con las medallas en la mano, a repartir pasquines de partido o a posar bajo unas siglas (con todo lo que ello supone ideológicamente) hará que todos, en mayor o menor medida, veamos a David Cal de manera diferente.
No duden que el deporte ha perdido más de lo que ha ganado la política, y por mucho que se diga que hasta pasados los Juegos Olímpicos David Cal no formará parte del grupo activo del partido, el palista tendrá una presión añadida que en nada le va a ayudar en su puesta a punto para una cita en la que sí todos le apoyan. Habrá días que no, pero en otros muchos, mientras se suceden las paloas sobre esa canoa llena de sufrimientos y contra el inmisericorde cronómetro, su mente no podrá evadirse de lo que suceda en el ring político, además, su exposición pública en los medios le llevará a tener que sufrir más de un ‘palito’, algo que hasta ahora era muy difícil de ver por su imagen de deportista de primer nivel al cual todos protegíamos y hasta disculpábamos ciertos desplantes que lo hacían coquetear con una política en la que nunca quisimos verle inmerso. Aquellas escaramuzas levantiscas que le llevaron a criticar las políticas de anteriores gobiernos, ahora se redimensionan; sus marchas hacia aguas más al norte en busca de mejores instalaciones para un mejor entrenamiento, presenta una lectura nueva a la que se realizaba en aquellos días. Y es que ya nada volverá a ser igual.
Tras el innegable derecho de cualquier persona a presentarse en una candidatura, es más dudosa la elección del momento adecuado. Dejarse llevar por  cantos de sirena que tras sus músicas embaucadoras nada ofrecen y que lo único que pretenden es consignar la necesaria carga de populismo que ciertos políticos, normalmente los peores, los que no tienen argumentario, consideran imprescindible para lograr una victoria. Ésta debe lograrse al precio que sea, incluso haciendo peligrar la carrera de nuestro mejor deportista, de un héroe al que se le van desprendiendo las hojitas de laurel que un día lo tocaron como una leyenda y que ahora se marchitan ante la llegada de un nuevo tiempo, un tiempo en el que nada volverá a ser igual.