domingo, 12 de febreiro de 2012

Abismo lírico

La muerte de Antoni Tápies (Barcelona, 1923-2012) nos sitúa ante la obra de uno de los creadores más singulares e influyentes de nuestra plástica. Para ello configuró una obra no exenta de complejidad, pero, precisamente de esa condición, es de la que surge un territorio lleno de matices y sumamente atractivo. Un arte sensorial por encima de aquello que se entienda como comprensible, defendido por el artista como un lugar para la regeneración del ser humano. Un poético abismo en el cual refugiarnos ante un mundo no siempre acogedor. 


Cada pieza de Antoni Tàpies se revela ante nosotros como un pozo. Una sima oscura y densa. Un abismo lírico ante el que el espectador no puede resistirse ante la caída en su interior, o mejor dicho, para dejarse atrapar por la fuerza y la contundencia de unas obras que se han ido asentando en nuestro imaginario artístico con una potencia fuera de lo común.
¿De dónde surge esa capacidad de atracción? ¿qué motiva que ese abismo nos engulla? Hablamos desde este momento de lo físico, de la capacidad que el artista posee para suscitar que esa pintura deje de serlo y se conviertea en objeto, un elemento matérico donde todo empieza y todo acaba en la disposición física de los diferentes elementos integrantes de un espacio.
Con el tiempo completamente detenido Antoni Tàpies afronta en cada uno de sus trabajos una nueva dimensión, una trascendencia que hace de esos territorios, en que se tornan sus obras, una superficie de expiación personal. Tàpies definía el arte como una experiencia, algo carente de explicación, dejando todo en manos de la experimentación y el acopio de sensaciones. Es decir lo sensorial por encima de lo conceptual. ¿Cuántos náufragos de la experiencia artística deberían sujetarse a ese madero? Porque el arte no es más que sentir, sentir y sentir. Y donde lo relacionado a lo sentimental debe estar alejado de lo comprensible. Para qué descifrar esas cruces, esos números, sus trazos, las pinceladas negras, las huellas o los rastros del paso del artista... todo son excusas para volcar sobre un soporte ese carácter espiritual del ser humano, porque como todo gran artista, al final de cualquier especulación creativa se halla el ser humano. Frágil, caduco, indefenso y vapuleado por una sociedad que él mismo ha creado pero en la que parece sentirse extraño. Tàpies con su obra reclama ese protagonismo del hombre, ni las dictaduras, ni la ignorancia, ni la opresión, ni el desprecio podrán imponerse a la condición humana. Contra todo eso se enfrenta la pintura y la obra de Tàpies, la misma que con el tiempo se fue convirtiendo en un gran monstruo que gritaba desde el silencio contra una dictadura que no entendía absolutamente nada de lo que pretendía el pintor catalán a través del compromiso con su manera de entender la pintura.
Una vez citado el silencio, éste se muestra como  otra de las grandes aportaciones de su obra. Generado a partir de un hermetismo que se imponía al resto de sus pretensiones, sus obras son compactas, cerradas en sí mismas y en las que el silencio es la mejor ambientación posible, la que permite que nos aproximemos a esa inmanencia pretendida por el artista. Un silencio que nos conduce al carácter poético de su trabajo, al lirismo que singulariza a este pozo abstracto. Silencio y abstracción son las rimas de la poesía, cuando la pintura juega con ellas no deja de convertirse precisamente en poesía. Hay mucho de ese carácter poético en cada una de sus obras, en la reflexión, en la ausencia de lo que sentimos y la presencia de lo que evocamos. Una conjunción de elementos que deja paso a la materia, los fragmentos del naufragio de nuestra especie. Así es cómo se van depositando sobre su superficie elementos de lo más diverso, telas, arpilleras, maderas, metales.... todo es susceptible de formar parte de ese objeto en que se van convirtiendo cada una de sus composiciones. Objetos donde la materia tiene su refugio y es que al fin y al cabo todos somos materia. “En el fondo estamos hechos de tierra...y volvemos a ella”, afirmaba el creador, como escéptica conclusión de la existencia humana. Y es que la propia tierra formó parte en muchas ocasiones de sus trabajos, también los tonos, alejados de histrionismos colorísticos, dejaban paso a los ocres, al negro, una necesidad a la hora de crear, de plantear esa geografía del compromiso. Son parte de esas señales que indican por donde ir, por donde vivir, por donde existir, en muchas ocasiones son necesarias las anotaciones: las cifras, las letras, pequeñas frases, referencias poéticas... más que señales símbolos casi cabalísticos para indagar en lo que somos, una reflexión que las más de las veces llevaba a representar un sentido trágico de la vida donde el dolor se vuelve protagonista.
A nadie le gusta ver aquello que hiere, lo que lastima, pero Antoni Tàpies era capaz de propiciar lo bello desde ese territorio tan arisco y lo hacía con el meditado equilibrio de formas y texturas y todo ello culminado con el barniz eterno que otorga el silencio. Pocas obras en nuestra plástica presentan ya esa condición de eternidad y es que Tàpies sabía que en lo eterno estaba el éxito de su obra, el fin último por el que fue creada, ajena a modas, a corrientes. Ella misma fue moda y corriente.


Publicado en 'Revista' de Diario de Pontevedra 12/02/2012

Sentencias


Sus palabras hicieron retumbar las paredes del Tribunal Supremo, las puñetas de los togados y los corazones de todos aquellos que volvieron la mirada hacia quienes con tanta dignidad y valentía defendían la memoria de los suyos, de los nuestros. Víctimas de una guerra silenciadas durante décadas, voces calladas que nadie ha querido oír. Son las heridas de un país que no quiere ser sanado, seguiremos enfermos pues. Si para algo ha servido el juicio que ha vuelto a sentar al juez Garzón en el banquillo de los acusados (la enfermedad se agrava) es para que todas esas voces se escuchen ante un Tribunal, ante quienes deben impartir justicia y restañar las afrentas de un pasado que muchos tienen que revivir diariamente hasta su muerte. Y es que la justicia ha estado ausente de este país en todo lo relacionado con este tema y a la vista está, que cuando alguien ha intentado aplicarla, ha sido él el reo. En estas jornadas el protagonismo no ha sido ni de jueces estrella, ni de jueces estrellados, ha sido de quienes llevan el dolor por dentro y han sabido sujetarlo en su interior pese al oprobio de la sociedad. Pasados los efectos mediáticos, sus palabras volverán a encerrarse en las reuniones familiares o en las conversaciones con algún historiador o periodista. El gavel sonó y el juicio quedó visto para sentencia. Y es que eso es precisamente lo que nos faltan: sentencias.


Publicado en Diario de Pontevedra 11/02/2012
Fotografía: Rafa Fariña (Un familiar sujeta una imagen de Castor y Ramón, fusilados y enterrados en una fosa en Barro el 15-09-1936, mientras aguarda a que descubran sus restos) 

venres, 10 de febreiro de 2012

Camuflaje

Actúan camuflados bajo el negro de las togas. Amparados bajo la falsa independencia de poderes. Los jueces haciendo política y la política impartiendo justicia, todos cobrando sus deudas. ¿Cuántos jueces no realizan actos inapropiados en el transcurso de sus instrucciones? ¿Cuántos emplean caminos erróneos para dilucidar sus investigaciones? Seguro que más de los que creemos, no nos engañemos. Lo normal es que algún procedimiento corrija esos defectos. Pero aquí todo es distinto. Aquí es Garzón el que está enfrente, el que debe ser ajusticiado y como no, condenado. Con la ley en la mano así debe ser. El problema es haber llegado a un precipicio donde ya no hay vuelta atrás. La justicia es igual para todos, claman, pues a partir de ahora éste no debe ser un caso aislado. ¡Qué desfilen los magistrados! Hoy los delincuentes descansarán mejor... y el juez Varela, y el juez Marchena, y...

luns, 6 de febreiro de 2012

Envueltos por la naturaleza

La Sala Antón Rivas Briones de Vilagarcía de Arousa se abre a la naturaleza propuesta por la artista Lola Solla (Pontevedra, 1959) para acoger a un público que, una vez en ese interior, descubrirá la posibilidad del artista y del arte para trasladar la naturaleza de un ámbito externo a un recinto cerrado. Una mímesis que convierte el trabajo del hombre en una experiencia donde sentir y palpar la potencialidad del ámbito natural y su capacidad para capturar sensaciones, volviéndonos a acoger como la gran madre de todos nosotros.


Parece que las hojas de los árboles se están meciendo levemente por el paso del aire. Pero ¿qué aire?, ¿qué fuerza es la que permite trasladar al visitante que esa naturaleza posee vida propia? Respuestas que se resumen en la labor de una creadora que ha hecho de la naturaleza el andamiaje de su obra. Lejos de una originalidad impostada, Lola Solla aborda con su trabajo el seguir analizando e investigando la capacidad del entorno natural para ser adaptado al ámbito artístico.
Conocíamos ampliamente sus grabados, tan limpios como certeros en la descripción de los matices de la naturaleza. Caricias a una inmensidad que en ellos se resumía en un gesto, un conjunto de trazos o líneas en las cuales se podía recorrer todo un paisaje que se acercaba más a lo sentimental o a la captura íntima de sensaciones que al reflejo especular del medio natural. Pero si de algo nos va a servir esta muestra es para reivindicar a la Lola Solla pintora, a su capacidad para reflejar la naturaleza y para representar no sólo aquello que podemos ver a simple vista, un árbol, sus ramas, o un conjunto de hojas, sino para ser quien de captar aquello invisible pero que es el verdadero valor de la naturaleza, es decir, las luces, los efectos de la meteorología, las brumas, los vientos.... esa mitad invisible sin la que la naturaleza no sería lo que es, lo que le otorga su carácter diferencial entre un espacio geográfico y otro, incluso siendo ambos muy cercanos. Nuestra protagonista acierta al poner el énfasis sobre ese aspecto, rescatando todo un entramado de sensaciones que van brotando de cada uno de los trabajos a medida que pasamos tiempo junto a ellos. Y es que esta exposición no es de las de paso rápido, sino que requiere de calma y sosiego, de ojos bien abiertos, pero también de poner en alerta al resto de nuestros sentidos, al igual que cuando pasamos la palma de la mano sobre una brizna de hierba, cuando oímos crujir una rama bajo nuestros pies o incluso cuando algún olor incide en nuestro olfato. Un cúmulo de referencias que Lola Solla lleva siendo capaz de transmitir desde hace tiempo, pero que, sobre todo desde lo pictórico, nos sorprende por ver refrendado ese compromiso artístico a través de una ejecución formalmente impecable.
Salgan a la naturaleza, sumérjanse en ella, pero si tienen la oportunidad, conozcan esta otra naturaleza. La de Lola Solla.


Publicado en Diario de Pontevedra 5/02/2012

domingo, 5 de febreiro de 2012

El fútbol, pasión y razón

El periodista y escritor Juan Cruz (Puerto de la Cruz, 1948) realiza un viaje al corazón del barcelonismo a través de una serie de entrevistas y encuentros con diferentes personalidades de nuestra sociedad. Escritores, músicos, cineastas, políticos, periodistas o actores decidieron pasar un rato hablando de lo que supone el Barcelona de Pep Guardiola, como resumen de una manera de entender el fútbol distinta a cualquier otra de nuestro país. ‘Viaje al corazón del fútbol’ es, sobre todo, el descubrimiento de lo importante que es el fútbol en nuestras vidas.


Estamos ante un libro impensable hace tan solo unos pocos años. Doscientas cincuenta páginas hablando de fútbol, sin esquemas  tácticos sobre el dibujo de un terreno de juego, vacío de fotografías de las estrellas del momento y ausente de esas interminables estadísticas sobre resultados, alineaciones y los más variopintos datos sobre encuentros futbolísticos. Aquí ‘solo’ hay palabras. Palabras y sentimientos, que se van alternando en un cruce de preguntas y respuestas en torno a un club que como ningún otro en nuestro fútbol representa las bondades de este deporte cuando todo se consigue hacer girar en torno a un balón y a una filosofía de diversión y felicidad. Una especie de recuperación de los ecos de las vanguardias artísticas que vertebraron Europa en los años veinte. Una escuela de la felicidad trasladada a lo futbolístico y que el Barcelona ha sabido enhebrar a partir de la llegada de jugadores insignia al club en diferentes épocas Kubala, Cruyff, Maradona o Messi y que tiene su culmen en esta década con la maduración de los frutos recogidos en La Masía y la adecuación a esa forma de entender el fútbol tan vistosa como descarada y audaz. A la vista de los diferentes encuentros que Juan Cruz, barcelonista por obra de las ondas de radio que le llegaban a sus maravillosas islas de origen desde tierras catalanas de manera más nítida que las madrileñas, ha mantenido con algunos referentes del barcelonismo,  y otros que no lo son, se evidencia el papel que el fútbol puede llegar a tener en nuestras vidas. Acumulador de recuerdos desde la infancia hasta hoy, vínculo imperecedero entre amigos que han tenido en esta forja el nexo inquebrantable que les ha mantenido unidos durante décadas, evocador de sensaciones que, todavía leídas hoy, ponen el vello de punta por el cariño y la importancia con que son rescatadas por sus protagonistas.

Encuentros |Y es que la cartera de ‘clientes’ de Juan Cruz, es tan abrumadora, como la capacidad de trabajo de este hombre, del que raro es el día que uno no se desayuna algún reportaje o entrevista en el periódico ‘El País’, teniendo todavía tiempo para preparar algún que otro libro, como sucede con este ‘Viaje al corazón del fútbol’ editado por Córner. La nómina de comparecientes ante estas páginas es tan diversa como interesante en la mayoría de ellos. Juan Cruz ha intentado y lo ha conseguido, extraer de su propio corazón y de su memoria aquello que les relacionaba con el deporte rey. En primer lugar con el Barça, y en segundo, con diferentes aspectos del planeta fútbol, relacionados con sus pasiones, sus alegrías y desvelos, rivalidades y afinidades, y es que así se construye el imaginario futbolístico de cada uno de nosotros, desde la nostalgia de un campo de fútbol con olor a puro o la compañía de un padre en una fría grada, hasta una derrota tan brutal como lo fue la de la Copa de Europa celebrada en Sevilla ante el Steaua.
Y es que la vida de muchos de los protagonistas de este libro, además de sus fechas íntimas, las que aluden a los acontecimientos más importantes de su existencia, se ve también balizada aquellas en que el fútbol les hizo reír o llorar. Gonzalo Suárez, Manuel Vicent, Juan Marsé, Enrique Vila-Matas, John Carlin, Julio Llamazares, Michael Robinson, Jorge Valdano, Joan Manuel Serrat, Jordi Soler, Ana María Moix, Cayetana Guillén Cuervo, Juan Cueto, Baltasar Garzón, José Luis Rodríguez Zapatero o Carmén Chacón, son el sustento físico de este recorrido por todas esas geografías sentimentales que desembocan en la realidad de hoy, y que es la gran motivación a la hora de construir este libro, como es significar la conquista futbolística de Pep Guardiola a partir de un argumento clave en el fútbol, y ya referenciado anteriormente, el balón. Ese al que tantos ignoran y desprecian sin darse cuenta de que es él, desde su sencillez, el verdadero protagonista de lo futbolístico. Pep Guardiola consagró todo un proceso evolutivo instalado en Can Barça tiempo atrás, pero que no había imbricado de manera contundente todos sus componentes. La figura emblemática de Pep Guardiola, no solo en lo deportivo, también en lo personal y en la proyección de una imagen representativa de su club, se ha evidenciado como el engrudo necesario para dar sentido a un esquema de juego madurado desde las experiencias de sucesivos entrenadores y aquilatado por la mejor generación del fútbol español. Hablar de Messi, Xavi, Iniesta, Pedro, Puyol, Valdés, Piqué o Busquets es hablar del triunfo no solo del fútbol, sino de una manera de entender la vida. Algo que lleva a un periodista y escritor a preguntarse qué hay detrás de todo ese gran telón de vanidades que representa un club tan gigantesco, buscando las repuestas en personas a las que no avergüenza hablar de fútbol. Algo, que como la propia creación de un libro sobre este deporte, sería inimaginable hace poco tiempo. Pero es que el discurso futbolístico también ha madurado, y en gran parte por discursos como los aquí recogidos.


Publicado en Diario de Pontevedra 5/02/2012

Lisa


En pañales se queda la reciente disputa entre los directores de El Prado y el Reina Sofía sobre el Guernica y el deseo de Picasso de que el lienzo se hubiese instalado en el primero. Es lo que tiene ponerse a revisar el fondo de armario de la mejor pinacoteca del mundo, que uno empieza a mover Rubens y Tizianos y de pronto se saca de la manga una Monna Lisa, eso sí, menos cargada de ‘sfumato’ -que viene a ser lo mismo que un gol de Messi sin tres o cuatro gambeteos previos- y con cejas -lo que le confiere un detalle femenino que se agradece y hace olvidar definitivamente aquel histrionismo del bigote duchampiano- pero similar a efectos turísticos y de merchandising. Años lleva El Prado en silencio trabajando en su restauración, un silencio que impresiona en esta época de confidencias al peso, pero es que la gente que restaura es gente seria y callada, que se pasa días y días eliminando capas de suciedad y cuando levantan la cabeza se les ha pasado un año, o dos, y ante sí tienen una Gioconda. Mientras, en el Louvre, no duden de que a estas horas se está creando una comisión de expertos para deslegitimar el descubrimiento español y es que eso de ponerse a compartir japoneses en tiempos de crisis no se va a quedar así, toca ponerse a buscar un buen Velázquez, y es que al ritmo en que últimamente éstos aparecen sus sótanos deben estar atiborrados de huevos fritos sevillanos.


Publicado en Diario de Pontevedra 4/01/2012 

mércores, 1 de febreiro de 2012

El papel del arte, el arte del papel

Clara Salamanca y Ana Ferrer nos descubren su forma de entender el arte mediante su primera exposición. Un acto iniciático con obligados puntos débiles, pero también con la ilusión y la alegría de un largo camino por recorrer. La Sala de exposiciones de la Escuela de Restauración, con acceso por la Facultade de Belas Artes, es el lugar donde el papel se convierte en el eje artístico de estas dos jóvenes que incluyen un elemento clásico en el mundo del arte y el pensamiento, el paso del tiempo. Desde ambos conceptos crean su futuro artístico.


Tic-tac, tic-tac, tic-tac... el paso del tiempo se sucede y dentro de él se juegan nuestras vidas. Definir su territorio y su impronta en nuestras vidas aparecen como la primera preocupación de estas dos jóvenes artistas en el que es su debut artístico. El tiempo como ejecutor de nuestra experiencia y el condicionante de muchas de nuestras actuaciones. Fugaz y endeble, su paso son arrugas en nuestra piel, en ocasiones en nuestra alma. Piel y alma desde las que Clara Salamanca y Ana Ferrer conciben su arte hecho en papel, también material propicio para esas arrugas de la vida, para metaforizar esa ligereza del fluir temporal. Tic-tac, tic-tac, tic-tac... desprestigiado por su uso cotidiano, por ser el soporte efímero de un apunte o una nota, el papel se carga aquí de responsablidad y muestra su potencial como sustento de lo artístico, como material para la creación y también, y no menos importante, como parte integrante de ese discurso donde el tiempo juega su ‘papel’.

Sintonía | Todo este collage, de pequeñas piezas son como guiños a ese devenir cronológico. Diferentes tipos de papel, variadas texturas, colores, formatos... todo ello tiene cabida para alimentar el deseo de ambas creadoras, que trabajan a la limón  y en perfecta sintonía, lo que le otorga a la muestra una cohexión que se agradece por parte del visitante.
Sobre el papel cada una de ellas se sirven de sus armas: el dibujo, el grabado o la integración de diferentes elementos como cartones o alfileres, para crear y sugerir todas estas pequeñas geografías del alma. Rastros de un paso de un instante recogido ya para la eternidad desde su sensiblidad creativa, y es dentro de cada uno de esos pequeños marcos donde ambas se la juegan, sabedoras de la importancia de crear un equilibrio formal sobre la superficie de trabajo, con independencia del tamaño de la misma.
Conjugar forma, color y línea es generar un territorio de experimentación en donde debe surgir el verdadero artista, el que busca su modo de expresión a partir de lo visual. Y lo cierto es que es en cada uno de esos trabajos donde ambas ofrecen lo mejor de si mismas, donde se reconoce lo que puede ser el futuro a base de la maduración del lenguaje y la acumulación de horas de taller frente al desafío de la obra. Un desafío del que todavía cabe esperar mucho a partir de ese carácter sutil de sus obras, un tratamiento delicado que tiene algo de orfebrería al ir encajando pequeñas piezas, pero ante las que una vez uno se detiene ante ellas ofrecen mucho más de lo que puede parecer tras echar un primer vistazo al conjunto de la exposición.
Clara Salamanca y Ana Ferrer salen airosas de esta contienda entre el tiempo y el papel, entre lo pretendido y lo finalmente alcanzado, con los inevitables ‘pecados de juventud’, más apreciables en la organización del conjunto de la muestra, que en el propio trabajo de cada una de ellas, que nos ofrece como ambas pueden tener un interesante y prometedor futuro dentro de lo artístico.
A buen seguro este bautismo habrá servido para calmar nervios y conocer una parte nueva de lo que es ser artista, esa parte final del proceso que es el presentarse ante el público, así como plantear un trabajo para ser mostrado al exterior, alejado del protector estudio y su intimidad, y todo ello mientras el tiempo pasa convertido en papel. Tic-tac, tic-tac, tic-tac...


Publicado en Diario de Pontevedra 26/01/2012