luns, 13 de abril de 2020

Desasosiego/ 26. Imágenes cruzadas


August Sander, Kike Ortega y Eminem. Tres maneras de acercarse al arte mediante la fotografía, la pintura y la música. Tres islas flotando en el océano de la creatividad que de manera milagrosa convergen en unas imágenes que se entrecruzan para renovar la condición del arte como un camino de ideas e inspiraciones a lo largo del tiempo


HA SIDO LA Historia del Arte un constante ir y venir de imágenes, de inspiraciones que han sobrepasado tiempos, movimientos, géneros y artistas para confluir en obras posteriores. Caminos de ida y vuelta que no han dejado de servir de aliento e impulso a unos artistas que han ido renovando ideas originales y sumándolas a su causa, a su particular manera de descifrar la realidad a través de su arte.
Desde el comienzo de estos días del desasosiego, jornadas turbulentas que nos llevan a hacer de nuestro encierro en nuestras casas un lugar abierto al mundo para intentar mitigar aquella libertad de movimiento, aquella celebración de la vida mediante la reunión con nuestros semejantes y la posibilidad de visitar espacios de reuniones; pues desde ese día han sido muchas y variadas las ventanas que hemos abierto para poder motivar la lectura de libros, el escuchar diferentes músicas, o visitar variados centros culturales que las nuevas tecnologías ponen a nuestra disposición.
La propuesta de hoy es una exposición de fotografía del alemán August Sander (1876-1964) que se puede visitar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 17 de mayo. Y sí, digo visitar con todas las posibilidades de la palabra, porque la página web de esa institución permite realizar un magnífico recorrido por todos los espacios de la exposición siendo capaces de gozar de cada una de las fotografías, de las poderosas imágenes de este fotógrafo, considerado como el mejor retratista alemán de principios de siglo y cuya obra, fundamentalmente basada en el retrato y la representación humana, posee una fuerte carga documental que es lo que la dota de esa potencia que tienen todos esos personajes que habitan sus fotografías como antes habitaron los ambientes de los que proceden.
El Círculo de Bellas Artes define la obra de August Sander como «un panóptico sobre la condición humana, un registro acerca de las vicisitudes, las mentalidades y los modos de organización social en la vida campesina y la metrópolis moderna». ‘Fotografías de Gente del siglo XX’, es el título de la muestra en la que el realismo y la psicología de las personas dotan a su obra de una enorme trascendencia, no del todo conocida por el gran público, de ahí la importancia de esta exposición.
Entre las fotografías más conocidas del alemán figura la de un joven ataviado con un abrigo y un bombín, el pintor Anton Raderscheit. Una imagen que en Pontevedra no es del todo desconocida ya que es como una marca de la casa de uno de nuestros creadores, Kike Ortega, que la emplea como una seña de identidad de su trabajo y que está presente en sus exposiciones, tanto como parte de varias de su obra o como reclamo a sus exposiciones, como recordamos en la muestra que exhibió durante unos meses en la plaza de España con una gran lona en los antiguos bajos de Maquieira. Pero de ¿dónde procede este interés por la obra de Sander? Pues de los tiempos de estudiante de arquitectura de Kike Ortega, tiempos de mucho rotring y poco ordenador, en los que se hacía necesaria la presencia de un modulador, un elemento para encontrar la relación entre la escala y las proporciones, empleado por el propio Le Corbusier. Así es como tras toparse con un catálogo del fotógrafo alemán aquella imagen de un pintor por una solitaria calle era perfecta para esa tarea. Años más tarde, a comienzos del año 2000, y ya dedicado en cuerpo y alma a la pintura, esa figura, con un marcado color negro y con una mirada retadora, se instalaba en su obra bautizado como Hamilton (por el pintor Richard Hamilton), convirtiéndose en una presencia habitual de su obra, un elemento simbólico que, acompañado por una pala alude al esfuerzo y, por lo tanto, al trabajo necesario en la lucha diaria en el mundo del arte.
Comentaba con Kike Ortega, a propósito de esta exposición imperdible en Madrid, la importancia de esa figura en su obra y cómo las imágenes se van posicionando unas sobre otras creando nuevas realidades a lo largo del tiempo, cuando Kike Ortega me comenta: «¿No has visto la portada del nuevo disco de Eminem? Enseguida me hace llegar la imagen y allí, sorprendido, veo a ese enterrador con una vieja pala a su lado. Un ‘Hamilton rapero’ en una obra que no hace más que preguntarnos sobre las encrucijadas del arte.





Publicado en Diario de Pontevedra 13/04/2020

domingo, 12 de abril de 2020

Desasosiego/ 25. Negrísimo y precioso



DE ESTA manera se refiere Jorge de Cascante, autor de ‘El libro de Gila’ al humor que realizaba uno de los grandes genios de la risa en nuestro país. Negrísimo y precioso, o rojísimo y precioso, también nos servirían como adjetivos para esta joya en forma de libro que su autor y la editorial Blackie Books publicaron hace unos meses para dejar a buen recaudo el legado de este personaje conocido, muy conocido por sus apariciones televisivas, pero con una vida de creatividad que se ha movido por espacios diversos como el humor gráfico o la poesía.
Cada personalidad de nuestra cultura se merecía un libro de este estilo. No es nuevo esto en Blackie Books que ya nos ofreciera otro regalo mediante un libro similar dedicado a Gloria Fuertes, y lo hará este año de nuevo con otra gran mujer como protagonista, Carmen Martín Gaite, todos ellos firmados por Jorge de Cascante, que ha sabido encontrar una manera de presentar vida y obra de todos ellos de una manera fascinante. Y eso es, precisamente, lo que nos encontramos en este libro dedicado a Gila, la vida y obra de un hombre que hizo de la risa el salvoconducto para moverse en este mundo cada vez más delirante y al que muchas veces la mejor manera de verlo e incluso entenderlo es tirándole de las costuras, forzando sus locuras para colocarnos en ese ámbito surrealista en el que mirar allí donde muchas veces no nos gusta hacerlo.
En estos días del desasosiego podemos recuperar en las redes muchas de sus actuaciones, de aquellos diálogos con él mismo con un teléfono en la mano como coartada e inteligente manera de superar el no haber encontrado una pareja para sus espectáculos. Volveremos a reírnos, pero sobre todo volveremos a pensar, porque detrás de esas risas había siempre un espacio para pensar en nuestro mundo, en el que Gila se encontró tras pasar por la Guerra Civil, sobrevivir a un fusilamiento, vivir varios años en Argentina y regresar a España para convertirse en esa estrella de la televisión que todos recordamos.
Todo lo que nutre esas actuaciones está en este volumen al que uno se cae casi como Alicia en el País de las Maravillas, accediendo a un país donde el humor es la bandera que ondear para hacer del drama algo mucho menos dramático de lo que pensábamos. Textos del propio autor, sus monólogos, muchas de sus ilustraciones publicadas en La Codorniz o en Hermano Lobo, recortes de prensa, fotografías, carteles de sus películas, fotografías personales... todo el universo Gila en nuestras manos y la deliciosa posibilidad de poder leer sus palabras de una manera mucho más reposada a cómo estamos acostumbrados a escucharlas entre confetis de fin de año.
«Mi arma es la risa y con ella me defiendo de quienes me quieren quitar la voz», Miguel Gila.



Publicado Diario de Pontevedra 12/04/2020

venres, 10 de abril de 2020

Desasosiego/ 24. Miradas



SE han vaciado las calles, como por un soplo divino, pero se nos han llenado de miradas. Miradas de mil tipos, miradas que intentan resumirnos, miradas que intentan explicarse frente al mundo, miradas que necesitan de un espejo para ver en su interior, miradas que nos obligan a tomar partido. Miradas que son la tuya.
Miradas de desconcierto. Es la mirada del inicio, la que percibe algo pero todavía no puede descifrar sus propios ojos. Un desconcierto intuitivo que fractura la tranquilidad y aquello que nos envuelve como una cómoda protección. La canción de Dylan. Sentimos que nos movemos como sobre una nube, un algodón cada vez menos dulce y más amargo.
Miradas de incredulidad. Las horas se aceleran y nuestros ojos se encogen ante lo que surge frente a ellos. Los frotamos como si pudiéramos enfocar mejor lo que se adivina ante nosotros, todo aquello que comienza a presentarse de manera sorpresiva y no nos gusta. Y eso, lo que está ahí delante, todavía no somos capaces de descifrarlo.
Miradas de temor. Comienza a afianzarse en nosotros el miedo que todo lo invade, lo que de verdad nos sacude del desconcierto y la incredulidad. La mirada se afila más y el temor se configura entonces como la gran distancia entre las personas, el verdadero instinto que hace que la persona recupere ese latido primario que reside en todos nosotros y que lentamente nuestra sociedad del bienestar ha ido domesticando, caricia tras caricia. Llegan los nervios, las carreras a los supermercados, la fiebre del tisú, los gestos insolidarios, el ruido y la furia, el pánico, máscaras y guantes. Profilaxis o muerte.
Miradas de incertidumbre. La curva del miedo se aplaca con el paso de las horas, la convivencia con el temor nos obliga a su dominio. Con esas fauces cerradas surgen las dudas, las preguntas, lo que no es seguro, las incertidumbres ante lo que está por llegar. Necesitamos certezas levantamos las miradas hacia el cielo. El silencio. Miramos entonces a las moquetas, a las instituciones, a los que nos mandan y a los que quieren mandar, asumiendo nuestra condición de rebaño, y esa mirada se convierte en una piedra arrojada a un pozo. Otro silencio que tarda en encontrar agua, en hallar un sonido que, sin calmar la sed, nos confirme que el cubo se puede llenar al tirar de la cuerda.
Miradas de solidaridad. Las miradas se convierten en cómplices de ese ser humano abatido por la adversidad. Las cifras de víctimas mortales no responden a las preguntas, al contrario, incrementan el tamaño de ese signo de interrogación, pero sí que nos refuerzan como miembros activos de una comunidad a la que tantas veces despreciamos desde el egoísmo. Piezas de un puzle por encajar. Aplausos en los balcones dirigidos a quienes miran a los ojos del enemigo a unos pocos centímetros. La comprensión de la sanidad pública como un tesoro a reivindicar más allá de las ocho de la tarde, que es cuando el despertador sonroja y flagela a los que obviaron ese mandato social. Las miradas se cuelan en las casas de enfrente para hermanar la pena y el dolor.
Miradas de compromiso. Las que nos llevan a mirar hacia nuestro interior, a calibrar nuestra capacidad de respuesta ante la amenaza. El papel del yo ante el colectivo. El encierro, el asumir nuestras casas como un ring de miradas íntimas desde las que poder rastrear de cerca nuestro territorio. Una reclusión que es abrazo con el resto de la comunidad, con los desconocidos, pero también con los miembros de la familia en permanente estado de excepción ante la maldición. La maldición crece, y mucho, Aute se muere, y con él sepultamos la belleza, lo único en lo que podíamos creer sin esperar nada a cambio. Cerramos los ojos y apretamos los puños.
Miradas de resistencia. El horizonte como una meta que alcanzar. Días que se superan desde el esfuerzo y el reto continuo que nos hace cada jornada ser más fuertes. Miramos hacia ese día que vendrá, y hacia los días que le sucederán. Ellos definirán nuestra resistencia, física y mental, la que nos debemos y debemos a los que nos cuidaron y a los que cuidaremos: hijos, hijas, héroes silenciosos. Semilla.
Miradas de fortaleza. Semanas que se van quedando atrás. Un tiempo agotado que, aunque no lo creamos, residirá en nosotros. La experiencia consumida, los ánimos forjados como nunca imaginamos días atrás. Pensemos de dónde venimos, cual era nuestro futuro más inmediato y miremos cómo estamos. Somos mejores y, sobre todo, somos más fuertes.
Miradas de esperanza. De nuevo las preguntas convertidas en deseos, en calderos repletos de esperanza al otro lado de esos arco iris que se han posado en nuestras ventanas como palomas. Confiamos en que todo regrese al discurrir diario. Debemos creer en eso, lo necesitamos, aunque sepamos que pocas situaciones serán ya como lo eran antes.
Miradas de futuro. Nuestra gran conquista al término de esta travesía por el desfiladero del desconsuelo, el futuro. Cuando todo pase nuestras miradas seguirán proyectándose hacia delante, pero también deberán hacerlo hacia atrás, hacia lo vivido, el impulso necesario para que ese futuro se pueda escribir como lo merecemos y, para que quizás, después de todo, después de la noche, lo único que valga la pena sea tu mirada.



Publicado en Diario de Pontevedra 10/04/2020
Fotografía: David Freire

xoves, 9 de abril de 2020

Desasosiego/ 23. Poesía binaria



SON COMO boyas que asoman flotando entre el desasosiego de estos días. Balizas a las que sujetarse para hacer de los minutos instantes de reflexión y medida de nosotros mismos y de nuestro tiempo. Son los libros de poesía de la Colección Visor, destellos negros que la honran título tras título. Una colección heterogénea y diversa, en tiempos y voces, como es, y como debe ser la poesía. Así es como en un envío te pude llegar una recopilación de poesía de Miguel de Unamuno y un nombre que acabas de conocer.
De esta manera llega un pequeño poemario firmado por Begoña M. Rueda, una jienense nacida en 1992 que ha logrado con este poemario, ‘Error 404’, el prestigioso premio Ciudad de Burgos.
Tras su lectura uno comprende la necesidad de ese premio, la apuesta del jurado por una poesía que se adentra en un territorio ignoto. Un desfiladero binario de tecnologías informáticas con las que la poesía pretende hacer versos, acariciar ese lomo de piel encrespada que casi siempre vemos como un armazón tecnológico alejado de nuestra piel y de escasos sentimientos.
Begoña M. Rueda se vale de la ironía, del humor y la sorpresa para engrasar este poemario que también se vale de la antigüedad, de la tradición poética, para abrir y cerrar un paréntesis entre Tesalia y el valle de Napa en el que contener estas poesías que se mueven por diferentes derivas informáticas, pero que finalmente no se alejan demasiado de ese latido humano que la poesía es capaz de contener como pocas expresiones creativas. Ecologismo, feminismo, sexualidad, son teclas que no duda en pulsar la poeta para adentrarnos en estos espacios en los que la poesía es también altavoz de un tiempo definido por lo tecnológico, pero en el que lo humano debe ser resistencia.
Un cactus junto a un ordenador, unas minas salvajes de las que extraer coltán, webs de citas, antivirus profilácticos... diversas y lúcidas maneras de accionar el ‘enter’ de la poesía para vincular palabra y tecnología. Y son las palabras las que desenmascaran ese territorio binario, las que se mueven ágiles y certeras desde la línea de la página para disolver la pantalla, para que todo ese vómito permanente de contenidos, más o menos necesarios, más o menos aprovechables, palidezca ante la sugerencia, ante aquello que esa palabra es capaz de proponer junto a la intención de la autora y la comprensión del lector o lectora.
Lejos de ser aquellos heraldos negros de César Vallejo los libros de la Colección Visor son accesos al gozo lector, vibrantes termómetros de la poesía que es y de la que fue. Una mezcla necesaria como siempre lo es la poesía para poder seguir a flote ante tanto oleaje y ante tantos errores, aunque hoy toca uno bueno: ‘Error 404’.



Publicado Diario de Pontevedra 9/04/2020

mércores, 8 de abril de 2020

Desasosiego/ 22. El año Delibes



ESTE AÑO 2020, que se nos ha ido torciendo poco a poco, viene desde el universo de la cultura marcado por diferentes celebraciones de envergadura. Conmemoraciones que nos reunirán ante inmensas obras llenas de talento, imaginación y creatividad, y que sin ninguna duda, pueden entenderse como parte de lo mejor del ser humano. Por citar sólo algunas durante este año se celebra el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, el centenario de la muerte de Benito Pérez Galdós, y otro centenario, en este caso de un nacimiento, el de otro grande de nuestras letras, el vallisoletano Miguel Delibes.
Hacedor de una obra muy completa y de una enorme solidez. Dibujante, periodista en El norte de Castilla, amante de la naturaleza, su obra literaria es una constante celebración, merecidamente galardonada con el Premio Nadal, el Cervantes, el Nacional de Narrativa en dos ocasiones, o el Príncipe de Asturias de las letras, entre otros muchos, y todos ellos dentro de una carrera que podríamos dar por iniciada en 1948, con ‘La Sombra del ciprés es alargada’ (Premio Nadal), y rematada de manera portentosa con ‘El Hereje’, publicada en 1998, cincuenta años después de aquel arranque. En esas cinco décadas nos encontramos varias de las novelas que son ya referente de nuestras letras, muchas de las cuales serán reeditadas a lo largo de este año. La que fuera su fiel editorial, Destino, lleva desde el inicio del año publicando esas reediciones, engrandecidas con los prólogos de importantes autores de hoy. Así ‘El camino’ ha sido prologado por Sergio del Molino; ‘Los Santos inocentes’ por Manuel Vilas; ‘El príncipe destronado’ por Berna González Harbour; y ‘Cinco horas con Mario’ por Aroa Moreno. Junto a ellos la biografía actualizada, ‘Miguel Delibes de cerca’, firmada por Ramón García Domínguez, y varios títulos más en formato audiolibro que pueden consultar en la web de la Editorial Planeta.
Más allá del mundo de la edición también la Biblioteca Nacional tenía entre sus previsiones la inauguración el 19 de marzo de una exposición comisariada por Jesús Marchamalo, reflejando la trayectoria vital y el universo literario del autor de ‘Las ratas’, exposición que visitará su ciudad natal a partir del mes de septiembre.
También la propia Fundación Delibes trabajará a lo largo del año para llevar su obra a diferentes rincones del mundo con actividades dentro del Instituto Cervantes o en diferentes encuentros literarios. El teatro, la música el cine o la televisión también forjarán diferentes proyectos vinculados a su obra. Es tiempo, por lo tanto, de que los lectores nos aproximemos a toda esa escritura. Muchos de sus libros están en nuestras casas como parte de nuestras vidas, acerquémonos a ellos y disfrutemos del año Delibes.


Publicado en Diario de Pontevedra 8/04/2020

martes, 7 de abril de 2020

Desasosiego/ 21. El Cervantes en red



Las páginas web de las instituciones culturales están llenas de contenidos bien interesantes para acompañarnos durante estos días del desasosiego. Si durante el resto del año no hemos tenido la oportunidad de rastrear sus ofertas estas horas, largas y densas, se convierten en un momento excelente para descubrirlas y, a buen seguro, para tenerlas presentes una vez superemos este confinamiento.
Una de ellas es la del Instituto Cervantes, organismo creado en 1991 para la difusión y aprendizaje del español desde cualquier parte del mundo (86 centros en 45 países), y por extensión también realiza una profunda labor en la promoción de la cultura española y latinoamericana. Si accedemos a ella, bien directamente, o a través de las redes sociales, tenemos a nuestro alcance una ingente cantidad de recursos para poder aprovechar este tiempo, pudiéndonos encontrar desde una biblioteca virtual, que en el último año ha triplicado la lectura de libros electrónicos y cuadriplicado el acceso a audiolibros. Siguiendo con la literatura existe un Club Virtual de Lectura que este mes, coincidiendo con la concesión del Premio Cervantes al poeta Joan Margarit, nos propone la lectura de su antología ‘Todos los poemas (1975-2015)’ al tiempo que nos emplaza a una charla virtual con el propio Joan Margarit el día 29 de este mes. Otra de las iniciativas más atractivas es la posibilidad de acceder a la Caja de las Letras, esa caja fuerte atemporal de nuestra cultural que, en el histórico edificio central de la sede en la calle Gran Vía, guarda el legado de diferentes creadores para ser abiertas décadas después de su fallecimiento.
Junto a las programaciones de los diferentes centros que el Cervantes tiene diseminados por el planeta, también tenemos a nuestra disposición contenidos relacionados con el mundo de la plástica, con la posibilidad de recuperar exposiciones realizadas por la institución buscando, habitualmente, la vinculación con el ámbito de las letras.
Y es que las letras, las letras españolas son la gran bandera de este altavoz de lo que somos que, bajo la dirección de Luis García Montero, busca aumentar y potenciar esa presencia universal, pero también la exploración y difusión de nuestras otras lenguas estatales, de ahí el guiño que durante estos días complicados se ha realizado, entre ellas el gallego, para que nos cuidemos, para que nos quedemos en casa y, para alentarlo y hacerlo de una manera provechosa, nutrirnos de lo mucho y bueno que rodea la acción de este Instituto Cervantes a través de su completa web de la que una vez que entremos, no nos olvidaremos de ella y haremos bien, ya que sus contenidos están siempre en una interesante renovación.



Publicado en Diario de Pontevedra 7/04/2020

Desasosiego/ 20. "No pueden cancelar la primavera"



Encerrados y con nuestras ventanas como únicos aliviaderos de este desconcierto en el que estamos sumidos, podemos aprovechar las redes para abrir alguna que otra ventana diferente a las de nuestros pisos que nos conduzcan hacia horizontes inesperados, hacia puntos de encuentro con creadores que nos proponen otro tipo de visiones de lo que sucede en otras partes del mundo.
Una de las más hermosas y emocionantes que nos podemos encontrar procede de la mirada y el regalo de un hombre de 83 años, uno de los pintores más cotizados del mundo (sé que esto les encanta) pero que se dedica a buscar en la sencillez de la naturaleza el motivo más intenso de este momento creativo. El británico David Hockney llegó a Normandía a finales del pasado año para pintar el invierno. Allí se plantó junto a sus dos ayudantes, su perro Ruby, y el Ipad con el que trabaja en los últimos años, y con el que ya nos deslumbrara en el año 2012 en su exposición en el Museo Guggenheim de Bilbao. Como suele suceder, tras el invierno llega la primavera, pero esta está siendo una primavera muy distinta para todos y, desde Caen, a donde llegó David Hockney procedente de sus sofisticadas piscinas de Los Ángeles, nos regala diez de sus nuevas obras en las que esa primavera se impone a los efectos del invierno y, tras su observación, también al hielo en el corazón que está dejando en todos nosotros esta situación sanitaria que no deja de acosarnos.
Entren en la página web de la BBC, busquen en ella la información relacionada con el pintor y encontrarán este obsequio realizado premeditadamente por él como respiro para todos nosotros ante este encierro en el que cada vez se encuentran sumidos más habitantes del planeta. Precisamente es a ese planeta al que homenajea David Hockney con su pintura, con su encierro en Normandía, a donde ya otro gigante de la pintura, Claude Monet, este en Giverny, se había dirigido en la búsqueda de una insospechada inspiración. Aquellos nenúfares salpicados de colores ahora se convierten en árboles, casas y macetas en los que se presenta la llegada de la primavera. Una atmósfera repleta de indicios de una nueva vida, de una renovación que se impone en ese tránsito cíclico que, a buen seguro, a partir de ahora disfrutaremos de una manera mucho más intensa a cómo lo habíamos hecho hasta ahora.
Es por ello que si de algo nos debería servir este encierro, más allá de la valoración de lo público (en este caso la sanidad) como firme red del ser humano, será para valorar una brisa de aire en el rostro, una mirada hacia el horizonte desde un acantilado o acariciar la corteza de un árbol, en definitiva, conexiones con la naturaleza y con aquello que rezuma una pureza que nuestro mundo, presuntamente moderno, ha ido aniquilando, confundiéndonos con que lo importante es lo que se encierra en los escaparates. Si además de la imagen que acompaña a este texto, extraída de la web de la cadena británica, se aproximan a las nueve restantes, les aseguro que, en los momentos que estamos, podrían pasarse horas ante estos árboles en los que asoman unas humildes florecillas, o frente a unas macetas en las que de la negra tierra surgen los brotes verdes de la esperanza o ante unas sencillas casas de campo en las que estaríamos ahora tan a gusto con esa naturaleza llamando a la puerta.
En la parte final de su existencia David Hockney ha tendido este puente hacia lo más esencial, él, precisamente él, que durante décadas había hecho de la sofisticación americana, bajo la sensualidad de cuerpos y retratos, así como de esos escenarios del ocio y el placer, el motivo de una pintura que reflejó al hombre del mundo más contemporáneo, ahora se refugia, como el Thoreau literario, pero pertrechado con su Ipad, ajeno a las tendencias del arte, a los dictados de su propio público y, simplemente respondiendo a la necesidad de crear. De hecho afirma que ya sólo piensa en «trabajar, pintar, comer y fumar», todo aquello que le otorga placer mientras contempla el origen de todo, al tiempo que nos incita a su disfrute porque «recuerden que no pueden cancelar la primavera». 



Publicado en Diario de Pontevedra 6/04/2020