sábado, 12 de decembro de 2020

La poesía arde mal

 

[Ramonismo 48]

En los días en que Louise Glück recibe el Nobel de Literatura España se ha convertido en una pira funeraria de su poesía



ACABA este odioso año 2020 y lo hace con una de sus citas habituales, la entrega de los premios Nobel, que, en el caso de la Literatura ha recaído en una poeta, y mujer. ¡Vamos, un delirio!, para vergüenza de la humanidad, al ser la número 16 de los 117 premiados en la historia de los Nobel en esta disciplina. Unos premios que siempre se mueven entre la oportunidad para reivindicar algún nombre desconocido del orbe literario, o así puede entenderse desde la altiva mirada de Europa; o concederlo a algún nombre indiscutible a nivel mundial y conocido, incluso en los lugares más recónditos del planeta.

Este año se ha dado una especie de mezcla de los dos aspectos. Por un lado un nombre que los lectores de poesía que saben de ella aplauden con unanimidad y emoción, mientras que para los no muy duchos en el género poético, el nombre de la norteamericana Louise Glück (Nueva York, 1943) les suena de la misma manera a como tantas otras veces suenan autores africanos o asiáticos, galardonados con dicho premio.

Es por esta circunstancia de lo ignoto cuando muchas veces este premio se convierte en un feliz umbral que traspasar. Una entrada a un universo desconocido pero lleno de esa magia que aporta la ingenuidad y el descubrimiento. Echarse a la poesía de Louise Glück tiene mucho de bautismo, de salir de unas aguas purificadoras a través de una poesía limpia, sin estridencias, con una fuerte tensión entre la naturaleza y la tradición aportadas por las culturas clásicas. En esa intersección se sitúa esta poeta poco difundida en Europa y que en castellano ha tenido la fortuna de que una de nuestras grandes editoriales poéticas, la valenciana Pre-Textos, se fijase en sus obras para incorporarlas a su catálogo y, por extensión, a nuestras letras.

Catorce años después y siete poemarios editados como acostumbra a realizar esta editorial, es decir, de manera primorosa, se han visto paralizados a los pocos días del anuncio de la consecución del Nobel. Un hecho que casa mal con la propia poesía, con esa sensación de que los dineros poco tienen que ver con los versos. Pero lo prosaico, ahora que llegan los dólares de la Academia Sueca, ha horadado la palabra poética y las huestes de Louise Glück han mandado parar (siempre bajo el libérrimo derecho de la autora de hacer con su obra lo que le venga en gana), y no sólo eso, al retirar sus poemarios de la imprenta de Pre-Textos y la búsqueda de nuevos horizontes de negocio, sino que han ordenado que se quemen los ejemplares de sus libros que no han sido vendidos. En Galicia sabemos bien, como nos dice Manuel Rivas, que los libros arden mal, cuanto más la poesía, siempre fresca, siempre lozana, palabras húmedas imposibles de consumirse bajo las llamas del fuego inquisitorial. Es paradójico pensar que en España, rincón donde su poesía sí fue lo apreciada y difundida que lo puede ser hoy en día la poesía-con sus modestas cifras de impresión y ventas-, sea donde se levanten las nubes de humo de sus metáforas, con sus palabras delicadas a la vez que esbeltas y sus imágenes cadenciosas bajo unas estrellas que amparan toda su poesía. ¡Qué pena!

Llevo unas semanas saldando mi deuda lectora con esta poeta tan desconocida para mí, y lo he hecho desde tres libros con una cierta distancia cronológica entre ellos. El primero ‘Averno’ (2011), que ella misma ha recomendado para introducirse en su poesía; el segundo ‘Praderas’ (2017), el texto que parecen reclamar sus devotos como su mejor obra y, por último, su obra más reciente, publicada este mismo año, ‘Una vida de pueblo’. En todos ellos se adentra el lector en una trascendencia de la palabra que explica nuestro mundo desde una voz íntima repleta de fuerza y energía, imbricada en la naturaleza y perfilando a un ser humano contenido en lo mitológico, en esos elementos de la naturaleza con los que dialogar, donde el sufrimiento y el amor articulan una poesía aparentemente frágil pero que como el junco al paso del viento rápidamente recupera su envidiable firmeza.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 12/12/2020


venres, 11 de decembro de 2020

Un archivo, un tesoro

 Saga/Fuga

 


NO SERÉ YO quien le lleve la contraria a mi admirado José Manuel Caballero Bonald, cuando en un verso suyo afirma que «somos el tiempo que nos queda», pero sí que a esa lúcida reflexión me gustaría añadirle que también somos mucho el tiempo que fuimos. Porque el tiempo es aquello que nos contiene de manera eterna, tanto durante nuestra presencia física en él, como en una ausencia definida por los que estuvieron antes que nosotros en este mundo.

¿Y a qué viene este primer párrafo con un pie en la poesía y otro en la filosofía? Pues a que se ha jubilado de manera oficial uno de esos guardianes del tiempo que tenemos en Pontevedra. La recepción por parte del alcalde de quien fue durante 35 años responsable del archivo del Concello de Pontevedra, Enrique Sotelo Resurrección, marca el adiós de la persona que durante tantos años se ha encargado de almacenar, velar y difundir ese tiempo que nos ha precedido, que nos ha configurado como colectivo, como tribu anclada a un Lérez cuyo curso sigue marcando ese paso de los años, al igual que los miles y miles de documentos que se guardan en las entrañas de nuestro Concello.

Tantas veces alejada de los focos mediáticos, donde parece que todo cobra relevancia, la labor de un archivero se mueve en el olvido constante. En horas y horas entre papeles, fotografías, volúmenes y textos que suelen convertirse en una hermosa compañía. Se lo digo por experiencia laboral y por las horas en contacto con los materiales silenciosos que se atesoran en este Diario de Pontevedra que, de vez en cuando, emergen a la superficie para recuperar ese tiempo pasado al que tanto gustan asomarse nuestros lectores.

Enrique Sotelo deja para el futuro ese trabajo de hormiguita que realiza cada archivero en su centro de trabajo. Una labor silenciosa que sólo se aplaude cuando se concreta de alguna manera física y que Enrique Sotelo ha logrado con la publicación de no pocos libros vinculados a la historia local, con su participación en la realización de exposiciones y con la intervención en numerosas conferencias. En todas ellas su trabajo, su contacto con la historia y el conocimiento sobre cómo Pontevedra se ha configurado a lo largo de los siglos, nos ha iluminado a muchos amantes de lo que se esconde en nuestro pasado, al tiempo que ha establecido nuevos pasadizos por los que movernos los del gremio y, sobre todo, ha puesto en valor la extraordinaria documentación que atesora el Concello de Pontevedra, y de la que tendremos una nueva muestra en el ya anunciado calendario de 2021, que el Concello entregará a los ciudadanos, basado en fotografías y planos que son parte de nuestra historia.

Pontevedra se explica desde la imagen más antigua que disponemos, esa vista pétrea que forma parte, también de manera muy desconocida, de la contraportada de la Basílica de Santa María, siendo, a partir de ella con nombres como los de Enrique Sotelo, o como lo fueron tantos antes, entre ellos el siempre recordado y tantas veces compañero de proyectos comunes, Juan Juega Puig, los que colocan ante nuestros ojos ese pasado sin el cual seríamos diferentes. Guardemos nuestros archivos con amor y cariño, mimemos esas instalaciones desde todas las instituciones, porque sólo desde ese respeto nos podremos respetar a nosotros mismos.

Enrique Sotelo lo ha hecho durante esa larga vida laboral que ahora llega a su fin. Es la hora del descanso del guerrero, pero también la ocasión de iluminar allí donde suele reinar la oscuridad, en nuestros archivos, donde se hallan tantos tesoros.

 


 

Publicado en Diario de Pontevedra 11/12/2020

Fotografía: Enrique Sotelo en una

conferencia en el Museo de Pontevedra (Rafa Fariña) 


luns, 7 de decembro de 2020

El rayo que no cesa

[Ramonismo 47]

Con su reciente disco, ‘Si mi rayo te alcanzara’, Xoel López presenta diez nuevas canciones para afrontar un tiempo nuevo



CADA NUEVO disco de Xoel López tiene algo de rayo, de fulgor que irrumpe en nuestras vidas para quedarse ya para siempre en ellas. Con todo un confinamiento injertado en la elaboración de su último trabajo, ‘Si mi rayo te alcanzara’, lo más lúcido es comenzar de nuevo, mirar la vida como otra oportunidad para hacer de ella un reino luminoso, un parnaso de alegrías y esperanzas, dejando atrás sombras y desvelos, miedos y sueños que demasiadas veces se convierten en pesadillas. Xoel López habla de este disco como de abrir una ventana, él que tantas ha ido abriendo a lo largo de su carrera. Ventanas aquí y allá, miradores transatlánticos que van confluyendo en una misma dirección, la del músico siempre en experimentación, a la caza de ritmos, sonidos y melodías capaces de envolver a la palabra. Creo que es precisamente en ese momento, cuando la música acoge en su regazo a la palabra, siempre tan cuidada de Xoel López y, en este caso, también de Daviz Quinzán, cuando surge el rayo. Cuando ese haz de luz se convierte en el rayo que no cesa, de clara evocación hernandiana. Xoel López, que tanto tiene de poeta, (rastréenlo no sólo en sus canciones sino en el poemario ‘Bailarás cometas bajo el mar’) nos hace cómplices de su propuesta, alcanzándonos con ese rayo.

Su cuarto disco en solitario, tras ‘Atlántico’, ‘Paramales’ y ‘Sueños y pan’, tiene algo de soltar amarras, aunque todavía sean muchos los ecos pasados, sobre todo de su disco anterior, pero sí que se respira una cierta descompresión de un modo de hacer. Partamos ya de la inclusión de otro letrista acompañando a Xoel López, lobo solitario en ese territorio, y lleguemos a una diversidad de propuestas que convierten a este disco en un cruce de caminos o, si seguimos la pista de la portada en un cruce de cables. Es sólo en esa intersección desinhibida en la que se puede entender la conjugación del primer tema del disco, ‘El destello’, en el que «la memoria resuelve el dilema y se abre una ventana», en un proceso calmo y reflexivo para, ya en la siguiente canción, ‘Tigre de bengala’, acceder a un delirio de felicidad, a un exultante cántico de ritmos y sones, de alumbramientos en busca de la redención o, más nítidamente, de la salvación. El rayo que no cesa, la luz cegadora, un disparo de nieve, son anclajes míticos y firmes de la poesía y la canción a los que agarrarse. Emociones que disparan un futuro en el que sólo aquello que nos ha sincerado con la vida tendrá la fuerza suficiente para sujetarnos ante este tiempo nuevo .

Es a partir de ahí cuando las canciones se constituyen como auténticos jalones, como conquistas para afrontar una nueva esperanza, encontrándonos emociones tan intensas como las que se contienen en ‘Vampiro blanco’, ‘Si mi rayo te alcanzara’, ‘Alma de oro’ o ‘Joana’. En ellas encontramos flores en medio del asfalto, caballeros griegos trágicos, muros de hielo, vasos rotos clavados en la garganta, es decir, poéticas imágenes contenidas en unas palabras que estallan al paso de la música. Luces que se convierten en todas esas sacudidas que, como rayos, pocos son capaces de citar como Xoel López. Poderosas representaciones capaces de evocar ese limbo entre lo real y lo irreal, quizás el único espacio donde todo artista es capaz de identificar su propia realidad para, posteriormente, introducirnos en ella, haciéndonos cómplices de todo su universo.

Toca salir. Descender por esa bulliciosa ‘Catarata’ para caer en las tres últimas canciones de este disco, del que Xoel López no para de alabar lo que supone a la hora de superar miedos y oscuridades cada vez más lejanos en el tiempo, de ahí las melancolías presentes en cada sonido de las teclas de ese piano que pelea con la guitarra por generar un ámbito emocional que Xoel López comparte con el resto de los componentes de la banda a los que el coruñés da paso como parte de un proceso de reparto de responsabilidades. Es la madura asunción de que uno es mejor músico cuando sabe estar dentro del grupo, como parte de una coralidad que está muy presente en este trabajo que, cuando se aproxima a su final, nos deja esa canción inesperada, ya habitual en unos discos que se respetan de principio a fin y que no acaban en las cinco o seis primeras canciones. Son las ‘Balas’ de ‘Sueños y pan’, o el ‘Ningún hombre, ningún lugar’ de ‘Paramales’ o, ejemplo máximo, la ‘Tierra’ de ‘Atlántico’, me refiero a ‘La espina de la flor en tu costado’ convertida en el rayo inesperado, el fulgor ante el ocaso final. «No vas a entender/lo que ahora me pasa/mi vida comienza/con cada mañana./¿Qué quiero de ti? (...) No sé si eres un pez/o eres la espina/de la flor en tu costado». El comienzo, la luz y la sombra. Quizás el objetivo final del disco sea marcar un inicio a partir del que mirar a la cara a ese debate eterno, cuando las sombras acechan a una luz necesaria que puede llegar de la manera más inesperada, incluso como ese rayo que no cesa, como ese rayo que te alcanza.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 5/12/2012


 

sábado, 5 de decembro de 2020

Viaxar por Pontevedra

 Saga/Fuga



VIVIMOS tempos complexos. Tempos nos que é difícil conxugar o verbo viaxar, de aí que este ‘Pontevedra. Cuaderno de viaxe’, asinado por José Benito García, no apartado dos textos, e Alex Vázquez nas súas ilustracións, sexa unha invitación para resistir ante esta situación tan estraña chea de limitacións a nosa mobilidade. Entendámolo como unha forma de resitencia dende Pontevedra, coa sorte de ter unha cidade tan fermosa e con tantas posibilidades para converterla no centro dunha viaxe que abofé traerá unha chea de sorpresas.

Adoitamos desprezar aquilo co que convivimos. Escenarios que dende a nosa cotidianeidade entendemos faltos de valor polo noso contacto diario, teimando en poñer o noso ollo noutras xeografías ou itinerarios para convertelos en destino das nosas viaxes de lecer. Tanto José Benito García como Alex Vázquez ofrécennos neste libro, coidadosamente editado, unha ferramenta moi útil para que acompañe esa viaxe pola nosa cidade. O seu formato, ideal para meter nun abrigo ou nun bolso e de fácil manexo, temos que entendelo como unha invitación a percorrer a cidade, a compartir a súa visión e a coñecer aquilo que se agocha tras a súa fermosura como ámbito urbano.

Os feitos históricos, os detalles, as curiosidades, as lendas, os datos ou os nomes que manexa José Benito García son ese relato que nos configurou como cidade e como sociedade ao longo dos séculos. Palabras sobre as que se apoian as ilustracións feitas por Alex Vázquez para converter cada recuncho elexido nun sopro de vida, a representación daquilo que baila ante os nosos ollos como a celebración da nosa colectividade. Espazos que forman parte de nós e que Alex Vázquez recrea cunha incríble sutileza, unha intuición que substitúe o que podería ser un debuxo máis rematado ou máis preciso na súa intención. O certo é que con esa decisión aumenta a nosa relación con cada unha desas estampas, con eses escenarios cos que o noso ollo xoga a completar en base a lembranzas da nosa propia experiencia.

Non pensemos que por vivir cada día en Pontevedra, por camiñar polas súas rúas unha e outra vez, xa sabemos todo dela. Unha cidade, e máis esta, coa súa longa historia a través dos séculos, é sempre unha sorte de cofre cheo de sorpresas. Asegúrolles que camiñar por Pontevedra, cun ritmo diferente ao que empregamos para ir aos nosos traballos ou as nosas ocupacións, permitiralles cambiar a súa perspectiva sobre ela. Tenten dirixir a súa mirada cara onde non adoitan facelo. Fíxense nos detalles dos nosos edificios históricos, nas prazas, nas fontes, nas pontes, nos escudos, nos cruceiros, nas igrexas... en definitiva, fagan o esforzo de coñecer máis alá de onde viven e asegúrolles que a recompensa por facelo será moi grande.

Sigan os pasos que se sinalan neste ‘Cuaderno de viaxe’ e fagan a súa propia viaxe, tamén con esa parte de inocencia que ten que acompañar sempre a unha actividade como esta, isto é, con gañas de coñecer, de aprender e de descubrir. Chántense ante cada unhas destas sinais e abran o libro fronte a elas. Lerán a súa historia e entenderán moitas cousas de porque cada espazo ten esa configuración e, ao mesmo tempo, vexan a xenialidade de quen conxelou durante un instante o que leva dende sempre xunto a nós. Pedras, humidades, memorias, sensacións sen as que Pontevedra sería moi diferente, e nós tamén.

‘Pontevedra. Cuaderno de viaxe’ é, daquela, unha singular viaxe cara nós mesmos. Cara a nosa alma colectiva.




Publicado no Diario de Pontevedra 4/12/2020

sábado, 28 de novembro de 2020

Escrita e memoria

 

[Ramonismo 46]

Suso de Toro fai da biografía de Ramón Baltar unha paisaxe memorialista tan necesaria como tristemente esquecida



HAI LIBROS que chegan a nós co propósito da xustiza. Textos que nos obrigan a facer iso que esta sociedade esqueceu facer tantas veces como é mirar cara atrás, honrar ou descubrir a aqueles que en momentos ben complicados, e non tan afastados no tempo, fixeron moito porque hoxe a nosa vida sexa como é.

En ‘Un señor elegante’ (Xerais), Suso de Toro elixe, ou máis foi o seu protagonista, Ramón Baltar, o que o elexiu a el para darnos a coñecer a súa abriante historia, para abrir esas lumieiras que deixan pasar a luz cara esa noite pecha en que se converte a nosa memoria, selectiva e esquiva, tanto no individual como no coral, ante tantos nomes do pasado dos que descoñecemos os seus actos. Unha historia, a deste médico compostelano con vencellos con Padrón ou Rianxo, que sobrevoou arredor de Suso de Toro durante moito tempo, pero as cousas ás veces precisan chegar a ese intre no que todo salte polo aire, no que o creador entende que é o momento preciso para afrontar o reto que é facer da escrita literatura e, neste caso memoria. Esa suma tiña tras de si algo tamén de remexer alí onde ninguén puxera aínda o pé, onde as areas movedizas das familias engulen moitas veces un pasado que pode chegar a danar, a voltar a sentir as feridas dun pasado que, pese a todo, sempre estará aí, retándonos, puxando de nós para que o ollemos enfite. E iso é precisamente a tarefa do escritor, a de esculcar nesa memoria familiar e colectiva, de xeografías, vidas, amizades e feitos que tecen en cada páxina unha paisaxe, non só íntima e persoal, senón tamén unha malla colectiva dun tempo e dunha sociedade aínda non de todo valorada naquel complexo hábitat tinxido do gris e da mesquindade do resultado da sublevación militar contra a República e as décadas de franquismo.

Ao tempo que se nos debulla esta vida e vidas, o libro forma unha gran colmea de personaxes vencellados a Ramón Baltar e que desenvolveron o seu papel naquel ecosistema de actos valerosos, persecucións, castigos e silencios oficiais. Mentres todo iso acontece ante nós o propio Suso de Toro afronta un feito reflexivo íntimo en canto a súa profesión como autor e o que supón a construción dunha novela. Se fai pouco o seu brillante ensaio ‘Dentro da Literatura’ adentrábase de cheo nese proceso, agora todo iso lévase á practica e, nun exercicio de honestidade, o autor o amosa ante un lector que entende que os libros non só se constrúen dende o talento e o papel das musas, senón que hai moito tamén de azar, de pescudas e adicación, de compoñentes aleatorias que se enguedellan co propio exercicio da escrita. Feitos da propia vida que se suman a esa historia na que se está traballando e que de súpeto lévante outro estado da cuestión, a un achegamento íntimo ao protagonista que semella estar a sinalar o camiño a seguir.

Ramón Baltar amósase como unha sorte de Jano bifronte cunha cara de seriedade e un certo sentido estoico fronte a vida e os acontecementos, a mirada da familia e dunha sociedade que nunca se preocupou por recoñecer esa outra cara que sempre estivo suspendida no pasado, no amor a unha terra e ás súas xentes, a tantas como lles salvou a vida e moitas outras ás que tentou evitar o perigo. Suso de Toro vai cada pouco mirándolle aos ollos a esa dualidade para descubrir ao médico, ao xestor de diferentes centros hospitalarios compostelanos, ao mestre universitario, ao médico de campaña en primeira liña do terrorífico fronte de Teruel traballando para os sublevados, e tamén ao médico acusado de apoiar a guerrilleiros como o mítico Foucellas e tantos outros atendidos polas súas milagreiras mans, ao membro da Unión de Intelectuales Libres; máis tamén temos ao pai e ao fillo, membro dunha longa familia ancorada nas lembranzas da feliz patria da mocidade rianxeira onde tantas amizades se artellaron e de confianzas coa familia Castelao ou a Dieste. Tamén o amor polos libros e a cultura, o gusto pola velocidade e os tempos novos que encheron a toda unha xeración ilustrada e con gañas de facer deste país ese paraíso que nos merecemos e que os traidores se encargaron de mutilar durante décadas. Esa dor prolongouse a outros nomes como os de Ulpiano Villanueva, Roberto González, Darío Álvarez Blázquez, Luis Morillo, Emilio Martínez Baladrón, Manuel Varela Radío ou o seu propio irmán, Antonio Baltar fuxido a América e a feitos como a chamada Operación Termópilas coa que se pretendía atentar contra Franco na súa estadía de verán en Galicia.

E todo isto, todas estas voces que se fían entre elas atopan outra voz a do autor que dialoga con si mesmo sobre o que está a facer, cara onde o levará o seu labor de espeleoloxía cunha pluma na man e incluso de preguntas lanzadas ao seu propio protagonista, a ese Ramón Baltar que semella, por fin, atopar neste libro o relato preciso da súa vida, ou mellor dito, das súas vidas, desa dobre faciana á que por fin lle podemos poñer rostro os ignorantes, os que decoñecíamos da súa existencia, rescatada agora por un autor en estado de gracia que deixa unha obra monumental para seguir construíndo a nosa memoria, para seguir construíndo a nosa escrita.

 

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 28/11/2020

venres, 27 de novembro de 2020

O ruído do silencio

 Saga/Fuga


SI, O SILENCIO pode ser o máis grande balbordo que nos podemos atopar na vida. Un silencio que, como un pozo escuro, nos engule e converte as nosas vidas nun pesadelo. Así lle aconteceu a Josefina Arruti. O silencio que rodeou a súa vida, sinalada por aqueles que sabían do seu pasado, un pasado cheo de inocencia e cuxa única culpa foi a de amar a un home que fuxiu da barbarie humana, daquela persecución, que en Pontevedra fixo dunha Guerra Civil un axuste de contas entre veciños, de malleiras e disparos no abrente, ou de vixilancias aos que eran sospeitosos de ser cómplices daquilo que entendían ía contra os intereses mesquiños dos sublevados.

Josefina Arruti era a muller de Bibiano Osorio Fernández-Tafall, un dos nomes máis importantesa da Pontevedra dos anos vinte e trinta. O seu currículum científico acompañouse do seu labor político, sendo alcalde da cidade entre 1931 e 1934, impulsando o Estatuto de Galicia ao participar na súa elaboración.Deputado por Izquierda Republicana a súa muller e fillos déixano en Madrid horas antes daquel 18 de xullo de 1936 onde todo cambiou neste país. Esa despedida foi unha eternidade, xa que nunca voltaron a encontrarse. El marchou a México e Josefina Arruti converteu a súa estadía en Pontevedra, na súa vivenda de Benito Corbal, nun acto de resistencia rodeada de silencios que converteron o exilio interior nun exilio íntimo. Imposíbel saber o que podía pasar pola cabeza daquela muller asexada acotío pola súa contorna. A muller dun home fuxido, dun home ‘perigoso’, dun ‘roxo’. Dezaoito meses encarcelada e dous anos baixo arresto domiciliario, cos gardas ao pé da súa porta. Coas miradas da veciñanza e daqueles que pasaban ante a súa casa fixas neses gardas que sinalaban. Cando chegaba a noite o pesadelo medraba e ese silencio multiplicábase, e só se rachaba co ruído dos escapes das motocicletas que empregaban no cuartel que estaba a carón da súa casa para apagar os laios, as bágoas e os berros dos que sofrían as torturas daquela Garda Cívica que escribiu unha das páxinas máis noxentas da nosa historia colectiva.

A vida pasou e as miradas a esta familia voltaron co pasamento de Bibiano e o seu enterramento no panteón familiar de San Amaro, no que Josefina Arruti autorizara en non poucas ocasións o seu uso a aqueles represaliados e asasinados. Todo un monumento de solidaridade, como a propia Josefina foi un monumento vivo para as mulleres que sofriron as pegadas da violencia, que nelas se esqueceu ata hai uns poucos anos.

Este novembro asistimos a cómo ese silencio se pode rachar dende a iniciativa polo coñecemento da vida de moitas delas. Así aconteceu coa Señora Lola, e o seu mural a carón de Pasarón; ou con Virxinia Pereira, e a biografía escrita por Montse Fajardo; e nesta fin de semana unha nova acción, impulsada polo programa municipal ‘A memoria das mulleres’, repara na vida de Josefina Arruti, á que o concello de Pontevedra xa lle adicou unha rúa no ano 2015, como un chanzo máis na procura da visibilidade de todas estas mulleres.

O interesante destas propostas é que se poden afrontar dende moitos ámbitos de traballo, por iso a que se presenta no Culturgal o vindeiro domingo fai medrar esas achegas xa que falamos dun cómic. Dun traballo de banda deseñada asinado por Kiko Da Silva e Pablo Prado que, baixo un título tan poderoso como o de ‘Os berros da motocicleta’, converte nunha historia visual a vida de Josefina Arruti. Deste xeito é como nos atopamos con esta xoia, cunha especie de carta, como as que tanta importancia teñen no relato, que chega ata nós dende a xenialidade que medra dende o noso Garaxe Hermético, ese bulir de historietistas que están a encher Galicia dende Pontevedra de auténticos artistas. Unha vida, polo tanto, que chega a nós para que coñezamos esa historia, a existencia dunha muller que se mostra non só coa emoción que xa vén de seu, senón por cómo se plantexa ao longo do cómic. Fotos que non temos, pero que rematan asomando ante nós. Páxinas que non se limitan ao encargo de contar unha historia, senón que narran unha epopea de xeito visualmente tan brillante como cando se nos conta a Guerra Civil na viaxe en tren de Josefina Arruti de regreso a Madrid; ou cando se reflicte o xuízo de Alexandro Bóveda coa reprodución da derradeira carta dirixida a súa muller; ou cando asexamos por esas fiestras tralas que as bágoas de Josefina Arruti caían polas súas meixelas sabendo que o seu home paseaba por Pontevedra da man doutra muller.

O guión de Kiko Da Silva e os debuxos e a cor de Pablo Prado converten de novo a historia dunha muller da nosa cidade, nunha historia a reivindicar, a posta en valor, tras tantas décadas, dun esquecemento que quedará na complicidade dos que voltaron a cara a uns feitos que veñen a rachar un espeso e sonoro silencio.

 


 

Publicado no Diario de Pontevedra. 27/11/2020

luns, 23 de novembro de 2020

Costuras europeas

[Ramonismo 45]

'Centroeuropa’ es un espléndido relato bajo el que encontramos los cadáveres de un continente en permanente reflexión



ASISTIMOS EN los últimos años, bastantes ya, a un permanente debate sobre lo que sucede en nuestro continente. Una Europa que parece agotada de sí misma, con muchos de sus miembros tirando de sus costuras de manera permanente en base a miopías locales, incapaces de entender la posibilidad infinita de funcionar como una unidad que al tiempo valore las presencias de cada uno de sus miembros. Parece como si cada vez nos hiciésemos menos caso a nosotros mismos, a nuestra identidad, conformada a lo largo de los siglos, y casi siempre desde un permanente estado fratricida de guerras y enfrentamientos.

Aquí es donde entra nuestro protagonista, Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970), autor de un libro lleno de lucidez e inteligencia para descifrar desde lo literario mucho de lo que somos hoy. ‘Centroeuropa’, editado por Galaxia Gutenberg, y reconocido con el Premio Málaga de Novela 2019, nos ubica en ese espacio físico de la Europa central, en una Prusia a la que llega un viajero portando el cadáver de su amada y a la búsqueda de un futuro. Bajo la tierra en la que se instala, y en cuanto mete una pala, no dejan de surgir cadáveres de soldados de otros tiempos y fragores. De esta manera es como Vicente Luis Mora exhuma nuestra identidad continental a través de una escritura directa, en la que cada línea aporta al conjunto del relato y donde no sobra nada. Se encabalga esa búsqueda personal, ese itinerario  íntimo del protagonista, con el espacio físico al que llega, una comunión del yo con el nosotros que llena el libro de matices y de percepciones que parten de la mirada del individuo, de ese sentir de la pintura de Caspar David Friedrich en la que un hombre de espaldas se mide con el territorio a punto de visualizar ese otro cuadro del pintor que ilustra la portada del libro, en el que el interior de la tierra emerge para mostrar el único reducto de verdad que parece quedar entre nosotros. Aquel que está libre de nuestra presencia y donde sedimenta nuestra propia historia.

«Una nación no puede sobrevivir con la verdad a la intemperie», es una de las muchas frases que, al igual que esas placas tectónicas o esos cadáveres, fracturan el libro para que nos detengamos a tomar aire y pensar durante unos instantes. No elude Vicente Luis Mora la elipsis a través de los comentarios sobre tiempos pretéritos, cuando se alude a los generales que duermen mientras sus súbditos caen por miles en los campos de batalla de Europa. Mandos militares o políticos que se hacen fuertes en su torre de marfil, mientras el pueblo se juega su destino por ellos.

Ese hombre que cruza Europa, de múltiples identidades puede también metaforizar la pluralidad creativa de Vicente Luis Mora, cuyos escritos van desde la poesía hasta el ensayo, pasando por el teatro, la crítica literaria o el aforismo. Una diversidad que nos ofrece a un viajero solitario en el ámbito literario, siempre adentrándose por territorios singulares, no siempre fáciles, que exigen a quien accede a ellos pero a los que, a la vista de los resultados, nunca les vuelve la cara. ‘Serie’ (2015), es un poemario publicado en Pre-Textos, donde también encontramos el ensayo ‘La huida de la imaginación’, mientras en la editorial Vaso Roto tenemos ‘La cuarta persona del plural. Antología de la poesía española contemporánea’ y en Sexto Piso podemos hallar otro texto desafiante, la novela ‘Fred Cabeza de Vaca’, merecedora del Premio Torrente Ballester con una audaz y experimental biografía de un artista.

Y es que esa característica, la de afrontar y enfrentarse a nuevos caminos, es inherente a quien se acerca a la literatura como un acto de verdad, sin artificios, tal y como sucede en ‘Centroeuropa’, donde apenas doscientas páginas permiten indagar en nuestra esencia colectiva, con enseñanzas obtenidas de los que ya no están, de la cultura, y hasta de una poesía que parece surgir entre las costuras de esta novela, aportando una narración épica, el armazón homérico de un canto continental que, de fracaso en fracaso, llega hasta hoy, exhausta, pero con un esperanzador hilo de vida.

 

Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 21/11/2020