lunes, 15 de enero de 2018

De Chirico: Sueño o realidad



La pintura metafísica de Giorgio De Chirico se plantea en el espacio del CaixaForum de Madrid como un faro entre dos mundos. El de la antigüedad, del que no se desprende en ningún momento, y el de una contemporaneidad que surge del planteamiento onírico de muchas de sus escenas.


Pocos movimientos pictóricos fueron quien de generar un universo tan fascinante como la conocida como Pintura metafísica. Sus plazas abiertas, sometidas a una perspectiva renacentista con un sol proyectando su luz sobre objetos y maniquíes, generadores a su vez de largas y enigmáticas sombras, hicieron de los aproximadamente cinco años en que se condensó este fugaz istmo artístico del siglo XX un epígono perfecto de otros como el Dadaísmo o el Surrealismo que integraron la enérgica libertad del subconsciente en el mundo de la pintura.
Giorgio De Chirico (Volos, 1888-Roma 1978) fue su representante más destacado y, junto a Carlo Carrá o Giorgio Morandi, los autores de una pintura que se incluía en el febril relatorio de movimientos pictóricos de las vanguardias artísticas del periodo de entreguerras. Hasta el 18 de febrero el CaixaForum de Madrid nos propone una aproximación esos espacios turbadores generadores de una sensación de desasosiego, pero también de una belleza fascinante. Y lo hace de la mano del artista más destacado del movimiento, ya que bajo el título ‘El mundo de Giorgio De Chirico. Sueño o realidad’, pinturas, esculturas, dibujos y acuarelas sintetizan de una meditada manera todo el universo de un pintor que por su longevidad tuvo un gran influjo en numerosos pintores, y su pintura tuvo un largo recorrido en el tiempo, pero manteniéndose siempre fiel a sus postulados metafísicos.
El brillante montaje de la exposición juega con el interior de los lienzos al plantear toda una serie de arcadas en la propia sala, como las que caracterizaron esa arquitectura que surgía de la pintura italiana del Trecento y el Quattrocento, en las que se ubican los cuadros. Un eco en el que esa perspectiva que tiranizaba los interiores de las piezas sale al exterior y prolonga en todo el espacio el magnetismo que reside el interior de cada uno de ellos. Porque si algo consiguen estos cuadros, a partir de esa manera de pintar, es cautivar al espectador, sumergirlo en una atmósfera especial que descontextualiza al ser humano y lo adentra en un universo entre lo onírico y lo histórico, ya que la pintura metafísica pende directamente, no sólo del subconsciente, en unas curiosas alineaciones de objetos, sino también de toda una tradición artística, cultural y social, en este caso, italiana, que ofrece una línea de continuidad en la pintura de ese país.
El mundo de Giorgio De Chirico pasa por diferentes etapas, la más importante para la pintura metafísica en la década de los años diez, centrada en esos espacios arquitectónicos; un momento posterior en las décadas de los años veinte y treinta, en las que la figuración se impone al espacio a partir de una poderosa iconografía; un tercer momento en el que a partir de los años cuarenta vuelve la mirada a los grandes maestros de la pintura para, en la parte final de su vida, entre 1968 y 1976, generar una suerte de neometafísica, recuperando muchos de los postulados iniciales de su pintura.
Pero todas esas etapas se diluyen cuando uno recorre la exposición, cuando se enfrenta a esas piezas evocadoras, ya no sólo de un tiempo concreto, el de su creación, sino el de una pintura anterior, de la que se nutre e inspira. Allí, frente a esas plazas abiertas o ante sus maniquíes, aquella pintura italiana del Renacimiento se adentra en un mundo de sueños, de espacios que renuevan una tradición a la que sería imposible dar la espalda enriqueciéndola así desde la individualidad del ser humano en el siglo XX. El arranque de la exposición con una serie de retratos y autorretratos realistas nos presentan a un artista dominador del dibujo y de una técnica que no se limitó a un fácil camino que le auguraría éxitos seguros, sino que decidió adentrarse por una nueva pintura, pero también escultura, ya que esta muestra sirve también para descubrir la que era una gran desconocida en la producción del pintor italiano: su escultura. Piezas en terracota y bronce, unión también material con la antigüedad, que trasladan al espacio tridimensional muchos de los elementos que configuran su pintura. Todo este universo de objetos descontextualizados, naturalezas muertas o maniquíes humanizados no se separan de otro elemento clave en la pintura de De Chiricho, como es el sentido de la narración, al no plantear una fractura completa con la historia de la pintura ya que sus espacios tienen siempre un enganche con el pasado, con un pasado sin el cual poco seríamos.



Publicado en el suplemento cultural Táboa Redonda. Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo7/01/2018

miércoles, 10 de enero de 2018

Fotos dende o Lérez

Mª Victoria Moreno e Alejandro de la Sota, con cadansúa homenaxe das nosas academias, capitalizarán en Pontevedra a cultura no 2018.


Literatura e arquitectura danse a man este ano en Galicia, e farano dende o ronsel de escumas sobre o Lérez que deixa a pegada de dúas persoas tan ligadas á cidade de Pontevedra, que se converterá, deste xeito, na capital da nosa cultura ao longo do 2018, grazas ás designacións de Mª Victoria Moreno como homenaxeada no Día das Letras Galegas pola Real Academia Galega e á de Alejandro de la Sota pola Real Academia de Belas Artes, que será enxalzado no Día das Artes Galegas.
Arredor de ambos espéranse ao longo de todo o ano unha serie de actividades que recuperarán as súas figuras dende as súas actividades creativas, ambas, dun xeito ou doutro, movéndose arredor do ser humano e, para iso, Pontevedra será clave, por ser a cidade na que a escritora se instalou despois da súa chegada a Galicia, na que se namorou dunha nova lingua para ela, na que levou da súa man a milleiros de cativos aos que ensinou non só teorías senón tamén sentimentos e na que De la Sota naceu no xa mítico Café Moderno para desenvolver un proxecto arquitectónico renovador de tantas situacións nese eido e que se converteu, co paso dos anos, nun dos arquitectos esenciais no século XX, xa non só en España, senón nesta disciplina a nivel mundial. Un dobre ronsel para que esta cidade renove os seus fíos afoutos coa cultura que, dende diferentes disciplinas artísticas, converteron a Pontevedra naquela ‘pequena Atenas’, como a definira Xosé Filgueira Valverde.
Pois a esa ‘pequena Atenas’ volverán a mirada dende Galicia aqueles que desexen recoñecer o talento destes dous persoeiros da nosa cultura. A literatura como acubillo do ser humano, achega a Mª Victoria Moreno a quen facía da súa obra un espazo habitábel para ese mesmo individuo. E é que ambas artes ás veces non están tan afastadas. Adentrarse nun libro ten moito de refuxio, de amparo fronte á tempestade duns tempos inhóspitos para o home e a muller e, a carón da aparente sinxeleza dunhas páxinas, moitas veces acádase o coñecemento e a seguridade precisa para seguir camiñando. Mª Victoria Moreno fixo da súa obra literaria un compás para que moitos mozos e mozas comprendesen que dende as páxinas dun libro o mundo podía estar nas súas mans, que os seus ollos e as súas lecturas serían as lumieiras precisas dende as que tentar comprender un pouco mellor todo iso que pasa nas nosas rúas, ámbitos da sociedade nos que as veces vai moito frío. Todos eses rapaces tiñan a sensación de que entre esas liñas estaban eles, xa que a escrita de Mª Victoria Moreno convertíaos en protagonistas reais dun mundo de adultos que se erguía sobre a definición de Literatura Infantil e Xuvenil, indo moito máis alá.
Pola súa banda, as arquitecturas de Alejandro de la Sota, dende a reinvención e o moderno emprego dos materiais, acollían e acollen a un home que ten tamén nesa arquitectura un xeito de vencellarse co que lle rodea. Unha dialéctica entre o interior e o exterior que permitiu á súa obra acadar unha serie de avances espaciais respectando sempre a obriga da arquitectura de ser un espazo para ser vivido, e cuxas solucións teóricas deben ter unha aplicación beneficiosa para os seus ocupantes, algo tan afastado do que moitos procuran hoxe, como unha sorte de arquitectura do espectáculo.
Tanto a escritora coma o arquitecto arrédanse de facer do seu traballo un show, unha fotografía pasaxeira que, porén, convértese nunha fotografía permanente de talento, semente e contribución á súa sociedade. Fotografías que desta volta saen dende Pontevedra cara a Galicia.



Publicado no Diario de Pontevedra e El Progreso de Lugo. 10/01/2018.


martes, 9 de enero de 2018

Fellini: sueños, dibujos y publicidad

El Círculo de Bellas Artes de Madrid plantea una deliciosa exposición que ahonda en el universo onírico de Federico Fellini a través de su secreto ‘Libro de los sueños’, así como desde tres anuncios publicitarios filmados al final de su carrera y basados en tres de esos sueños.


Con la mirada puesta en el año 2020, año de celebración del centenario del nacimiento de Federico Fellini, están siendo numerosas las vías de investigación y análisis sobre la obra del director italiano. Hasta el 21 de enero en la sala Goya del Círculo de Bellas Artes de Madrid se plantea una aproximación a un aspecto bastante desconocido de su trabajo, como es el de la publicidad, pero, eso sí, indisociable de uno de los elementos claves en su filmografía como es el mundo de los sueños.
Desde los años sesenta Federico Fellini anotaba y dibujaba prácticamente cada día los caprichos que el subconsciente planteaba cada noche en sus sueños. Dibujos que registraban muchas de las que serían posteriores imágenes y secuencias de sus películas, algunas, como ‘8 y medio’, ‘Roma’ o ‘Amarcord’ claramente deudoras de ese universo. Ese libro le sirvió al director de ‘La dolce vita’ para inspirar tres anuncios publicitarios que no dejan de ser tres pequeñas películas, tan alejadas de lo que puede ser una filmación publicitaria como próximas a una película propiamente dicha. Sólo le restaba un año de vida cuando Federico Fellini arranca varias hojas de ese libro, en el que se habían esquematizado tres sueños, tres pesadillas relacionadas con el sentimiento de culpa originada por tres aventuras fuera del matrimonio que provocaban un despertar sobresaltado, así como el alcanzar la necesaria tranquilidad que producía una posterior visita al psicoanalista.
La poderosa Banca di Roma fue quien encargó esos anuncios y Fellini, no demasiado afecto a trabajar en publicidad, pero incapaz de pasar demasiado tiempo sin estar detrás de la cámara, realizó esos tres anuncios que son los que se pueden contemplar en esta exposición montada de manera brillante con tres pequeñas salas de proyección en las que sentados en una sillas de director nos encontramos con esas imágenes que, como suele suceder en su filmografía, son fascinantes, al tiempo que se completan eses espacios con los dibujos que originan las diferentes secuencias, así como imágenes de sus rodajes.
Junto a esos tres espacios se abre otro mayor en el cual nos adentramos, como en una espiral onírica, en ese ‘Libro de los sueños’, así como en toda una colección de dibujos realizados por el propio director. «Siempre he dibujado sobre cualquier trozo de papel que me encontraba. Es una especie de reflejo condicionado, un gesto automático, una manía que llevo conmigo desde siempre». De esta manera el autor de ‘La strada’ explica esa devoción por el dibujo que en esta ocasión sitúa ante nosotros una selección de piezas, muchas de ellas propiedad de su amigo el escenógrafo Antonello Geleng, en las que se aprecia esa frescura del momento, ese crear desde aquellos elementos subversivos y de provocación, desde el sexo hasta el subconsciente, que formaron parte del mundo de Federico Fellini y que aquí se recogen en soportes de lo más diferente como servilletas o manteles de restaurantes.
De nuevo, sentados ante esas tres pequeñas producciones, volvemos a adentrarnos en su cine a través de tres pesadillas. Un desayuno encantador que se ve interrumpido, la presencia de un animal salvaje en el interior de una cárcel o un túnel que se derrumba obligan a su protagonista a reclamar la presencia de un psicoanalista, interpretado por Fernando Rey en los tres anuncios que nos conducen a esa pulsión del inconsciente que tantas veces se desbordó en la exuberancia de su cine, en unas imágenes visionarias que desde el deseo y la obsesión plantea al hombre moderno con todas sus contradicciones. Un universo visual que se sitúa en lo más alto de nuestra cultura y que tendrá en ese año 2020 un momento propicio para reflexionar sobre él, así como seguir avanzando en esas vías todavía no exploradas completamente, como lo pueda ser esta faceta que podemos ver durante estos días en el Círculo de Bellas Artes, un punto de encuentro entre los sueños, el dibujo y la publicidad de un genio llamado Federico Fellini.



Publicado no suplemento cultural Táboa Redonda. Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo. 31/12/2017


miércoles, 3 de enero de 2018

Abrir una ventana


'Sueños y Pan’, es el título del nuevo trabajo musical de Xoel López, mientras que ‘Bailarás cometas bajo el mar’ es el primer poemario que el creador coruñés publica para comenzar de esta manera el nuevo año a partir de una efervescente actividad y que, a la vista de lo aquí escuchado y leído, vislumbra un año repleto de aplausos.
Esta manera de entrar en la década de los cuarenta visibiliza un momento de madurez, un estado de esos que se dicen de gracia a la hora de enfrentarse a la creación. Si hablamos de ‘Sueños y pan’, sus diez canciones son fantásticas, cada una con sus matices, pero deslizándose por diferentes emociones que balizan la trayectoria vital de su creador. Letras y músicas que enseguida te seducen y que en muchos casos te obligan a escuchar temas como ‘Insomnio’, ‘Madrid’, ‘Serpes’, ‘Lodos’ o ‘Durme’ de una manera casi enfermiza. Sí, han leído bien, dos títulos en gallego, dos maravillosas canciones que plantan a Xoel López en dos territorios íntimos, el de la memoria y la fisicidad de su paisaje natal; y el de los sentimientos tras ser padre, ambas escritas desde el valor y el orgullo de cantarlas en gallego en un disco que llegará a muchos rincones y la comprobación de cómo esta lengua tiene cabida también a la hora de plantear temas de éxito en la trayectoria de un cantante de primer nivel.
‘Bailarás cometas bajo el mar’ es el hatillo de poemas que ha publicado la editorial Espasa dentro de esta ebullición poética de muchos de los cantantes del panorama nacional. Una ebullición de la que uno no es muy partidario, ya que la seriedad de la poesía debería conducirse por otras experiencias y hago mías las palabras de un buen amigo de Xoel López, Iván Ferreiro, quien, en Pontevedra, en la presentación del libro recientemente escrito por Arancha Moreno sobre su obra, también dudó públicamente de esta faceta de muchos de sus colegas.
Pero este poemario de Xoel López tiene cosas, tiene un pellizco que te seduce en muchos momentos y reconoces esa dimensión de la poesía que es la que se pretende en la emoción de la palabra. En la poesía las palabras deben pesar, deben tener tras ellas una carga que a veces no llegas a comprender pero que te emociona. La mayoría de los cantantes metidos ahora a poetas presentan una levedad en sus escritos que poco o nada tiene que ver con esto, y sí más con alguna letra de canción de poco fuste o un estribillo con forma de tweet de medianoche. Pero cuando buceas entre estas cometas te encuentras con esto: «Cuando no quieren salir las palabras,/me limito a mirar por la ventana/y ver las otras ventanas/y las ventanas dentro de las ventanas/y dentro de mí, aún más ventanas./A veces, cuando no/quieren salir las palabras,/sólo tienes que abrir una ventana». Y es esa necesidad de abrir una ventana mediante la poesía la que te seduce en este poemario, seguramente lleno de dudas y de miedos, a cargo de quien no necesita de estos pantanos para ganarse a un público fiel a él desde su música como pocos autores. Pero ese deseo de voltear las palabras de sacarlas de una canción y ponerlas sobre papel merece más de un aplauso. Así que, junto a su «sueño de ciervos y lobos blancos» o a «cando as anduriñas bailen cos morcegos», que brotan de sus nuevas canciones, tenemos el vértigo de la poesía como una ventana más desde la que Xoel López se asoma a la vida, precisamente allí donde: «No hay espacio para la poesía,/pero está en todo y todo lo alcanza».


Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 3/01/2018
Fotografía: Jessyca Ocampo

martes, 2 de enero de 2018

A familia de Jorge Castillo


Unha ampla mostra adicada a Jorge Castillo enche as salas do Museo de Pontevedra co abondoso imaxinario que define a pintura do pintor pontevedrés coma unha das máis singulares e orixinais da plástica mundial. Un retorno a súa terra que aplaca demos e fai brillar a súa obra.

 

 

A escolla de pezas realizadas entre os anos cincoenta e a actualidade permiten, como poucas veces antes, facer un percorrido polo universo pictórico de Jorge Castillo (Pontevedra, 1933). Un universo que o caracterizou dende os seus inicios como un autor libre, que afundiu os seus pinceis en diferentes creadores e movementos pictóricos, pero sendo quen de non adscribirse a ningún deles. Un exercicio de liberdade que reafirmou coa súa vida itinerante por diferentes xeografías das que nutriu a súa pintura como complemento a toda unha serie de formas e figuras que compuxeron o que el mesmo define como «unha familia de seres autóctonos que actúan entre si e viven diferentes existencias», ao tempo que o fixaron como un dos nosos artistas máis internacionais e con obra en máis centros de referencia no orbe artístico.

Enfrontarse con estes cadros é unha confirmación dun dos nosos meirandes talentos da pintura, porén bastante descoñecido na nosa terra, por esa condición de pintor que se estableceu dende ben novo fóra dela, e por amosar ao longo da súa vida un certo receo a mergullarse no seu territorio orixinal, o que abofé engádelle a esta exposición, na súa vila de orixe, ese carácter de aperta fraternal e de expurgar os demos que a memoria e o tempo as veces fan subir ás nosas costas. Falabamos de talento e iso é o que non deixa de agromar nos diferentes espazos dunha exposición plantexada na súa distribución polo propio artista, coa axuda da comisaria, Pilar Corredoira. Desa opción persoal pola ubicación das pezas acadamos unha lectura uniforme da súa obra, afastada de liñas cronolóxicas e permitindo un tránsito por se mesma que afianza esas relacións familiares entre as pezas, comprobando como certas formas e materiais vanse repetindo ao longo das sucesivas décadas nas que se desenvolveu o seu traballo.

Unhas etapas que semellan diluirse fronte á capacidade da súa pintura por ser, por constituirse como unha entidade propia, case que axena ao que acontece no exterior do cadro, e sempre cunha finalidade clara como é a intención de emocionar, primeiro ao artista, e nun paso seguinte ao espectador. Unha pintura da emoción que nesta ocasión medra de xeito exponencial ante o abondoso número de obras expostas que permiten ese mergullo nun universo propio, radicalmente distinto a tantos camiños máis que transitados na nosa pintura. É por iso que non só estremece poñerse diante do seu mítico Tríptico de Palomares (1967), que lle abriu as portas á Documenta de Kassel do ano seguinte, alí onde ben poucos españois foron chamados a amosar a súa obra, senón tamén ante algún deses cadros de pequeno formato nos que miramos aos ollos dun personaxe, ou ante unha serie de froitos e flores dispostos sobre unha mesa nunha realidade paralela á nosa. Retratos e bodegóns que semellan esvaecerse dende a súa disposición, dende esa brandura á hora de pintar sen un contexto espacial definido ( a excepción da súa importante etapa newyorkina) que fai que a nosa mente se libere de condicionantes e se achegue á pintura dun xeito puro, primitivo ás veces, e só coa intención de acadar a cobizada emoción que persegue o artista.

Picasso, Bacon o Surrealismo todo flúe cara ese río propio que é Jorge Castillo. Un río no que reflectirnos para comprobar como as pinceladas mantéñense afoutas fronte ao paso do tempo. Moitas das obras da exposición pertencen aos últimos quince anos do artista, tempo que moitos xa daban por descontado na súa traxectoria. Algúns xa esquecerían, incluso, que Jorge Castillo segue vivo. Non teñen máis que ver esas pezas recentes para volver a caer no seu feitizo, para comprobar a súa inesgotábel capacidade para xerar universos, para enfrontármonos ante unhas superficies nas que a cor acadou un inesperado chanzo como rebelión e berro fronte ao paso do tempo, e é que as persoas non son vellas pola súa idade senón polo seu espírito. O espírito de Jorge Castillo, dende Pontevedra, Nova York, Ibiza ou Madrid, segue sendo un galope libre, unha corrente que só ten unha misión na pintura: a emoción. A emoción da familia.
 
Publicado no suplemento cultural Táboa Redonda. Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 24/12/2017
Fotografía: Rafa Fariña

 

miércoles, 27 de diciembre de 2017

¡Nos las arreglaremos!

Cuarenta años después de su muerte el silencio del cine de Charles Chaplin continúa siendo un poderoso grito sobre el ser humano

El día de Navidad de 1977 fallecía Charles Chaplin. Cuarenta años después de esa fecha todavía conmueve acercarse a su cine de silencios, de miradas y gestos, para el que la palabra era un estorbo, convirtiéndose ese silencio, paradójicamente, en un vigoroso grito alrededor del ser humano y sus problemas con una sociedad cada vez más deshumanizada.
Se acaba este año, fin de una etapa más en nuestras vidas. Un año lleno de días felices e infelices, de alegrías y de tristezas, de peripecias que se han ido pegando a nuestra piel como parte del peaje que toda existencia debe pagar. Como en el final de esa obra maestra del cine que es ‘Tiempos modernos’ le damos la espalda al caduco 2017, mientras nos dirigimos hacia el 2018. «¡Nos las arreglaremos!», le espeta el último vagabundo de Chaplin a su compañera para, instantes después, obligarle a esbozar una sonrisa en su rostro. Quizás eso sea lo único que necesitemos realmente para encarar la aventura de un nuevo año, esperanza y alegría, armas chaplinianas para enfrentarse a la vida y vencer así la desorientación que producen tantos acontecimientos como tienen lugar en nuestra turbulenta sociedad.
No sé sinceramente cómo respondería Chaplin a esta loca realidad actual, me gustaría pensar que seguiría fiel a las herramientas que empleó en sus películas: la bondad, la ternura y una suerte de inocencia que, lejos de ser ridículas, son un acto de rebeldía y firmeza frente a tanta vanidad y a ese estúpido deseo del ser humano de ser lo que no es.
El mundo de la infancia, el trabajo, el amor, el sueño americano, los totalitarismos, la fragilidad del hombre y su decrepitud final. Todo esto es la vida y todo está en el cine de Charles Chaplin. Acostumbrados como estamos a un cine lleno de efectismos y distracciones, volver a colocarse ante la pantalla en blanco y negro y el silencio, un silencio ya eterno, de su cine, es comprender realmente el valor del cine como medio de expresión artística, pero también como vínculo con la realidad de su momento como ningún otro arte ha sido capaz de lograr a lo largo de la historia. Los ojos de Chaplin son siempre los ojos del espectador que, ante estas imágenes, retrocede en el tiempo y hace de las virtudes del clown el único escudo para protegernos ante la intemperie. Es entonces cuando comer unas botas hervidas no es algo tan grave, o cuando recoger una flor del suelo para devolvérsela a su vendedora es un acto trascendental. Una poesía que permite tomar distancia con la realidad, sortear sus golpes y volcarse en el gag como parálisis de la sociedad ante la esencia del individuo que reacciona ante ella fragmentando su propio tiempo y convirtiendo a la risa en una insurrección frente a las normas, a lo cotidiano y a la tiranía planificada por unos tiempos que cada vez parecen más ajenos a nosotros mismos.
Quizás no sea mala idea a la hora de cambiar de año y antes de dar ese salto en el vacío el revisar alguno de los títulos de Charles Chaplin. Desde sus iniciales cortos a ‘Candilejas’, de su mano uno se arrima a aquello que más conmueve del ser humano, a una esencia que poco a poco hemos ido perdiendo y que desde hace cuarenta años dejó de estar presente entre nosotros, pero que el actor y director ya se había encargado de encapsular en sus películas para que, con bombín y bastón, seamos capaces de seguir siendo felices, porque pese a quien pese ¡Nos las arreglaremos!



Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 27/12/2018

Arte sostenible

Rue Saint-Antoine nº 170
Arte. Una exposición del pontevedrés Kike Ortega en la Emotion Art Gallery de Madrid, abierta hasta el 10 de enero, lleva hasta la capital una de las propuestas artísticas más interesantes que últimamente surgen en nuestra ciudad. Una apuesta por un arte sostenible, donde material y creatividad luchan a partes iguales por impactar al espectador.


Kike Ortega es feliz en Pontevedra. Algo en lo que no es distinto a los miles de pontevedreses que día a día hacen de esta ciudad una parte fundamental de su vida. Pero Kike Ortega lleva muchos años exponiendo ese trabajo concebido y parido a las orillas del Lérez fuera de nuestra ciudad, reclamado desde diferentes espacios nacionales e internacionales pero siempre con Pontevedra como el eje en el que hacer girar su compás creativo. Arquitecto de formación su creatividad e imaginación se han ido expandiendo por territorios como los de la pintura y la escultura generando un lenguaje de un gran efectismo visual en un espectador que ante sus obras aplaude no solo ese talento del creador sino también la reconversión de los materiales en su trabajo.
Y es que esa apuesta por la sostenibilidad de una serie de materiales que van más allá de ser un mero soporte, los convierten en protagonistas de su discurso artístico. Texturas, colores, significados y tiempo se funden en las diferentes propuestas del artista tras un largo periodo de experimentación y maduración de posibilidades y efectos. Así es como bidones, tableros de encofrar, lonas de tren, arpilleras e incluso techos de tractor son los lienzos desde los que Kike Ortega sigue en su planteamiento de fragmentar el tradicional soporte pictórico, de discutir sus márgenes y límites, planteando una libertad en el hecho creativo que llena sus obras de una potencia y vigor que de otra manera sería muy complicado conseguir debido a la tradicional domesticación de la pintura en el lienzo. «Siempre he enfocado mi trabajo hacia la expresividad de los materiales. Estoy interesado en ellos pero de una forma bastante simple, los observo como algo que está ahí para servirme. Me gustan los materiales usados, agotados en su función, pero que tengan una apariencia objetiva», apunta Kike Ortega sobre su relación con los materiales.
Kike Ortega lleva exponiendo en Madrid desde el mes de noviembre tras mostrar su obra en los últimos meses en Miami (Byscaine Art House) y en la sede viguesa de Afundación, pero el cercano 2018 le cita de nuevo en Miami para exponer en el Centro Cultural Español. Una apretada agenda que a Kike Ortega le reafirma en su trabajo y también en la necesidad de todo artista por mostrar su obra, por hacérsela llegar a «un público que debe ser entendido más allá de un mero consumidor o comprador de obra», como manifiesta el artista pontevedrés junto a la necesidad de que la cultura recupere el protagonismo que ha tenido en otros momentos, «algo que entiendo como crucial para la autoestima de cualquier sociedad, además de ser una inversión de futuro».
Figuras humanas, arquitecturas, juegos de perspectivas... todo eso se va asomando en unas obras en las que tan importante es lo que se muestra y cómo se hace, cómo se aprovechan los diferentes soportes y las hendiduras, manchas de óxido o logotipos para enriquecer un lenguaje que en muchas ocasiones logra la belleza donde todo estaba ya perdido. Piezas ya despreciadas por esta sociedad que gusta de deshacerse de demasiadas cosas que todavía pueden serle útiles.
Esa cabeza de toro, picassiana, simbólica, brutal, planteada sobre el techo de un tractor, es el gran tótem de esta exposición y de un nuevo camino hallado por el artista para continuar avanzando, para seguir volcando ideas y posibilidades para seguir creando, eso sí, siempre desde Pontevedra, ya que para Kike Ortega es «una ciudad con unas enormes posibilidades artísticas, llena de creadores y con una disposición urbana idónea para circuitos expositivos. Deberíamos hacer del arte una herramienta beneficiosa para la ciudad.»



Publicado en Diario de Pontevedra 26/12/2017