jueves, 19 de julio de 2018

Cautivo y desarmado

España está a punto de dar un paso decisivo
en acabar con algo que nos sigue corroyendo


Cautivo y desarmado el General Franco se resiste a rendirse, y con él los suyos, los que aún defienden su legado, los que corren a sus pies para honrar sus restos mortales, algo que  ha sucedido este fin de semana en el Valle de los Caídos. Porque el Valle de los Caídos es eso, un monumento para honrar al franquismo y sus cuarenta años de dictadura y, mientras siga manteniendo ese significado, España continuará teniendo en su interior una bomba de relojería, un nauseabundo culto hacia quien debería solamente ser llorado por sus familiares.
Ningún gobierno se ha atrevido a meter ahí la mano y a hacer de la Memoria Histórica una iniciativa de dignidad nacional. Ni socialistas ni populares han dado el firme paso de hacer de España un lugar donde se respire mejor. Ahora parece que Pedro Sánchez ha dado orden de que los restos del caudillo deben ser devueltos a sus familiares, también que los familiares de los que tienen a los suyos tirados por las cunetas de media España puedan recuperar sus restos con el apoyo de la Administración y no en base a la iniciativa de diferentes Asociaciones, se anularán las sentencias dictadas por los tribunales de excepción franquistas, se retirará toda simbología de exaltación de la Guerra Civil, se cambiará la función del Valle de los Caídos y se ilegalizarán asociaciones que hagan apología del franquismo como la Fundación Francisco Franco, todavía receptora de ayudas públicas.
Sí señoras y señores, un 18 de julio de 2018, casi cuarenta y tres años después de la muerte de Franco, seguimos dándole vueltas a este asunto que en otros países estaría más que solucionado, con los restos de las víctimas de esa Guerra llorados por sus familiares, con el Valle de los Caídos como un lugar de enseñanza para no olvidar nunca lo que fue aquel tiempo, con las posesiones de la familia-caso del Pazo de Meirás- devueltas al pueblo-, sin honras a sus descendientes -como ese vergonzoso ducado con grandeza de España que el Ministro de Justicia del Partido Popular horas antes de cesar dejó atado y bien atado en manos de la nieta del sátrapa-, y con el dictador lejos de un espacio público donde ser alabado. Alemania, Argentina o Chile, con feroces regímenes han sido mucho más valientes que nosotros y años después de haber superado esos tiempos de horror han sabido poner fin a ese tiempo de una manera firme.
Los tímidos pasos dados por Zapatero fueron un esperanzador arranque en la creación de una Ley de Memoria Histórica que se fue apagando poco a poco, ahora el nuevo gobierno de Pedro Sánchez, acelerando con sus 84 diputados en la consecución de mejoras en diferentes terrenos emponzoñados de nuestra sociedad parece apostar firmemente por impulsar esta Ley con unos objetivos mucho más ambiciosos. También en Galicia se está trabajando mucho y bien por impulsar políticas públicas de memoria histórica y así el pasado viernes en Pontevedra en una iniciativa de la Concellería de Memoria Histórica, Luis Bará reunió a representantes de concellos y diputaciones de cara a la creación de una red gallega contra el olvido y la impunidad. Y mientras se dan estos pasos en la dirección de normalizar el país asistimos a como Pablo Casado, la gran esperanza blanca del Partido Popular califica toda esta cuestión como el ‘monotema’, supongo que se referirá a lo que le aburre que muchos ciudadanos no puedan poner unas flores en una humilde tumba mientras hay quien puede ir al mausoleo del dictador con el brazo en alto.



Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo
foto EFE


jueves, 12 de julio de 2018

Agnés Varda y el mar

Su segunda exposición en la península revisa, desde Pontevedra, la obra de la autora gala


Hay una serie de nombres que se mantienen como sagrados en el olimpo de los mitos vivos del cine. En Europa uno de ellos es el que encarna esta mujer, esposa durante casi treinta años de otro gigante del cine, Jacques Demy. Agnés Varda representa una mirada especial desde su propia obra, aposentada en su interés por la fotografía y posterior paso al mundo del cine de ficción y al documental. Cuando en 1961 estrena ‘Cleo de 5 a 7’ solo habían pasado dos años desde que dos genios como Jean-Luc Godard y François Truffaut habían dirigido dos de los manifiestos fílmicos de la ‘Nouvelle Vague’, ‘Al final de la escapada ‘ y ‘Los cuatrocientos golpes’, respectivamente. Su obra, planteada desde una perspectiva femenina que nunca abandonó desde una clara conciencia reivindicativa, se alineó junto a la de esos creadores como una más. A partir de ahí llegaron en torno a cuarenta trabajos más desde diferentes ámbitos de la imagen que la consolidaron como un referente objeto de admiración por todo el mundo del cine, sólo recordar la concesión el pasado año del Óscar Honorífico de Hollywood, que se venía a sumar a premios de tanto prestigio como la Palma de Oro de Cannes ,el León de Oro de Venecia o el Premio Donosti del Festival de San Sebastián.
Pues este es el personaje, en unas pocas líneas para aquellos que no lo conozcan, el que hasta el 26 de agosto ocupa la totalidad del espacio expositivo del Pazo da Cultura en la mayor muestra que ella misma y sus colaboradores plantean en suelo peninsular tras la celebrada en Sevilla en 2012. Francia, Nueva York o China acogieron muestras de su trabajo, pero no con la ambición que se ha querido plantear desde Pontevedra, junto al mar, un Atlántico que ha estado presente en su obra como una percepción más de esa vida que ha inundado la totalidad de sus trabajos, de sus miradas dirigidas a una realidad que siempre le ha preocupado registrar en sus fotografías y rodajes.
Fotos, instalaciones alrededor de sus filmaciones o las propias obras visuales, forman un itinerario que nadie próximo a la cultura se debería perder. Uno de esos tesoros que de cuando en cuando, y de manera tan sorprendente como afortunada para nosotros, llegan a nuestros pies. Y es en esos pies donde arranca su propuesta fotográfica, ‘La gente que camina’, personas que pisan diferentes rincones del mundo, que se funden con el entorno a través de las plantas de los pies en una vinculación corpórea y sensitiva a partir de la cual se disponen toda una serie de estaciones en las cuales reflexionar alrededor de la vida desde proyectos como ‘Las viudas de Noirmoutier’, ‘La gente de la terraza’, ‘Les glaneurs et la glaneuse’ o ‘Sin techo ni ley’, entre otras. Y al fondo de todas ellas, el sonido del mar: atracción, fascinación e inspiración para una directora unida a Galicia desde una inesperada intensidad.
Poco se podía soñar cuando hace unos años dieron comienzo unos apasionantes ciclos de cine francés coordinados por la experta Bárbara Santos que, tan sólo un par de años después, la Universidad de Vigo y la concejalía de Cultura de Pontevedra iban a varar junto al Lérez parte del imaginario de Agnés Varda bajo el comisariado de su íntima colaboradora, Julia Fabry, convirtiéndose durante este verano en un espacio referencial para los amantes del cine. Una cita obligada para recuperar otro mar al que estamos acostumbrados estos días. Un mar visto por los ojos de Agnés Varda, parte de la mirada de nuestro cine, aquel en el que nos reflejamos arrullados por el mar.



Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 11/07/2018
Fotografía realizada por Agnés Varda (Rafa Fariña)


martes, 10 de julio de 2018

Letras de magnesio

Rue Saint-Antoine nº 170
Fotografía ▶ 50 retratos de escritores galegos ocupan o vestíbulo da Deputación de Pontevedra conformando a exposición ‘O imaxinario do país’ que poderemos visitar ata o 21 de xullo, antes de moverse por diferentes comarcas da provincia. 50 miradas a alma daqueles que enchen de letras e historias a nosa terra da man de Anxo Cabada.

Lucía Novas

A escrita son palabras, pero tamén son rostros. E o fotógrafo ten que ser quen de poñer imaxe a esas letras contidas no interior do escritor. Estas fotografías, en branco e negro, ascéticas, limpas, directas á cerna de cada un dos escritores son quen de facelo. Un atópase á persoa, pero tamén a quen mira a realidade dende a óptica da palabra, a quen enfía a vida entre as liñas dos textos como se estivese a camiñar entre cantís. Deterse ante cada unha destas fotos que Anxo Cabada soubo rescatar de alí de onde só os artistas saben esculcar, é poñerse ante as alfaias das nosas letras, é a posibilidade de mirarlle aos ollos a moitos dos que encheron, dos que enchen e dos que encherán a nosa vida de relatos e poesías, dunha escritura da que debemos gabarnos como un dos nosos tesouros máis sobranceiros.
Así, fronte a eles, mirándolles a eses ollos, poderemos esculcar no seu interior e ver, como se dicía naquela película, de que material están feitos os soños. Ter a Chus Pato diante, a Agustín Fernández Paz, a Xosé Luis Méndez Ferrín, a Anxos Sumai e a tantos e a tantos é un desafío a nós mesmos para enfrontarnos aos que nos sustentan. Moitas veces, demasiadas veces entendemos a literatura como parte dun negocio, dun sistema económico baseado na escrita e na venda de libros para o mantemento de autores, editoriais...e demais axentes que se moven arredor do libro, pero nos esquecemos de que sen historias, sen relatos non habería comunidade, isto é, calquera sociedade que se teña como tal precisa dunha serie de narracións que lle dan sentido ao que acontece no seu devir como colectivo. Esa tarefa a manteñen en pé, afoutos e afoutas, todos estes homes e mulleres que agora posan ante nós dende a máis absoluta sinceridade. Rostros que se condensan nunha mirada, nun xesto, nunha pose que busca completar o que cada un deles é como escritor. Di Ramón Nicolás no limiar do catálogo que recolle a mostra: «é nesa luzada, irrepetible e única, cando se capta «o momento», en tantas ocasións máxico, mesmo non sei se ás veces epifánico, en que a materia fotografada, neste caso escritoras e escritores de noso, se transforma noutra cousa que vai máis alá dos rostros, das olladas, das mans ou dos posicionamentos corporais que se adoptan...», e nese ‘máis alá’ onde estas fotografías acadan o elemento engaiolante para o espectador, ese espazo de incerteza que consegue que unha obra de arte acade esa condición, o gume do inexplicable e onde autores e autoras xunto ao espectador son parte dunha mesma sensación.
Fina Casalderrey
Esa incerteza é onde o fotógrafo soubo captar o ‘máis alá’, a posibilidade que ten o autor ou autora de facer do seu maxín un ronsel que poña aos lectores e lectoras a camiñar como aos ratos daquel flautista tras o descoñecido pero engaiolante. E ata ese espazo da dúbida tamén nos queren levar todos estes protagonistas que completan cada unha das imaxes das que participan cun texto co que tentan explicar o que rodea esas fotografías, as ‘interseccións’, como di María Reimóndez, que teñen lugar na vida. «Na intersección entre natura e cultura, existo», escribe de xeito tan preciso María Reimóndez, Todos somos interseccións, todos somos mestura, cruces, sumas, restas, idas e vidas, lecturas, aloumiños, miradas, estremecementos, interseccións de vida. Todo iso pode conterse nunha foto, como ata en cincuenta veces foi quen de facer Anxo Cabada, pero tamén como cada un destes autores fai cos seus textos, máis ou menos longos, en prosa ou en poesía, con máis ou menos literatura, pero en todos con emoción, coa carraxe e o acubillo de sentirse, de saber que existen. Eles que teñen a ferramenta da palabra como espada invencible, como daga coa que axustar contas coa realidade . Agora síntense espidos, as súas mans pesan, sen a súa espada, cóstalles domiñalas, pousanse unhas sobre outras, enguedellan os dedos entres si, outros as empregan para posar a súa cabeza, para balizar outras partes do seu corpo. Parécelles que lles molestan esas extremidades sen un bolígrafo ou a teclas do ordenador. Son como animais fora do seu contexto cos que xoga o fotógrafo como fai o gato co rato antes de papalo. Todos eles aceptaron o xogo pero a cámara e o seu manexo por Anxo Cabada foron ben ‘máis alá’, foron ata a alma de cada un deles, abofé que onde ningún deles pensaría chegar. O retrato é captura, pero tamén é axexo, e a súa virtude é que non hai quen o engane.
Xesús Constenla
Camiñar nesta exposición é camiñar entre as olladas de todos eles, tamén é a oportunidade de ler un anaquiño de cada un deles, pero sobre todo é a posibilidade de gabarse dos que nos contan cousas, dos que nos falan e nos relatan como somos. Os ecos da súa presenza inza en todas estas fotografías que Anxo Cabada foi paseniñamente xuntando ate hoxe, cando eles, os contadores da tribo, aparecen xuntos para que os sintamos presentes máis aló das súas páxinas, para cos sintamos en corpo e alma, porque estas fotografías teñen esas dúas cousas, corpo e alma, a intersección que xorde dunha imaxe en branco e negro.



Publicado no Diario de Pontevedra 9/07/2018
Fotografías. Anxo Cabada


lunes, 9 de julio de 2018

O sorriso de Daniel

A marabillosa restauración do Pórtico da Gloria, entre as moitas cousas que nos descobre, déixanos un inspirador sorriso


Se a visión do Pórtico da Gloria é sempre motivo de abraio e emoción, achegarse a el despois do incríbel proceso de restauración feito ao longo dos últimos dez anos convértese nunha obriga para o goce de calquera persoa. Foi un deses investimentos que se fan para a recuperación do noso patrimonio e un traballo feito cun primor que ten que ser recoñecido por todos nós como algo máis que un simple traballo. Estamos afeitos nos últimos tempos a ver restauracións calamitosas que mutilan o noso patrimonio, por iso, cando un ve un resultado así entende da necesidade de xerar bos profesionais neste tipo de disciplinas, así como da obriga de investir neste tipo de traballos, algo que só reporta beneficios á sociedade. O apoio das institucións ao Programa Catedral de Santiago e o investimento da Fundación Barrié de la Maza a este longo proxecto merece un forte aplauso da sociedade galega, que recupera a que pode ser a nosa maior obra artística. A obra que o Mestre Mateo asinou en 1188 como Magistrum e que agora se presenta ante nós da mellor maneira posíbel e o máis próxima a como se concibiu na súa orixe, na que a cor tiña unha grande importancia e que permite que descubramos elementos que polo paso do tempo e a degradación eran moi complicados de albiscar. Un deses elementos son os xestos dos protagonistas do Pórtico, figuras que acadaron unha humanidade que non ten comparación na súa época e que fala do talento do artista para xerar unhas esculturas nas que se contén unha intensa carga de vida. Eses xestos ou a arriscada colocación das figuras pegadas a esas columnas, algo moi do estilo francés pero pouco visto por esta xeografía, e evitando a frontalidade, o que facilita a conexión entre elas non aparecendo como figuras solitarias nun amplo conxunto iconográfico, é o que lle concede a este monumental acceso á catedral a súa condición de espazo singular e que permite unha conexión co público moi difícil de atopar noutros recintos similares, incluso de épocas posteriores, presuntamente máis evolucionadas no artístico.
Non hai máis que fixarse nese sorriso do profeta Daniel, situado entre Xeremías e Isaías, para entender a arte Románica como unha arte luminosa, afastada desa concepción escura que se ten do mundo medieval, afortunadamente cada vez menos defendida. Un sorriso pillabán, que só ten comparación en inspiración artística para o espectador no da propia Gioconda, e que ten a súa explicación na presenza fronte a Daniel da voluptuosa Esther, nunha chiscadela do artista. Pensar neste Pórtico acabado de facer, cheo de cores, é algo que estremece hoxe, ao imaxinar a fortísima impresión que lle produciría a quen se achegase a el. Realmente era o acceso á Gloria, a ese Cristo maxestuoso que nos dá a benvida, xunto aos Evanxelistas e os Apóstolos, entre o Antigo e o Novo Testamento. Entre a fonda espiritualidade e a humanidade que destilan estas esculturas que agora son un canto á nosa vida, tanta que ata hai unha empanada entre elas. Esas meixelas coloradas, as faccións dos rostros, as poses, ata os cabelos dun fondo realismo, con eses ‘carocois’ típicos dos cabelos do círculo do Mestre Mateo, emerxen agora cunha forza que por moito que un teña estudado este espazo non deixa de estremecer.
Xa só queda agardar ata o día 27 deste mes, cando todos poderemos acceder a el. Será cando sintamos tremer as pernas ante o que é capaz de facer o ser humano. Un, na súa orixe, case que 900 anos atrás, ideándoo e creando unha obra única; e outro, hoxe, respectándoo e poñéndoo en valor para todos nós, para que sigamos enfrontándonos ao sorriso de Daniel por moitos anos máis.



Publicado no Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 4/07/2018
Fotografía Fundación Barrié de la Maza


lunes, 2 de julio de 2018

O primeiro Nós

O achado dos orixinais do álbum Nós, feito por Castelao entre 1916 e 1918, marca a exposición 'Meu Pontevedra' no Museo de Pontevedra, e propón a revisión dunha obra clave no seu devir artístico.


É INCRÍBEL como a vida arredor de certos personaxes, que un pode considerar xa suficientemente analizados ou estudados, permite aínda certas descubertas que non fan máis que afondar no seu talento e nas súas capacidades. A exposición que dende esta semana se amosa no Museo de Pontevedra titulada Meu Pontevedra, arredor do íntimo e alongado vencello da súa cidade de acollida e á que sempre levou no seu corazón, está chea destas descubertas, de pezas descoñecidas, de datos anovados e correxidos e, sobre todo, dese abeizoado achado, nas mans dun particular, dos orixinais do álbum Nós, dos que non se tiña coñecemento da súa pervivencia no tempo, alén dalgunhas atribucións maledicentes.
Todos estes fitos arredor dunha exposición só poden falar ben dos seus comisarios, Ángeles Tilve e Xosé Manuel Castaño, mergullados nunha tarefa titánica, como é a de contextualizar Pontevedra na vida e obra de Castelao e tamén á inversa, a análise dun Castelao apegado ás pedras e á sociedade pontevedresa na que el mesmo xogou unha sorte de papel revolucionario dende diferentes frontes culturais, artísticas e sociais. O descubrimento do álbum Nós ponnos ante un deses fitos da nosa arte, xa que a importancia da colección de estampas ven dada polo significado que ten dentro do conxunto da obra creativa de Castelao. O álbum Nós, feito, como o propio autor fai constar entre 1916 e 1918, supón un xiro total na súa relación coa arte ao substituir un feito puramente plástico polo emprego da arte como manifesto reivindicativo ou político da situación de Galicia. Castelao dende estes momentos deixará de lado o seu labor como artista de seu, isto é, deixa de participar en exposicións e incluso abandoará a súa faceta como pintor de grandes lenzos, reducindo o contido pictórico ao tempo que amplían as compoñentes reivindicativas da súa obras.

Deterse ante o medio cento de debuxos que compoñen o álbum amósanos, por unha banda, todo un alarde das aptitudes para o debuxo de Castelao, e por outra, a capacidade para inxerir unha sorprendente forza a partir dunhas poucas liñas. Os seus rostros, a composición das esceas, as relacións entre as figuras, a súa esquematización déixanos ante un discurso dun vigor arrepiante e que se ve alimentado polas frases que acompañan ás imaxes. Textos que amosan o asoballamento dos máis febles, as inxustizas, as miserias dunha vida que facían de Galicia un lugar no que comezaba a prender a faísca do asoballamento fronte a outras rexións. O álbum Nós amosa unha vida propia, non só como unha obra artística ou como un manifesto, senón como un traballo que, dende a súa magnificencia, ía arrastrando diferentes secuencias ao seu arredor. A súa primeira exposición pública será en 1920 na Coruña; en Pontevedra, a cidade na que se artellou, exhibirase en 1922; e en 1924 farao na Casa de Galicia de Madrid que, en tempos de Primo de Rivera, conlevou a censura de textos, como no que se falaba da Revolución de Irlanda que podía plantexar algunha equivalencia coa situación de Galicia fronte a España. As estampas imprímense grazas ao apoio económico de varios pontevedreses e aos contactos doutro, Francisco Javier Sánchez Cantón, quen acadou a posibilidade de que foran impresas na prestixiosa Hauser y Menet de Madrid. A abundante correspondencia que completa a exposición do álbum Nós entre Castelao e Sánchez Cantón evidencia a importancia desa amizade levada no tempo máis aló do que se tiña pensado e afasta a lenda escura de que fora o propio Sánchez Cantón quen ocultara uns orixinais que o abraiaron cando chegaron a Madrid. Do mesmo xeito que nos acontece a nós vendo uns orixinais nos que se atopan veladuras imposibéis de ser reproducidas, así como certas augadas, ou a gradación de planos, ou as liñas de cor que forman parte desta feliz descuberta.


Publicado no suplemento cultural Táboa Redonda. Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 3/07/2016 

O destino feito poesía

María Reimóndez gañou o Premio Johan Carballeira de poesía co poemario ‘Galicia en bus’ que agora sae do prelo de Xerais para achegarnos unha afoutada experiencia poética ao longo de Galicia dende diferentes liñas de autobuses. Unha desprazamento xeográfico que se mestura coa viaxe íntima.


Se algo precisa traballar hoxe a poesía nesta terra na que tantos poetas están a medrar non é tanto a expresión do escrito, grazas a unha xeración marabillosa de creadores que xa traen esa cualidade de serie, como o xeito en que se presenta esa poesía. O cómo se nos ofrece ese contexto poético fronte a outras apostas do mesmo xénero, permitindo a singularidade do traballo.
María Reimóndez plantexoulle ao xurado do xa senlleiro Premio de Poesía Johan Carballeira, tras vinte edicións, un poemario no que se traballa, e moito, a forma de dito texto a través de diferentes liñas de transporte de viaxeiros que empregan o autobús como xeito de mobilidade xeográfica. Mirar a Galicia dende o asento dun autobús xa é unha achega inspiradora non só para a creadora, senón tamén para o lector que, a partir da lectura deste texto, verá de xeito diferente aos autobuses. Esa elevación espacial unido ao movemento dannos un punto de observación especial e que permite visualizar xeografías e ámbitos humanos dunha privilexiada maneira. María Reimóndez atinou ao atopar esta nova pespectiva e ao integrala como referencialidade poética para facer da viaxe moito máis que unha distancia que cubrir, senón para facer da viaxe experiencia e contacto coa contorna. A importancia da viaxe, como tantas veces, non é o seu fin inicial, chegar, senón o que acontence nela. Facer poesía en movemento, artellar un discurso mentres a nosa paisaxe secuénciase ante nós confírelle ao poemario esa identidade propia e a unicidade na que teñen que traballar máis os nosos poetas.
Ao pouco de ler un xa goza desta viaxe, sentado a carón da poeta e observando pola fiestra a esta Galicia desarticulada en tantos aspectos e que precisa tanto dos medios de transporte, como elemento integrador e superador da súa fragmentariedade xeográfica, como tamén da poesía, como non.
E a poesía que aquí se amosa é poesía limpa, saída dun xeito natural, sen complexas metáforas nin xogos de palabras. Estamos ante unha poetización da linguaxe cotiá, que permite unha moi agradecida lectura na que se entende esa mestura da identidade íntima coa identidade colectiva. Unha dobre plataforma de análise do que somos que coa nosa protagonista plantéxase dende unha moi necesaria percepción feminista: «... o alleamento do fogar/no que as mulleres aprendemos/a querer outra vida/sen cancelas/e a creala coas estratexias/de facer o pan/e tecer os fíos». Esa estratexia tece tamén a poesía de María Reimondez, pero ao mesmo tempo fíxase nas situacións dun país coa despoboación do rural, a destrución da natureza, o feísmo ou a nosa «permanente crise de identidade»
Nesa mutación da paisaxe tamén esculcamos a mutación do interior, isto é, do eu. A carón desa fiestra do bus os ollos de María Reimóndez miran cara fóra, pero tamén cara dentro. A memoria da infancia, de sucesos vividos como o naufraxio do 'Prestige', acontecementos que se fixan no interior como parte dun, como fragmentación tamén do ser que sentiu as gadoupas da fera no seu interior. «En carne viva/por dentro/sal/o único que fuches», é o remate do poema '(dentro)'. Ambas paisaxes atopan o seu acougo dende este espazo de reflexión, espazo preciso de mobilidade para ollar á vida dende perspectivas nen estáticas nen limitadoras.
Mirar, con ollos de muller, a esta Galicia de hoxe require dunha certa valentía, sabedores de que moito do que nos imos a atopar nela non nos vai gustar, de que ollarnos nese espello pódenos devolver unha imaxe complexa que non sexamos quen de definir. María Reimóndez, como no resto da súa escrita, afoutada e chea de alfaias, non renuncia a esa mirada, ben ao contrario emprégaa para medirse coa nosa realidade que xorde da viaxe e da propia vida coma gran viaxe que todos afrontamos para, tal e como remata a autora o libro atopar o acougo nese desexo final: «Transformarei en poesía/o meu destino».



Publicado no suplemento cultural Táboa Redonda. Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 10/06/2018


miércoles, 27 de junio de 2018

El abrazo del Mundial

Un Mundial de fútbol es una fiesta de dimensión internacional. Un desfile de gestos y actitudes que destapan el poder de un balón



Durante un mes el Mundial de fútbol abraza a todo un planeta convertido en balón, mientras las más dispares nacionalidades se miden entre sí sobre un terreno de juego y convocan ante la pantalla de televisión a sus aficiones en una espiral de sensaciones que no tiene parangón con ninguna otra cita deportiva. Japoneses y senegaleses comparten gradas, igual que polacos y colombianos o rusos y uruguayos, y es que sólo la dimensión planetaria del fútbol y la grandiosidad de unos terrenos de juego resplandecientes son capaces de generar esa sensación de fiesta colectiva en la que victorias y derrotas se rinden ante un juego que, vistiendo las casacas de los combinados nacionales, se distancia años luz de las miserias de los campeonatos domésticos.
Mientras el orbe sucumbe al encanto del balón, y por nuestras calles desfilan numerosas personas con las camisetas de juego de sus países de origen, compagino todo este espectáculo con la lectura del libro de Rafa Cabeleira ‘Alienación indebida’, desde el que la editorial Círculo de Tiza ha recopilado una selección de los artículos futbolísticos de este verso suelto de las letras que sementó en Campelo su pasión por el fútbol, y lo que es más difícil, la hizo literatura. Paso las páginas revisando varios artículos que ya había leído en El País, en Jot Down o en Diario de Pontevedra, donde Rafa Cabeleira ejerce de narrador de un Macondo a los pies de la ría de Pontevedra entre berberechos y tazas de vino y, alrededor de las sonrisas provocadas por su ingenio, siento como se cuela todo el argumentario del fútbol en íntima conexión con la vida. Si algo logra Rafa Cabeleira con su manera de escribir es colonizar esos artículos futbolísticos con retazos de vida, por una parte la que surge del anecdotario impagable de esa colmena de seres que habitan Campelo y, por otra, por cómo el fútbol es un crisol de todo un animalario, tantas veces feroz, como el que se esconde en la grey de entrenadores, jugadores, árbitros o directivos.
Gran parte de sus textos se ven afectados por la melancolía de lo perdido. Por alcanzar El Dorado y haberlo perdido todo en una mala mano de póquer en un casino japonés. Rafa Cabeleira entiende que la humanidad ha tenido con el Barcelona dirigido por Pep Guardiola, autor del prólogo del libro, la cota máxima que la civilización occidental puede vislumbrar en lo que de excelencia puede ofrecer este deporte, algo en lo estoy completamente de acuerdo. Aquel equipo, capaz de lograr los siete títulos que se disputan en una temporada, es al fútbol lo que el Renacimiento de los Médici a la cultura universal, que sí, se vio relevado por otros movimientos grandiosos, pero que no alcanzaron nunca lo logrado por los Leonardo, Rafael o Miguel Ángel. Aquello hizo que Rafa Cabeleira bautizase su posición en el fútbol en la fe guardiolista desde la que ahora pone los pies en la tierra para literaturizar toda esa genealogía de equipos que le han hecho sufrir, alegrarse, enfadarse, discutir, esto es, sentir, pero sobre todo entender el fútbol como parte esencial de lo que somos, porque, como decía Jorge Valdano: «El fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes».
Finaliza la primera fase de este Mundial de Rusia y a partir de ahora los abrazos tenderán a hacerse más fríos. Es el momento de las eliminaciones directas, cuando cada partido es un ser o no ser y no hay calculadora que valga. El Mundial entra en su fase decisiva y el fútbol continuará brindándonos la gran fiesta que, cada cuatro años, nos hace entender este deporte de una manera bien distinta a como lo hacemos semana a semana en las competiciones ligueras. ¡Disfrútenlo y que Cruyff nos bendiga a todos!



Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 27/06/2018