luns, 31 de xullo de 2023

El poder del dinero

 

[Ramonismo 162]

'Fortuna’ es una arriesgada, en sus objetivos literarios, aproximación al origen del capitalismo en Estados Unidos



SI con su anterior novela ‘A lo lejos’ (Editorial Impedimenta, 2018), ya nos había deslumbrado Hernán Díaz con su poderosa escritura y su manera de afrontar un relato explorando nuevas posibilidades, ahora, con la monumental ‘Fortuna’ (Anagrama), vuelve a conquistar ese deseo de todo escritor de acercarse a una historia de forma arriesgada en cuanto a sus objetivos literarios, aproximándonos así a la historia de un magnate norteamericano, lo que le permite alumbrar todo ese escenario que desde mediados del siglo XIX fue haciendo de los Estados Unidos, y más concretamente de Nueva York, la cuna y posterior centro del capitalismo.

Hernán Díaz hace, sobre todo, de esta historia de codicia y ambición una mezcla de relato periodístico e histórico que describe a la perfección cómo se fue generando todo aquel contexto económico y social alrededor de la acumulación de capital, con una historia personal desde la que se ejemplifica a las mil maravillas como el factor humano también formaba parte de ese ecosistema en el que las virtudes y defectos de nuestra condición, tienen mucho que ver con cómo se iba desarrollando todo aquello. Una mezcla, por lo tanto, de realidad y ficción que maneja este escritor de origen argentino, aunque afincado en Nueva York, de una manera realmente brillante en cuanto a unas cualidades narrativas que ya habían quedado suficientemente probadas en aquella otra novela anterior, en la que también se definía un contexto esencial en el nacimiento y formación de la cultura norteamericana, como lo fue el lejano Oeste, siendo, quizás, esta nueva etapa de su historia, la de su afianzamiento como potencia económica a nivel mundial con la cesura del crack del 29, el otro gran marco histórico de los Estados Unidos.

Hernán Díaz crea diferentes piezas que en forma de cuatro libros ofrecen diferentes perspectivas de ese poliedro que se estaba configurando y que nos permite ver y entender cómo las vidas de sus protagonistas no siempre son entendidas de una misma manera y como, incluso, se puede llegar a acuñar una nueva existencia en base a la creación y difusión de un relato encargado y bien pagado.

Estrategias económicas y vicisitudes personales se alternan a lo largo de unas páginas en las que rápidamente el lector se sentirá atrapado y, en ciertos momentos, sorprendido por ese despliegue de ambiciones literarias a la hora de crear esta historia, pero también porque ese carácter de realidad periodística, para la que se maneja una abundante documentación, permite conocer cómo se fue cocinando todo ese espectro económico lleno de especulaciones, de trampas y negocios bajo cuerda, en los que poco importaba como afectarían a buena parte de la sociedad, mientras las clases económicas más privilegiadas mantuviesen su estatus o no frenasen las ansias de acumular más y más poder.

Al mismo tiempo la novela es un interesante ejercicio por el reflejo de las personas en la sociedad, por el cómo nos ven al ocupar una posición de notoriedad pública, y cómo se recibe ese reflejo por los demás. De ahí que este despliegue metaliterario de Hernán Díaz gestione todo lo que tiene que ver con el cómo, parte de una realidad que ha llegado a nosotros, desde el punto de vista histórico, lo haga de una manera monolítica y despreciando o, cuando menos, no atendiendo a otro tipo de cuestiones más individuales y vinculadas a nuestra condición humana. De ahí que horadar esa construcción desde lo más personal convierte ‘Fortuna’ en una lúcida mirada que ha despertado el interés ya no sólo de una crítica literaria que ha venido a repetir las alabanzas logradas con ‘A lo lejos’, sino también del mundo de las finanzas, quizás a la búsqueda de una mejor comprensión de su propio origen.

Y es que esta novela también explica mucho de nuestro presente, que tanto tiene que ver en sus procedimientos económicos con todos aquellos sucesos que tuvieron lugar hace cien años en los Estados Unidos. Las voces que activa Hernán Díaz impulsan nuestras miradas para entender como la ficción puede activar ciertos mecanismos literarios que citan al lector, que incluso juguetean con él y que lo adentran en un escenario que hasta ahora nos ha tenido siempre alejados de él y de esa tramoya de poleas y pesos que arma y mueve diferentes telones, muchos de ellos ideados para confundirnos. Cuatro telones, cuatro textos con tonos y propuestas diferentes con los que Hernán Díaz sitúa el foco en el dinero, el verdadero protagonista de una novela, pero también de un tiempo que es el nuestro y que gracias a este libro entendemos de una manera más diversa y completa.


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 1/07/2023

luns, 17 de xullo de 2023

Entre tú y yo

 

[Ramonismo 161]

'Paradero desconocido’ es un medido poemario que habla de un hombre y su tiempo, de un hombre ante lo vivido y perdido


NO ha debido ser fácil componer este conjunto de poemas que gestionan algo tan complejo como es hablar de uno mismo y de todo aquello que el paso del tiempo sedimenta en cuerpo y alma, y que llegado un momento determinado es necesario expulsar al exterior como un volcán tras alcanzar su magma la temperatura necesaria para salpicarnos a los demás, para hacernos cómplices de una vida que es también la vida de todos nosotros al compartir época, geografía y el voluble factor humano.

No han sido tiempos fáciles para ninguno de nosotros. Una pandemia, una agitación social y política que está poniendo patas arriba muchos de nuestros argumentos cívicos para configurar una sociedad lo más justa y avanzada posible, y el darnos cuenta de que vivimos en un país tan maravilloso como complicado para articular una respetuosa convivencia. A ese plano general Benjamín Prado le suma un primerísimo plano con la muerte de quien tantos lloramos y todavía no entendemos el porqué, si es que la muerte puede responder a esa pregunta, como fue el fallecimiento de su íntima amiga Almudena Grandes.

Demasiados raspones para salir indemne de este tiempo, demasiadas embestidas para no sufrir una voltereta que le obliga a recomponer la figura y a enfrentarse de manera directa a todo eso que perturba a un Benjamín Prado que ha tardado mucho, entre peripecias vitales y la escritura de novelas, recitales y conciertos, recomendaciones literarias y comentarios televisivos, en armar este hatillo de poemas con el que quizás cerrar un tiempo vital y abrir otro. Un poemario que se inaugura con una confidencia, una de tantas como se contienen en estas páginas, y que no es más que el contrato que supone todo libro entre su autor y el lector que llega a él: «Lo que voy a decirte, que quede entre tú y yo...». Este paréntesis de confianza transcurre a lo largo de todo el libro, sabiendo que en ese interior encontramos un acto confesional, una arriesgada escalada hacia una cumbre desde la que divisar lo sucedido, y detectar las columnas de humo de ciertos acontecimientos para después bajar hasta ellos y aproximar una mano temblorosa para comprobar la temperatura de esa ceniza que para siempre marcará nuestro territorio.

Dividido en tres grandes bloques, sólo el primero de ellos, ‘Estado de alarma’, compuesto por diez enormes poemas ya justificaría sobradamente la lectura de este libro. Diez estaciones de paso (Almudena siempre al rescate), en las que Benjamín Prado refleja el paso del tiempo, las desilusiones de una vida, llena de pérdidas cercanas, de derrotas colectivas, de una vida que se va y que no sabíamos que iba a pasar, el desconcierto ante ciertas actitudes humanas y esas cabezas que embisten más que piensan en una España cada vez más repleta de cuervos negros a la espera de cobrarse venganza. El segundo apartado del libro supone una suerte de refugio, ‘En la vida real’, tiene en una nueva pareja un anclaje de esperanza tras la zozobra que es toda pérdida del amor. Lo que supone convivir, la ruptura, las opiniones contrarias y el sentir la piel de otra persona como la confirmación de que estar aquí significa no estar en paradero desconocido.

Se cierra el libro con una última parte, ‘Taller literario’, en la que, tal y como iniciamos todo este itinerario, Benjamín Prado se mueve en esa relación que cada libro plantea entre su escritor y su lector, desmitificando muchas de las componentes de la escritura y de lo literario, donde incluso nos habla de cómo hay que educar a los poemas, tantas veces nacidos de la rebeldía, para que cuiden de él, como él mismo hace con sus hijos, en previsión de un futuro que no es más que un presente que, al fin y al cabo, es de lo que nos habla siempre todo buen libro.

Nos encontramos así un recorrido absolutamente emocionante en el que poco se deja atrás este madrileño que intenta esquivar los espejismos de nuestra existencia, afirmándose en su propio tiempo, fijándose en un sitio para observar, con una desazón que no le conocimos hasta este momento, como de la baraja no siempre salen las mejores cartas con las que llevarse las diferentes bazas de una vida que, como un cóctel imprevisible, mezcla alegrías con tristezas, siendo, a medida que pasan los años y se suceden las pérdidas, más las segundas que las primeras.


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 24/06/2023

mércores, 12 de xullo de 2023

Formas de caer

 

[Ramonismo 160]

Brigitte Giraud, último premio Goncourt, hace de ‘Vivir deprisa’ la gestión del antes y el después del drama personal



ES la última e inesperada ganadora del prestigioso premio Goncourt, galardón que es todo un referente literario en Francia, y cuyo nombre, Brigitte Giraud (Siddi-Bel-Abbès, Argelia, 1960), es prácticamente desconocido en España, de no ser por la siempre avispada editorial Contraseña que ya había publicado dos de sus libros: ‘Ahora’ y ‘Tener un cuerpo’. A los pocos días de conocerse ese galardón desde la editorial aragonesa se anunció que los derechos de ese libro premiado, ‘Vivir deprisa’, también sería publicado por ellos. Tocaba ponerse al día, leer por lo menos esos dos libros ya editados y poder así calibrar los méritos de esta escritora como actos previos ante la llegada de ese texto bendecido por el jurado del Goncourt. Y así es como en ellos nos encontramos ya mucho de lo que se contiene en ‘Vivir deprisa’, una escritura tremendamente personal, que atiende a lo íntimo como el contexto necesario para entender cómo se gestionan nuestras conductas personales dentro de la sociedad y cómo se pueden gestionar diferentes situaciones que convierten nuestros sentimientos en el eslabón necesario para actuar en ese hábitat más amplio.

Es en ‘Ahora’, en el que nos encontramos, en mayor medida, un argumento semejante al que hoy nos ocupa, ya que es la muerte en un accidente de moto de su pareja en 1999, la que motiva un relato en el que el desconcierto, el entender cómo afrontar la nueva situación que emerge en su vida desde una sima de dolor y adversidad y cómo gestionar un nuevo escenario, son los grandes motores de una literatura con un potente contenido autobiográfico que se desarrolla en unas novelas habitualmente cortas. También en ‘Tener un cuerpo’ ese contenido íntimo es el tintero preciso para desarrollar una historia que parte del propio cuerpo de la escritora como sostén de su existencia y donde se evidencian las diversas etapas en el crecimiento personal y los diferentes momentos por los que la vida nos va midiendo, apareciendo también ese fatal accidente de moto como una cesura desde la que gestionar ese antes y después del drama.

Vivir deprisa’, como la canción de Lou Reed ‘Vivir deprisa, morir joven’, es, sin duda, la mejor de las tres, la que evidencia una mayor madurez y sobre todo por el hecho de ser capaz de engrasar esa contingencia de lo personal como un contexto social que estaba más ausente en las novelas anteriores, quedando demasiado limitadas a su propia vida. Así es como mientras se nos va preparando para ver y entender cómo nuestras vidas están condicionadas por toda una serie de decisiones que tomamos de una manera aparentemente poco significativa, pensando que poco o nada influirán en nuestro destino, pues mientras eso sucede la vida va fluyendo a nuestro alrededor, desde diferentes contextos, el familiar, el laboral, el social y cada uno de ellos se engarza con los demás generando un ecosistema de lo cotidiano que Brigitte Giraud relata de una manera ejemplar, condensando varios momentos de una vida, en los que por su aparente insignificancia no somos capaces de ponerlos en valor pero cuando el drama, cuando la tragedia lo dinamita todo, será cuando nos demos cuenta de su necesidad y de su importancia.

Brigitte Giraud reconstruye, veinte años después y con motivo de la venta de una casa cuya compra tuvo lugar en las horas previas a la muerte de su pareja, todo lo acontecido en aquellas horas, quizás como una necesaria acción para, como todo buen escritor o escritora, cerrar un círculo, e intentar así entender ciertas situaciones y, sobre todo, poner de relieve como esos ‘si no’, ‘si no’, ‘si no’ que se repiten a lo largo de diferentes capítulos, podían haberlo cambiado todo, y no sólo por que un semáforo hubiese cambiado de color haciendo que las cosas fuesen distintas, que aquel momento no fuese más que un instante en nuestra cotidianidad pero en los que por no tener un lugar uno de esos ‘si no’, se convirtió en una forma de caer, en la puerta de un drama que lo cambia todo desde que se produce.

Un libro que está lleno de reflexiones, de indagaciones sobre un interior que desde lo angustioso y el agobio debe aprender a relacionarse con una nueva realidad. La gestión de una vida que debe avanzar, que debe motivar el futuro de un hijo, pero también el de una mujer que no deja de pensar sobre todo lo que rodeó aquellos días quizás como el último intento para dejar que se vaya esa presencia todavía demasiado protagonista. ‘Vivir deprisa’ es un magnífico relato de lo íntimo, lleno de lecturas y músicas que acompañan una vida que un día dejó de serlo para ser un abismo.



Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 17/06/2023

luns, 10 de xullo de 2023

Un punto de luz

 

[Ramonismo 159]

'Vagalume’ propone una reflexión sobre el proceso del escritor, entre la búsqueda o la renuncia a la soledad



AFORTUNADAMENTE nunca se sale indemne de la escritura de Julio Llamazares, desde su inolvidable y desde mi punto de vista cada vez más obligada a ser reivindicada ‘La lluvia amarilla’, pasando por sus últimos libros como ‘Las lágrimas de San Lorenzo’, ‘Distintas formas de ver el agua’ o ‘Primavera extremeña’, en cada uno de ellos el escritor leonés nos enseña a mirar una realidad que puede ir desde un cielo en una noche estrellada, la memoria colectiva que se esconde bajo las aguas de un pantano, o un paisaje entendido como refugio frente a una pandemia. Son todos ellos ese tipo de textos que te acompañan durante varias jornadas una vez que llegas a su final y, en algunos casos, prolongándose incluso más allá en el tiempo.

En el caso de ‘Vagalume’, Julio Llamazares nos presenta otro paisaje, este íntimo y muy próximo a él, como es el del escritor ante lo que puede suponer su obra literaria y como esta se conecta o relaciona con su entorno más cercano, muchas veces entre silencios e historias ausentes que envuelven todas esas horas del escritor ante un papel o ante un ordenador. Muchas de esas horas nocturnas, robadas al sueño van en busca de una soledad para escribir o, quizás, son una renuncia ante ese mismo sentimiento de soledad. Siendo esta una de las numerosas reflexiones que aporta la lectura de la historia de un periodista y escritor, que aparentemente renuncia a esa segunda posibilidad, pero que es descubierta por un compañero de redacción que se empeña en aclarar el porqué de esa ocultación de una actividad, aparentemente tan dada a presumir de ella, y que se produce a espaldas de su propia familia.

Una vida secreta, la necesidad de escribir casi como una búsqueda de oxígeno para seguir respirando, un misterio que debe ser revelado, una familia que no comprende lo que sucede alrededor de esa circunstancia y un punto de luz, ese que, como el que genera un vagalume, resplandece en la oscuridad tras la ventana de la habitación en la que un escritor pergeña su propio universo, allí donde encontrar sosiego para calmar los fantasmas que se crean durante el día a día y que muchas veces deben encerrarse entre los interlineados de una novela. Son precisamente esos fantasmas los que intenta descubrir un periodista que regresa a la villa gallega en la que ejerció el periodismo junto a Manuel Castro, su referente profesional y personal, y que tras su entierro, hará que se adentre en una serie de novelas desconocidas y escritas por quien había ocultado esa dedicación literaria, incluso a su propia familia.

Entre esos dos planos, el de la reflexión sobre el hecho literario, sobre la capacidad del escritor para hacer de su escritura un refugio e incluso una válvula de escape ante determinadas situaciones que surgen en la vida; y el de la investigación para intentar comprender el porqué de ese silencio literario, configurando una especie de thriller, el primero se impone de una manera firme, demandando del lector un mayor interés que el intentar desvelar un misterio que lo explicará todo, pero que no acaba de tensionar a quien al otro lado del libro, en cambio, si que aprecia esa primera temática mucho más en la línea que conocemos y nos gusta de Julio Llamazares, el de una escritura limpia, que nos convoca a reflexionar sobre una realidad determinada, que aquí es la del propio ejercicio de la escritura y esas horas que suceden alrededor un autor o autora cuando se encierra en su torre de marfil para dinamitar diferentes oscuridades con una luz que les convierte en una especie de insectos, en esas luciérnagas que, como escribe el autor, «no sólo dan luz sino que vagan en la oscuridad como los cometas».

Luces y sombras, por lo tanto, se van alternando a lo largo de esta narración que nos recibe con una maravillosa frase de un escritor que no era luciérnaga sino faro, William Faulkner, y que en su novela ‘Las palmeras salvajes’, escribe: «Entre la pena y la nada elijo la pena». En ‘Vagalume’ Manuel Castro también realiza su elección, y nuestra misión es la de descubrir y entender el porqué de asumir esa decisión que encierra muchas renuncias y abre un plano vital o literario alternativo al que hasta ese momento venía acogiendo, pero lo que no hace es permanecer de brazos cruzados, y menos cuando exista un punto de luz en la oscuridad.



Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 10/06/2023

xoves, 6 de xullo de 2023

Narradora moderna

 

[Ramonismo 158]

Alba Carballal retrata un tiempo y una sociedad en su nueva novela con un emocionante anclaje gallego



No se corta un pelo la lucense Alba Carballal en esta su segunda novela, ‘Bailaréis sobre mi tumba’, editada por Seix Barral, a la hora de reflejar un momento muy determinado de nuestra sociedad. Y hace muy bien, porque la escritura, y más, tal y  como se ella misma se define a lo largo de toda la novela, siendo una «narradora moderna», obliga a la escritora a un permanente desafío, a tensar ciertas maneras de expresar una realidad que, en el caso de Alba Carballal, tiene como eje central una Galicia zarandeada cada cierto tiempo por los desastres ecológicos que llegan del mar y golpean nuestra identidad, dejando a la deriva muchas vidas y empastando con el viscoso chapapote nuestros movimientos.

Algunas de esas vidas son las que motivan a la autora a plantear un seguimiento sobre ellas, haciendo que nos asomemos a varias existencias que surgen en un pueblo costero de las Rías Altas y a las que las llegadas de sucesivos petroleros con una brecha en su casco parecen contagiarles esa herida que se manifiesta en unas vidas que, a través de diferentes itinerarios existenciales, tendrán siempre una brújula apuntando al norte en ese lugar de origen. Es en ese ecosistema en el que Alba Carballal maneja una forma de comunicar brillante, sabedora de que eso que se podía definir como idiosincrasia del pueblo gallego puede actuar más que como un marco para los protagonistas como una identidad más, como una afloración colectiva de lo que somos y que nos define en gran medida, incluso más allá de los propios ámbitos rurales.
Es por ello que el valiente empleo del gallego, más allá de simples guiños irónicos o humorísticos, sino como parte de ese reflejo colectivo, de un alma imposible de despegar de lo que supone una forma de hablar (con pasajes traducidos, no por estar en gallego, sino por la concreción e innumerables matices y significados de nuestra forma de hablar, incluso en castellano), dotan a la narración de una verdad emocionante, convirtiendo cada latido en una especie de bocanada de aire de todo un contexto que a lo largo de los últimos años se ha visto también muy condicionado y casi asfixiado por toda una serie de políticas de diseño que poco o nada han atendido a la identidad de los diferentes espacios geográficos de Galicia.

Alba Carballal no se detiene ahí y a través de esas identidades protagonistas compone todo un inteligente y vibrante panorama de un tiempo y una sociedad que se ha modificado de manera vertiginosa en los últimos tiempos, donde el licor café convive con la cocaína y la música de Siniestro Total con la música techno de la ruta del bacalao. El libro, además, está lleno de interpelaciones al lector, confeccionando un diálogo permanente entre la «narradora moderna» que reflexiona sobre la manera de plantear el armazón de la novela, adentrándonos al mismo tiempo en ese devenir lleno de cruces y direcciones que tomar a medida que se pasan las hojas de un calendario que sustituye meses por los nombres de Andros Patria, Mar Egeo o Prestige.

Eso, junto a elementos marca de la autora y que ya habíamos valorado en su anterior y también muy recomendable novela, ‘Tres maneras de inducir un coma’, como el descaro, la acidez sobre nuestro contexto social y una sugerente manera de contar historias, hacen de esta road movie galaica siempre con un ojo en el mar, un libro lleno de matices y de hilos (no de plastilina, por supuesto) de los que tirar para entender, o por los menos reflexionar, sobre elementos como una sociedad matriarcal, los roles masculinos, el ecologismo, la llegada de la modernidad desterrando la longa noite de pedra y todo ello dentro de una atmósfera en la que la música se convierte en una especie de marea que sube y baja, y donde en cada uno de sus capítulos las letras de una canción propia de aquel periodo nos dejan una pista sobre su contenido, pero sobre todo propician una emoción colectiva.

Y en ese amplio contexto un puñado de vidas que luchan por salir adelante, por dominar miedos y superar los raspones que toda vida supone y que son más profundos cuando se dan entre pieles próximas, entres lazos familiares o amistades que no pocas veces quedan a la deriva, como esos visitantes inoportunos y que hacen que nos preguntemos: «¿cuántos naufragios caben en una vida?»



Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 3/06/2023

martes, 4 de xullo de 2023

El tiempo pasa página

 

[Ramonismo 157]

'Lenguas en los árboles’ es una emocionante revisión de 25 años de poesía, en los que la duda emerge como su gran aval



Tras nueve libros de poemas publicados y veinticinco años de escritura el autor leonés Antonio Manilla nos propone una revisión de su obra a través de la edición de ‘Lenguas en los árboles’ a cargo de Averso Poesía. Antes de adentrarnos en unas palabras en las que el paso del tiempo se convierte en el eficaz y lúcido diapasón para calibrar todo lo que sucede en su interior, nos encontramos con un prólogo en el que de una manera confesional y hasta valiente Antonio Manilla explica el momento actual en el que se encuentra y cómo se han ido juntando todos estos poemas bajo un mismo destino, que no es otro que el dudar sobre lo que se está haciendo. Una duda siempre obligada para quien asume cualquier tarea, más todavía si esta tiene que ver con la creación, con la elección de itinerarios, de veredas que recorrer para exponer su intimidad al colectivo, siempre tan complejo.

Curiosamente es a partir de esa duda desde la que todo adquiere sentido y que el poeta dinamita a través de la contundencia de una pirámide de tres palabras que en cada una de sus caras convierte en sólidos sus fundamentos creativos. Eternidad, belleza y verdad refulgen en cada una de ellas como el firme asiento sobre el que conformar una poesía y una manera de entender el acto poético.

Dividido en dos grandes bloques el poemario se inicia con ‘Lenguas en los árboles’ donde se nos adentra en la naturaleza como la gran medida de nosotros mismos y el ámbito donde ese tiempo, que todo lo mide, se puede detener a través de los sonidos, las sensaciones o las emociones que todo ese universo es capaz de sugerirnos. Aves y árboles se convocan desde la palabra en una especie de refugio del ser humano, «un momento sin tiempo» escribe el poeta, en lo que podría ser un excelente titular para esta página, pero elijo «el tiempo pasa página», que también se convoca en el poemario como ese minutero que de manera irrefrenable marca nuestras vidas.

La frágil solidez de la naturaleza es un infinito campo de inspiración para una serie de poetas que encuentran en ese contexto, en esa discusión con el confuso contexto urbano, una especie de bálsamo para la escritura, pero también una manera de explorarnos a nosotros mismos. Nombres como los de Eloy Sánchez Rosillo, Andrés Trapiello o Miguel d’Ors, junto a nuestro protagonista cita en muchos de sus poemas a mirlos, ruiseñores, vencejos y gorriones para que ese fragmento en el que ese modesto pajarillo se erige en protagonista de lo eterno impida que el tiempo pase la siguiente página. Instantes fugaces pero que son imperecederos, notarios de nuestra existencia y emoción desde esa pureza y sinceridad que se esconde en ellos.

El segundo de los bloques poéticos del libro es ‘Bodas de plata’, un canto celebratorio a la propia vida, al acúmulo de experiencias en esa «maraña del mundo» y en la búsqueda de una felicidad que nos mantenga en pie. Es esta una de las obsesiones del poeta, la de generar y saber apreciar (no siempre sucede en todos nosotros) esa felicidad que nos reconforta y permite seguir adelante entre el torrente de caprichos de la vida. Para ello cada uno de los poemas, perfectamente escogidos en esa misión colectiva, evoca a un proceso, a uno de esos encuentros con la felicidad no siempre abierta y espontánea, a veces compleja de atisbar y hasta de pelear. Todo proceso requiere de ese esfuerzo, de esa ceniza bajo la sonrisa que, lentamente, se va haciendo memoria, quizás lo único que podamos rescatar de nosotros mismos dentro de un tiempo. De ese tiempo que se convierte en cada poema en una gran interrogación, la de preguntarnos sobre lo que vendrá, sobre aquello que nos encontraremos tras doblar la siguiente esquina. Dudas, preguntas, inquietudes que nos van configurando e interpelando a cada instante y quizás sin las cuales nada tendría sentido al negar la posibilidad de juzgarnos a nosotros mismos.

Veinticinco años de poemas contenidos en unas páginas, en este hatillo de poemas que es la brújula de una vida y donde «una brisa que remueve la enramada», «el rojo fulgor de un vino añejo», «un ala sin aire» o «un mirlo en la ventana» son lo único que de verdad puede señalar un norte seguro por el que conducirnos para entender lo poco que somos. Páginas de un libro que el tiempo se encarga de pasar y en las que poder reconocernos en alguna de sus líneas, como diría nuestro vecino, y también poeta, Miguel d’Ors: «menos da una piedra».


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 27/05/2023