miércoles, 28 de marzo de 2018

Grandeza y Pasión

Carmen Martínez-Bordiu en la plaza de
toros de Pontevedra (Foto. Rafa Fariña)

Con las banderas a media asta en cuarteles y en la sede central del Ministerio de Defensa por la muerte de Cristo, este país, presuntamente aconfesional, según la Constitución a la que tantos se encadenan, encara una Semana Santa de Pasiones que, como suele ser tradicional, nos deja estampas y escenas impropias de un Estado que intente tenerse por avanzado o, por lo menos, por conducirse por unas sendas de modernidad en cuanto a su sociedad, entendida esta como lo más plural posible y respetuosa con el ser humano.
Entre capirotes y Ecce Homos se mueve una España rancia, la del pillaje de títulos académicos, la que se enfrenta a sus responsabilidades a través de pantallas de plasma, la que premia con ascensos a responsables farmacéuticos imputadas por graves cuestiones sanitarias y la que unos pocos días después de empujar a la calle a miles y miles de pensionistas ahora encuentra las monedas de plata necesarias para incluir en sus presupuestos.
Todo eso se distraerá entre saetas y carracas, y el olor a incienso lo irá envolviendo todo, narcotizando a esta sociedad y dejándola de nuevo bajo el desamparo de una clase política cada vez más empequeñecida que, en Madrid y Barcelona es incapaz de encontrar soluciones al conflicto catalán, y en Compostela, con una En Marea torpe para contener hacia el exterior sus pequeñas miserias internas, frustra cada vez más al ciudadano, siempre esperanzado ante la reconversión de los viejos y el empuje de los nuevos y, actualmente, cada vez más deprimido.
Pero que no nos falte la alegría durante esta semana de lluvia y embalses recuperados iluminada con la sonrisa de Carmen Martínez-Bordiu, la mujer que «ha vivido toda su vida sin trabajar», como ella misma se jactó en una revista del corazón, su ecosistema favorito, y que ahora nos alegra la Semana Santa desde el BOE al cursar la petición ante el Ministerio de Justicia para reclamar el título de ‘Duque de Franco con Grandeza de España’, con todas esas mayúsculas que todavía siguen arañando el alma y dañando a la inteligencia, y a la que también le correspondería, tras la muerte de su madre, el ‘Señorío de Meirás’, que deja en manos de Francis Franco por deseo de su abuela.
Poco se puede esperar de un país que todavía ampara todo aquello que tiene que ver con la presencia de un dictador, que permite que sigan manejándose títulos nobiliarios, posesiones y riquezas tomadas del pueblo con un descaro que va del BOE a las estatuas del Maestro Mateo, que duermen el sueño de los justos en ese Pazo de Meirás puesto en venta recientemente de manera ignominiosa y que debería ser parte del patrimonio público, o que se deja marear por un prior, como el de la Abadía del Valle de los Caídos que hasta el último momento no ha permitido el desbloqueo del proceso para exhumar a varias víctimas de la Guerra Civil tras haber manifestado que «allí nadie trabajó de manera forzada y que los presos cobraban un buen sueldo».
España se nos viene arriba en Semana Santa. «Esa España inferior que ora y embiste, cuando se digna usar la cabeza», como escribió Antonio Machado, sigue dando pruebas año tras año de sus escasos deseos de progreso, anclándose en tópicos y conductas atávicas que quienes nos gobiernan parecen incapaces de desterrar de manera definitiva por miedo, comodidad o desinterés, condenando a España a procesionar descalza soportando el lacerante paso de penitencia de su grandeza y Pasión.



Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 28/03/2018


martes, 27 de marzo de 2018

"El dinero es lo único importante"

Rue Saint-Antoine nº 170
Memoria ▶ Se cumplen diez años de la muerte del hombre orquesta, John Balan, y pocos recuerdos más precisos para conocer su origen artístico que este encuentro estelar publicado en Diario de Pontevedra el 30 de agosto de 1966 con Pedro A. Rivas. Un desafío para ambos. Un auténtico duelo al sol en el que es imposible mover una coma de sitio.


«Manuel Balán el hombre orquesta como él mismo se denominaba por un imperativo superior», así encabezaba yo, hace años-ya ha llovido tanto que la lluvia recogida se ha convertido en otro pantano de Entrepeñas-, una entrevista con el que hoy se llama John Balan, con acento en la A de ‘Ba’ para que tenga mejor asonancia yanqui, el Frank Sinatra español, suficientemente conocido por todos los públicos; nunca suficientemente escuchado, siempre suficientemente atractivo como espectáculo.
Manuel Balán Villanueva, natural de Seijo (ayuntamiento de Marín) es un gallego que no ha alcanzado fama universal porque el destino le cercó implacablemente cuando Manuel Balán, el hombre orquesta, iniciaba la marcha, en dirección ascensional, por el tortuoso camino que discurre entre ese bosque de intrigas, celos y envidias que es un tablado teatral. No fue un amor imposible, ni un desengaño amoroso; ni una infidelidad, ni siquira el fracaso. Fue el servicio militar obligatorio.
Otra vez John Balan que perturba a Manuel Balán. Los clientes del café-bar donde se desarrolla la entrevista detienen sus juegos. «Con ustedes John Balan, el Sinatra español, que interpreta «No te cortes la melena que me sometes al tormento, y tras de tan dura pena, me muero de seeeeeentimiento...». John Balan ha concluido. Los aplausos de los clientes provocan la risa en John Balan.
¿Hay alguna mujer en su vida?
No, no. Adoro la vida nada más. Ignoro como son las mujeres. cómo hablan o piensan; qué piensan o hablan de mí; si les atraigo o les soy repulsivo. Cuando canto, o actuo en un café las observo, intento pasar el muro de sus ojos e ir un poco más allá. Siempre encontré, encima del muro, un alambre de espino que me lastimaba.
¿No intentó cortar usted el alambre?
¿Con qué tijeras? No he tenido nunca la conversación suficiente y agradable para enamorar o conquistar una mujer. Alguna vez que vencí el miedo, estaban comprometidas. Eran chicas simpáticas, atractivas, cariñosas. Escucharon pacientemente las pocas palabras que yo pude decirles y al final me respondieron que no podían. Pudo más en ellas el amor que su pena hacia mi soledad.
Pero, ¿les habló usted de amor?
No. Desconozco lo que es el amor, aunque ello no significa que no crea en él. A veces creo y a veces no.
¿Por qué se llama usted ahora John Balan y no Manuel Balán?
El artista nunca debe usar el nombre propio. Es contraproducente, Manuel Balán es demasiado vulgar. En cambio John Balan, suena a artista caro.
¿Porque esa constante inclinación hacia lo norteamericano? ¿Porque desea usted ser yanqui?
Es un complejo que yo advierto en mí, que es más poderoso que yo. He buscado una explicación, pero no la encuentro. Incluso pensé reprimirme, pensé no imitar a los norteamericanos. Sin embargo, hay días en que los impulsos son más fuertes que yo y si no represento a John Balan en una película, no resisto. Tendría que suicidarme.
¿También ese impulso le obliga a vestirse como norteamericano? ¿A llevar pistola de juguete al cinto?
Yo a los americanos si los aprecio es porque tienen mucho dinero. Poseen el dinero del mundo. Sin embargo, la imaginación es una cosa y la realidad otra. Hoy a la juventud le da por ser ‘yé-yé’ y nadie les dice nada. A mí me da por ser norteamericano y ser español, que es el más grande orgullo que uno puede tener, y le parece mal a la gente. Ahora que los norteamericanos son un gran pueblo muy poderoso ¿Y sabe por qué? Porque tienen dinero. Brasil es tan grande como Estados Unidos ¿y qué? Nada. Sólo saben darle patadas al balón. En cambio Norteamérica ganó dos guerras...
En cambio ahora está perdiendo una en Vietnam ¿o no?
¡Bah! Están jugando a los soldaditos de plomo. Si quieren ganarla, la ganan.
Manuel Balán toma otra vez las riendas del diálogo y tacha de su mente a John Balan. No se escucha protesta alguna, solamente la letra de una canción: «No te me pongas triste, porque me mata tu carita de pena mi dulce amor... Sobre tu cadáver dejo caer». ¿Ha matado usted a John Balan?
John Balan no ha muerto ni morirá. Actúa cada domingo con el conjunto ‘Los Yankis’
¿Es que Manuel Balán ha estudiado solfeo?
No, John Balan se hizo a sí mismo. Sus extraordinarias condiciones le permiten aprender de memoria una canción con solo escucharla una vez. Incluso si es en inglés.
¿También ha estudiado inglés Manuel Balán?
No, pero John Balan, sí.
¿De oído, por correspondencia o con clases particulares?
De oído, como todo lo que yo hago. Salvo algunas letras de canciones que las leo dos o tres veces y luego las escucho con la orquesta para aprenderlas de memoria.
¿Gana más John Balan que Manuel Balán, el hombre orquesta?
John Balan gana de 700 a 1.000 pesetas por día de actuación. No puedo quejarme. Me va muy bien, pese a que nadie es profeta en su tierra.
¿Ha tenido suerte entonces?
Suerte no, trabajo. Yo no sé de que color es la suerte.
Rosa
Será, pero hasta que lo vea no lo creo.
¿Y qué tiene que ocurrir para que Manuel Balán sea contratado como actor para interpretar una película en Hollywood junto a Kim Novak?
Simplemente que se cumplan las ilusiones y fantasías que uno sueña. Nada más...
Y no hubo más, Manuel Balán, el hombre orquesta, como él se mismo se denomina por un imperativo superior, y John Balan, el cantante americanizado se han fundido de nuevo y uno ha desaparecido tras la personalidad y las reacciones del otro. El resultado es Manuel Balán Villanueva, de 36 años, soltero, natural de Seijo (Marín) artista desde los pies hasta la frente.


Publicado Diario de Pontevedra 26/03/2018
Fotografías: Camilo Gómez


lunes, 26 de marzo de 2018

Sopramos para liberarnos

 ‘Lumes’ de Ismael Ramos, editado por Apiario, é unha valente achega ao universo familiar convertida en espazo de resistencia fronte a tolemia do mundo. Unha construción do familiar desmitificadora do seu poder como clan pero que permite facer da escrita acougo da dor.


Porque as vidas son dor. E esa dor enquístase no tempo formando parte tamén de nós mesmos, aí é onde a escrita, e máis en concreto a poesía, serve de acougo, tamén de acubillo a o eu fronte ó que o tempo fai en todos nós. O corpo como primeira instancia, tamén como última. Ismael Ramos fai deste ‘Lume’ experiencia do que acontece no interior da súa propia familia. Afouteza de espírito para aliviarse das pantasmas que toda familia vai agochando entre os seus compoñentes.
O poemario, editado por Apiario co agarimo e coidado con que esta colmea adoita traballar, é un exercicio íntimo a cargo de quen se bota á escrita para, ao fin e ao cabo, tentar comprenderse. O ámbito do familiar como radiografía dun mesmo. O espazo xeográfico como hábitat alicerzado na memoria e agora recuperado coma áncora co pasado. Dende ese pasado chega este presente no que Ismael Ramos revélase como un dos nosos poetas con maior enerxía. Esa constelación que escintila na capa deste libro inclúeo a el como un punto de luz máis neste fulgor que se está a vivir na nosa poesía. Novos nomes que medran dun xeito que se adivina ilimitado. Xente que escribe máis que ben e que son capaces de mirar de frente a todo aquilo que os rodea.
Nesa mirada Ismael Ramos lévanos a coñecer o seu universo familiar, a participar del, porque se algo acada coas súas palabras é a implicación do lector naquilo que se está contar, en boa parte porque todos somos debedores desas situacións que nos sitúan fronte aos nosos propios pasados, fronte a esas mesmas pantasmas que nos rodean a todos. Un lugar que nos afoga en certas situacións pero que ás veces a propia vida vai desafiuzando como nunha descontextualización de nós mesmos. É a familia que as veces se considera nunha posición de privilexio fronte a outras realidades da nosa sociedade, como si ese ámbito fose un espazo inmaculado no que sentirmonos obrigados ao amor ou a complicidade filial. O sangue como unha cadea. E o certo é que as páxinas de ‘Lumes’ teñen moito de desmitificación dese seo: «O pai constrúese dentro do fillo. En madeira. Despois arde» ou «A enfermidade é unha casa con galerías e teitos altos».
Fronte a iso o que nos queda é o corpo, a última realidade de nós mesmos, a nosa cerna. Alí onde todo se converte en experiencia, o territorio dunha pel en contacto co exterior. «Entón escribir convértese nun acto de resistencia contra todo. Nun acto do corpo», afirma o poeta, porque iso é o que somos, actos do noso corpo. Comportamentos e accións que se reflicten en nós mesmos e alí, nin a familia nin a sociedade intervén. A nosa realidade é nosa, e íntima, e única. E dende aí escribe Ismael Ramos, dende ese eu que mira cara a unha cotorna que se vai quedando atrás, esmorecendo fronte a súa vida por outros vieiros, como as nosas que se van afastando daquelo que nos construiu. Das galiñas na casa das nosas avóas, dos rosarios das mulleres vestidas de loito... sensacións que se meten nun e acompáñante para o resto da túa vida. Espazos en extinción fronte ao universo tecnolóxico, pero do que, unha vez que se viviu, é imposíbel despegarse. Son as feridas sobre ese corpo que arrastra o que pasou como parte dun e adicción capaz de asexar en calquera momento, sen ir máis lonxe, fronte a un folio empregado como expurgo, como acto de resistencia ante os trebóns que xorden cando nos adicamos a mirar cara o noso interior. Soprar para liberarnos. O corpo como fronteira, máis tamén como limiar para enfrontármonos ao exterior. Onde a familia pouco pode dicir, onde somos nós os que, lonxe da tribo, pelexar pola nosa identidade na escuridade: «Quero contemplar a dor de todos eles ao mesmo tempo./Coma os distintos reflexos da luz sobre unha parede de azulexos./Coma lumes. Sós e brillantes».



Publicado no suplemento cultural Táboa Redonda. Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 11/03/2018

jueves, 22 de marzo de 2018

Un andar solitario


Fundador de una nueva corriente de estudio y reflexión, la deambulología, Antonio Muñoz Molina se adentra en un experimento literario de una intimidad y personalidad como nunca antes había afrontado el escritor en su extensa y brillante narrativa, encaminada por variados registros.
Y es que caminar es la palabra clave de este libro, y quien sabe si también de todo lo que sustenta esa escritura suya que se nutre tanto de la itinerancia. Antes que él, antes que nosotros, fueron otros los que hicieron del ámbito urbano territorio de un yo que cada vez se intuía más arrinconado por un entorno avasallador e indolente con las singularidades del ser humano, hasta llegar a este hoy, abrumador en cuanto a mensajes, de febriles ruidos y disparates mayúsculos que desde la publicidad, la prensa o la política, propician, de una manera angustiante, una sensación de desasosiego.
No está lejos de la misión del escritor la de radiografiar su tiempo, enfrentándose directamente a los ojos de su sociedad para hacer de esa mirada baliza para los lectores, en un frente diferente al de convertirse en ambiente para sus ficciones. ‘Un andar solitario entre la gente’ (Seix Barral) es ese tratado de deambulología necesario para adentrarse en materia, para pisar las huellas de los otros, es decir, de aquellos que son un referente para el escritor en cuanto a la relación del hombre con su ciudad y cómo esa geografía se colmata en unos libros imprescindibles para la humanidad. De Quincey, Poe, Melville, Baudelaire, Walter Benjamin o Pessoa, son algunos de los protagonistas de un pasado necesario para saber donde pisar hoy, para descifrar esta selva caótica en la que Antonio Muñoz Molina se adentra a machetazos desde una escritura fragmentaria que, en numerosos pasajes, se vuelve agotadora para el lector bajo un efecto premeditado y dirigido a plasmar esa catarata de mensajes.
Una vez retirada la espuma se hace el escritor real, el que condensa en sus páginas valle todo el reclamo que sustenta a este libro que me parece que es el de la reivindicación de la condición de escritor: el apunte diario, la mirada precisa, el observar donde los demás sólo vemos, el oír separando el grano de la paja, en definitiva, traduciendo una sociedad en unos cuadernos convertidos en oficinas portátiles que poco precisan para alcanzar el milagro de la escritura, más que la ventana de un café y el mantener intacta la capacidad de sorpresa. Poseen esos cuadernos un bullicio interior que, en un momento decisivo del proceso, llega la hora de plantear si son libros por sí mismos o anotación para un estadio posterior. En esta ocasión Antonio Muñoz Molina prioriza lo primero, lo inmediato, y esta es la genialidad del libro, el asiento fresco, la divagación, el palpar la realidad, el respirar calles, bibliotecas, vagones de metro, cafés, hoteles, exposiciones, espacios de la vida de nuestro tiempo a los que no se debe renunciar como material, como tinta que defina un ser y describa un tiempo.
Se convierte así en el apunte del hoy para el mañana. Porque este es un libro de apuntes y de preguntas. ¿Qué le dejaremos a las generaciones siguientes? y la respuesta parece ser el plástico. Somos la sociedad de la basura, el reflejo de nuestra opulencia que se traslada a un medio ambiente de plásticos que colonizan mares y estómagos. A nuestra fugacidad parece que solo le sobrevivirá el residuo. Ojalá también le lleguen libros como este que, desde lo literario, se atreve a repensarnos, pero también a convertir en goce y experiencia lo que significa ser parte de una ciudad, vivirla desde el amor, por ella y por los que te rodean, y, sobre todo, cantar a la felicidad que otorga la cultura como único bálsamo posible.




Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 21/03/2018
Ilustración. Fernando Pessoa por Ricardo Ranz

martes, 20 de marzo de 2018

Dúas biografías e unha rúa

Rue Saint-Antoine nº 170
Literatura. Nun ano cheo de actividades arredor de Mª Victoria Moreno co gallo da súa escolla para protagonizar o día das Letras Galegas o Concello de Pontevedra aprobou un cambio no rueiro da cidade que fará que Pontevedra, a súa vila de acollida, e onde desenvolveu a súa vida, teñá xa para sempre o seu nome como unha lumieira acesa.

Homenaxe dos libreiros a Mª Victoria Moreno
na Feira do Libro de Pontevedra no 2001 (Xan Xiadas)

O ÚLTIMO pleno do Concello de Pontevedra deixou, polo menos, dúas cousas en evidencia. A primeira que os nosos políticos teñen a posibilidade de xuntarse afastándose da miopía das siglas e poden poñerse ombreiro con ombreiro cando a situación así o precisa sen que o mundo deixe de xirar; e a segunda, é que Pontevedra é unha cidade agracecida cos que fixeron dela o seu motivo de inspiración e traballo. María Victoria Moreno, dende a súa chegada á nosa cidade en 1963, non só fixo agromar a súa narrativa dende a súa descuberta e paixón pola lingua galega, senón que desenvolveu un labor marabilloso arredor da xuventude facendo que nela alicerzase o amor pola lectura pero tamén, ou mellor dito, por riba desa misión, a forxa dunha almas valentes e libres que sentiron na presenza desta muller a confianza que tantas veces se lles nega á mocidade.
A decisión do Concello de Pontevedra de sustituir a rúa Fernández Ladreda, nome dun ministro franquista, polo de MªVictoria Moreno, non só é un xesto de conciencia polo de borrar do noso rueiro a un protagonista da dictadura, senón que plantexa a necesidade de reivindicar a mulleres protagonistas da nosa historia que nunca tiveron recoñecemento algún. E, se nos referimos a nosa protagonista, colócanos ante a homenaxe permanente a unha muller engaiolada dunha lingua que empregou para sementar novos lectores e abrirlles as lumieiras da lectura, converténdose agora, ela mesma, nesa lumieira que estará sempre acesa no noso rueiro.
O propio concello de Pontevedra vén de presentar nestes días a próxima publicación dun libro adicado a Mª Victoria Moreno dentro do programa ‘Memoria das mulleres’ da man de Montse Fajardo que irá mais alá do seu labor como escritora e conducirá o relato dende os fíos que a enguedellan coa propia cidade e as persoas que estiveron ao seu arredor. Este libro será un máis dentro da reedición de obras súas que estanse a producir e que estarán no mercado cunha maior intensidade á medida que nos acheguemos ao Día das Letras Galegas, a ela adicado.
Os que si xa están en circulación son dúas biografías publicadas por Xerais e Galaxia, respectivamente. A saída do prelo da primeira é ‘Mª Victoria Moreno. a muller que durmía pouco e soñaba moito’, escrita por Fina Casalderrey e Marilar Aleixandre, mentres que a segunda chega da man de Montse Pena e leva por título ‘A voz Insurrecta. Mª Victoria Moreno, entre a literatura e a vida’. Ambas son dúas marabillosas maneiras de achegarse á escritora poñendo ante nós a posibilidade de descubrir, dunha maneira amena e didáctica, pero sen afastarse da rigorosidade, o que foi a súa vida e que, como escribe Montse Penas no limiar da súa biografía de Galaxia, vai «das súas angueiras de escrita, o seu labor como profesora apaixonada e a súa aposta polo galego». Tres vértices nos que se moveu ao longo da súa vida quedando o persoal moitos veces colocado incluso tras eles.
Pola súa banda Fina Casalderrey e Marilar Aleixandre engádenlle ao seu relato ese aloumiño na meixela que outorga a complicidade e a amizade a través de moitos anos (ben certo que moitos menos dos que todas houberan desexado) e que nos leva, polo tanto, por un relato cheo desa intensidade que tan ben lles senta ás biografías, moitas veces repletas de frías liñas.
Pero no caso de Mª Victoria Moreno, a palabra frialdade non encaixa en ninguén que escriba sobre ela, tanto os que máis ou menos a coñecían, ou, como quen isto suscribe, sen a fortuna de tela coñecido persoalmente. Pero hai persoas que chegan a un a través non só dos seus feitos, senón da palabra dos demais, de cómo falan dela, de cómo asumen a súa dolorosa ausencia, de cómo describen o que foi a súa vida, no persoal e no profesional, e fan que escribir de Mª Victoria Moreno sexa escribir dalguén que coñeces case dende que chegou a Pontevedra para darlle acubillo a moitos deses ‘cachorros’, como ela mesma se refería aos seus alumnos e alumnas. Primeiro mulleres do Instituto Feminino, e posteriormente doutros centros, como no que deixou fortes raíces e longas polas das que pendurarse, perfecta metáfora desa colección inesquecíbel, de nome ‘Árbore’ que impulsou en Galaxia. Esa árbore inagotábel foi e é a súa presenza no IES Torrente Ballester reflectido na Biblioteca do centro que leva o seu nome
Libros, lectores e lectoras, a todos eles adicou a súa vida sabedora da paixón que podía trasmitir coa lectura, cunhas narracións nas que os xóvenes podían sentirse reflectidos sen sentirse parvos. A eles referiuse sempre sendo consciente da súa capacidade para entender o mundo e relacionarse con el. A través desas miradas é como Mª Victoria Moreno miraba ao mundo, e cara ela mira Montse Penas dende os Anos de infancia e Mocidade, A chegada a Galicia e a descuberta do galego, O seu labor como filóloga e traductora, O recoñecemento da súa escrita e O pulso á enfermidade. Capítulos dunha vida que para Fina Casalderrey e Marilar Aleixandre convértense en A libraría dos libros prohibidos, Lembranzas da infancia: Quen caeu na fonte?, Orfa de pai, Os cachorros de María Victoria, Na pel doutras persoas e Tirar a luz da sombra. Cada un deses capítulos ou deses libros son os latexos dunha vida que seguirá latexando na nosa cidade, na dela, e que terá un novo camiño polo que lembrala en forma de rúa, en forma de lumieira acesa.


Publicado no Diario de Pontevedra 19/03/2018


viernes, 16 de marzo de 2018

A xesta galega de Matilda Anderson

Rue Saint-Antoine nº 170
Fotografía ▶ O seu labor foi unha das grandes fazañas realizadas por unha muller na España das primeiras décadas do século XX. As seis viaxes da fotógrafa Ruth Matilda Anderson a España, con dúas estancias en Galicia, serviron para deixar constancia dun tempo e dunha realidade que sen o poder da imaxe sería imposíbel recuperar.




É unha das grandes coleccións de fotografía da historia do ser humano. Miles de fotos que saíron da cámara de Ruth Matilda Anderson (1893-1983) encargadas pola Hispanic Society of América dentro dun programa de traballo que respostaba ao interés do fundador deste institución, Archer Milton Huntington, pola cultura española e o seu desexo de formar un museo cun contido adicado á España. Falamos dos primeiros anos da década dos vinte cando esta Sociedade, creada en 1904, encarga a unha muller fotógrafa, a realización dunha serie de fotografías para documentar a vida e os monumentos de España. Así é como Ruth Matilda Anderson comeza unha serie de seis viaxes a España, dos cales dous terán a Galicia como obxectivo importante. O primeiro deles entre o 7 de agosto de 1924 ata o 28 de agosto de 1925 e o segundo entre o 14 de novembro de 1925 ata o 31 de maio de 1926. Esas xornadas convertéronse en miles de fotografias, parte das cales exhíbense no Café Moderno de Pontevedra de Afundación ata o 21 de abril, unha oportunidade única para enfrontarse cun universo perdido, cunha forte carga de interese para numerosos traballos de investigación, pero tamén, polo simple feito de abrir esa fiestra ao pasado, atopándonos cunha mirada cara espazos absolutamente perdidos xa para unha sociedade que só mediante estas visións pode ser quen de recuperar ese pasado.
Muller de carácter forte o seu traballo en España tamén ten que ser valorado dende a posición dunha muller nun tempo no que o papel destas rara vez afrontaba empresas deste tipo. Adicándose a un traballo artístico e creativo, afastada do seu país e traballando noutra sociedade que neses anos debía semellar un ambiente ben exótico. O 7 de agosto de 1924 Ruth Matilda Anderson chega ao porto de Vigo cunha gran cantidade de caixas cheas de material fotográfico. Dende ese día desenvolverase unha das xestas fotográficas máis importantes feitas en Galicia.
Aquela Galicia que en materia de comunicacións era un territorio do máis complexo contemplou a esta muller desprazándose en trens ou autobuses polas catro esquinas da nosa xeografía. Dende grandes cidades ata pequenos escenarios rurais, a súa cámara disparou cara o interminábel número de realidades das que se nutre esta terra.
Costumes, festas e ritos; Transportes, Traxes, Traballos e oficios: Feiras, agricultura, o mar, e as cidades son algúns dos capítulos nos que se dividen estas imaxes para tentar acadar así unha catalogación axeitada. Como acontece con este tipo de exposicións, o traballo de Ruth Matilda Anderson, sorprendente aínda hoxe pola calidade da execución, permanencia e conservación dos materiais, permite comparar como eramos e como somos hoxe, como mudaron os espazos nos que desenvolvemos a nosa vida e como se adicaron a cuestións ben diferentes do que hoxe. Se vemos as imaxes de Pontevedra incluidas na exposición atopámonos a Praza da Leña coa súa función habitual nese tempo, a mesma que lle deu nome, como foi o de ser o espazo adicado á venda de leña. Tamén, na súa contorna, recoñecemos o edificio que nun futuro próximo ocuparía o Museo de Pontevedra, o edificio Castro Monteagudo, ou unha imaxe da rúa Princesa desembocando na praza do Teucro na que aínda se adiviña a rotulación da Imprenta Peón.
Tal e como acontece con Pontevedra, Marín, Cangas, O Porriño, Domaio, Cambados, Vilagarcía de Arousa ou Tui, todas as imaxes que reflicten eses escenarios conforman un itinerario pola nosa identidade a través de persoas, paisaxes e ambientes que en moitas ocasións significaron para a fotógrafa unha loita contra si mesma, e contra as condicións de traballo, pero Galicia tamén íase adentrando cada vez máis na súa alma e as súas primeiras fotografías centradas nas cidades ou nas arquitecturas, foron pouco a pouco sustituíndose pola humanidade da xente, o seu quefacer diario, os obxectos, en definitiva, a vida que se agocha tras este tesouro feito fotografía por Ruth Matilda Anderson unha heroína que chega, de novo, a Pontevedra.


«Nuestros compañeros de viaje eran gente del campo, las mujeres, envueltas en mantos negros de cuadros y los hombres, en mantas de cuadros marrones. Los cogimos en mitad del almuerzo: en la mano izquierda tenían una especie de jamón rojo o salchicha, mientras bajo ese mismo brazo apretaban contra ellos un buen pedazo de pan; la mano derecha serví para coger la navaja con la que cortaban un trozo de pan y otro de jamón, que se llevaban a la boca ayudándose con la propia navaja, una navaja terrible, lista para, en cualquier momento, rebanar un corazón o rajar una boca”.

(Ruth Matilda Anderson).

Publicado no Diario de Pontevedra 12/03/2018


miércoles, 14 de marzo de 2018

Pisar muertos

Galicia, desde la poesía de Carlos Oroza, hasta el sustrato de la memoria de la isla de San Simón, es el gérmen de ‘Trilogía de la guerra’.

Altar de la capilla de San Simón con su
santo sin manos (Foto, Rafa Estévez)

"Es un error dar por hecho lo que fue contemplado". Este verso del demiurgo Carlos Oroza sustenta, como un armazón invisible, la novela del coruñés Agustín Fernández Mallo, ‘Trilogía de la guerra’, editada por Seix Barral y ganadora del Premio Biblioteca Breve. Como invisible es esa red generada por los que ya no están aquí, por los muertos a los que todavía estamos prendidos como parte de una vida que, aunque no nos lo quiera parecer, (sobre todo por la inconsciencia para detenernos a pensar en esa cuestión inmersos en nuestro mundo febril), está conformada en mayor medida a partir de los vínculos con los que han fallecido, que entre los propios vivos, e incluso por encima de unas redes sociales que cada vez más se imponen a un mundo de piel y huesos.
Poner los pies en la isla de San Simón, en la que tantos padecieron, donde tantos murieron, se convirtió para el autor en el arranque de una novela que ha acabado por ser un itinerario por el siglo XX hasta nuestros días. Décadas convulsas, repletas de muerte y destrucción provocadas por lo que entendíamos era el momento de máxima evolución del ser humano. Guerras como la guerra civil española, la guerra de Vietnam, la II guerra mundial u otros conflictos, activados por las diferencias entre el poderoso hemisferio norte y el sufrido hemisferio sur y disfrazados como crisis, cuando en realidad son guerras encubiertas por el consumismo y la publicidad, vienen a desembocar en este texto.
La primera de sus tres partes se centra en la estancia de Agustín Fernández Mallo en San Simón, donde palpa y hasta fotografía esa presencia de la ausencia y hace del escritor cronista de un tiempo que busca las huellas de los que ya no están, convertidos en «combustibles fósiles» y que nos accionan todavía hoy en un libro lleno de reflejos, de identidades que se repiten de manera fractal, como si fuese una costa interminable, en la que los ecos de las personas se multiplican a través de tiempos y geografías diversas. Estructuras que se pliegan en sí mismas para repetirse a diferente escala pero que responden a un mismo patrón.
En la segunda parte, un cuarto astronauta, integrante de la famosa misión a la luna, y quien tomó la fotografía de los que sí pasaron a la historia, relata diferentes sucesos en los Estados Unidos que definen el declive de esa sociedad; mientras, en la última, se cuenta el lúcido recorrido de una mujer por las playas de Normandía, de nuevo poniendo sus pies donde miles de hombres, sólo hombres, dejaron sus vidas, modificando, a partir de sus restos, todo un ecosistema al que ahora llegan otras víctimas, los refugiados sirios, dolientes de nuestras pseudoguerras en busca de su futuro. Se convierte así este libro en un brillante relato, pura y vibrante obra literaria, que se relame en el deseo de narrar, en el irrenunciable principio literario por contar cosas, por conducir al lector por vidas y situaciones ante las que preguntarnos, ante las que dudar, ante las que sentirnos como una emoción más dentro de este planeta en el que constantemente pisamos muertos. Literatura para explicar el mundo, para explicarnos a nosotros mismos.
Por ello es un orgullo que esta novela haya tenido su origen en nuestra tierra a partir de un aislamiento en forma de jornadas para reflexionar sobre redes digitales, pero en las que un paseo de mirtos, antiguos pabellones penitenciarios, tumbas de leprosos, un libro como ‘Aillados’ bajo el brazo, peces de lomos plateados y un santo sin manos activaron el proceso de creación de un libro admirable.



Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 14/03/2018
Fotografía: Rafa Estévez


Observacións de safari

Iolanda Zúñiga firma este libro empoderado baixo o nome de Marleen MaLone, unha muller que percorre todo un abecedario de homes cos que relata os seus encontros sexuais, baixo unha óptica do foguete chea de humor, porén, na que se agocha unha muller chea de historias.


Levávase tempo á espera dun libro de Iolanda Zúñiga. Os seus anteriores textos, ‘Vidas pos-it (2007) e ‘Periferia’ (2010), este último gabado co Premio Xerais de Novela, deixaron unha desas presenzas necesarias para todo sistema literario. Una muller nova, arriscada nos seus plantexamentos na escrita e propoñendo novos territorios para ser explorados por autor e lectores. Pasou moito tempo dende aquilo, sempre demasiado cando se trata dunha ausencia literaria, pero agora esta rachouse coa saída do prelo de Xerais de ‘Noites de Safari’ que, aínda que rotuladas na capa co nome dunha autora chamada Marleen MaLone, correspóndese co último traballo de Iolanda Zúñiga.
«Foi nunha terapia de regresión onde comprendeu todo: na súa vida anterior fora unha vedete, de nome artístico Marleen MaLone», así asume ela mesma ese seudónimo co que Iolanda Zuñiga explora, ata a últimas consecuencias da palabra, a unha serie de homes ordeados alfabéticamente, dende apático, barbudo, casado, desflorador; pasando por obsesivo, putañeiro, quixote, repoñedor; e chegando ata viaxeiro, xocoso ou Zopilote. Con cada un deles a protagonista explicará o seu comportamento sexual, xa que o derradeiro e tamén primeiro fin deses encontros é o de botar un bon ferrete, a partir de aí, e cos deberes feitos, toca amosar as conductas deses homes baixo a óptica dunha muller dominante da situación, sen medos, que selecciona as súas presas sen ningún tipo de rubor nunha sorte de safaris nocturnos nos que a protagonista escolle a eses homes, sabedora as veces dos seus defectos, pero que pouco lle importan ante o emprego que fai deles (dos homes quero dicir).
E na novela, se algo non deixa de sorprender, xunto a imaxinación (ou quizas non sexa tanta) que desenvolve a autora en cada unha desas entradas alfabéticas, é o emprego do humor, abofé que imprescindíbel á hora de enfrontarse á hora de reflectir unha chea de situacións que nos describen, e moito, como especie. Un humor que parte do emprego dun léxico cheo de xiros e de dobles sentidos que constrúe o espazo necesario para que esas historias non se convertan nun fío gume de aceiro co que danar a sensibilidade masculina, tantas veces a flor de pel, e que supoñemos quedará indemne ante o aquí escrito.
Aínda que aparentemente deformadas, as veces, como unha esaxeración non nos podemos afastar de que moitas desas situacións teñen moito que ver coa realidade, con toda esa fauna que nós mesmos somos así como dunha serie de actitudes que xorden das relacións entre homes e mulleres. Comportamentos tantas veces adscritos a roles que se van asentando na nosa sociedade e aos que lle vén moi ben que a escrita xogue con eles nalgo que ao final non é tan xogo. Esa grosa capa de humor tamén permite ir máis aló do que poden ser eses encontros entre unha muller e homes diferentes, xa que permite, tamén, deixar varias cargas de profundidade ao longo de todo o relato sobre diferentes eidos da nosa sociedade, como a cultura, a que leva variós revolcóns, e non precisamente dos que gosta a protagonista.
Tampouco podemos afastarnos de como Iolanda Zúñiga non se queda só nesa exposición exhibicionista da súa creación, desa moza consumidora de homes sen demasiadas esixencias, xa que ese proceder amosa os desafectos do pasado, o fracaso e a dor producida por relacións que un pensa superadas, de aí o empoderamento para ser ela a que decida os pasos a seguir, e así escoller as vítimas propiciatorias nunha sorte de sacrificio para acougar as mágoas da alma.
Un regreso, o de Iolanda Zuñiga que non defrauda, porque isto é o que se espera dela, unha novela arriscada, desafiante, que se sae do común e que procura facernos pensar a partir dunha serie de situacións que nos poden parecer tan surrealistas ou irreais que, ao final, dámonos conta de que forman parte da vida mesma por moito que riamos das noites de safari.



Publicado no suplemento cultural Táboa Redonda. Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 4/03/2018


domingo, 11 de marzo de 2018

«Eu teño alma fadista»


     Ana Moura subirá hoxe ao escenario do Pazo da Cultura de Pontevedra para amosar o seu camiño no mundo do fado, unha renovación musical que a consagrou como a grande artista portuguesa dos últimos anos. Os seus discos ‘Desfado’ e ‘Moura’ convertéronse en éxitos de vendas e os concertos sucédense en tódolos recunchos do mundo.



     Co seu anterior traballo, ‘Desfado’, rompeu todas as cifras de éxito musical en Portugal e converteuse na súa artista máis internacional. Un gran mérito para esta muller valente que soubo transformar o fado nunha música capaz de acadar unhas cifras de vendas de discos e de entradas a concertos que non se coñeceron antes en Portugal, nin fóra do país por parte dunha artista lusa. Agora regresa a Pontevedra, onde xa estivera en 2014, co seu novo disco, ‘Moura’, para achegarnos un fado que tamén serve para danzar e non só para chorar.
     Regresa Ana Moura a Galicia. Que significa esta terra para vostede?
   Gústame a proximidade que nós temos culturalmente. É o país máis próximo a Portugal, as persoas adoran a música portuguesa e recíbenme sempre con moito cariño. A resposta que teño do público en Galicia é moi semellante á que eu teño en Portugal, e iso é o que máis me encanta.
    E de novo en Pontevedra, onde xa estivo no 2014 nun concerto no Teatro Principal, unha sala pequena, na que quedou xente fóra, que non puido estar no concerto.  Agora este concerto celébrase no Pazo da Cultura, unha sala máis grande. Simbolízase así o éxito da súa música?
    Estou moi feliz, no concerto anterior quedei un pouco triste pola xente que tivo que quedar fóra, e si, é certo que as persoas están a recibir moi ben os últimos discos e a miña música.
    O disco anterior, ‘Desfado’, foi un éxito nunca coñecido en Portugal, coa súa permanencia durante 145 semanas no top de ventas. Como viviu vostede esa situación?
    Dunha maneira especialmente feliz porque tratábase dun disco moi arriscado, onde o núcleo máis ortodoxo da nosa música non estaba inicialmente a recibilo moi ben, pero isto tamén foi importante para min porque traballei neste disco cunha gran sensación de liberdade. Sabía que podía non ser moi ben recibido, pero a miña vontade de facelo era tan grande que era o que eu quería. Foi un sinónimo de liberdade e despois, coas diferentes respostas, sentinme aínda máis feliz.
    E penso que nesa felicidade polo seu éxito ten moito que ver que chegase a través dunha música moi ligada ao fado que é a base da súa música e da súa alma?
    Exactamente, creo que en todo no que eu canto, e no que eu fago, o fado está sempre presente, eu teño alma fadista, a miña interpretación é fadista e en min está sempre presente esa música.
   Que é o que Ana Moura quere facer con ese fado tan persoal?
   O meu obxectivo é buscar a miña identidade musical. Eu non busco conscientemente facer unha transformación do fado, non é ese o meu fin, simplemente busco un camiño propio e a miña identidade na música en xeral e no fado en particular.
    É sorprendente ver colas de xente esperando en Katowice (Polonia) para que Ana Moura lles asine o seu disco. Como chega a súa música a sitios tan afastados da nosa identidade e cal é o seu segredo?
    É verdade, penso que iso pasa co fado. Eu teño un interese por crear as condicións necesarias para amosar unha maior profundidade e verdade co que sinto. Falo de condicións porque hai artistas que procuran cantar dunha determinada forma, pero eu busco cantar dunha maneira o menos “programada” posíbel, menos estudada, por dicilo doutra maneira, en canto ao que eu sinto no momento, e nese instante, no escenario, quero crear as condicións para axudarme a transmitir a miña ilusión ao público que tamén se sente identificado con esas ilusións que están en todos nós.
    Vostede foi moi valente ao facer esa transformación dun fado para chorar a un fado para danzar. Cando se decatou dese camiño?
    Decateime dunha maneira natural. Percibía que eu movía moito o meu corpo cando cantaba, eran movementos contidos, unha cousa moi divertida que as persoas querían imitar, eu vía como o meu corpo respondía desa forma á música que cantaba. Un compositor e letrista, Miguel Araujo, cando foi ver un dos meus concertos tamén sentiu o mesmo, e escribiu esta música e quedei moi feliz porque era algo que eu xa sentira. Con este disco último explotei esa idea de que o fado é unha música que se pode danzar, como xa o era moitos anos atrás.
    Despois do ‘Desfado’ chega o seu disco ‘Moura’, que xa ten dous anos, como o define?
    Este disco é un disco que está dentro do que oímos no ‘Desfado’, pero vai un pouco máis alá. No ‘Desfado’ quixemos manter unha sonoridade máis natural e aquí os sons son máis elaborados, experimentamos moitas cousas, e especificamente amplificar a guitarra portuguesa como se fose unha guitarra eléctrica. Probamos diferentes sons, e penso que funcionou moi ben, tamén a presenza do batería de Sting, Vinnie Colaitua, fixo que o disco tivese unha sonoridade diferente.
    Como vai ser o concerto de Pontevedra, máis festivo ou terá unha maior presenza do fado tradicional?
    Vai ser unha mestura das dúas cousas. O que quero facer é presentar o disco ‘Moura’ e o concerto terá unha parte máis tradicional, pero logo terá ese son máis festivo propio do meu fado.
    Consegue Ana Moura ter ‘Días de folga’ (título dunha das súas cancións) con tanta actividade por todo o mundo? Que fai neses días?
    Son raros os ‘días de folga’. O que me gusta é estar na casa cos meus gatos e pasear polo xardín con eles, tamén coidar unha pequena horta que teño.
    O mes de marzo é un mes con moitas celebracións arredor dos dereitos da muller. Cal é a súa opinión sobre as súas cancións e o universo feminino?
    Temos que tentar que cada vez haxa máis mulleres para compoñer letras, tanto no fado tradicional como para min mesma. A forma feminina de escribir é diferente. Penso que a fadista en xeral é feminista, mulleres con moita coraxe para compartir as súas ilusións, e é preciso ser forte para compartir eses desexos, e dende ese punto de vista as fadistas teñen sido unha bandeira do feminismo.

     'Portugal está na moda'
    A chegada de Ana Moura a Pontevedra vén precedida de varios concertos celebrados en París e Luxemburgo que renovan a súa condición de artista de éxito fóra de Portugal. Unha maneira de mirar cara o seu país, que está superando anos moi complicados, converténdose nos últimos tempos nunha referencia na política, o turismo ou a cultura, sendo escollido por personaxes como a cantante Madonna para vivir.
   Vostede é probabelmente a artista portuguesa máis internacional e ten moitos concertos no exterior. Esta situación permítelle saber como se percibe Portugal dende eses países?
    Portugal nestes momentos está nunha fase moi boa. Temos representantes da política moi destacados fóra de Portugal e moitas persoas están atentas ao que acontece no país, e iso tamén axuda ao fado.
     Como está hoxe Portugal tras anos moi difíciles?
   Foron anos difíciles pero agora eu sinto que ‘Portugal está na moda’. Teño moitos amigos extranxeiros que queren comprar unha casa en Portugal e ter así o seu espazo aquí. Por fin hai persoas que queren vir ata o noso país e consumir a nosa cultura.


Publicado no Diario de Pontevedra 10/03/2018


miércoles, 7 de marzo de 2018

Folgade!

A xornada de mañá débese entender como un día histórico que marcará no noso país un antes e un despois na procura da igualdade.


Tedes todo o dereito do mundo a berrar. Tedes a obriga moral de loitar, de pelexar e de folgar para defender uns dereitos esquecidos durante anos e séculos, desprezadas por toda unha sociedade que se aproveitaba e aproveita de vós sen o menor reparo. Aínda terán que pasar moitos anos para que esta sociedade se poña a ben con todas as mulleres que ao longo da historia fixeron do seu traballo, do seu esforzo calado en beneficio de moitos homes, unha carga que levar dende unha serie de hábitos adquiridos que se foron sucedendo no tempo como algo normal e aceptado por todos nós. Na nosa comodidade estaba o voso sufrimento. Agora, unha nova realidade fixo que rachedes con ese espello no que vos mirabades como unha parte da sociedade que non precisaba da nosa atención, como se esa actitude de facer moito máis do que debiades, sen máis compensación ca un agarimo (no mellor dos casos), formara parte do voso papel.
Mañá tedes a oportunidade de facer que os vosos brazos caídos sexan unhas mans ergueitas pedindo unha igualdade da que só falar a estas alturas da película nos dá vergonza a moitos de nós. Acadar os vosos dereitos significa achegarnos a unha sociedade máis xusta na que todos poidamos desenvolvernos dunha maneira máis honesta como seres humanos, e tamén unha obriga a resolver co futuro encarnado nos nosos fillos e fillas. Brechas salariais, violencia de xénero, afastamento de órganos de decisión, conciliacións imposíbeis, traballo doméstico, desprezos e desigualdades enchen de medallas de chumbo o peito dunha sociedade que durante demasiado tempo gabouse de ter as súas mulleres sometidas ao poder masculino e a súa situación de privilexio que moitos homes néganse a ceder.
As nosas rúas teñen que converterse mañá no altofalante dunhas mulleres fartas, que están, si, ata a cona, como estariamos nós se durante todo este tempo tiveramos que soportar o que elas aturan día tras día (párense a pensalo só uns minutos), pois si, ata o carallo. Non se me asusten polas palabras, asústense polos datos: o de mulleres galegas que terían que traballar setenta días máis ao ano para igualar o salario dos homes; ou a cifra de mulleres vítimas da violencia de xénero en toda España, con 917 delas asasinadas nos últimos catorce anos; ou os datos, imposíbeis de calcular, das horas que fan as nosas avoas, nais ou mulleres como amas de casa sen renunciar ao seu traballo fóra do ámbito doméstico. As concentracións, os paros ou as folgas deste violeta 8 de marzo teñen que supoñer un antes e un despois visibilizado neste paro feminino, único en Europa, e que dende unha sociedade secularmente tan machista albisca un punto de luz ao final do túnel.
Cara ese punto de luz é cara onde teñen que dirixirse as mulleres para alumear toda a nosa sociedade dende a igualdade de xénero. A súa participación na xornada de mañá convérteas no centro de atención do mundo enteiro no Día Internacional da Muller. Un día que ten que converterse en eternidade para esquecerse de renuncias, de asoballamentos, de medos, de menosprezos, de explotacións... en definitiva, de todo aquilo que atenta contra máis da metade da poboación mundial, porque si é tanto todo isto contra o que aquí temos que loitar, imaxinemos como pode ser a situación das mulleres noutros paises brutalmente desfavorecidos. Folgade!



Publicado no Diario de Pontevedra e El Progreso de Lugo 7/03/2018
Fotografía: Salvador Sas (EFE)


lunes, 5 de marzo de 2018

Una semana de poesía

Rue Saint-Antoine nº 170
Literatura. Seis poetas tendrán durante esta semana a nuestra ciudad como su centro de operaciones. El territorio de vinculación con la realidad para llevarnos a habitar sus poemas, a mirar a través de ellos cómo nuestra sociedad necesita, cada vez más, de ella para ser.


6 días, 6 poetas’ es el enunciado escogido para presentar a Pontevedra como capital de la poesía en España durante toda esta semana, en la que varios de sus mejores poetas se acercarán a este rincón peninsular para mostrar su trabajo, para hacernos partícipes de su poesía y de cómo, a través de ella, exploran la realidad.
Ángeles Mora, Eloy Sánchez Rosillo, Pedro Sevilla, Miguel d’Ors, José Cereijo y Amalia Bautista se sucederán desde hoy y hasta el próximo sábado en la Casa das Campás, en un evento organizado por la Vicerrectoría del Campus de Pontevedra de la Universidad de Vigo, convocándonos, así, a ese espacio tan singular que sólo la poesía es capaz de generar a partir de la palabra.
«Las palabras se buscan/o te encuentran», afirma en el inicio de uno de sus poemas Ángeles Mora, y es que a través de las palabras es desde las que el poeta interpreta la realidad, tejiendo a partir de ella una nueva identidad por la que movernos, por la que sintetizar todo un cúmulo de sensaciones que de una manera, entre lo milagroso y lo terapéutico, se convierten en un itinerario para el ser humano. Otro de los poetas invitados, Eloy Sánchez Rosillo, cuya ‘Poesía completa’ viene de ser editada por Tusquets bajo el título de ‘Las cosas como fueron’, en lo que es ya un imprescindible volumen, comienza uno de sus poemas, titulado ‘Las palabras’, de la siguiente manera: «Sólo palabras tienes, y con ellas/has de decir el mundo, la infinita/variedad de las cosas».
Esa es la gran virtud del poeta, ser quien de calibrar la realidad desde la palabra, convertirla en punto de unión con el lector, un nexo emocional desde ese recodo íntimo como es la escritura de la poesía frente al horizonte del día a día. Pedro Sevilla, el poeta al que se le dedica el miércoles, afirma en una entrevista en el Diario de Jerez, periódico de su tierra, lo siguiente: «Lo que escribo da fe de lo que siento». La poesía como notaria del yo frente al colectivo, pero también como ejercicio autobiográfico, como activo de la memoria y de la experiencia, un fino alambre que todo lo soporta, y si no ahí tienen el último poemario de Miguel d’Ors, el poeta del jueves, ‘Manzanas robadas’ (Editorial Renacimiento). Poemas escritos en el entorno de nuestra ciudad, desde una A Caeira que ejerce de atalaya desde la que resistir, desde la que activar la memoria con la naturaleza como diapasón para medirse con uno mismo, que de esto también tiene mucho la poesía. La poesía como toma de conciencia del yo ante el entorno.
El redondelano José Cereijo nos traerá el viernes su silencio convertido en materia de trabajo. «Quisiera yo tener un lugar apartado / en el que vivir, dueño de mi propio destino, / escuchando la voz honda que sólo toma / su forma en el silencio”, escribe en el poema ‘La casa’, como en tantos otros, en los que el silencio es su gran dinamo, flanqueado por el tiempo, el amor o la muerte. En la última jornada Amalia Bautista hará del endecasílabo territorio de expresión, pero también de ansiedad con otros poemas más breves.
Arranca la semana de la mano de Ángeles Mora, Premio Nacional de Poesía en 2016 por su poemario ‘Ficciones para una autobiografía’, un inteligente título que nos sitúa ante la composición del propio poeta a través de la construcción de sus ficciones. Leer cada uno de estos poemas evidencia el brillante manejo de la palabra por parte de la poeta cordobesa y su capacidad para hacer de un verso, aparentemente ligero y frágil, un sólido continente de emociones.
Esas emociones contenidas en las palabras de todos ellos se activarán cada día en las sesiones que comenzarán a las 19,30 horas, mientras el sábado se inicia a las 11.00 horas.


Lunes 5: Ángeles Mora. Premio Nacional de la Crítica/Premio Nacional de Poesía (2016). Presenta Ramón Rozas.
Martes 6: Eloy Sánchez Rosillo. Premio Nacional de la Crítica. Premio Adonais (1977). Presenta, Xaime Toxo.
Miércoles 7: Pedro Sevilla. Presenta, José Montero.
Jueves 8: Miguel d’Ors. Premio Nacional de la Crítica. Presenta, Fátima Cobas.
Viernes 9: José Cereijo. Presenta, Carmen Becerra.
Sábado 10: Amalia Bautista. Presenta, Jorge L. Bueno.



Publicado en Diario de Pontevedra 5/02/2018