lunes, 30 de abril de 2018

Valle-Inclán y ‘La lámpara maravillosa’

Rue Saint-Antoine nº 170
Literatura ▶ La publicación en formato facsímil de uno de los textos más singulares y personales de Valle-Inclán, ‘La lámpara maravillosa’, a cargo de la editorial Alvarellos, permite tener en nuestras manos una edición que te traslada a otro tiempo, a los años en que las palabras del genio de Vilanova de Arousa golpeaban a una sociedad y a su literatura.


Lo ha vuelto a hacer la compostelana editorial Alvarellos. Si con la edición facsímil de ‘De catro a catro’ de Manuel Antonio uno sentía en sus manos la emoción de tener una parte de nuestra mejor literatura en un formato único e irrepetible, ahora, con esta nueva edición, también facsimilar, del texto de Ramón Mª del Valle Inclán, ‘La lámpara maravillosa’ publicada originariamente en 1916, el lector parece tener la sensación de manejarse en un tiempo literario distinto al nuestro. El respeto a su formato original, a una tipografía determinada y sus delicadas y simbólicas ilustraciones nos conducen a aquella década en la que Valle-Inclán vivió diferentes acontecimientos que marcaron, no solo la confección de este libro, que sirvió de arranque a su ‘Opera omnia’, sino su propia vida.
Un Valle-Inclán que llegaba a los cincuenta años moviéndose ya en la madurez de su prosa modernista nos va a ofrecer en estas páginas su teoría estética, una estética que se conducía por principios neoplatónicos, también de filósofos modernos, como Nietzsche o Schopenhauer, pero será desde las corrientes del ocultismos elaboradas a finales del siglo XIX, desde las que mejor entender los posicionamientos del de Vilanova de Arousa. En el libro se integran diferentes escritos realizados y publicados desde 1912, años convulsos en los personal. En ese mismo año romperá la relación personal con la compañía de Teatro Guerrero Mendoza, en la que trabaja su mujer, la actriz Josefina Blanco y se traslada de Madrid a Galicia, para poner en marcha una aventura agrícola en el Pazo da Merced. En 1914, en Cambados, fallece su hijo Joaquín, con cuatro meses. En Europa ya huele a muerte y destrucción, mientras cambiaban tantas cuestiones desde lo social, científico o artístico. Las vanguardias, la teoría de la Relatividad de Einstein o el psicoanálisis mudaron numerosos puntos de vista sobre el ser humano en un nuevo siglo que se abría paso de una manera desbocada.
La lámpara maravillosa’ es, por lo tanto, un estado de la cuestión, un punto de inicio de toda una concepción estética y personal que exudaría a través de la mayor parte de sus obras futuras.
Estamos ante un libro muy estudiado, en el que lo simbólico asoma por todas las esquinas. Siete capítulos, número de grandes connotaciones cabalísticas, para adentrarnos en su estética desde sus experiencias en el caminar hacia una búsqueda de la belleza. Un tránsito que se mueve no solo en lo meramente artístico, sino también en lo personal, como sucederá a lo largo de su obra con un pie en lo íntimo y otro en lo que sucede a su alrededor.
«Es el libro del que estoy más satisfecho, tanto por la forma como porque me parece que logré la idea que tenía de que él despertara en cada uno de los lectores una emoción diversa y que como los antiguos libros de las escuelas iniciativas de Alejandría pudiera tener verdades de eterna belleza siempre nuevas, porque cada quien que las siente, puede interpretarlas». De esta manera responde el propio Valle-Inclán a una pregunta sobre este libro en el cual nos encontramos frases tan reveladoras para el autor de ‘Luces de Bohemia’ como: «Son las palabras espejos mágicos donde se evocan todas las imágenes del mundo», o: «La mengua de nuestra raza se advierte con dolor y rubor al escuchar la plática de aquellos que rigen el carro y pasan coronados al son de los himnos. Su lenguaje es una baja contaminación», y otra maravilla más: «Rosa mística de piedra, flor románica y tosca, como en el tiempo de las peregrinaciones conserva una gracia ingenua de viejo latín rimado», esta última describiendo a Santiago de Compostela.
Y es que conducirse por este libro es hacerlo por un asombroso y luminoso escenario de palabras e ideas, perfectamente armonizado con las ilustraciones de José Moya del Pino. Todo ello ya de por sí un tesoro que, en esta edición facsímil, se engrandece con el estudio de la profesora Olivia Rodríguez-Tudela, con fotografías del autor en la época de creación del libro y con un prólogo del nieto del escritor, Joaquín del Valle-Inclán, autor de una memorable biografía editada en Espasa tan recomendable como este libro capaz de hacernos sentir el tiempo de Valle-Inclán.



Publicado en Diario de Pontevedra 30/04/2018


miércoles, 25 de abril de 2018

Semente de dignidade

Familiares das vítimas na inauguración do
Bosque da Memoria en Figueirido (Vilaboa). Foto: Rafa Fariña.

     España e Cambodia xuntas nun listado a nivel mundial. E pensarán vostedes que é o que pode arrexuntar a un país que se ten como do primeiro mundo, no que os nosos gobernantes peléxanse por darnos cifras que amosen a súa afouteza fronte ao orbe, e outro, un ausente, para nós, país do sudeste asiático. Pois agárrense que vai o dato: Cambodia e España lideran a táboa de países cun maior número de desaparecidos en foxas comúns. En España hai máis de 115.000 vítimas do réxime franquista neses enterramentos anónimos e vergoñentos para calquera país que se teña como civilizado. Este dato, que é unha labazada a todos nós como sociedade, leva dando voltas na miña cabeza dende que o vin hai un par de días no libro que Ian Gibson vén de publicar, ‘El asesinato de García Lorca’, a piques de cumprirse os 120 anos do nacemento do poeta granadino.
     É probábel que Federico García Lorca sexa o máis coñecido de todas esas persoas, pero tanto el como a máis descoñecida das demais vítimas son merecedoras da nosa dignidade como colectivo, como sociedade madura que non o será nunca ata que a súa memoria, as súas memorias, sexan recuperadas como merecen.
     Outra vez coa memoria histórica! Pensarán algúns, e aquí me deixo levar por unha das moitas frases xeniais que Manuel Rivas nos ofrece no seu libro ‘Contra todo esto’ (editado por Alfaguara e que próximamente publicará Xerais en galego): «Que futuro lle deixaremos aos nosos devanceiros». Un libro no que Manuel Rivas apela ao goberno para que simplemente cumpra as leis. Dez anos dunha Lei de Memoria Histórica ignorada, así como un recente informe da ONU no que se lle pide a España que cumpra os tratados que ten firmados para a reparación das vítimas.
     Pero o noso Goberno ponse de costas a esta realidade e dá vergoña ver a Mariano Rajoy na Arxentina nunha homenaxe ás vítimas da Ditadura daquel país, nun Parque da Memoria, mentres esquece as do seu. Como de costas está todo un Goberno que ve como é o poder xudicial o que tenta arranxar as cousas, iso si, cos seus tempos de tartaruga en terra. Ese poder xudicial é o que vén de ordenar a recuperación de dous corpos nesa gran foxa de esplendor fascista que é o ‘Valle de los Caídos’ ou o que en Madrid permitirá o cambio de nomes vencellados ao franquismo no rueiro da capital.
     E xunto á xustiza o pobo, o pobo que ten que ser quen máis ordea (que ben soa isto nun 25 de abril) e que dá en moitos lugares resposta á indignidade de tantos. Así é como dous feitos estes días son semente de dignidade e o camiño a seguir para tentar normalizar un país que, lonxe de abrir feridas (outro territorio común da dereita), o que ten que facer dunha vez por todas é pechalas. Vilaboa e A Pobra do Brollón irmandadas, non como España e Cambodia, senón no orgullo que conleva honrar a memoria dos seus. O pasado sábado inaugurouse o ben chamado Bosque da Memoria en lembranza dos presos do cárcere franquista que funcionou en Figueirido entre 1936 e 1943, inzado polo colectivo de defensa da Memoria Histórica A Regaduxa. Un bosque que virá a substituír os laios e as bágoas polo axóuxere das súas follas movidas polo vento da liberdade e que se sufragou coa venda do libro ‘Non des a esquecemento’, de Luís Bará, no que se recollen moitas historias da represión franquista.
     Unha semana despois dese acto, na Casa da Cultura da Pobra do Brollón, os restos de José Rodríguez Silvosa e Ramón Somoza Álvarez serán devoltos aos seus familiares. Ambos foron asasinados, tras pasar, despois do golpe, dous anos agochados no monte, e recuperados grazas ao labor da ‘Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica’. Eles, como Lorca, e tantos miles de nomes, precisan dun país que os recobre dende a semente que é a memoria. Unha semente de dignidade.



Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 25/04/2018


‘El otro yo’. Una alteridad fotográfica

Rue Saint-Antoine nº 170
Fotografía ▶ Hasta el próximo sábado en el espacio Nemonon y bajo el ‘Colectivo AlNorte’, Cristina Brea, Paula Pez, Raquel Calviño y Rita Ibarretxe nos proponen a través de sus cuatro miradas fotográficas un planteamiento sobre el yo a través del alter ego. Un desdoblamiento de la personalidad que nos permite el reconocimiento de lo propio.


Pocas facetas más necesarias y sugerentes en el mundo del arte como la capacidad para conocer y reconocer lo que habita dentro del ser humano. La posibilidad de generar imágenes allí donde todo semeja tan íntimo como inabordable. Para ello son las armas que maneja cualquier disciplina artística las que necesitamos realmente para ese proceso de escruta de nuestro interior, para analizar y poner nombre a aquello que nos define, pero también a todo aquello que gravita alrededor de lo que nuestra mente empieza a propiciar.
Cristina Brea, Paula Pez, Raquel Calviño y Rita Ibarretxe son fotógrafas y, a través de su cámara reflexionan, agrupadas bajo el ‘Colectivo AlNorte’, sobre el yo de cada una de ellas pero reinterpretado como un alter ego. Una alteridad inspiradora, una alteridad que es motivo, una máscara que oculta todo un interior precisamente para exhibirlo. Reunidas nos convocan a cuatro maneras de representar (se), a cuatro maneras de ver (se) y a hacer de ese se, el ser que habita en ellas.
Cristina Brea trabaja desde la amnesia, desde esa oportunidad para ser otra persona, para bucear en la pureza de lo que se reinicia como algo nuevo tras el borrado de lo anterior. Sus planos cerrados del cuerpo humano trabajan en lo angustioso, en las manos como grito silencioso de gestos y formas que suscitan una enorme plasticidad desde unas imágenes que evolucionan del blanco al negro a medida que nos movemos por la sala y lo hacemos ante su obra, una obra de memoria, de huecos que se cubren pero también de otros que desaparecen.
Paula Pez se mueve en la ironía para convertir a su abuela en una protagonista de cómic. Una superabuela como tantas que hicieron de su vida sacrificio sin esperar nada a cambio. Era su actitud cívica ante la vida, ante un destino desde el que sólo desde el compromiso se podían entender sus hechos. Paula Pez fotografía esas posibilidades, esa presencia mimetizada en otra persona que la representa en esta propuesta que todavía puede llegar a más, incluso a ser una historia en un cómic físico.
Raquel Calviño propone a varias personas ante la cámara en un ambiente de una poderosa escenografía en el que el tiempo y el abandono nos trasladan a las incertezas del ser humano frente a la vida, frente a la capacidad de acondicionarse tras el abandono de las personas y el amor como activo de ese cambio. Personas que se enfrentan a la cámara sin artificios, desprotegidas y poseedoras de una pureza fascinante.
Rita Ibarretxe lleva ese yo al exterior, a un paisaje que nos lleva a no pensar. Una línea del horizonte o una inmersión bajo el mar que colapsan nuestra conexión con el resto de personas y nos conduce directamente a lo que somos, al yo ajeno a otros pensamientos, a contaminaciones que nos confunden frente a lo realmente importante como es nuestra singularidad.
Un trabajo conjunto que no discrimina ninguna de estas cuatro maneras de trabajar y que, perfectamente repartidas en el espacio de Nemonon, tras un cuidado estudio, no se entiende como un punto y final, sino como un proyecto en común que seguirá creciendo tal y como crece el yo y la personalidad de estas cuatro mujeres que desarrollan un interesante trabajo fotográfico desde el que intentar entendernos.


Publicado en Diario de Pontevedra 23/04/2018


domingo, 22 de abril de 2018

Días de pontes, poesías, flores e libros


Oito edicións do Festival de Poesía PontePoética. Oito anos escoitando o latexar da poesía repicando entre as pedras de Pontevedra. Beizóns aos poetas, beizóns aos organizadores, Ateneo de Pontevedra e Concello de Pontevedra, e a todos os que axudan para que a poesía forme parte de nós dun xeito máis intenso do que é habitual cando collemos un libro nas mans.
Dende hoxe e ata o domingo as palabras soarán en diferentes linguas para rexistrar unha mesma emoción. A da palabra que xorde da alma, a palabra que se converte en rexistro do ser humano, a palabra que, como deixou fixado Luis García Montero nunha edición anterior deste certame, precísase como «un axuste de contas coa realidade». Abofé que si, que necesitamos axustar contas con esta sociedade na que nos movemos as veces entre tanta lama, entre tanta sucidade. A poesía é un respiradoiro, a posibilidade de facer da mente un territorio para coñecernos e recoñecernos, para tender pontes cara esa realidade que en tantas ocasións nos abafa e esgota.
E para pontes, Pontevedra, a vila que medrou paseniño a carón do Lérez, enchoupada na cultura ao longo da súa historia, e que agora fai da recuperación de rúas e espazos públicos un canto á vida e ao ser humano como medida de tódalas cousas realmente importantes da vida. Neste abril que comeza a florecer acariñado por un sol que se botaba tanto en falla, é o mellor tempo para a poesía, para mergullarse nela entre as xornadas do bulideiro Salón do Libro Infantil e Xuvenil e ledos ante a chegada do Día do Libro, o vindeiro luns, coas nosas librerías xuntiñas, promovendo a visita dos lectores aos seus interiores tan fermosos coma necesarios.
Estamos, polo tanto, ante días especiais. Días que fan medrar a unha cidade. Días de pontes, poesías, flores e libros. Un edén que segue a facer desta cidade unha referencia en Galicia e máis alá, e á que chegarán poetas de Cataluña, País Vasco, Portugal, Francia, Irlanda ou Galicia co veludo da poesía como bandeira e fío común. Cando hoxe se levante o pano no Teatro Principal e Manuel Rivas, Filipa Leal, Elías Portela e María Xosé Queizán protagonicen o primeiro recital do ciclo dirixido por outra gran poeta, Yolanda Castaño, sentiremos como a palabra nos constrúe como se foramos pontes con firmes piares capaces de suxeitarnos en pé, afoutos, fronte á corrente da vida.
Non perdan a ocasión de compartir a experiencia de sentirse ouvintes da poesía e, a través dos poetas galegos, Manuel Rivas, Elías Portela, María Xosé Queizán e Miriam Ferradáns, tomarlle o pulso á nosa, á que está bulindo dun xeito como había anos que non pasaba, con novos nomes, con mozos e mozas abraiantes, con novos proxectos editoriais como Apiario ou Chan da Pólvora que están a poñer en circulación todo o noso potencial creativo dende a poesía, algo que é parte da nosa propia historia de escritores xigantes que estarían ben orgullosos e orgullosas das nosas poesías, das nosas pontes, desta PontePoética.


Publicado no Diario de Pontevedra 20/04/2018

miércoles, 18 de abril de 2018

Os cadernos de Bragado




Foi un tremor convertido en desacougo para todo o sector da cultura galega. A nova da súa marcha da dirección da editorial Xerais, así como a reestructuración desa casa inserida no Grupo Anaya, xerou unha inquedanza non só no eido editorial, senón en todo o que ten que ver coa cultura en Galicia pola súa indiscutíbel importancia. O seu labor deixouse notar ao longo dos 28 anos (case 25 como director) nos que estivo no seo desa editorial, pero co paso do tempo, ese quefacer espallouse máis alá dese traballo editorial, converténdose nunha referencia dende a posta en marcha de diferentes proxectos que inzaban a nosa terra dunha chea de regalías, así como dos seus cada vez máis necesarios escritos en prensa ou no seu blog, ‘Brétemas’. Textos lúcidos adicados a tecer sempre máis que a desfacer, a motivar a reflexión e a aposta común por un territorio que nós mesmos somos quen de maltratar coas nosas accións.
Se o traballo de editor ten moito de valente cabaleiro medieval, de alguén metido en constantes xustas, mantidas con diferentes sectores que van dende os propios autores ás administracións, esas lides son cada vez máis complexas nun mundo que día tras día semella afastarse do papel, persoas como Manuel Bragado son unha honra para o sector pola confianza e a puxa pola lectura como unha das maiores achegas que un pode deixar á súa terra.
Os centos de títulos saídos do prelo baixo o seu mandato, a aposta por novos nomes, a creación de novas coleccións e o pulo dos diferentes premios que concede ese selo son só unha parte dun compromiso emocionante e que emocionaba cada vez que nos atopabamos ao editor a carón dun autor presentando o seu último libro. Con independencia de que este fora a maior ‘estrela’ da editorial, Manuel Rivas, ou o máis recente nome saído do seu labor de seguemento, como puidera ser Iria Misa, por citar a quen aínda presentou a pasada semana o seu libro, ‘Segredos no solpor’, xunto a todos eles amosou sempre unha dignidade e profesionalidade abraiante, a salvo de quilómetros e esgotamentos, que o levaba xornada tras xornada a percorrer Galicia de punta a punta como apoio aos seus autores. Unha soberbia lección ante tanta falla de compromiso como atopamos neses xigantescos grupos editoriais cada vez máis afastados do tacto da pel e cuxos ollos só se iluminan ante os balances de resultados. Os ollos de Manuel Bragado sempre miraron cara a alma dos autores, e tamén cara os lectores, que coidaba un a un en cada presentación como chanzos imprescindíbeis para que o libro se mantivese a flote nun ecosistema cheo de marexadas.
Nalgunhas desas presentacións tiven a honra de estar ao seu carón compartindo uns momentos que para min xa serán para sempre inesquecíbeis xunto ao autor ou autora que tocase. Moitas outras veces estiven no outro lado, escoitando as súas palabras entre o público e vendo como entre as súas mans o editor manexaba sempre un caderno cheo de anotacións, de reflexións, de puntos a salientar sobre o libro a presentar. Eses cadernos convertéronse agora na alma da nosa literatura nos últimos trinta anos, neles resúmense varios dos nosos mellores libros, pero, sobre todo, contense a alma dun editor afouto, dalguén cunha bonhomía inusual que soubo coidar o máis importante que ten que facer sempre un editor aínda que soe pueril, isto é, poñer en circulación libros, libros que falen dun país e das súas xentes, libros que xa son de todos nós.



Publicado no Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 18/04/2018
Fotografía: Rafa Fariña


Unha mirada irrepetible

Rue Saint-Antoine nº 170
PoesíaO acto de entrega do VI Premio de Poesía Manuel Lueiro Rey serviu para premiar o poemario ‘Corpo’ de Antón Lopo, pero tamén para que o editor do poemario, Manuel Bragado, despois do anuncio da súa marcha da Editorial Xerais, recibise o agradecemento dos presentes polo seu labor a prol da cultura e de apoio a este galardón.


O MULTIUSOS DE Fornelos de Montes, concello natal do poeta Manuel Lueiro Rey, foi onte unha cerna de emocións a carón da poesía, a carón da cultura de Galicia. A entrega do VI Premio de Poesía Manuel Lueiro Rey, que serviu para lembrar os cincuenta anos da primeira edición completa da novela ‘Manso’, publicada, tal e como a concebiu o autor, en 1968 en Bos Aires, permitiu a Antón Lopo recoller o premio como gañador co poemario ‘Corpo’, servindo o acto, tamén, para a presentación pública do libro editado, un ano máis, por Xerais.
Esta editorial, en plena convusión pola decisión coñecida esta semana do seu director durante case 25 anos, Manuel Bragado, de deixar o seu cargo, acadou un protagonismo inesperado tan só uns días antes e despois de que se coñecese esa decisión ao propiciar o aplauso unánime, o primeiro dos moitos que chegarán nos próximos días á súa figura, moito máis alá que a dun editor sendo un traballador arreo por moitas causas da nosa cultura. Unha delas é a coñecida como ‘Causa Lueiro’, que dende hai uns anos vén a poñer en valor a esta figura comprometida co ser humano dende o seu amplo labor literario que vai do xornalismo á narrativa pasando pola poesía. O editor recibiu de mans do alcalde de Fornelos de Montes, Emiliano Lage e da mantedora do acto, Carme Carreiro, e fronte a unha sala chea de público, coa presenza da presidenta da Deputación de Pontevedra, Carmela Silva, unha placa polo apoio a este premio. A ovación dos presentes fixo que ese agradecemento se espallase por moitos máis eidos de traballo do puramente editorial.

As actuacións musicais de Cintaadhesiva e de Tino Baz enmarcaron un acto no que o protagonista era ese poemario, ‘Corpo’, que para o seu autor foi unha inmensa felicidade escribilo cando se cumplían trinta anos do seu primeiro poemario, agardando que esa felicidade se transmita aos lectores. Manuel Bragado calificou o poemario de «peza fulcral dentro da traxectoria do autor pola súa plenitude textual» e onde «a palabra adquire textura, adquire intervalo».
Ese senso de intervalo é fundamental á hora de achegarse a este texto. O corpo é a noda, ese espazo intermareal, que cando baixa a marea queda ao descuberto, e noutros momentos totalmente asolagado. Así os poemas sucédense como xeografías físicas, pero tamén corporais, para converterse en tránsito fronteirizo coa poesía como afoutada canle de expresión. «Os recordos son o noso corpo», plantexou no seu discurso de agradecemento Antón Lopo. De novo o territorio limiar entre pasado e presente. Momento de sucar na memoria, de lembrar a Manuel Lueiro, do seu compromiso e traballo nun xornal  pontevedrés tan singular como o republicano e galeguista ‘El País’, tamén a Herminio Barreiro que lle abriu as fiestras á obra de Manuel Lueiro, para despois lembrar os seus propios tempos de xornalismo xunto a Carme Vidal, parte tamén desta paisaxe natural de Fornelos de Montes, pero que a emoción converteu en intimidade dunha paisaxe enchoupada xa por unha chuvia mansa que permitía deixar pegadas no chan. Como as pegadas na area. «A historia é transitoria pero transmisible», dixo o poeta antes de recitar varias das composicións da primeira parte deste poemario, que son moitos, por ese carácter fragmentario. As crebas que o tempo deixa na costa, que deixa en nós, tamén concebidas como restos de nós mesmos que alí, naquel espazo estabamos  a compartir  como un momento único e irrepetible antes de que o tempo o anegue co seu manto invisible. Pero a palabra permanecerá sempre coma fío, coma emoción, coma xeito de deter o tempo porque, como dixo o poeta: «Este momento é irrepetible nunca voltaremos ter esta mirada».



Publicado no Diario de Pontevedra 16/04/2018


miércoles, 11 de abril de 2018

El aplauso

El sonido de un aplauso en ocasiones esconde un ruido espeso, lleno de vergüenzas y miserias, que resonará en este país día tras día.


Palmas al aire, que para eso estamos en Sevilla. Todavía, días después de la Convención Nacional del Partido Popular que llenó el fin de semana de una incomprensible algarabía en las filas populares, resuena la ovación que Cristina Cifuentes recibió de sus compañeros de partido, los mismos que ahora, y con el paso de las horas y las maniobras desde la sede de Génova ya no aplauden tanto, bajan la cabeza y sacan el luto del armario para el velatorio.
Si hay algo que sonroja más que el deseo personal de ver colgado de la pared el título de un máster, obtenido al precio que sea (los caminos de la vanagloria humana son inescrutables), es el ver a todo un partido político, clave en la gobernabilidad de España, y del que dependen muchas instituciones de este país, aplaudiendo a rabiar a quien desde el primer momento, y ante las claras evidencias de la mentira, se había evidenciado como incapaz de demostrar la obtención de ese título. La orgía de risas, guiños, palmaditas, besis, abrazos y selfies convirtió a esa convención a orillas del Guadalquivir en un aquelarre posmoderno, cuando todos, los que estaban allí sentados y los que se frotaban los ojos viendo la televisión, entendían que allí ya olía a muerto y no comprendían nada de lo que sucedía.
El paso de las horas así lo demuestra, con Ciudadanos alentado por el ritmo de M. Rajoy y su brillante calificativo al partido de Albert Rivera de «expertos lenguaraces», que obró el milagro para que en cuestión de horas éstos exigiesen la cabeza de Cristina Cifuentes con la que se habían mostrado vergonzosamente permisivos hasta esas palabras.
Todos a una, como en Fuenteovejuna, todos con la ‘Familia’ como reclamó la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal: «Hay que defender lo nuestro y los nuestros». A lo que se refiere con ‘lo nuestro’ no lo tengo demasiado claro y, lo de ‘los nuestros’, cada vez está menos claro que lo sean. Esas prietas las filas del Partido Popular, poniéndose de espaldas a lo que sucede en el resto de España, refleja la soberbia con la que este partido se maneja desde tantos estamentos y que alcanzan en Madrid la cumbre de esa ostentación de poder. Un Madrid corrompido hasta el tuétano y que ahora desnuda ante nosotros a la propia Universidad, servil ante el poderoso, e incapaz de mantener su autonomía como germen del conocimiento y del futuro que se debe contener en sus alumnos. Quizás sea de esta situación llena de caprichos y vanidades, la consecuencia más triste, el papel de una universidad pública como la Rey Juan Carlos I que distingue entre ciudadanos de primera y de segunda para sus exigencias académicas, que valora a unos de una manera y al resto, el ciudadano común, el que se hipoteca y sufre para que los estudiantes puedan lograr unos títulos (con cada vez menos becas y tasas más altas), que sean el orgullo de sus familias, de otra.
A esta ‘Familia’, la de Cospedal, espero que no se le olvide nunca ese aplauso grosero, y que retumbe día tras día en sus oídos como una maldición bíblica para recordarle que los pies en la tierra son la principal virtud para cualquier político, incluso para el maquiavélico Pablo Casado que, en una sobresaliente puesta en escena mediática, con sus impresos de matriculación de otro boyante máster y sus trabajos realizados bajo el brazo-pocos, es cierto- y sus orgullosas convalidaciones de asignaturas (18 de 22) le enseñó a Cristina Cifuentes el camino recto de la virtud política (y de paso el de su casa, ¡ay, la ‘Familia’!), del que ella misma se mofó, como de tantos ciudadanos, mirando a un móvil mientras decía: «No me voy, me quedo, me voy a quedar».



Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo. 11/04/2018. Fotografía EFE (J. Muñoz)


La memoria no puede vivir sin la luz

Rue Saint-Antoine nº 170
Poesía. La pontevedresa Beatriz Hernanz Angulo publica el poemario, ‘Habitarás la luz que te cobija’, una obra sincera y descarnada, necesaria para hacer frente a la ausencia de los más queridos, pero también para avivar el conocimiento interior de quien hace de la palabra el bálsamo que alivie un dolor al que es imposible renunciar.


El dolor es parte de la propia vida. La cara amarga de todo aquello que hace de la existencia un espacio mágico, lleno de instantes, sensaciones, personas y experiencias maravillosas que nos hacen evolucionar. El dolor, que se instala en nuestro interior, es ese espacio sinuoso en el que también debemos aprender a movernos, a conducirnos por él, convertido en un ámbito de sombras y heridas en el que tantas veces nos sentimos aturdidos, incapaces de reaccionar a lo que se nos antoja como algo que no podremos superar. Renunciar al dolor es una imposibilidad del ser humano, el dolor debe ser aceptado, integrado en nuestra manera de relacionarnos con nuestro entorno, con nuestros hábitos de vida, de ahí que el dolor que se palpa entre las palabras de Beatriz Hernanz sea parte de nosotros mismos, una piedra más en la mochila en que se convierte el paso del tiempo en la vida. Un tránsito que la poeta pontevedresa aligera a través de la palabra, autentica epifanía para nuestro mayor conocimiento y cobijo en el que guarecerse.
Habitarás la luz que te cobija’ (Editorial Ars Poética) es un firme poemario que se adentra en ese espacio que sólo la luz puede iluminar. La luz del afecto, la luz de la memoria, la luz de la necesidad, la luz que permite desterrar la oscuridad y volver a colocarnos ante lo realmente importante, el recuerdo irrenunciable de aquellas personas que marcaron nuestras vidas y ante las que la despedida se convierte en un abismo que alienta nuestras dudas. En este caso el poemario parte de la pérdida de su madre y de su hermano, el tan recordado como querido en nuestra ciudad, Rafael Hernanz Angulo.
A través de todo este poemario Beatriz Hernanz realiza lo que ella misma define como una arqueología de si misma, un proceso de adentrarse en esos sedimentos que la vida va superponiendo en nosotros mismos y donde cada estrato responde a una parte de lo que somos; a las situaciones complicadas, traducidas en ese escribir la noche, como ya hiciera la gran Alejandra Pizarnik, «Palabra por palabra, yo escribo la noche», mientras Beatriz Hernanz lo que hace es «Bordar la espera/escribir la noche/en los ojos de mi madre»; pero la vida también nos deja otros momentos, lugares, sensaciones, pellizcos que nos hablan de la belleza, de la calma de una mirada frente al mar, de la búsqueda de ese estado interior en el que todo se equilibre. Es ese caminar por los bordes de la vida desde donde tener la distancia necesaria para dirigir la mirada hacia la otra orilla. Allí donde el silencio, la noche, la ausencia, la memoria, el dolor, el tiempo y las sombras se aproximan al arroyo de la vida en la búsqueda de un reflejo, de un instante ante nosotros para luego evaporarse, dejar de estar, pero nunca dejar de ser.
La poesía de Beatriz Hernanz es una poesía, por lo tanto, del ser. A ella se dedica a través de la palabra como vehículo, pero que necesita de la experiencia como un respiro. Una experiencia traducida en un movimiento, en viajes que llevan a la poeta a enfrentarse con otras geografías, con otros territorios, con otras luces. Brasil, Italia. Ciudades como Sao Paulo, Belo Horizonte, los campos de Siena, pero también un nocturno en Harlem o un Cementerio marino en San Juan de Puerto Rico se convierten en los ‘mapas del cielo’ a partir de los cuales escribir, sentir en tinta lo que la vida ha puesto ante sus ojos como cicatriz para el alma.
Actualmente directora del Instituto Cervantes de Palermo, Beatriz Hernanz ocupó la Dirección de Cultura de esa institución fundamental para la difusión de nuestra cultura. Anteriormente y tras su Doctorado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, desarrolló su labor como docente en universidades inglesas y americanas, y colaboró como crítica literaria en los principales suplementos y periódicos españoles, al tiempo que desarrolla una intensa labor poética con varios poemarios publicados desde 1993.
Dividido en cuatro partes ‘Habitarás la luz que te cobija’, en palabras del autor del prólogo, Jorge Edwards, nos sitúa ante «poemas de una experiencia callada, de una música callada». Cierto es que entre sus líneas se congelan muchos instantes y la poeta es capaz, con sus palabras, tan bien escogidas, tan bien ubicadas, de envolver su discurso con una capa de silencio que le concede a lo que se dice una pátina de eternidad, de palabra grabada por encima del tiempo. Esa, la del tiempo, es la única página en la que el poeta debe aspirar a escribir y a la que Beatriz Hernanz se enfrenta para buscar una luz que parte desde la infancia, donde, junto a su madre y a su hermano, la vida era poderosa e inagotable, y cuya luz todavía hoy debe ser útil para alumbrar una memoria que la necesita como acceso, como prospección para convertirse en palabra, en palabra de poeta.



Publicado en Diario de Pontevedra 9/02/2018


lunes, 9 de abril de 2018

Fellini. En busca de si mesmo

Vintecinco anos despois do seu pasamento a obra de Federico Fellini continúa mantendo afouta toda a enerxía vital coa que foi creada. Un lúcido mundo entre o real e o irreal que foi medrando nas súas posibilidades á medida que o director italiano ía buscándose a si mesmo en cada un dos seus filmes. O seu alter ego Marcello Mastroianni converteuse nunha prolongación súa na pantalla, mentres, fóra dela, as súas amizades con directores como Ettore Scola e o seu eterno amor con Giulietta Masina, fixeron da súa figura unha das grandes señas de identidade do cinema italiano.


En 1939, con apenas 19 anos, Federico Fellini deixa a súa natal cidade de Rímini, na costa do Adriático, para petar na porta dun bisemanario humorístico, ‘Marco Aurelio’, en Roma, no que colaborará ata 1942. Alí chegou cunha carpeta baixo o brazo chea de debuxos, unha afición que nunca deixaría e que serviría de base para moitos dos seus proxectos cinematográficos. Aqueles debuxos foron a súa entrada na cidade de Roma, á que estivo tan vencellado e que se converteu no gran plató do seu cine, co permiso do mítico Estudio 5 de Cinecittá, pero sobre todo foi a gran inspiración para o seu traballo a partir do coñecemento dos seus habitantes e como tubo de ensaio para coñecer os comportamentos do ser humano.
Daquela redacción, marcada por tentar evitar as censuras do fascismo de Mussolini, xurdiron moitas cousas que serían de proveito para aquel rapaz. As amizades alí feitas ábrenlle as portas para traballar no mundo do cine, na construción de gags. Tamén vería como uns anos despois outro mozo que tamén chegaba de fóra de Roma, chamado Ettore Scola, seguía os seus pasos para entrar no mundo da cultura de Roma. Tamén debuxante e despois cineasta, a súa amizade tivo nos paralelismos das súas vidas un elo irrenunciábel ao que contribuiu outra amizade común e que xerou un dos grandes triángulos do cinema mundial coa presenza entre eles do actor Marcello Mastroianni. Con aquela entrada no cine Federico Fellini colabora como guionista en dous dous monumentos do cinema italiano, ‘Roma, ciudad abierta’ e ‘Paisá’, na que filma algúns planos, ambas de Roberto Rossellini, un director ao que o propio Fellini considerou a súa primeira inspiración no mundo da imaxe. Meses antes coñeceu á que sería a súa inseparábel muller ata a súa morte, e a protagonista de moitos dos seus filmes, a actriz Giulietta Massina.
En 1950 comeza a súa andaina como director con ‘Luces de Variedades’, codirixida con Alberto Lattuada, pero dous anos despois xa podemos falar do seu primeiro traballo en solitario con ‘O xeque branco’, protagonizada por Alberto Sordi, a ela seguiralle ‘Los inútiles’ (1953), que se converteu nunha obra moi aplaudida pola crítica que comezaba a entender unha poética diferente ao acostumado Neorrealismo nas súas imaxes,e  valorou moito o emprego da música, que viña da man de Nino Rota, outro dos compañeiros de viaxe (ata 17 bandas sonoras dirixiu para el) dos que se rodeu Federico Fellini ao longo da súa vida. Abrirase a partir de aquí unha especie de triloxía con ‘La Strada’ (1954), ‘Almas sen conciencia’ (Il Bidone, 1955) e ‘As noites de Cabiria’ (1957), coas que se comeza a poñer en crise os postulados do Neorrealismo e asoman algunhas das teimas do cine de Federico Fellini como é o achegamento a coñecer os problemas do ser humano, e sobre todo dun mal que el percibía, como era a soidade na que este víase envolto no seu tempo. Así comezaban a aparecer moitos personaxes marxinais, moitos deles inspirados nas vidas de romanos anóninos e que Federico Fellini coñecía grazas ao seu insomnio, que enganaba conducindo pola noite romana co seu coche e subindo a el a persoas que atopa e ás que lles preguntaba pola súa vida e experiencias. Aqueles protagonistas non entusiasmaban precisamente aos productores das súas películas que cando leron o guión de ‘As noites de Cabiria’ dixéronlle ao director: «Sexamos francos. Fixeches un filme sobre vagabundos e homosexuais, e logo sobre xitanos, sobre imbécis, e outro sobre estafadores. Querías facer un sobre mulleres tolas. E agora ves cun argumento sobre prostitutas. Pregúntome sobre que versará o seguinte». Ao que Fellini secamente contestoulle: «Sobre productores».
E é que o cine de Federico Fellini comezou a ser habitado por toda unha serie de personaxes singulares, seres que xurdían da realidade pero tamén da pegada onírica que cada vez ía estando máis presente no seu cinema. Soños e melancolías que se daban a man como gran representación do teatro do mundo. Para Fellini todo era unha gran representación, e moitos dos seus traballos recrean proxectos creativos do cine, do teatro, do circo e a loita con esas narrativas dende a complexidade do ser humano. Explórase a creación, indágase sobre a ilusión do espectáculo pero sempre dende unha forte posición autoral como foi a súa. Poucos directores teñen unha pegada tan forte, tan persoal como a que Fellini lle imprime aos seus traballos. E aí é cando precisa de estar el mesmo dentro da pantalla, formar parte desa outra realidade que é a que el mesmo crea. Esa presenza non podería ter mellor materialización que na figura de Marcello Mastroianni, o seu alter ego en moitos filmes, e a súa conexión física cos seus soños, recordos, obsesións ou frustracións.
En 1958 o cinema italiano asistiu ao seu gran esplendor nunha Italia que vivía un resurxir económico tralos efectos da II Guerra Mundial. As rúas de Roma estaban cheas de estrelas de cine. Os cafés da Vía Venetto eran un fervedoiro de actores, actrices, xornalistas e fotógrafos. Aínda máis cando Hollywood serviuse dos Estudios de Cinecittá para filmar obras como ‘Quo Vadis’ ou ‘Ben-Hur’. Aquel ambiente fixo que Federico Fellini naqueles cafés comezara a escribir o guión de ‘A dolce vita’ (1960), un mundo de praceres e excesos que non deixa de falar dunha certa decadencia do ser humano. Personaxes que fan dese pracer un camiño para chegar a unha felicidade que nunca conquiren.Unha sociedade do espectáculo salpicada polos flashes dos fotógrafos que buscan reflectir todas esas miserías.
Ademais de para esa propia función do relato ‘A dolce vita’ sírvelle a Fellini para rachar coa narratividade do seu cine, para traballar por bloques, episodios que rexistran diferentes escenarios. Éxito y escándalo danse a man e o director acude a un psicoanalista que o introduce no mundo das teorías de Jung, afastándose das frustracións freudianas e dando saída a todo un mundo do inconsciente que pode agochar todo un universo de imaxinacións. Dúas películas levarano a plantexar estas cuestións, dende o punto de vista masculino ‘Fellini 8 y medio’ (1963) e dende o feminino ‘Giulietta de los espíritus’ (1965). Dúas películas riquísimas e totalmente persoais. A primeira válelle para conseguir o seu terceiro Oscar á mellor película estranxeira, tras acadar dous por ‘La Strada’ e ‘As noites de Cabiria’, respectivamente, e quedándolle aínda un por gañar con ‘Amarcord’ (1973) e outro honorífico a toda a súa carreira en 1993, o ano da súa morte. Meses despois falecerá a súa compañeria Giulietta Massina.
Fellini había chegado co seu cine, e con esa nova percepción do mundo dos soños, ao que el mesmo definía como «un punto de encontro entre ciencia e maxia, entre racionalidade e fantasía». ‘Satiricón’ (1969), ‘Os clowns’ (1970) e ‘Roma’ (1972) serán os seus seguintes filmes. Virá despois a aclamada internacionalmente ‘Amarcord’, na que proxecta os seus recordos de infancia, un relato colectivo dunha vila provinciana chea de desexos adolescentes. ‘El Casanova’ (1976) ‘Ensaio dunha orquestra’ (1978) e ‘A cidade das mulleres’ (1980) anuncian o fin do seu cinema que chegará con ‘E a nave vai’ (1983), ‘Ginger e Fred’ (1985) e ‘A voz da luna’ (1990).
Quizais podamos empregar a mesma evocación que o seu amigo Ettore Scola fixo no seu filme ‘Qué estraño chamarse Federico’, (na que evoca a figura de Fellini e o seu cinema, así como a relación entre ambos) para rematar esta aproximación á vida e á obra de Federico Fellini. Alí cando milleiros de italianos pasan durante tres días ante o cadaleito do director, ubicado no Estudio 5 de Cinecittá custodiado por dous carabinieris, este fuxe entre os presentes e é perseguido por eses policias, mentres, pola pantalla desfila todo ese imaxinario de personaxes co que o seu talento nos agasallou. Ver a vida subido a un carrusel ou sentado nunha cadeira fronte a unha praia, como as do seu Rímini natal, seguramente sexa o mellor para rematar. Unha mirada á pureza da vida, á inocencia que os anos van pervertindo e ante a que só estamos nós, na procura dun mesmo.



Publicado no suplemento cultural Táboa Redonda. Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 18/02/2018


jueves, 5 de abril de 2018

O nome do vento


Chega a música e as músicas de Xabier Díaz polos camiños do vento. Unha música racial, que sae da nosa alma e se espalla polo aire para volver a nós a través da pel. Escoitar o novo disco de Xabier Díaz, ‘Noró’ ben acompañado polas Adufeiras de salitre, é toda unha honra para un territorio, para unha xeografía que fixo da música e da súa oralidade cerna do seu eu. Recuperar estes ritmos, darlles o pulo preciso dende a modernidade é un labor afouto que non debe quedar sen recoñecemento, e para iso, o mellor recoñecemento a calquera músico é escoitar o seu traballo.
«Amor con amor se paga», escribe no texto de benvida do disco a poeta de Bueu Miriam Ferradáns, e o certo é que esta música faise querer. Unha tras outra estas cancións que xorden de berces tan diferentes como Queimadelos, Malpica, Manzaneda, Vimianzo, A Fonsagrada ou León e Zamora, latexan dentro do corpo do ouvinte ata a emoción. Non moi afeitos a enfrontarnos a estes ritmos desterrados das plataformas musicais, escoitalos debería formar parte dun proceso depurativo para superar tanto balbordo como atopamos día tras día. A voz de Xabier Díaz, as voces das mulleres que integran as Adufeiras de salitre e o latexar dese pandeiro compoñen unha cadencia moito máis axeitada ao que tería que ser a nosa vida que a estridencia que vai contra nós como especie presuntamente intelixente.
Unha cabra gabea polos cantís mentres a escuma do mar deixa o seu ronsel nesa superficie que vai e vén. Ondas salgadas empurradas polo vento. Ventos que teñen nomes, porque o que se nomea, ao que se lle pon palabra, é real, existe. ‘Noró’ é un vento que antes foi muller, sendo quen de namorar e namorou, e o namorado, como nos conta a poeta, achegábase aos cantís de Galway para escoitar a súa melodía. Ata alí semella querernos levar Xabier Díaz con este disco de recuperacións froito dun longuísimo traballo de estudo de diferentes músicas da nosa terra, e ata de máis aló, porque a música non é moi dada a facer caso das fronteiras, senón a sosterse no aire indo de alí para acó. Tamén bulindo de boca en boca, de festa en festa, nunha viaxe ancestral ante á que sempre debemos estar preparados para formar parte dela, porque esa música precisa de nós e de músicos como Xabier Díaz, que estean atentos a elas para que non esmorezan, para que non se perdan nun esquecemento onde é posíbel que moitas das nosas músicas xa estén instaladas nunha perda irreparábel, xa non só para o noso folclore, senón tamén para a nosa identidade cultural.
«Se algunha vez decidiras regresar/tes a miña porta aberta,/unha fala e un cantar», podemos escoitar nunha das máis fermosas músicas do disco ‘Unha fala e un cantar’ sérvenos para manter o acceso por esa porta que nos achegue a falas e a cantares que acariñan o corazón e a alma, e para iso o vento non se deterá mentres os nosos músicos sigan a traballar na pescuda de todos eles.
A pel curtida desa cabra conterá todas esas historias que se foron sedimentando na comunidade. Nun pobo que ve como os seus relatos precisan do pulo do vento para zoar contra os cantís, entre as árbores dos bosques e sobre os campos e as vilas. Un vento real e excitante que se converte en música e en músicas. Non teñen máis que escoitar estes sons do norte que, baixo o nome de ‘Noró’, chegan a nós como un dos exercicios musicais máis sobranceiros na nosa terra nos últimos anos e que pon a Xabier Díaz nese miradoiro que se colga sobre o océano para albiscar no horizonte da música aquilo que pendura da alma dunha terra e dun mar, sabendo, como tamén sabe Miriam Ferradáns, que «nalgúns lugares do mundo, o vento ten nome».


Publicado no Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 4/04/2018