miércoles, 30 de mayo de 2018

El deseo de ser poeta


El de Wislawa Szymborska es uno de esos nombres a los que la concesión del Premio Nobel de Literatura, en 1996, coloca en el escaparate mediático, pero sobre todo permite a los ajenos a la poesía, y en especial a su poesía, descubrir a una de las poetas más importantes que Europa ha tenido durante sus muchos años de vida, entre 1923 y 2012, año en el que fallece en Cracovia.
No muy proclive a hablar de su propia obra es a partir de todo un conjunto de pequeños textos dirigidos a las posibilidades de otras personas para ser poetas, mediante los que ahora podemos conocer cuales son algunos de sus intereses literarios y aquello que debe contener y conformar un buen poema. Estos textos ven ahora la luz en castellano desde la editorial Nórdica y la publicación de ‘Correo literario’ que recoge así las contestaciones que desde la revista ‘Vida literaria’ la poeta publicó durante más de veinte años, a partir de 1960, en una sección de ese medio.
Más allá de la función de servir de contestaciones, estos textos breves son auténticas joyas literarias cargadas de una ironía brutal, que sorprende a los que sobre su vida hemos leído que era una persona sumamente hermética y cerrada en sí misma, poco deseosa de abrirse a la sociedad, algo a lo que la concesión del Nobel obligó al final de su vida. Esa aparente seriedad vital manifestada en sus poemas, tras leer con auténtico disfrute estos comentarios, parece estallar en mil pedazos y mostrar a una persona diferente de la que uno se había hecho una composición.
Mordaz, hasta cruel en ciertos momentos, todo ello se disfraza bajo su brillantez con la palabra. Sus consejos, recomendaciones, críticas o aplausos, son auténticos dardos que buscan espolear las ansias de esos poetas y escritores que confiaban su futuro a aparecer en aquella publicación literaria. «El autor tiene que ser un espía de sus personajes de ficción, escuchar detrás de la puerta, observarlos a escondidas cuando están solos, abrir sus cartas e intentar saber sobre qué temas callan», escribe Szymborska, contestando a una persona que debería mostrarse más curiosa con sus personajes. A otros les critica el exceso de metáforas, no siempre necesarias para hacer buena poesía, el intentar trascender siempre con cada palabra, el amaneramiento de sus composiciones, la falta de naturalidad a la hora de escribir, la abundancia de la primavera en la poesía, el no aproximarse a lo que en realidad le es cercano al escritor y siempre el aguijón afilado: «En lugar de eso aparece Adán tentado por una serpiente, lo cual es una atrevida novedad que no parece, sin embargo, que vaya a tener mucho futuro. La humanidad ha hecho suya con sumo placer la idea de que Eva es la culpable de todo».
Toda esa ironía, desde Galicia, se reconoce cercana a nuestra retranca, una singular manera de relacionarse con la realidad que la poeta polaca maneja de una manera que convierte a estos comentarios breves en un goce para el lector que siempre los lee con una sonrisa en la boca y la compasión hacia sus víctimas.
Correo literario’ no es sólo una manera de entender mejor la poesía de Wislawa Szymborska sino también una lectura obligada para todo aquel que se quiera convertir en poeta, que quiera hacer de lo que le susurran las musas al oído una composición que pasará a la historia de la literatura. ¡Tengan cuidado! Szymborska las conoce bien, y hasta de ellas se atreve a opinar: «Según tenemos noticia, son unas histéricas, y las histéricas no son de fiar».




Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 30/05/2018. Fotografía de Joanna Helander (Cedida por Nórdica Libros)


martes, 29 de mayo de 2018

Una obligación artística

Rue Saint-Antoine nº 170
Pintura. Kike Ortega continúa exhibiendo sus diferentes procesos artísticos de las más diversas maneras. Exposiciones, ferias, locales... todo sirve cuando se tiene algo que decir y que enseñar. Y cuando ese espacio no se presenta se inventa, como ha hecho en su última propuesta en plena calle Michelena con un espacio para el arte.



No son pocos los artistas que hacen de su estudio un refugio no sólo en el que alimentar sus creaciones, sino también un espacio íntimo desde el que llorar la falta de atención de público, el escaso apoyo de las instituciones y la falta de llamadas para participar en exposiciones. Así muchos pueden llegar a pasar un tiempo considerable mientras sus propias obras les cuestionan: ¿qué haces? ¡Sal y lucha por demostrar tu talento! Unos escuchan a su obra y otros siguen dándose cabezazos contra la pared maldiciendo el sistema, a este insensible mundo y a la falta de oportunidades a la que tantos artistas se ven condenados.
Kike Ortega pertenece al primer grupo, al de los que hacen caso a su obra y deciden buscar al público para acostumbrarlo a relacionarse con el arte, a formar parte de su propia obra y a romper esa barrera que a muchos aún les cuesta superar y adentrarse en una muestra artítica como si sólo por entrar tuviesen que pagar un peaje. A Kike Ortega le gusta vender sus obras, es más, le encanta, pero todavía le gusta más que sus obras sean visibles y que la gente entre a sus espacios a dialogar y a conversar sobre un trabajo que se mueve por diferentes territorios pictóricos, escultóricos, artesanales... diferentes caminos para llegar a esa maravillosa conclusión de cualquier artista como es tengo algo que contar y os lo voy a contar.
Así es como Kike Ortega antes de poner rumbo a otras geografías para exhibir su trabajo en lugares tan diversos como el Puerto de Santa María, donde colgará sus obras en el famoso resturante Aponiente del cocinero Ángel León o a finales de año en la Feria Internacional de Arte de Miami, decide mostrar su trabajo y, lejos de depender de galerías (que desgraciadamente esta ciudad no tiene una sola) o de espacios públicos con sus largas listas de espera, se lanza a mostrar su trabajo en un local que él mismo alquila para que sirva de cobijo a su trabajo. En plena Michelena tenemos, por lo tanto, una pequeña galería de arte en la que Kike Ortega nos muestra sus últimos trabajos y nos ofrece un respiradero artístico, siempre tan bienvenido en una calle esencial de la ciudad, llena de gente que va y viene, que se mueve a sus trabajos o quehaceres y que ahora pueden disponer de un pequeño refugio en el que romper la monotonía del día a día.
En él se encontrarán esa diversidad formal que caracteriza y que enriquece la obra de Kike Ortega. Un arte que hace del material una parte esencial de la obra, estudiando y componiendo la pieza desde los matices y posibilidades que la madera, las planchas de metal, el óxido o las páginas ajadas de un libro pueden otorgarle a unas obras que no dejan a nadie indiferente. Cargadas con la potencia de esos materiales sus superficies acogen sus ya reconocidas arquitecturas, perfiles de edificios que nos representan como colectivo pero que también se abren a otras significaciones más personales. Experiencias, vivencias, partes de una vida que se va acolmatando sobre maderas, sacos de arpillera o, como en su última aventura en los techos de tractores que sobre el desgaste y la aparición del óxido son ya por sí mismas auténticas pinturas en las que el tiempo nos habla. Kike Ortega usa todos esos a priori condicionantes del material para aumentar las posibilidades de su obra, y para, como sucede en la totémica cabeza de toro, de trazas picassianas, que nos recibe al entrar en el espacio, incrementar las posibilidades expresivas de una pieza con una poderosa presencia.
Obligado por su arte Kike Ortega nos ofrece a lo largo del próximo mes la posibilidad, no sólo de disfrutar de su arte, sino también de pensar en la necesidad de disponer de espacios en el centro de la ciudad para nuestros artistas. Espacios dinámicos que acerquen la creatividad al público aunque para ello tenga que ser el propio creador el que tome las riendas de su destino y el que se lance a un reto complementario a su obra.



Publicado en Diario de Pontevedra 28/05/2018
Fotografía. David Freire


sábado, 26 de mayo de 2018

As cancións non morren co tempo




"David Bowie é soamente un señor guapo que canta moi ben, e é verdade porque o dicía ela, pero esta canción non pode morrer co paso do tempo". Este é o final de ‘Anagnórise’ que segue a un anaco da canción ‘The man who sold the world’ do cantante británico, e que ben pode ser o final de cada unha das tarefas que Mª Victoria Moreno emprendeu na vida. Cancións que non morren co paso do tempo. Cada unha das súas facianas vitais: escritora, ensinante, parella, nai, amiga, paseadora de cans, contadora de contos... son cancións que, por moito tempo que pasen, seguirán soando entre nós.
Cancións que xuntas soan para configurar a banda sonora dunha vida que, como o son do vento, extendeuse por toda unha cidade. Polas aulas dos centros de ensino nos que traballou, polas librarías que adoitaba frecuentar, polas rúas e parques, como o de Campolongo, no que camiñaba cos seus cans, polas presentacións dos seus libros, polas súas lecturas aos cativos dos seus contos, os escritos e os que imaxinaba nese momento na súa cabeza. Unha vida chea de cancións que converteron a Mª Victoria Moreno en moito máis cunha escritora, facendo dela unha presenza eterna na súa cidade.
Foi a cidade de Pontevedra outra das súas músicas favoritas, unha cidade que amou dende o primeiro momento no que chegou a ela, unha Pontevedra gris e escura, pero que co paso do tempo converteuse en luminosa e na cidade axeitada para extender a súa humanidade por ela. Unha cidade ten que ser como unha persoa, e respostar ao que a persoa precisa para facer da vida goce e conexión cos demais. Cando unha cidade é agresiva e se converte en inhumana deixa ao cidadán sen posibilidades de ser feliz. Mª Victoria Moreno fixo desta cidade un ámbito de felicidade e gozou dela como parte da súa banda sonora, a que lle permitía saír a pasear cos seus cans e tamén a engaiolar aos cativos que sabían daquela muller que lles contaba cousas tan fermosas que lles removía a imaxinación. A eles respectounos moito, tratándoos como seres intelixentes e non como pequenos sen capacidade para pensar. Os seus alumnos foron os seus ‘cachorros’, como ela mesma os chamaba, e xunto a eles compuxo algunhas das cancións máis fermosas da súa vida, as cancións que verdadeiramente se converten en eternas, as que aínda resoan no interior daqueles alumnos que hoxe están orgullosos de que a súa mestra sexa recoñecida. Eles ademais a valoran polo moito que os axudou, sempre dende o anonimato e coa ferramenta de outorgarlles a confianza necesaria para facerlles crer nas súas posibilidades como seres autónomos. Que música tan fermosa!
A eses mesmos ‘cachorros’ foi aos que dirixiu os seus libros, eles foron os protagonistas dun relatos feitos dende eles, por eles e para eles. Fixo da literatura xuvenil un xénero recoñecido cando non o era, e a súa escrita aínda que destinada a mozos e mozas, afastábase das liñas infantís doutros creadores que non respectaba como merecían ás persoas neses intres tan concretos das súas vidas. Eses relatos sabían ben o que acontecía arredor das súas preocupacións e inquedanzas, xa que levaba moitos anos preocupándose polas súas problemáticas e así, textos como ‘Anagnórise’, son xa libros de referencia non só dentro dese xénero, senón tamén no conxunto do noso sistema literario.
Na miña EXB ou no Bacharelato non se contemplaba a lectura deste texto, tocáronme libros como ‘O triángulo inscrito na circunferencia’ de Víctor Freixanes ou ‘Xa vai o griffón no vento’ de Alfredo Conde, chegando ‘Anagnórise’ a casa da man do meu irmán, máis pequeno e ao que lle tocaron lecturas diferentes. O bo dos libros, de querelos e conservalos, é que tamén son como as cancións, nunca morren e seguen soando nos nosos andeis, aínda que sexa en silencio, ata que os colles. Poucas xornadas despois de que Mª Victoria Moreno fose elexida como protagonista da edición deste ano do Día das Letras Galegas busquei na casa da miña nai, que é onde aínda se agochan eses libros que sementaron o que somos e que seguen soando ás emocións da mocidade. Alí estaba, era un exemplar da colección ‘Árbore’ que naceu en Galaxia ao coidado de Antonio García Teijeiro, David Otero e ela mesma, e boteime a aquela canción xa pasados os corenta, pero que ben seguía a soar.
Unha escrita brillante, quedeixa en cada parágrafo unha reflexión arredor, xa non só da xuventude, senón da nosa sociedade, dos clixés de xénero, das relacións entre home e muller, do paso do tempo, da necesidade do amor, e todo iso cunha linguaxe natural, en absoluto afectada e que deseguida establece a complicidade co lector para levalo a esa viaxe que sempre é a súa literatura, pero aínda máis neste libro máxico.
Devolvo o libro ao andel, no repouso da súa música silenciosa acubillada polo paso do tempo. Quizás a próxima lectora sexa algunha das miñas fillas. Eche ben certo iso de que as cancións non morren co tempo.



Publicado no Especial Letras Galegas. Diario de Pontevedra 17/05/2018
Fotografía. Rafa Fariña

miércoles, 23 de mayo de 2018

Sombras del franquismo

Dos excelentes libros nos colocan en las orillas del franquismo, allí donde las sombras dicen más que los propios protagonistas oficiales


Ellas y ellos no tuvieron ningún protagonismo durante la larga noche de piedra del franquismo. Pero muchas veces la historia se explica mucho mejor a través de las sombras de aquellos que se movieron en sus márgenes, allí donde el foco no se acostumbra a situar y a donde acuden ahora dos extraordinarios escritores, Ignacio Martínez de Pisón y Clara Usón para hacer de las vidas de dos personas un itinerario por esas décadas de la historia de España.
Albert von Filek fue el inventor de un supuesto combustible sintético con el que intentó engañar al régimen de Franco para colocarle su fórmula mágica, que no era más que extractos vegetales mezclados con agua del Jarama. Sandra Mozarovski, una joven actriz del cine del destape, estuvo vinculada con las altas esferas de la España de la Transición, incluso se llegó a hablar de su supuesta relación con el recién llegado al trono rey Juan Carlos I, tras su extraña y nunca aclarada muerte. Ambos, el primero de la mano de  Ignacio Martínez de Pisón en ‘Filek. El estafador que engañó a Franco’, y la segunda, en ‘El asesino tímido’ de Clara Usón, emergen en el franquismo como dos fantasmas, como dos seres que intentaron hacer carrera y vida en ese ambiente oscuro y lleno de entresijos en el que uno podía quedar atrapado como un insecto a la espera de que llegase la gran araña para envolverlo con su fúnebre hilo de seda.
Es curioso como el destino, desde la editorial Seix Barral, une y pone en circulación estos dos libros de dos escritores que nunca defraudan. Hagan la prueba y cojan cualquiera de sus libros anteriores y saldrán reconfortados de dos de las escrituras más serias de nuestro paisanaje literario. Pero estos dos libros son mucho más que dos historias personales, ya que por diferentes motivos se convierten en la recreación de dos momentos claves del franquismo.
Con ‘Filek’ nos encontramos con esas décadas brutales de la posguerra, donde los prebostes del régimen buscaban posicionarse de cara a los años siguientes y en el que las cárceles se convirtieron en un escenario atroz. Con piel de novela el escritor zaragozano apuesta de manera audaz más por un ensayo, lleno de investigación y documentación, que se convierte en una ágil narrativa desde la que retratar aquel tiempo a través de un personaje absolutamente increíble cuando uno comienza a conocer y a progresar en su historia y sus propósitos. A medida que pasan las páginas un caprichoso destino ve como es el tenebrismo franquista el que hace sucumbir al personaje y el que logra angustiarnos con su reclusión, no ya en una cárcel, sino en un campo de concentración como el de Nanclares, que revela la existencia de estos espacios en nuestro territorio todavía no del todo estudiados.
El asesino tímido’ convierte a Clara Usón en una escritora dando un paso más allá, como sucede siempre que un autor abre sus propias carnes para conocerse y reconocerse. Y lo hace desde la audacia narrativa de conjugar la vida de esa joven actriz en un ámbito turbio y lleno de inquietudes con la vida de la propia escritora que no duda en mostrar sus problemas de salud, de adicciones y recuperaciones, así como el enfrentamiento con su propia madre. Un proceso de autodestrucción con lúgubres compañeros de viaje como Wittgenstein, Camus o Pavese, pero que emerge finalmente como un luminoso libro que busca alumbrar a una escritora, pero también a una de esas historias, la de Sandra Mozarovski que, como la de Filek, surgen bajo una dictadura y sus grises fotografías, y a las que poner ahora luz es un valiente ejercicio que nos coloca ante las sombras del franquismo.



Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 23/05/2018
Fotografía. Rafa Fariña


En la despedida de Philip Roth

Siempre resulta extraño cuando un creador, y sobre todo si este está en su cima, decide abandonar su trabajo. El paso del tiempo muchas veces nos sitúa ante complejas encrucijadas en las que debemos elegir un camino por el que continuar, aun a riesgo de equivocarnos. El escritor Philip Roth ha comunicado al mundo su decisión de plantar su escritura, de no volver a publicar nada que no hubiera ya escrito. Esta es la gran ventaja de un genio, el que sus obras serán un vínculo permanente entre él y sus lectores. Ellos sí que nunca le abandonarán.


Sus palabras en los últimos días han venido a sacudir el mundo literario. En ellas, Philip Roth, uno de los grandes de la literatura norteamericana y mundial ha anunciado su adiós, plantándose en ‘Némesis’ su última novela y mostrando su cansancio por una labor en la que nos ha dejado algunas de las novelas más importantes de las últimas décadas. El reciente ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras ha hablado, a sus 79 años, del poco tiempo que le resta y la necesidad de tiempo para leer, tanto sus novelas favoritas como sus propias obras.
Adentrarse en el mundo de Philip Roth significa acceder a la gran literatura, aquella que bucea en el interior del ser humano, siempre desde una perspectiva cargada de escepticismo buscando escrutar en la conducta humana aquello que nos define, y que radica, sobremanera, en el egoísmo del individuo dentro de la comunidad.
Seleccionar una obra de la que hablar supone un ingente esfuerzo sobre todo a la hora de elegir un título. Obras emblemáticas del autor como ‘Pastoral americana’, ‘Elegía’ o ‘Patrimonio’ son auténticos monumentos literarios que bucean en la sociedad norteamericana como pocos autores han conseguido, también algunas de sus últimas obras merecen una especial consideración y son auténticas puertas abiertas a la hora de introducirse en el universo del que llaman el centauro de las letras: ‘Indignación’, ‘La humillación’ o la propia ‘Némesis’, pueden ser algunos de esos títulos.
Pero existe una obra de pocas páginas que permite recorrer esa geografía tan particular que nos propone siempre el escritor y hacerlo de una manera magistral por recoger muchas de las vertientes que definen a la totalidad de una obra siempre pendiente del ser humano. Me refiero a ‘El animal moribundo’, publicada en 2002, como esa novela que puede servir de manera inmejorable para el lector que pretenda adentrarse en su literatura. En ella un crítico cultural y profesor de Universidad acostumbra a acostarse con sus alumnas, al mismo tiempo que no busca establecer ningún tipo de relación que vaya más allá de una noche. Una barrera que el protagonista nunca supera hasta que aparece una mujer que rompe por completo esa distancia que establecía el profesor y sus conquistas entre el alumnado. Con más de sesenta años y transitando hacia el final de la vida el hombre ve cómo los celos y el temor a la pérdida abren una serie de caminos por los que nunca se atrevió a transitar.

A partir de este argumento Philip Roth establece un cuadrilátero entre sexo, muerte, egoísmo y sacrificio, como las cuerdas sobre las que rebotar la conducta humana y todo lo que va derivando en una relación a partir de esa lucha. La relación entre el profesor y ese inesperado tipo de mujer en que se convierte su última conquista permitirá que David Kepesh, que así es como se llama, descubra una nueva posición dentro de su ámbito social para lo que Philip Roth se vale de una intensidad en el lenguaje que te obliga a pensar en alguna de las frases que es capaz de crear. “Ese fue el verdadero comienzo de su dominio, el dominio en el que mi dominio la había iniciado. Soy el autor de su dominio de mí”, esta puede ser una de las muchas expresiones con las que el autor nos abruma e introduce de manera imparable en el interior del relato propuesto. Cada fragmento, cada párrafo, casi cada frase es una invitación para que reflexionemos sobre cómo el ser humano es capaz de actuar en la sociedad y ante aquellos que le rodean. Una asombrosa brújula para, desde la literatura, entender las motivaciones del ser humano. Philip Roth anuncia su marcha, algo difícil de creer, al estar ante alguien que en las últimas décadas ha escrito una obra por año. Lo cierto, es que con lo ya hecho, el autor americano ya se ha convertido en una de las cumbres de la literatura actual.

(Artículo publicado en Diario de Pontevedra el 12 de diciembre de 2012 tras conocerse la decisión del escritor de abandonar la literatura.)

martes, 22 de mayo de 2018

A reinvención do horizonte

Rue Saint-Antoine nº 170
Pintura. Inesgotábel a paisaxe como xénero pictórico, Julio Sarramián, propón unha volta sobre as súas posibilidades plásticas. Unha espectacular exposición no Espazo Nemonon reflicte esa nova intencionalidade de facer da paisaxe un encontro entre o seu valor máis tradicional e o que  as transformacións de hoxe poden peneirar nel.


Explorar a paisaxe entendela e reasumila dende unha nova percepción é a engaiolante aventura que afronta en cada cadro Julio Sarriamián. Percorrer o espazo Nemonon é comezar, tamén, ao seu carón, unha aventura por un territorio, ou territorios que, aínda que perceptibles, por todos nós, vincúlannos a unha certa sensación de estrañeza. Unha alteridade da realidade, ou mellor dito da nosa visión da realidade que ten a súa explicación cando coñecemos o método empregado por Julio Sarriamián por escoller os seus motivos.
Esa escolla vencella as súas paisaxes ás novas tecnoloxías, as ferramentas que acostumamos manexar hoxe en día tamén para visitar diferentes recantos do mundo. O pintor escolle no Google Earth un lugar do planeta que será o motivo do seu cadro, o título, xa vén dado polas súas coordenadas xeográficas, que nós tamén podemos buscar nos nosos dispositivos tecnolóxicos para darnos conta da realidade que interpreta Julio Sarriamián e que nas súas pinturas amósanse como fascinantes dando conta das súas calidades pictóricas. A paisaxe así xorde como unha confluencia de situacións e percepcións que van dende a pura tradición artística ata as novas transformacións filosóficas, científicas ou sociais que, ao longo das últimas décadas, modificaron o noso contexto, tamén a nosa forma de mirar a unha natureza que con anterioridade case sempre se facía dun xeito virxinal, bucólico, se o queremos dicir así, pero agora, cunha óptica más vil, a paisaxe é unha sublimación da nosa sociedade. Máis fermosa, sen dúbida, pero tamén moito máis afectada pola nosa insensibilidade con ela.
As paisaxes de Julio Sarramián desprezan a presenza humana, intelixentemente dalle todo o protagonismo ao horizonte, á mirada de longa distancia que co ser humano vese limitada a súa existencia que, paradóxicamente, demasiadas veces, sendo tan pequena, condiciona e moito, o devir do medio natural. A paisaxe é unha nova concepción cultural que se nutre deses novos afluentes. Son as coordenadas dun novo punto de vista para construír o horizonte, o limiar entre o que somos e o que non somos, xa que a perda do que vemos sitúanos na nada. Eses baleiros que xorden do silencio capturado polas paisaxes destes cadros son tamén unha atinada reflexión sobre o ruido que nós mesmos facemos para darnos unha importancia que nin moito menos temos, menos aínda enfrontada a estas inmensidades que nos dan a medida real do que somos.
É por iso que dialogar con estas paisaxes, algo que podemos facer ata o vindeiro sábado 26, aínda que nun primeiro momento non o pareza, ten moito de establecer un diálogo con nós mesmos, unha maneira de atopar o entorno axeitado para plantexar unha comunicación interior ao longo do encontro coa natureza. Unha aventura pictórica coa que Julio Sarriamián reinventa o horizonte para reinventarnos tamén a nós mesmos.



Publicado no Diario de Pontevedra 21/05/2018


miércoles, 16 de mayo de 2018

Son os nosos

O extraordinario traballo dos actores da serie ‘Fariña’ convértese nun orgullo para todos nós e explica moito do éxito desta produción

Varios dos actores da serie 'Fariña' na súa
rodaxe en Pontevedra (Gonzalo García)

Rematou ‘Fariña’ e xusto sete días despois dese espectacular capítulo final aínda seguen no aire as sensacións que a serie deixou entre nós. Que toda España se asomase a uns feitos dos que non nos podemos sentir orgullosos como sociedade que os acolleu ten que servir de terapia para o propio país, para facer da memoria daqueles anos unha lembranza irrenunciábel do que aconteceu, e merece unha reflexión sobre como toda unha comarca se mergullou nun escenario que tiña bastante de película, pero que ao fin e ao cabo se converteu nun inferno para moitas familias que viron como moitos dos seus compoñentes esnaquizaron a súa vida pola acción de todos estes indesexábeis. O libro de Nacho Carretero no que se basea esta produción televisiva remata cunha frase que nos obriga, tanto como lectores do libro como espectadores da serie, a que «Non se debe esquecer o que aínda non rematou». Obriga, polo tanto, a manter vivos uns tempos nos que demasiadas veces mirabamos cara outro lado e que aínda hoxe, ao coller o xornal, lévanos a decatarnos da realidade desa afirmación, xa que as bandas do narcotráfico seguen a actuar en diferentes puntos da península entre os que Galicia segue a ser un dos seus epicentros, os Charlines veñen de levar unha malleira na súa propia casa e temos ao gran protagonista da serie, Sito Miñanco, entrando e saíndo de cárceres e xulgados.
Se daqueles feitos non nos podemos sentir orgullosos, do que si o podemos facer, e ben forte, é do traballo dos nosos actores, que son un dos puntos sobranceiros da serie e do seu éxito. Un elenco actoral cuxa selección foi ben atinada, en primeiro lugar por confiar en moitos dos nomes que levan anos a traballar na interpretación e, por outro, por outorgarlles un papel protagonista, non deixándoos como meros figurantes xunto a actores recoñecidos a nivel nacional pero afastados da nosa identidade, un elemento esencial á hora de achegarse a aqueles feitos. Todos eles e elas fan un impresionante exercicio que amosa as súas capacidades, as mesmas que contemplamos en diferentes traballos do audiovisual galego, en representacións teatrais ou noutro tipo de interpretacións que non tiveron este altofalante mediático que supón traballar nunha serie a nivel nacional e con moitos recursos, e o que é aínda máis importante, sendo ben investidos nun produto de calidade.
Morris, Carlos Blanco, Manuel Lourenzo ou Isabel Naveiras, por citar algúns dos que máis me impactaron, dentro do altísimo nivel de todos os participantes, deixaron ben claro que poden afrontar calquera reto e meterse na pel de quen se lles poña por diante. ‘Fariña’ constatou que xunto a Luis Tosar ou Javier Gutiérrez, hai toda unha constelación de actores que  converten a Galicia en potencia neste campo. Moitas veces os temos visto en traballos que non tiñan este lustre. Proxectos que, sobre todo na Televisión de Galicia, tiñan un punto desventurado en canto ao propósito, pero que os actores eran quen sempre de soster e sacar adiante. Agora, con este marabilloso produto que Antena 3, a través da productora Bambú (tamén de esencias galegas), puxo en circulación, todos eles libéranse de atrancos e brillan dun xeito descomunal e fan que esteamos orgullosos dos nosos, deses que durante tempo nos levan acompañando nun entretemento indispensábel para poder sobrevivir e para seguir facendo cultura, da que todos eles son boa parte. Cultura que hoxe, a carón do Día de Letras Galegas, supón tamén, dende as súas interpretacións, algo ben importante que celebrar por todos nós.


Publicado no Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 16/05/2018


lunes, 14 de mayo de 2018

Un burato na abstracción

Rue Saint-Antoine nº 170
Obituario ▶ O inesperado e demoledor pasamento de Berta Álvarez Cáccamo deixa un fondo baleiro na nosa pintura que levará tempo recuperar. A súa obra e vida, vencelladas á facultade de Belas Artes de Pontevedra, eran dúas referencias de cualidades e calidades que a converteron nun dos nomes máis interesantes e destacados da plástica.

Berta Cáccamo, no centro, entre as profesoras de Belas Artes e artistas,
Ana Soler, Almudena Fernández, Silvia García e Mónica Ortúzar (David Freire)

Nunca se está preparado para o desacougo. Nunca o desalento que deixa a ausencia é unha boa compaña. Na perda dos que valen todos saímos magoados, danados na alma e na mente. O pasado venres unha nova deixounos nese estado de  impresión que deixa o que non se espera, aquilo que ademais é irreversibel. A morte de Berta Álvarez Cáccamo (Vigo, 1963-2018), colocounos fronte ao abismo, alí onde ela mesma nos puxo en tantas ocasións cunha pintura que tiña moito de viaxe cara o descoñecido, e a posibilidade de situarnos ante un silencio convertido en trascendencia.
Filla pequena do escritor Xosé María Álvarez Blázquez e irmá de homes de letras como José María e Alfonso Álvarez Cáccamo o ambiente cultural no que se criou prendeu nela, decantándose pola pintura. Ela misma afirmaba que «a pintura era un instrumento, un medio, e que perfectamente podía terse expresado con outro medio creativo». Licenciouse en Belas Artes na Facultade de San Jordi de Barcelona e acadará o doutoramento na Facultade de Belas Artes de Pontevedra onde impartirá clase. Dende ben cedo acada becas e recoñecementos e a súa obra logra o II Premio na XXI Bienal de Arte de Pontevedra. Dende 1986 sucédense as súas mostras individuais comezando en 1994 a súa colaboración coa galería Trinta, espazo no que fixo a súa derradeira exposición o pasado ano. En 2016 unha extraordinaria mostra no CGAC, comisariada por David Barro, plantexou un percorrido pola súa traxectoria e permitiu a reflexión precisa trinta anos despois da súa aparición, xunto cos compoñentes do colectivo Atlántica. Nese 2016 acada o Premio da Cultura Galega de Artes Plásticas.
No catálogo desa sobranceira exposición do Centro Galego de Arte Contemporánea, o seu comisario afirma nunha frase reveladora: «Trátase de convocar a memoria das formas, de entrar na materia». Memoria, forma e materia como vértices dunha obra ubicada sempre no gume da creación, na interrogación hacia a propia artista, pero tamén no plantexamento da dúbida permanente pola obra e as súas posibilidades. Un debate que exerceu de dinamo creativa e conceptual dende unha abstracción na que o seu valor plástico dominaba por enriba de calquera outra cuestión. Afirma David Barro que o seu irmán Pepe incitouna a escribir e a debuxar contos. Poucos cicerones puido ter aquela rapaza mellores. O destino quixo xuntalos de novo fronte ao abismo, no remate dunha vida que deixa o futuro e o talento perdido como un gran berro que resoa entre familiares, amigos e compañeiros. Ese berro será o que sempre atoparemos ao abrir o seu derradeiro proxecto, en colaboración con ese home-irmán que a empurrou a facer do mundo soporte da súa creatividade, acubillo das súas teimas e reivindicación do compromiso co ser humano. ‘Tinta de luz’, editado por Chan da Pólvora, espazo e sentimentalidade que se fixeron fortes na súa vida, como o está sendo na de moitos que beliscamos na poesía, convértese nese proxecto común nunha fermosura que nos leva á viaxe (outra vez a concepción do itinerario), por toda unha riqueza do signo que xa é símbolo. Xogos de palabras que conflúen na imaxe como insólita e radical liberdade tanto de poeta coma de pintora.
Outro dos espazos senlleiros na súa itinerancia foi a pontevedresa facultade de Belas Artes. Dende o seu labor docente desenvolveu tamén varias incursións no expositivo dende esa condición de profesora que, como os seus colegas, plantexaban a loita entre as obrigas funcionariais e a súa condición de creadoras. Así en 2009 en ‘Ex profeso 1’ forma parte dunha exposición xunto a varias compañeiras na Sala-X da propia facultade, e en 2014 dentro do proxecto ‘En plenas facultades’, participa doutra colectiva no Museo de Pontevedra xunto a varios colegas do centro académico.
Un burato aberto na abstracción, un burato aberto na alma de tantos.


Publicado no Diario de Pontevedra 14/05/2018


jueves, 10 de mayo de 2018

Escumas de paixón


Non se enganen vostedes e pensen que Galicia se vertebra a través de ter un banco propio, ou por un sistema de comunicacións axeitado ao século XXI, ou por unha política cultural que responda ás necesidades dun país, ou polo emprego cotiá e apoiado polo seu goberno do galego. Non, non... todo iso, que aínda está por acadar, palidece cando o comparamos co que realmente estrutura a sociedade galega de norte a sur ou de este a oeste, sen fisura algunha, sen unha soa dúbida e camiñando todos xuntos da man: a cervexa que brota da factoría coruñesa de Estrella Galicia e que se consome por toda Galicia como un néctar que nos une a todos nunha mestura de paixón e orgullo.
Paixón por unha calidade que vemos como medrou co paso do tempo, como esas cervexas pequeniñas dos anos oitenta, que agora recuperamos visualmente grazas á serie ‘Fariña’ e que formaron parte do noso proceso de crecemento. Son moitos os instantes das nosas vidas que se unen a esas botellas e a esas caixas amerelas co logotipo da marca. Agora as botellas medraron, ao mesmo tempo que o fixo a empresa, con novas variedades, como esa 1906 que marca a súa data de nacemento, pero que ao mesmo tempo é un agasallo dos deuses polo seu sabor. Cada vez máis asociamos un bo momento a un sabor e a compartilo cos nosos. Un ámbito, o dos afectos, traballado tamén pola empresa con propostas para o Samaín, o Nadal ou o Día da Nai.
E orgullo polo que ten case de bandeira dunha terra, por sentir que unha empresa galega pode facer ben as cousas ata posicionarse non só no noso territorio, senón espallarse por toda a xeografía do estado e agora, tamén por fóra del. Moverse por España, e sentir co paso das horas como medra a distancia co Atlántico, ten o seu acougo cando un se senta nunha cadeira co logotipo desta cervexa, pero sobre todo cando a bebe ao pé da Giralda de Sevilla, ou na Gran Vía de Madrid, e semella regresar, sen moverse desa cadeira, a unha das nosas prazas de pedra e memoria ou sente que se atopa nunha praia ollando a liña do horizonte como se nada máis importase no mundo.
Ese posicionamento publicitario e mediático que chega a festivais musicais, equipos de fútbol ou eventos gastronómicos como o salón Gourmet que se está a celebrar estes mesmos días en Madrid, é un pulo, xa non só a unha marca e ao seu rendemento económico, senón que tamén reflicte a toda unha terra como é Galicia. Nese salón vense de celebrar o V Campeonato Nacional de tiraxe de cervexa, no que un hosteleiro de Ribadumia, Gustavo Rey, acadou o subcampeonato. Todo un fenómeno en xestionar cañas que xa levou en 2016 o título. Sempre me chamou a atención este tipo de certames por coñecer que é o que se valora á hora de tirar do mellor xeito unha boa caña. Cal é o equilibrio tan misterioso coma preciso entre o dourado e o branco, entre esa escuma de paixón e esa bebida de orgullo. Nesa harmonía está o segredo do que no concurso da vida tamén podemos gozar grazas ao cada vez mellor facer dos nosos hosteleiros.
A cultura da cervexa ten en Galicia unha referencia. Bares cada vez máis equipados e mellor preparados para acadar ese equilibrio e proporcionar un deses intres que fan o día a día o máis levadeiro posible, tamén as marcas de cervexa artesanal están a xerar produtos dunha gran calidade e nos descubren excitantes sabores. Identificámonos coa nosa cervexa porque bebela significa beber moito do que é unha terra chea de estrelas que brillan de noite e de día.



Publicado no Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo.
Fotografía. Estrella Galicia 9/05/2018


lunes, 7 de mayo de 2018

Mª Victoria no mapa dos afectos

Rue Saint-Antoine nº 170
Literatura. A publicación do libro ‘O escalón de Ulises’ pola concellaría de Patrimonio e Memoria Histórica de Pontevedra e a súa recente presentación lévannos a pescudar a faciana máis humana de María Victoria Moreno. A escritora, á que se lle adica o Día das Letras Galegas, foi quen de mudar todo un barrio coa súa inesquecíbel presenza.


Beizóns para un concello que edita libros! Beizóns para quen adica tanto agarimo e calidades para recuperar a memoria dos seus! A publicación do libro ‘O escalón de Ulises’ polo Concello de Pontevedra é unha mostra máis da necesidade de conservar e protexer o que somos grazas a aqueles que foron. Persoas valentes que adicaron a súa vida a facer mellor a dos demais a partir, non só do seu traballo, senón da súa implicación no tecido vital da cidade.
Pontevedra acolleu en 1963 a María Victoria Moreno e dende ese primeiro día, coa paréntese dos dous anos nos que entre 1965 e 1967 foi destinada a Lugo tras aprobar as oposicións de Lingua e Literatura Española, ata o derradeiro da súa vida, fixo desta cidade un territorio que xa no se puido afastar da súa persoa. Un mapa dos afectos que foi construíndo dende unha personalidade comprometida e desprendida cara ós demais, especialmente cara ós cativos aos que adicou a súa vida de amor, xa non só dende a escrita, que lle deu sona e o merecemento de protagonizar este ano o Día das Letras Galegas, senón tamén de confianza e pulo nas súas vidas.
Ese amor polos demais é o que se atopa detrás desta publicación escrita dende ese territorio do afectivo, dende o familiar, ata as amizades ou o elo da escritora co pontevedrés barrio de Campolongo, no que a escritora deixou unha pegada inesquecíbel e que agora se recolle neste fermoso texto asinado por Montse Fajardo. E perdoen a redundancia de nomear como fermoso algo que sae da man de Montse Fajardo porque todo o que fai esta muller xa leva implícito ese calificativo. Os seus libros sobre as mulleres en relación a memoria histórica, ‘Un cesto de mazás’ ou a violencia machista, ‘Invisibles’, son dous obras modélicas sobre a importancia da oralidade de cara a compoñer o que é a historia, revelándose cuestións que en ningún manual son quen de asomar. ‘O escalón de Ulises’ é, polo tanto, o perfecto complemento a tantas publicacións que se mergullan na obra e vida de María Victoria Moreno, pero ás que, pola súa propia concepción, sempre lles vai faltar ese latexo que só o tacto da pel e o son da palabra dos que a coñeceron poden xerar.
«A mestra que escribía libros», tal e como a coñeceron, convértese aquí no compás dunha serie de entrevistas a amizades, profesores, alumnas ou familiares que Montse Fajardo é quen de converter en literatura, plantexando un percorrido por eses afectos que explica, como ningunha outra biografía, a inmensa humanidade que se agochaba tras o seu corpo.
Son páxinas nas que un albisca a emoción convertida en lembraza inagotábel do seu compañeiro Pedro Ferriol, da súa filla Begoña, de Nenuca e Tito Seijas, libreiros e confidentes, de colegas de ensino como Carlos Godoy ou Luís Bará, alumnas como Lorena Ferreño, Lorena Conde, Ana ou Silvia... e moitas outras persoas que converteron a súa vida nunha entrega aos demais. Persoas que compartiron non só a súa paixón pola educación e a escrita, senón por gozar dun espazo común como ese barrio e parque de Campolongo no que facer de cans e cativos membros dunha tribo de amizades, segredos, contos e lamberetadas. Tamén de historias como a do heroe Ulises que cada día ía relatándose da súa boca ao acubillo dun chanzo, ben pretiño da igrexa de San José, espazo relixioso do que tamén formaba parte a nosa protagonista coas súas teimas con outro personaxe inesquecíbel da contorna, o párroco José Antonio Fernández Recuna.

Montse Fajardo presentando o libro 'O escalón de
Ulises' en Campolongo o pasado sábado
Estamos, polo tanto, ante un libro de vida. Un libro que se amosa baixo un fermoso deseño da man de Rosa de Cabanas e con ilustracións de Manuel Uhía, unha suma de creatividades que fan desta obra unha desas xoias que ao acubillo de celebracións sinaladas, como neste caso o Día das Letras Galegas, vese alentada dende sensibilidades como a da concellaría de Patrimonio e Memoria Histórica de Pontevedra ou o bofacer de Montse Fajardo que son quen de producir un libro tan fermoso como útil para coñecer a unha desas persoas necesarias para calquera sociedade que se teña como tal e se gabe dos seus.
Sentimos a unha muller valente no uso do galego en tempos escuros, valente por adicarse á literatura infantil cando esta era desprezada en comparación coa escrita de adultos, e valente tamén na renovación dese xénero, entendendo ós mozos e ás mozas como seres con capacidades para entender a realidade. Tamén valente para facer da educación algo que saíse da memorialística e afondase nas sensibilidades, e valente por facer da súa cidade unha aula exterior na que participar dunha vida común que non sería a mesma sen ela e os seus chanzos.



Publicado no Diario de Pontevedra 7/05/2018



jueves, 3 de mayo de 2018

Contra todo isto

A chegada hoxe ás librarías deste manifesto rebelde de Manuel Rivas converte a palabra nun vagalume que alumea a nosa realidade.


Vivimos nun estado en combustión. Somos almas no purgatorio sometidas ás lapas dun país obcecado en consumirse a partir dos actos e das decisións dunha clase política, na súa gran maioría, cada vez peor, e cegada en esmendrellar a toda a sociedade.
«A impunidade total desembocou na impunidade moral». Esta é unha da chea de frases que resoarán no lector que colla nas súas mans o novo libro de Manuel Rivas, ‘Contra todo isto’, un volume  entendido como un manifesto de rebeldía que chega hoxe, na súa edición en galego, ás nosas librarías como unha necesidade, tamén como a obriga moral dun escritor nun berro fronte ao que acontece ao seu arredor. Publicado primeiro en castelán por Alfaguara e agora por Xerais, ‘Contra todo isto’ é un libro corsario, un libro comprometido coa bandeira da liberdade que tantas veces axita Manuel Rivas, ao que hai que agradecerlle moito esa posición de compromiso co seu tempo, na loita coas miserias que nos rodean, fronte ás que moitos pasan sobre as puntas do pés mentres que o autor de ‘Os libros arden mal’ adéntrase no incendio para tinxir a pel de negro e facernos pensar sobre o que alí dentro acontece.
«Todo o que se escribe compromete... tamén o que se cala», dixo o escritor hai uns días en Pontevedra, ata onde se achegou para conversar da súa escrita, para falar da súa experiencia literaria dentro do brioso festival PontePoética, e  fíxoo cheo de palabras que lle viñan a brincar á boca, como dicía Carlos Oroza, palabras que son a ferramenta para limparse de medo, para nomear a esta sociedade chea de canallas. A ‘canallocracia’, que acuñara Rubén Darío, a quen menciona no texto Manuel Rivas, como a tantos outros autores que lle serven para balizar o territorio e inzalo de anécdotas e referencias a outros escritores ou pensadores que explican, dende a lucidez, moito do que acontece hoxe en día nesta España consumida e cada vez máis envilecida. A España da desmemoria, a España das cunetas cos seus mortos ‘guerracivilistas’, a España da desigualdade, a España do retroceso nas súas liberdades individuais, a España do machismo como sistema, a España antiecolóxica, a España da corrupción política, a España que despreza a cultura, en definitiva, a España da descivilización.
«Cuídate, España, de tu propia España», clamaba César Vallejo. Niso estamos, obstinados nesa misión ata a derrota final. Manuel Rivas cabalga sobre as palabras, palabras que son como vagalumes. Palabras sensoriais, seres vivos que alumean entre o espanto e coa vergonza como rumbo. Manuel Rivas ten, dende hai tempo, esa abraiante capacidade de moverse en salvaxe compaña polos seus escritos, nunha especie de invocación aos espíritos dos seres vivos, tamén daqueles que veñen máis alá da liña do horizonte a estar xunto a nós, a participar do que en realidade somos, na nosa reconstrución de memoria e memorias. Por esa liña camiña o funambulista Manuel Rivas na procura dunha esperanza precisa nestes tempos baldíos e, para manter acesa esa esperanza, bota man do humor, dun ton irónico que é un sutil feitizo que nos fai rir, cando o que se nos conta son cuestións ben graves, como as desfeitas dos nosos políticos, as fracturas das institucións ou as mesquindades de tantos.
Contra todo isto bate Manuel Rivas, contra unha sociedade que semella unha distopía por todo aquilo que a converte case nunha delirante alucinación, unha sensación ante a que demasiadas veces temos que frotar os ollos para cando os abrimos pensar que xa non é así. Pero a realidade é teimuda, e as mans e os fíos que nos moven tamén.



Publicado no Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 2/05/2018
Fotografía. Manuel Rivas en PontePoética (Rafa Fariña)