jueves, 31 de enero de 2019

Pan y libros

En una Televisión Española demasiado ajena a los libros el programa ‘Página Dos’ se convierte en un original reducto para alentar la lectura


CADA MARTES el programa que presenta Óscar López se ha convertido en una referencia para los amantes de los libros. Una especie de oasis en el que aliviarse dentro de una parrilla televisiva que nunca ha sido demasiado generosa con el mundo editorial. Todo el equipo de ‘Página Dos’ compone un engranaje perfecto para ofrecer al espectador la mejor información que se ha visto en mucho tiempo sobre las novedades editoriales, pero también sobre acciones, espacios y actividades que se desarrollan en torno a la literatura. Una media hora refrescante que siempre sorprende por cómo se presentan sus contenidos, la gran baza del programa, así como por la capacidad de Óscar López para entrevistar al protagonista destacado de cada programa, generando uno de esos climas impagables en cualquier entrevista.
Es por ello que no son de extrañar los diferentes reconocimientos, en forma de premios, que ha ido obteniendo el programa en sus diferentes temporadas, y uno todavía se pregunta el por qué el canal público no extiende o amplía sus contenidos y posibilidades a más días de la semana o a otro tipo de planteamientos que sigan moviéndose por el terreno literario. Serían programas que prestigiarían al ente y el potencial de una televisión pública de calidad, reforzando a la 2 como un espacio de referencia, distinto al resto de canales y que marca la diferencia frente a ellos. Junto a todo eso se trabajaría en la difusión de autores y libros, es decir, se impulsaría un cambio de dinámica para intentar modificar los escalofriantes datos de lectura que nos han asolado de manera terrible durante los últimos días. Cifras que nos dejan en un malísimo lugar como sociedad, con un 40% de españoles que no leen nunca o casi nunca, o la evidencia de cómo se desploma en nuestros jóvenes la lectura, en cuanto los teléfonos móviles se apropian del tiempo que éstos dedicaban a leer en la infancia, ámbito en el que el libro tiene uno de sus mejores sectores de clientes.
Unos números ante los que se debe actuar desde todos los frentes, por supuesto desde la Educación y el apoyo al sector editorial, pero desde la televisión, y ya sólo nos ceñimos al canal público (los demás ya los damos por perdidas sometidos a las vanidades de los datos de audiencia), serán siempre pocas las ventanas que se abran al público para intentar engancharlos al mundo del libro. ‘Página Dos’ es un buen ejemplo de cómo se puede innovar y plantear nuevos caminos para esa exploración.
Óscar López, además, prolonga esa acción de resistencia, como se entiende hoy la difusión del libro, al medio radiofónico. Junto a Javier del Pino, en el programa ‘A vivir que son dos días’, logra que las mañanas de domingo, en unión a un buen desayuno, se produzca otro de esos momentos mágicos alrededor de lo que puede aportar un buen libro y una charla con un escritor interesante. Y es que los libros no están muy lejos de ser uno de los mejores alimentos para el cuerpo y el alma como en su día proclamó Federico García Lorca: «Yo, si tuviera hambre, y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro».




Publicado en Diario de Pontevedra 30/01/2019
Foto. Óscar López presentador de Página Dos (Televisión Española)


lunes, 28 de enero de 2019

Torrente Ballester 20 años después

Rue Saint-Antoine nº 170
Literatura. La portada de Diario de Pontevedra del 28 de enero de 1999 se ocupaba, casi al completo, con la muerte de Gonzalo Torrente Ballester. Algo nada habitual pero que, en el caso de este medio, servía para reflejar la enorme figura del escritor, así como su vínculo con la ciudad de Pontevedra, por él llamado «el mejor de sus rincones»

Comida de catedráticos del Instituto
Femenino de Pontevedra en 1965 (Ozores)
El pasado seis de diciembre, Anxos Rial, profesora de Lengua Gallega y Literatura del Instituto Sánchez Cantón, subía a las redes una fotografía en la que Pontevedra se mostraba envuelta en una espesa niebla. La ciudad aparecía engullida por ese efecto meteorológico, y sólo el campanario de la Basílica de Santa María parecía resistir firme ante las brumas. «Y llegué a la conclusión de que, cuando Castroforte del Baralla se ensimisma hasta cierto punto, un punto máximo, claro, la cima del ensimismamiento, asciende en los aires, en una palabra, levita, y no desciende hasta que deja de pensar, de interesarse por algo suyo y piensa o se interesa por algo ajeno.», escribió Torrente Ballester en una de sus obras maestras, ‘La saga/fuga de J.B.’ sobre esa ciudad literaria inspirada en la Pontevedra que el escritor y profesor en el Instituto Femenino (actualmente Instituto Valle-Inclán), conoció bien durante su estancia en ella, entre 1964 y 1966, y desde la que partió hacia la Universidad norteamericana de Albany, en la que remató la escritura de esa novela.
Niebla engullendo a Pontevedra el
pasado 6 de diciembre (Anxos Rial)
Como en esa fotografía, que cada cierto tiempo se repite en Pontevedra, la figura de Torrente Ballester remonta el Mendo para hacerse visible. Para emerger como el fabuloso narrador que es y que, pese a ciertos olvidos y desprecios, acaba, desde su poderosa imaginación y escritura, reclamando su lugar en lo más alto de la literatura. Ahora, con motivo del veinte aniversario de su fallecimiento el mundo editorial recupera varias de sus obras con nuevas ediciones. Títulos esenciales como la trilogía de ‘Los gozos y las sombras’ que publica Alfaguara en una monumental edición que reúne los tres apartados de esta historia tan cercana a nuestra identidad y que recordemos hizo de Pontevedra un plató de cine, con la filmación en sus calles de la mítica serie de televisión, quizás la primera gran serie televisiva en España. Mientras, la editorial Alianza ya tiene listas para salir al mercado durante esta misma semana novelas sustanciales dentro de la obra torrentina como ‘La Saga/fuga de J.B.’, ‘Don Juan’, ‘La isla de los jacintos cortados’ y ‘Crónica del rey pasmado’. Pocas maneras mejores de recordar y de honrar a un autor que con la revisión de sus obras y que quizás permitan, por fin, sortear ese estigma de literatura compleja que es la que todavía hoy muchos encuentran en cómo afrontaba Torrente Ballester su escritura. Cierto es que le preocupaba mucho la construcción de la obra, también su componente estético, y todo ello le llevaba a un ejercicio tremendo de análisis de la estructura de ciertas novelas, un trabajo muy serio, arriesgado e innovador, llevado a cabo por quien conocía todos los resortes de la escritura desde sus amplios saberes. Un auténtico investigador de la palabra que, desde el manejo de la ironía, la realidad, la fantasía y la inteligente revisión y adaptación de los mitos, hicieron de su obra un enorme embrujo para el lector, generándose en sus libros un territorio en el que la literatura se muestra con todo su potencial para establecerse como un caudal de sensaciones.

El 28 de enero de 1999 Diario de Pontevedra reflejaba la muerte del escritor ferrolano de una manera poco frecuente ante la muerte de un escritor. Toda una portada y un especial de ocho páginas daban buena cuenta de la importancia de su obra pero también de su relevante relación con una ciudad de la que fue nombrado Hijo Adoptivo en 1997, y en la que fue feliz, como repitió una y otra vez siempre que la visitaba de manera habitual, bien para encontrarse con sus antiguas amistades o por su presencia como parte del jurado de los premios Julio Camba de periodismo. Sobre ella decía: «el mejor de los rincones conseguidos a lo largo de mi vida lo tuve en Pontevedra», ese rincón era su vivienda en la calle Arzobispo Malvar y desde ella un paseo ante la Basílica de Santa María para dirigirse al Instituto, cafés en el Lar, trajes en Valiño Sastre y todo un reguero de historias que, entre Filgueira Valverde y Manuel Domínguez, (compañeros de claustro), instalaron en su cabeza para convertirse en inspiración para ese gran hito literario que hace levitar a Pontevedra y que cuando deja de pensar en si misma vuelve a posarse y a darse cuenta de que esta ciudad, ese rincón que tanto amó, sigue sin tener hacia él un recuerdo en forma de placa o monumento, simplemente en forma de gracias.



Publicado en Diario de Pontevedra 28/01/2019 

Aprendizaxe

Foguetes Verdes (13)
Antonio M. Fraga recupera con este libro o carácter lúdico da lectura mediante unha historia de descubrimento da vida que lle valeu o I Premio MªVictoria Moreno de Literatura Xuvenil


COA INESQUECÍBEL Mª Victoria Moreno ao fondo preséntase ante nós este relato cheo de emocións e de valores para facer da lectura un medio de aprendizaxe e diversión que a converte nunha das mellores achegas que lles podemos facer aos nosos cativos. O I Premio Mª Victoria Moreno de Literatura Xuvenil, convocado pola editorial Urco coa colaboración do Concello de Pontevedra, recaeu na historia de Suso, un rapaz de aldea que, en 1933, con trece anos, vese obrigado a pasar un verán nas colonias do Sanatorio Marítimo de Oza pola súa mala saúde. No traxecto en tren ata ese lugar cae nas súas mans un libro cheo de misterios chamado ‘Liber bestiarium scientificus’.
Recupera con este texto o lector de máis idade aquelas lecturas que encheron a súa infancia, aventuras colectivas de rapaces e rapazas que tiñan que resolver algún tipo de misterio que lles acontecía. ‘Los cinco’ o ‘Los Hollister’ responden a ese tipo de relatos que marcaron a toda unha xeración. Agora, aos novos lectores isto non lles soará a nada, pero si que serán capaces de compartir co lector máis adulto esa sensación de gozar da escrita, de pasar un moi bo rato coñecendo a historia de Suso e como cos seus amigos de internado verase envolto nunha serie de aventuras cheas de inocencia, pero que lle servirán para mudar a súa percepción do mundo, e ata de si mesmo.
O libro arrinca dunha maneira marabillosa ao amosar a vida dun rapaz nunha aldea de Galicia nos complexos anos trinta. O nacer nunha casa pobre, o contraste coa casa dos ricos, como se valoraba a infancia nese ámbito, son elementos que amosan un escenario que Antonio Fraga reflicte de maneira exemplar e que podería ser o arrinque dunha novela de maior profundidade, pero a historia muda cando Suso sube ao tren. De novo o tren como un lugar de cambio, un espazo máxico no que a vida ponse patas arriba. Nun tren Harry Potter vai a Hogwarts, nun tren acontece o mundo fantástico de Polar Express e nun tren é onde cae nas mans de Suso un libro marabilloso no que se amosan as investigacións científicas dunha muller, dunha pioneira que nos anos trinta adicouse a buscar por toda Galicia unha serie de seres fantásticos que deixaban de ser mitolóxicos para converterse en científicos. Un libro dentro doutro libro é unha das apostas de Antonio Fraga neste relato no que se van enguedellando as dúas historias de xeito maxistral, sen interrupcións nin derivas que nos afasten demasiado dunha ou doutra. Ese libro fantástico ten ademáis un valor importante, como son as ilustracións que Víctor Rivas, elexido por Fervenzas Literarias co voto popular como o mellor ilustrador de 2018, concebiu para visibilizar o que pode ser o caderno de campo da científica así como a fermosa capa do libro. Un conxunto de imaxes que amosan o talento dun dos nosos grandes ilustradores.
Antonio Fraga documentouse ben para coñecer como era a vida daqueles nenos que pasaban tempadas nese centro para recuperar a saúde. A carón do mar, coa mediciña da brisa salgada, non foron poucos os nenos e nenas que viron como se reforzaba esa febleza nesa contorna. Suso, ademais, recuperou a confianza en si mesmo, a autoestima e, xunto a todo iso, a vida ensinoulle moitas cousas dentro dun proceso de aprendizaxe xa obrigado pola súa idade. O amor, a amizade, a confianza, os medos... todo iso mestúrase atinadamente para facer deste libro un caderno de vida, a conxunción perfecta de autor, ilustrador e a afoutada editorial Urco para poñer ante nós un libro marabilloso, e do que Mª Victoria Moreno sentiríase ben orgullosa de que sexa o que inicie os premios que levan o seu nome.



Publicado en Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 25/01/2018


domingo, 27 de enero de 2019

Domingos de felicidade


OS DOMINGOS do Principal cumpren vinte anos. Vinte anos de tardes cheas de sorrisos, de emocións e de momentos inesquecíbeis para moitos nenos que compartiron espectáculos coas súas familias e que doutro xeito, se non se lles ofrecese esa oportunidade, non o farían. Fíxense por un instante na fotografía que acompaña este artigo, unha imaxe da edición de Domingos do Principal do ano 2004. Súmenlle a eses nenos quince anos máis e terán hoxe a un adulto, un adulto que ao mellor é un apaixoado do teatro e da cultura, e que grazas a esta semente da infancia agora ten nestes elementos unha parte importante da súa formación.
Ese é o gran valor deste ciclo, desta idea que vinte anos despois ten que ser valorada como un chanzo fundamental na cultura da cidade. Todos os concelleiros de cultura que dende quen ideou esta proposta, Luis Bará, ata quen ocupa hoxe ese cargo, Carmen Fouces, todos sen excepción, mantiveron ese proxecto como algo irrenunciábel, unha sorte de cuestión de estado que, xunto co Salón do Libro, marca boa parte da aposta cultural da cidade. María Xesús López Escudeiro, Lola Dopico ou Anxos Riveiro forman parte desa secuencia na que o teatro, o teatro para nenos, converteuse nesa achega moitas veces silenciosa pero á que o tempo dalle a súa precisa importancia. Moitas veces pénsase a cultura dende a súa xestión como unha cuestión puntual, unha sorte de xogos de artificio, de accións espectaculares para encher as páxinas dos xornais pero que logo disólvense no tempo e na memoria como a area entre os dedos. O paso destes anos deixou entre a nosa mocidade algo intanxible dende o material, pero que ninguén pode dubidar da súa contribución ao crecemento de toda esa rapazada que hoxe, se falamos dos presentes nas primeiras edicións, xa pertencen máis ao universo dos adultos.
Nesta nova edición serán sete as compañías que se acheguen ata Pontevedra. A primeira delas Nórdika, de Granada, foi a encargada de inaugurar o ciclo a pasada semana, mentes que este domingo será Caramuxo Teatro quen leve á escena ‘Pavillón Lino’. Os seguintes domingos serán Gorakada Teatro (ollo a esta compañía que no 2017 trouxo a este mesmo ciclo unha marabillosa adaptación de Moby Dick), Teatro de sombras, Pérez & Fernández, Trócola Circo e Markeliñe os que voltarán a cumprir co compromiso anual que ten lugar cada principio de ano no Teatro Principal de Pontevedra. Compañías galegas e de fóra que amosan como a imaxinación pódese apañar cun lazo e baixar á terra para que todos a poidamos compartir. E digo todos porque aínda que se pense que estas funcións están dirixidas á rapazada non é así, e de feito moitas veces as caras de sorpresa, ou de gozo ao rematar a función son máis expresivas nesas persoas, que se entendían como meros acompañantes, que nos propios cativos.
Continúan así estes domingos de felicidade como parte da vida da cidade. Unha xeración, e outra e outra... súmanse a un proxecto colectivo arredor da cultura, do pensamento e dunha actividade que nos leva a relacionarnos co mundo empregando moitos máis sentidos cos que adoitan utilizar os nenos cando están ante un televisor ou xogando cunha consola, e é que iso tamén é parte importante das decisións dos políticos e dos que xestionan a cultura, a aposta polo ser humano que é moito máis importante que outras cuestións que se traducen en titulares ou en liortas cheas dun ruído estéril e aburrido, cando ante estas compañías a palabra aburrimento todos sabemos que está desterrada.



Publicado no Diario de Pontevedra 25/01/2018
Fotografía. Sesión de Domingos do Principal de 2004. (Gonzalo García)


miércoles, 23 de enero de 2019

¡Gracias Lolo!

La muerte de la creadora de ‘La bola de cristal’ hace de estas horas un permanente agradecimiento a su confianza en los jóvenes


POR NO CONSIDERARNOS estúpidos, por aficionarnos a la lectura, por la buena música, por hacer de las mañanas de los sábados un momento inolvidable, por enseñarnos a mirar el mundo, por hacernos pensar, por la ironía, por las risas, por el respeto, por soñar con una infancia que podía derivar en un futuro mejor del esperado, y por no aburrirnos, que es lo peor que se le puede hacer a un chaval, por eso, y por tantas cosas más, ¡Gracias Lolo!
Desde que el pasado domingo se conoció la noticia del fallecimiento de la creadora de ‘La bola de cristal’ es complicado no sacarse de la cabeza los recuerdos de aquellas matinales previas a salir de casa, enfundados en un pijama sobre el sofá y observando a electroduendes, a la bruja Avería, a Pablo Carbonell, a Javier Gurruchaga o a Alaska, entre tantos otros integrantes de la movida madrileña o de aquel espíritu colectivo originado por las ansias de libertad y de respirar de toda una sociedad inmersa en un proceso ya irreversible. Todo eso lo focalizó María Dolores Rico Oliver en quien menos se podía pensar en aquel momento, en niños y adolescentes acostumbrados a programas ingenuos y un poco ñoños, pero que aquí asistían a algo diferente, a su revalorización como seres humanos y a una proyección personal cara el mundo exterior como no se había visto anteriormente.
Alentar la imaginación, responder a los estímulos de la sociedad, entender la historia o el arte, respetar el medio ambiente... y así podíamos seguir señalando muchos de los ingredientes que conformaban aquellas horas de televisión entretenidísimas y por las que toda una generación evoca durante estos días, con un inmenso agradecimiento, a su responsable. Las redes sociales se han inundado de todo tipo de recuerdos, reutilizando algunos de aquellos mensajes que, como mantras, se iban programa a programa depositando en nuestras mentes para concienciarnos de nuestro potencial y de nuestras posibilidades. Todavía hoy es alucinante recuperar alguno de estos programas, encontrarse a Rosa León cantando, a Glutamato ye-ye, un vídeo de Queen, o series tan fantásticas como ‘La familia Monster’ o ‘La pandilla’, o a los propios electroduendes reflexionando sobre los peligros del tabaco o sobre los del amor «Yo no quiero enamorarme, yo quiero intoxicarme». Ya saben ustedes, las cosas de los humanoides.
Y que decir si entramos en comparaciones con los programas que hoy en día tenemos destinados a nuestros hijos, pues pocos de ellos aguantarían esa confrontación, despreciándose la capacidad enorme que tiene la televisión para desarrollar actitudes y difundir conocimientos entre los más jóvenes. Lolo Rico deja, de esta manera, una de esas pegadas que desde la patria de la infancia permanecerán siempre mecidas por el viento, como banderas que hacer ondear entre los aires de progreso y humanismo. Por muchos años que pasen aquellos cuatro años están destilados desde la memoria y de una educación elegida, no impuesta, desde los instantes de un ocio que dejó el listón muy alto.
Aquella bola que a todo el mundo le mola será el lugar en el que refugiarnos cada cierto tiempo, no sólo en las horas más tristes, como estas, sino también en las más alegres. Ella lo hubiera querido así.



Publicado en Diario de Pontevedra 23/01/2018
Fotografía: Lolo Rico dirigió 'La bola de cristal' entre 1984 y 1988 (Fernando Villar/Efe)


Memoria industrial. Tempo e ruína

Rue Saint-Antoine nº 170
Fotografía ▶ Ata o 24 de febreiro o Pazo da Cultura de Pontevedra acolle a exposición ‘Memoria Industrial en Galicia’, unha interesante achega sobre un patrimonio esquecido, de gran importancia para a nosa sociedade, e que agora reflicte o paso do tempo e a súa memoria coma un vestixio do pasado ao que non debemos renunciar


Somos unha sociedade afeita a esquecer. A poñer a un lado aquilo que o tempo, polas razóns que foran, afastou de nós. Inesgotábel na súa función, ese paso do tempo o muda todo, o físico e máis o mental, a arquitectura, máis tamén a nosa relación con toda unha serie de elementos patrimoniais que foron dunha gran importancia na nosa sociedade e para moitos dos nosos veciños. José Chas (Pontevedra, 1976) non se deixou levar por ese tempo de esquecemento e un día pousou a mirada nunha desas arquitecturas que a sociedade desprestixou, cando elas foron ben importantes para o noso desenvolvemento comunitario.
Dende aquela mirada de un aínda estudante da Facultade de Belas Artes de Pontevedra ata hoxe, van arredor de trescentas localizacións espalladas por toda Galicia, unha escolla de vinte fotografías que compoñen esta mostra e un interesante discurso conceptual e plástico sobre o que estas infraestructuras supoñen e supuxeron para a nosa sociedade. Se nos achegamos á sala de exposicións do Pazo da Cultura podemos comprobar non só o potencial estético deste traballo, baseado na capacidade notarial da fotografía, senón tamén como esas ruínas convértense nun berro que reclama a nosa atención, e que quere que tamén pousemos a nosa mirada nelas, ao igual que fixo aquel estudante, para amosar a súa dignidade que, aínda que murchada polo tempo, segue a manter ese aire digno do espazo vivido.
Se algo acadan estas imaxes é o de facernos sentir o traballo de tantos, de xeracións e xeracións que comeron e viviron do seu traballo neses espazos que simbolizan hoxe o traballo industrial feito, en moitos casos, por empresas familiares, moi identificadas co territorio e cos seus habitantes. Unha das perversións deste progreso no que pensamos estar inxeridos é o de desprestixiar moitos elementos do noso pasado, como si todo pertencese a un mundo ao que impoñernos. As fotografías de Chas son esa presenza necesaria hoxe para coñecer o pasado, para non esquecelo e, na medida do posible, para recuperalo. Moitos destes espazos abandonados ben poderían hoxe ter outra función, un reaproveitamento dende moi diferentes ámbitos da sociedade que permitise habitar e utilizar espazos que arquitectónicamente son, en moitos casos, moi intelixentes e cuxa utilidade aínda hoxe sería moi interesante.
Tempo e ruína consolidan dende cada unha das imaxes a memoria de todos estes espazos. Cada unha destas fotografías é unha pegada no noso territorio, tamén no que é o colectivo. Cristais rotos, materiais esnaquizados, humidades, graffitis,.. rastros do abandono que, pese ao baleiro e ao silencio, non poden ter más ruído. As presenzas dos que están sen estar, daquela vida que se viviu entre formigón e máquinas, entres suores e complicidades, entre esforzos e ilusións. Agora, entre os pedazos de vida que xa son anacos de memoria, atopamos as preguntas que toda exposición ten que xerar cando actúa dende o compromiso coa súa contorna. Como deixamos perder todo isto? Seguiremos de costas ao que se contén nestas ruínas? Porque non aproveitar estes espazos?
O primeiro chanzo para atopar as respostas xa está dado grazas ao traballo de Chas. A localización non só das infraestructuras que protagonizan a exposición, senón de moitas máis, plantexa un mapa que seguir, un itinerario polo que comezar esa recuperación dende o estudo de todo ese patrimonio que forma parte da nosa historia, dende o artístico, o histórico ou o social. Conserveiras, fábricas de cerámica, de taboleiros, de embutidos... e así unha longa listaxe das máis diferentes actividades que perderon pulo ante as novas sinerxias da economía. Un tecido industrial que se foi desfacendo e que agora asoma convertido en obra de arte, en fotografías que posúen unha fonda beleza que xorde dese tempo conxelado, da presenza dos que alí se moveron e da nosa mirada cómplice da escena.
Cada unha desas fotografías é un acceso a un ronsel de historias, moitas delas pódense pescudar no blog que José Chas adica a este proxecto: «memoriaindustrialengalicia». Aí poden tirar deses fíos visuais para coñecer a que se adicaban cada unha delas e saber un pouquiño máis da súa historia. Nós, no Pazo da Cultura de Pontevedra, temos esa mirada que rexistra a fotografía, a do seu autor no lugar dos feitos, onde a historia se recupera para poñerse hoxe fronte a nós e que sexamos, dende ese momento, tamén actores do seu interior, dese universo descoñecido que agora deixa de ser unha ruína pola que pasamos algún día sen facerlle caso, ignorando o valor que se acubilla nese patrimonio irrenunciable.



Publicado no Diario de Pontevedra 23/01/2019
Fotografías: José Chas


martes, 22 de enero de 2019

Dreyer en Pontevedra

      


     SOAN OS TRES avisos no Teatro Principal. É o momento de pechar as luces, de que o maxín do cinema comece a funcionar. O reino das luces e as sombras invade toda a sala e rodea ao máis de medio cento de persoas cun martes pola tarde deciden xuntarse para ver unha película muda. Unha película de Carl Theodor Dreyer en Pontevedra.
     A obra forma parte do espectacular arrinque de programación do Cine club de Pontevedra neste novo ano. ‘Vampyr’ (1932) é a segunda das películas dese ciclo que comezou con ‘La pasión de Juana de Arco’ (1928) e que continuará os vindeiros martes de xaneiro con 'Dies Irae’ (1943) e ‘Ordet’ (1955). Un auténtico luxo para calquera cidade, para os amantes do cinema, e para todo aquel que ame a cultura, porque unha película do director danés ten moitas compoñentes que van moito más alá do puramente cinematográfico, atravesando numerosas manifestacións artísticas.
     «Quixen crear na pantalla un soño cos ollos abertos e demostrar co terror non se atopa nas cousas que nos rodean, senón en nós», deste xeito falaba Dreyer sobre ‘Vampyr’, unha pequena xoia, de pouco máis de sesenta minutos, sobre o mundo dos vampiros que serve de excusa para unha película delicada, chea de poesía e de esceas medidas nas que as sombras se moven nun excitante territorio plástico. Non é unha das súas obras máis coñecidas polo público de aí a importancia do labor do renovado Cine club de Pontevedra non só por amosar aquilo que máis coñecemos, senón por completar as filmografías dos grandes xenios do cine con películas menos coñecidas e que, vistas en relación coas súas obras máis emblemáticas, serven para explicar diferentes momentos da súa traxectoria. Cando as próximas semanas se acheguen a ver dúas catedrais cinematográficas, como ‘Dies Irae’ e ‘Ordet’, podrán sentir dúas cousas. Se é a primeira vez, entenderán o cine como un espectáculo visual dunha inigualábel pureza plástica. Un contundente xeito de expresión no que converxen moitos ingredientes para chegar ao espectador, para emocionalo e para acadar iso tan complicado hoxe que é facelo pensar. A outra sensación será a que afecte a quen repita o visionado dalgún deles, e é a comprensión de cómo esa pureza é unha constante interrogación sobre nós mesmos e as ideas que nos suxeitan como sociedade.
     Un cine que se moveu nese difícil equilibro para os seus protagonistas, como foi o paso do mudo ao sonoro, e que Dreyer entendeu coma unha epifanía que levar a cada un dos espectadores dun cine incomparábel polo aspecto visual e pola súa compoñente teatral adaptada á vida, así como pola integración de conceptos filosóficos sobre a nosa existencia. A partir del, dende el, Bergman, Bresson, Kieslowski ou Lars Von Trier, desenvolveron o seu cine, pero a semente do primixenio danés xa estaba ben plantada e todavía hoxe segue a emocionar. Non teñen máis que asistir ás dúas próximas proxeccións deste ciclo para deixarse engaiolar polo cine de Carl Theodor Dreyer, tan difícil de poder ver hoxe en día nun espazo acaído, isto é, nunha gran pantalla, en versión orixinal e sentindo como as sombras saen da pantalla para voar ao teu arredor, para facer que te mergulles no que supón realmente o cine, unha experiencia cada vez máis ameazada por este mundo que se ten por evolucionado. É por iso que accións como as do Cine club de Pontevedra son impagábeis para calquera sociedade. Na nosa cidade somos afortunados de poder ter esa oportunidade para seguir entendendo o cine como parte do mellor da nosa vida.

Publicado no Diario de Pontevedra 18/01/2019


lunes, 21 de enero de 2019

Outro lado

     Foguetes Verdes (12)     
     Descubrir o universo creativo e formar parte del é a proposta da ilustradora Ana Juan para achegarnos a súa extraordinaria calidade como creadora de mundos e suxerencias


     HAI EXPOSICIÓNS que son imperdíbeis. Esta é unha delas. Ana Juan é unha das máis brillantes ilustradoras a nivel mundial, reclamada dende diferentes medios, como The New Yorker. Agora o seu traballo chega ao Pazo da Cultura de Pontevedra para que nos poidamos deter fronte a el, para marabillarnos polo seu talento no eido da ilustración, pero tamén para sentir o que é mergullarse no interior do seu traballo, grazas a unha experiencia de realidade virtual abraiante.
   Dous son os traballos de Ana Juan que serven de marco á esta mostra: as súas ilustracións para a adaptación da recoñecida novela de misterio de Henry James, ‘Otra vuelta de tuerca’ e a súa adaptacion do clásico ‘Snowwhite’. Para ambos traballos non hai calificativos suficientes que reflictan a capacidade de Ana Juan para xerar un mundo propio a partir deses textos. Se na primeira obra a atmosfera que envolve toda a historia é fundamental, Ana Juan é quen de provocar ese universo singular, e de plantexar, dende a ilustración e a propia pintura, unha serie de imaxes que nos sitúan ante o que acontece en cada un dos capítulos do texto, coñecendo, ademais, na exposición, como é o proceso de creación e transformación dos personaxes definitivos.
   No segundo dos relatos escolleitos, a adaptación do conto de Blancanieves, esquecémonos das cores e a súa proposta, en branco e negro, convértese en abraiante dende o punto de vista plástico, cunha capacidade para suxerir e para xerar diferentes escenarios, cada un mellor co anterior. Ana Juan tamén é a autora do texto que acompaña dentro dun libro a toda esa serie de imaxes, un relato que, como as ilustracións, escurécense ao achegarse ás zonas sombrías que se eluden no edulcorado conto da mazá velenosa, apostando pola soidade da protagonista, así como a importancia do destino no devir das persoas.
    Xa comentaba ao principio deste texto como todo isto é máis que suficiente para gabar esta exposición que percorreu xa diferentes espazos na xeografía española e que estará en Pontevedra ata o 24 de febreiro. Pero é que xunto con ese traballo, por así decilo, máis tradicional, atopámonos como a creadora acada coa aplicación dunha soprendente tecnoloxía rachar esa distancia do espectador co que adoita acontecer nunha sala de exposicións. Un dispositivo dixital permite, dende os nosos teléfonos móbiles, observar a exposición doutra maneira, con personaxes que se moven, con seres que toman unha vida que un xa imaxinara antes de poñerse ante unha pantalla pero que, agora, realmente, póñente onde nunca pensaches atoparte, a carón de todos eles dentro do seu universo.
    Froito dun traballo interdisciplinar entre a Facultade de Belas Artes de Valencia, centro no que estudou a propia Ana Juan, e a Escola Técnica Superior de Enxeñería Informática da Universidade Politécnica de Valencia, esta tecnoloxía non só ten esa capacidade de engaiolar ao visitante a esta exposición, senón que abre moitas posibilidades de cara a adecuación das novas tecnoloxías dentro do ámbito museístico.
   Non son, polo tanto, poucas as razóns para deixarse levar polo talento da ilustradora valenciana e percorrer unha exposición que entenderán tras o aquí exposto que paga a pena visitar, e facelo de vagar, gozando do que se ve e do que non. É por iso que non estraña en absoluto ese impresionante currículum de máis de vinte portadas no The New Yorker ou o Premio Nacional de Ilustración no ano 2010. Pero os mellores recoñecementos veñen das súas creacións, do fascinante mundo de Ana Juan, un mundo do que estes días podemos formar parte.



Publicado no Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo
Fotografía. José Luiz Oubiña


domingo, 20 de enero de 2019

El tiempo de Cuerda

    El estreno de la nueva película de José Luis Cuerda nos sumerge en uno de los universos más particulares y brillantes del cine español


     JOSÉ LUIS CUERDA es uno de esos tipos imprescindibles en cualquier ecosistema cultural y casi vital. Su cada vez más feroz escepticismo ante la vida convierte su obra en un necesario escenario para entender mínimamente al ser humano. Todas sus películas ofrecen algo interesante y destacable sobre cómo el cine puede comprender a esta especie tan extraña como es la nuestra. Películas como ‘La lengua de las mariposas’ o ‘Los girasoles ciegos’, son un canto sincero y apasionado sobre la vida, y por cómo nos empeñamos en joderla de manera bastante frecuente. Junto a ese tipo de películas José Luis Cuerda nos ha hecho reír con títulos como ‘Pares y nones’, ‘El bosque animado’ o ‘La marrana’, pero junto a esas obras el director plantea un género en sí mismo. Una comedia anclada en el tuétano de este país, con personajes grotescos y escenas que tensionan el costumbrismo para colocarlo, como el propio director dice, enmarcado en un surruralismo (que no surrealismo), sabedor de que pegados a la tierra es cómo mejor se conoce la esencia de uno mismo. ‘Total’, ‘Así en la tierra como en el cielo’ y ‘Amanece que no es poco’, forman parte de ese género al que se le acaba de unir ‘Tiempo después’, película que todavía se mueve por las carteleras reclamando de nuevo nuestra atención sobre esa manera tan particular de hacer cine y de escribir guiones del director albaceteño.
     ‘Tiempo después’ nos sitúa en el año 9177 (mil años arriba, mil años abajo) en un paisaje fordiano en el que la población vive en dos espacios: un gran edificio, y el resto, en un descampado. En el primero los ricos muy ricos, y en el segundo, los pobres muy pobres (¿les suena de algo esta división de la sociedad?), donde todo parece seguir un orden establecido hasta que a uno de los pobres se le ocurre adentrarse en ese edificio para intentar vender un producto que hace de maravilla: la limonada. A partir de esta alucinante locura convertida en guión (y que antes fue libro publicado en Pepitas de calabaza) se irá desarrollando toda una trama tejida entre uno de esos repartos corales que sorprendentemente se encajan de manera perfecta. De nuevo el tiempo de Cuerda nos atrapa en ese mundo tan propio y que, como él mismo explica, le sale de manera natural al contar sus cosas. Un producto inteligente que surge de quien ve la vida con cierta distancia, con ese lúcido escepticismo que destila a pequeñas dosis con sus ingeniosos tweets, pero que cuando se van cosiendo crean estos hábitats humanos que, como con ‘Amanece que no es poco’ (el tiempo, otra vez el tiempo), convierten en obras de culto.
     En la senda del inolvidable Azcona José Luis Cuerda se planta ante la vida como aquel hombre de ‘Amanece que no es poco’, con raíces en una tierra de la que nos nutrimos. Sabe bien de ese valor, tanto, que ha elegido Galicia para gozar de ella y, desde su plantación de vino en Leiro. mirar al tiempo a través del dorado de su ribeiro San Clodio. Vino y cine, nadie me podrá discutir que son dos de las cosas más maravillosas que ha creado el ser humano, placeres maridados con la inteligencia y que son el lado opuesto a las miserias que día a día nos encontramos ante nuestros ojos. El acabose.




Publicado en Diario de Pontevedra 16/01/2019


lunes, 14 de enero de 2019

Sileno

Foguetes verdes (11)
O Museo de Pontevedra acolle unha soprendente mostra do labor gráfico e humorístico de Sileno. Un dos nomes sobranceiros na crítica á política nacional no comezo do século XX


BOA PARTE DO labor dun Museo ten que estar no da descuberta, no que supón achegar ao público anaquiños da nosa cultura ou historia que o paso do tempo e a falla de atención, por diferentes motivos, deixou no esquecemento. Estou seguro que non moita xente coñece a Sileno, alcume de Pedro Antonio Villahermosa y Borao, nado en Zaragoza en 1868 e que faleceu en Madrid en 1945. O seu pseudónimo de Sileno foi un nome habitual en diferentes publicacións de principios do século XX nas que a política nacional e internacional amosábase acotío dun xeito lúcido e mordaz, dende as caricaturas e as viñetas humorísticas.
Na excelente mostra do Museo de Pontevedra, non só pola calidade dos materiais, senón pola súa montaxe, chama a atención a orixe destes fondos, compartidos entre o Museo ABC de Madrid-que participa na organización da mostra-, e o propio Museo de Pontevedra. A pregunta xorde inmediatamente ao tentar saber porque razón o Museo de Pontevedra dispón de materiais deste home, en primeira instancia tan afastado da nosa xeografía. Pois esa razón hai que buscala no legado feito ao Museo por parte do pontevedrés Santiago Losada Amor (futbolista do Eiriña, Celta, Atlético de Madrid e Real Madrid) que casou cunha das fillas do viñetista, deixando para o futuro e a bo coidado toda unha serie de materiais: debuxos, publicacións, cadros... que agoran brillan con luz propia nesta mostra, e que vén tamén a darlle valor a estes espazos como custodios da nosa memoria.
Arrincamos a mostra comprobando a calidade técnica de Sileno. Os seus debuxos, baseados nos gravados do seu paisano Goya, son asombrosos, e póñennos sobre a pista dun gran debuxante que comezou a publicar no semanario humorístico Gedeón, nome do protagonista satírico desa revista que tivo unha gran sona no seu momento. Dende ese instante son moitos, prácticamente a totalidade dos protagonistas da política de principios do século XX, os que serán interpretados por Sileno. Canalejas, Dato, Romanones ou Maura, foron centro das súas viñetas, moitas das cales recupéranse aquí para amosar a calidade do seu traballo. Ao excelente debuxo, engádeselle a precisión dun gran caricaturista e a ironía que medra no interior da imaxe, e que se completa coa lenda que acompaña esa imaxe e que, como nos debuxos de Castelao, moito máis coñecidos por nós, deixa no espectador esa segunda lectura que te leva durante uns instantes a pensar sobre o sentido desa viñeta. O Heraldo de Madrid acollerá estas imaxes e reforzarán o seu protagonismo neste ámbito. Unhas vitrinas amosan a súa relación con personaxes da época. Libros adicados, como os do singular e xenial Ramón Gómez de la Serna, xunto a outros deixan constancia do seu vencello coa vida cultural madrileña.
Descansamos uns instantes do seu traballo cunha serie de fotografías sobre a presenza na provincia de Pontevedra de Sileno. Os seus veraneos dende 1930 en Lourido, Nigrán, onde o arquitecto Antonio Palacios constrúelle un fermoso chalé, e onde o collerá a Guerra Civil, pasando alí os anos da contenda. Volvemos ao seu debuxo con outra sorpresa, unha colección de sinxelos debuxos que forman parte dos fondos do Museo de Pontevedra. Mulleres espidas, outras en traxes de baño ou provocativas situacións, amosan a intimidade do seu debuxo en traballos feitos para a privacidade e non para ser públicos, pero nos que se contén todo o seu talento. En 1921 funda ‘Buen Humor’ referente do xornalismo humorístico, da que foi director. O final da mostra componse da súa revisión diaria no Heraldo dos acontecementos que tiveron lugar na Primeira Guerra Mundial e que o Museo ABC amosa de xeito primoroso.



Publicado no Diario de Pontevedra/El Progreso de Lugo 11/01/2019
Fotografías: Exposición de Sileno no Museo de Pontevedra (Gonzalo García)


miércoles, 9 de enero de 2019

Una estrella más

A sus extraordinarias dotes para la cocina, Pepe Solla le ha sumado su compromiso con la sociedad frente a los más intolerantes


SI YA ESTÁBAMOS bien orgullosos en nuestra comarca de Pepe Solla y sus virtudes culinarias, los acontecimientos de los últimos días en torno a su persona han hecho que ese orgullo aumente de una manera que ninguna estrella Michelin podría lograr. Sin pretenderlo, simplemente como un acto casi reflejo, ante la deriva venenosa que agrupaciones como VOX están inoculando a nuestra sociedad, el gesto de Pepe Solla de manifestarse públicamente en contra de ella y de sus constantes ataques a los progresos realizados por todos contra la Violencia de Género, le han valido toda una serie de comentarios y críticas por los más afectos al régimen de VOX que han hecho de las redes sociales el vomitorio habitual de esta ralea cuando la emprenden con alguien. Insultos, descalificaciones, y hasta ataques a su cocina, sin haberla consumido, se han sucedido en una vergonzosa cascada que no hace más, desde mi punto de vista, que poner en valor el gesto de Pepe Solla.
Cuando se está hablando durante estos días de la implantación de VOX en diferentes ciudades, entre ellas Pontevedra, de cara a las próximas elecciones municipales y cuando muchos se están quitando la careta de su travestismo político durante estos últimos años, la valiente posición del propietario de Casa Solla quizás le vaya a hacer perder algunos clientes. Está claro que los que apuestan por esa agrupación son gente de posibles, que diría un castizo, potenciales usuarios de un restaurante de la calidad y del servicio que se ofrece en los salones y cocinas del local establecido en Poio, y algunos de ellos, a mi entender, los que son incapaces de valorar lo que supone la cocina como elemento cultural y de disfrute, ya han manifestado que no volverán. También creo que muchos que no han ido de manera habitual, y para los que supone un esfuerzo económico, lo harán más a menudo. Saber que un cocinero, además de méritos gastronómicos, posee valores humanitarios y de responsabilidad con su sociedad, convierten la comida en mucho más sabrosa. Yo mismo en cuanto pueda reservaré para gozar de ese sabor inigualable que ofrece la solidaridad con tantas y tantas Víctimas de la Violencia de Género que VOX desprecia y que pretende disfrazar, y a lo que lamentablemente se unen otros a la búsqueda del poder por el poder. Eso sí que es cocinar sin pizca de gracia y sin gusto alguno.
El inminente acuerdo en Andalucía ha colocado entre los ingredientes de nuestra política un sabor pernicioso que amenaza con extenderse por toda nuestra gastronomía. Esperemos que seamos conscientes de ese peligro y que más voces como las expresadas ayer por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, el vicepresidente, Alfonso Rueda, o en días pasados por Borja Sémper, en el País Vasco, o Rafa Domínguez en Pontevedra, denuncien que ciertas realidades no se pueden camuflar y que partidos como el Partido Popular, en los que debería primar un sentido de la realidad por encima de sus propias siglas e intereses, no pueden ser cómplices de esos sabores putrefactos.
Casa Solla es un ‘Espacio Libre de Violencia de Género y de VOX’. Sin duda esta es la mejor estrella que Pepe Solla puede colgar de su emblemático restaurante, admirado durante tantos años por su quehacer en los fogones, y ahora, también, por su compromiso.



Publicado en Diario de Pontevedra 9/01/2018
Fotografía. Pepe Solla en el Mercado de Abastos de Pontevedra (David Freire)