martes, 2 de junio de 2015

Dados al aire


Este libro entiende la poesía como el tablero desde el que recorrer un itinerario convertido en un paisaje que atraviesa desde la memoria al olvido, desde lo vivido a lo que sucede justo en este momento por unas casillas convertidas en fragmentos de un poemario.
Partimos de ese primer poema en el que Ana Merino arroja los dados para comenzar a establecer el tránsito del ser humano por un conjunto de experiencias, de elementos sensoriales que se van fraguando línea a línea para componer un trato de «sombras dibujadas». Un umbral que la poeta cruza para desarrollar su percepción de aquello que nos rodea y en ocasiones nos aprieta casi hasta la extenuación. Es así como la nieve se acolmata en los intersticios de esas líneas, una nieve cada vez más oscura, más trágica, en la que el fulgor del sol se apaga ante esas sombras cada vez más alargadas que cercenan la esperanza.
El capricho de los dados, al albur de sus circunstancias, hace que nos movamos por diferentes estancias, compartimentos de una vida estancada en ellos, pero con ansias de esparcirse, de llegar a ese lugar soñado en el que desear vivir , en el que la nieve lo sea enteramente y el frío menos frío.
Azarosamente irán brotando curiosidades que alentarán la integración de diferentes piezas en las que se adivinan los giros de la vida, esos esquinales que doblar para configurar una nueva dirección, una nueva casilla en la que ajustar unos dados que no pocas veces salen del tablero, caprichosos ellos y conscientes de lo mucho que pende de sus puntuaciones. Ana Merino no rehúye ese envite y ella misma sujeta fuertemente esas caprichosas brújulas en su puño para abrir la palma de la mano y a partir de ahí dejar constancia de ese devenir que, como todo rastro vital, conjuga lo turbio con lo luminoso a través de unos poemas pletóricos en su manejo del lenguaje, en la imbricación alquímica de la palabra con la experiencia. Una vida consumada que se consume desde el aliento, es decir, desde la exhalación visceral de una capacidad sensorial que solo se puede corporeizar ante el papel, ante esa cuartilla repleta de casillas por las que ir moviéndose sin ir demasiado lejos, nunca más de seis movimientos, ya que, como la vida, los pasos deben medirse desde la proximidad, a salvo de azarosas contingencias, para poder así calcular sus consecuencias, y medir la respuesta necesaria.
‘Los buenos propósitos’ emergen como un itinerario de «secos paladares», «corazones desacompasados» y «parásitos de la desdicha». Matrimonios de palabras que te hacen ver, que te hacen intuir la necesidad de asirse a ellos como a un fabulario de la necesidad, abanderado por ese primoroso lenguaje del que uno no se puede descolgar. Ana Merino es un descubrimiento para este náufrago al que los dados nunca conceden más de un tres, aunque en esta ocasión, haya salido el seis.


Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 31/05/2015

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