domingo, 31 de agosto de 2014

Sísifo


Castigado no Hades a subir unha montaña unha e outra vez cargado cunha gran pedra que, unha vez no alto rodaba ata o principio dese traxecto, Sísifo sufriu esa condea que, dende entón, serve para simbolizar aqueles esforzos humanos que derivan nun sen sentido.
Asistimos durante todo o verán (por aquelo de chamalo dalgunha maneira e para entendernos) a que un luns tras outro, polas páxinas deste xornal, desfilen as cifras que medían as cantidades de lixo que voluntarios e membros dese heroico colectivo chamadoVaipolorío, recuperaban nas mañáns dos domingos do cauce do río Gafos. Neste caso, esta acción, nunca valorada como se merece pola sociedade, non se converte nese sen sentido, senón que, pese a ser unha repetición do mito de Sísifo, o que ven a poñer en valor é a necesidade en toda comunidade dun grupo de xente que se sacrifique polos demais para que todo funcione da mellor maneira posible.
Domingo tras domingo, mentres nós facíamos plans para fuxir da cidade e pasar un día na praia, no campo, facendo algunha viaxe ou lacazaneando na cama antes de dar unha volta, eles percorreron ese vieiro de vida que se atopa ás nosas costas para sometelo a un reparador lifting que lle permita amosar a súa mellor faciana ao longo do ano. O Gafos quedou ben xeitoso, ao tempo que esa morea de refugallos reflicte o desprezo de moitos cidadáns polo súa contorna é máis en concreto polo río. Todavía son moitos os que non entenden o valor dun río nunha paisaxe urbana, unha paréntese entre os fumes, os ruidos e o formigón, no que un pode agocharse durante uns minutos para cargar pilas da sempre necesaria natureza e seguila loita diaria. Ese desprezo  exténdese a toda a comunidade cos rodea e que ten nese espazo un dos seus grandes tesouros, mercé a súa recente e plausible recuperación, ao agromar nela como unha canle orgánica da que poder gozar.
Albert Camus facía de Sísifo o espello do home contemporáneo, un heroe absurdo como « o obreiro de hoxe que traballa tódolos días da súa vida nas súas mesmas tarefas e cun destino non menos absurdo». Os nosos heroes dos domingos son, co seu traballo, os que converten en heroes absurdos a todos aqueles que sementan a podremia onde so debería respirarse beleza e saúde. Cando remata o verán o río está preparado para a chegada das estacións máis complexas, non polos efectos meteorolóxicos, senon polo menosprezo do home hacia aquilo polo que debería loitar como parte de seu. Non so a achega de lixo, senón os vertidos incontrolados sementan o seu cauce deses sinónimos da ignorancia hacia nós mesmos.
Os refugallos sólidos, aqueles que se converten en centos de kilos de miseria, conforman cada fin do estío unha columna á entrada do río polo barrio de Campolongo. Se volvemos a mirar cara o valor do simbólico, non puideron atopar mellor símbolo os membros de Vaipolorío para conter toda esa merda como esa forma cilíndrica que, dende ven atrás no tempo, erixiuse como un obxecto de culto, esa unión do ceo e a terra que medra aínda máis cando se afasta dalgunha construcción. Do mesmo xeito que aquelas columnas romanas conmemorativas dos éxitos das campañas militares dos seus emperadores, estas columnas de lixo deixan constancia do éxito do traballo desenvolto neses domingos de verán ao tempo que amosan o fracaso da vida urbana. Aquela urbis dos tempos de Roma abofé que, pese ao progreso, mantén o peor dela, aquelas suciedades que se botaban polas fiestras ás propias rúas, agora, máis educadiños todos nós, metémola baixo a alfombra que adoita ser sempre a natureza. Ela, que so fala ou se queixa instantes antes de morrer, acolle moitas veces nos fondos dos seus ríos, ou nos vertedoiros incontrolados dos nosos montes, todo aquilo que nos sobra e que buscamos o xeito máis sinxelo e cómodo de desfacermos delo.
Esa columna renóvase campaña tras campaña de limpeza mentres os nosos heroes seguen caladiños a loitar contra un destino que os leva unha e outra vez a facer un traballo sen máis recompensa que a de sentirse membros útiles nesta sociedade na que todos eles caeron para beizón nosa.
Pontevedra agasallounos unha vez co premio ‘Cidade de Pontevedra’, hoxe renovo ese agradecemento nun verán máis que ogallá sexa un verán menos para ter un río limpo e san, no que non fagan falla os Sísifos de domingo. 

Publicado en Diario de Pontevedra 30/08/2014
Foto: David Freire

martes, 26 de agosto de 2014

Julio Cortázar, impresiones gallegas

...estamos en Galicia, que conocimos el año pasado y que nos encantó. Ahora hemos vuelto, no en plan turístico, sino a buscar una playa tranquila donde descansar dos semanas antes de la vuelta a París y el viaje a Buenos Aires. Lourido es un sitio precioso al sur de Vigo. Se llega en tranvía, hay un hotel donde nos adoran porque desde el patrón hasta el cocinero todos han trabajado alguna vez en la Argentina (ramo: restaurantes, parrillas y bares), y tenemos una piecita con vista al Atlántico. Hasta ahora dominan los vientos y las nubes, pero yo ya he tenido oportunidad de medirme con Poseidón. Resultado: arena en un ojo, y 75 pesetas de oculista. ¡Oh, el deporte! GALICIA......

(Incluido en el libro 'Cortázar de la A a la Z'. Ed. Alfaguara)

Cortázar 100

«Al final queda un álbum de fotos, de instantes fijos; jamás el devenir realizándose ante nosotros, el paso del ayer al hoy, la primera aguja del olvido en el recuerdo. Por eso no tenía nada de extraño que él hablara de sus personajes en la forma más espasmódica imaginable, dar coherencia a la serie de fotos para que pasaran a ser cine...». (‘Rayuela’. Julio Cortázar)






Todavía rebosantes de felicidad tras recorrer salto aquí y salto allá el tablero de esa ‘Rayuela’ inagotable que cumplió 50 años el pasado año, nos encontramos en este 2014 con el centenario del nacimiento de Julio Cortázar y como coda final los 30 años de su fallecimiento. Año Cortázar por excelencia y año de regreso a una de las patrias más inmensas de la historia de la literatura. Pocos autores recogen en su obra, como sucede con el autor argentino, esa percepción lúdica de lo literario, junto a la invención de un mundo o mundos desde los que enfrentarse a la realidad de una manera tan inteligente como atractiva para el lector.
Leer, releer, saltar y volver a saltar las casillas de ‘Rayuela’ es un puro delirio y pocas veces se puede disfrutar tanto de un libro cuando se abre al azar y se extrae de su interior un fragmento de su historia o historias. La editorial Alfaguara se ha volcado en estas conmemoraciones y ha preparado, junto a la reedición de varios de sus títulos, una edición especial de ‘Rayuela’, pero junto a ella, le ha hecho a los incondicionales de Julio Cortázar un regalo absolutamente maravilloso. Creo que a lo largo de lo que llevamos de año se han publicado pocos libros más hermosos que ‘Cortázar. De la A a la Z’. Un diccionario con entradas relativas a un sinfín de aspectos de la vida del escritor. Fragmentos de sus libros, imágenes de sus primeras ediciones, objetos personales, un álbum fotógrafico extraordinario, cartas, apuntes... y todo ello presentado a través de una biografía que huye de los ladrillos biográficos acostumbrados para ofrecer un tesoro que todo el mundo debería tener en sus casas.
A mí me llegó de la mano de mis hijas, en un Día del Padre en el que jamás podía imaginar un mejor regalo (benditas seáis y quien os guió), pero a ustedes les puede llegar de cualquier manera, de forma azarosa, o si ven que se resiste en llegar, fuercen un poquito la situación y ya verán como ese libro les colmará de felicidad. Es más, pueden darse, junto a una víctima propiciatoria, un paseo inocente y despreocupado por la calle Fray Juan de Navarrete, y seguramente se le desatarán los cordones de sus zapatos para detenerse durante unos instantes ante el imponente escaparate (otro más) de la Librería Cronopios, monumento literario global, y cortaziano en particular en nuestra ciudad. Allí, frente a ese altar ante al que a uno lo primero que le entran son las ganas de postrarse de hinojos, vemos el universo reeditado de Cortázar. Háganle una leve indicación a su acompañante sobre lo bonito que parecen esos libros, lo interesantes que pueden ser o las cualidades del escritor, y bajo esos globos verdes, los cronopios flotantes que desde que llegaron a esta ciudad han mudado muchas cosas, su deseo no tardará en cumplirse. Es la magia de los cronopios, ese gran juego que para Cortázar era un placer frente a otras esclavitudes literarias.
Cuando el ladrillo dejó de ser ladrillo y se convirtió en librería, milagro todavía inexplicable en los tiempos actuales, esos círculos inquietos y traviesos nos ofrecieron una manera diferente de sentir el negocio de los libros y su relación con los lectores. Ese nombre para un negocio ya era toda una declaración de intenciones, una inmersión en un universo literario hacia el que se nos quería llevar a través de un sofá y unos escaparates magnéticos para el paseante. Una transparencia que nos conecta con el mundo de los libros, un juego que ni el mismísimo gran cronopio hubiera ideado para satisfacer a su tribu. De los libros dice Cortázar, en la entrada correspondiente de este singular diccionario, que «Los libros van siendo el único lugar de la casa donde se puede estar tranquilo». ¿Qué les parece?, es mágico o no es mágico. Y es que una vez abran este diccionario comprobarán como los adjetivos empleados o esta devoción personal no es gratuita, y como un libro, ya de por sí siempre un tesoro, puede convertirse en una obra de arte de la que uno no podrá desprenderse jamás.
Todos esos instantes que a través de sus libros hemos podido gozar tienen muchas de sus explicaciones en esas páginas, de las que en ocasiones surge su querida música de jazz, sus influencias, sus relatos favoritos, sus miedos, sus amigos, sus inspiraciones, sus sentimientos... y todo ello porque «entre vivir y escribir nunca admití una clara diferencia», confiesa el autor en este álbum de fotos e instantes. Imágenes congeladas y ordenadas por su viuda Aurora Bernárdez y por Carles Álvarez Garriga que ahora son ya parte de nuestro álbum personal, como antes y ya para siempre lo serán sus escritos inmensos. Rompan esa frontera física y honren a Cortázar leyendo algo de él, en este 2014 y siempre, siempre, siempre...

Publicado en Diario de Pontevedra 1/06/2014

domingo, 24 de agosto de 2014

500 noches más


«Joaquín se mató para escribir 19 días y 500 noches, pero mereció la pena. No hay nada más que volverlo a oír para admitirlo. Hay pocas cosas en este mundo de las que se pueda asegurar que son una obra maestra en su género: éste disco lo es». (Benjamín Prado en ‘La primera madrugada de 19 días y 500 noches’, incluido en la reedición del disco en 2011).

Si de mí dependiese la salvación para el futuro, ante un inminente apocalipsis mundial, de tres elementos de nuestra cultura literaria, sin duda serían: ‘El Quijote’, ‘La saga/fuga de JB’ y el disco de Joaquín Sabina ‘19 días y 500 noches’. “¡Hala, vaya exagerado!”, exclamarán ustedes. Pues quizás tengan razón… es cierto, lo soy. Ahora que lo pienso, cómo no va a estar en esa selección ‘Poeta en Nueva York’. De acuerdo, retiramos ‘El Quijote’ e indultemos la obra de Federico García Lorca.
Hace unas pocas horas que Joaquín Sabina viene de inaugurar una nueva gira americana basada no en un reciente trabajo, que parece que sí saldrá a la luz el próximo año, y sí en una revisión de ese disco cumbre de su obra como es ‘19 días y 500 noches’. Un disco parido entre excesos, muchos excesos, y poemas, que también son un exceso de buenos, deCésar Vallejo, entre los rescoldos de Bob Dylan y la producción de Alejo Stivel y todo ello para balizar un tiempo que se agotaba en sí mismo y otro que comenzaba a partir de esas noches de boda. Muerte y resurrección.
Muchas partes de mi vida se podrían explicar desde las coordenadas geográficas y temporales establecidas por los conciertos de Sabina. Tanto de los que he ido yo como de los que no ha ido él. Nunca le he guardado rencor por esas ausencias. Ambos los recuerdo con la misma emoción, cariño y una sonrisa en la boca. Tanto el estar en Traviesas viéndole con un bombín sobre mi cabeza, como aquella noche en A Coruña en la que nos comunicaron aJuan, Manolo y a mí que el concierto se suspendía. Una tormenta (nunca quedó muy claro de qué tipo) creo que fue la causa aducida. Como señores acabamos nuestros respectivos Johnnie Walker en el centro del Coliseum y montera en mano hicimos el paseíllo hasta Compostela, donde el menda acabó en Ruta 66 meando junto al cantante deCeltas Cortos.
Esas trece canciones, diversas en estilos musicales y perfectas en cuanto a letras, no sé las veces que las habré podido escuchar desde el año 1999 en que se publicaron, para dejar siempre en mí una sensación de luminosidad y de inmarchitable disfrute. Si ya gozaba con aquel primerizo ‘Ruleta rusa’, qué les contaré de estas noches repletas de poesías, experiencias y voces rotas que se suceden en una bulliciosa y efervescente cascada en la que mojarse supone colocarse bajo un chaparrón que te mantiene alejado de las perversiones mundanas, saboreando, sin embargo, estas otras perversiones en forma de un bálsamo que no cura cicatrices, pero ayuda, y mucho, a seguir tirando del carro.
El último capítulo de mi relación con el de Úbeda viene en forma de libro. Él no lo sabe, pese a que me ha llegado hace unos días un delicado ejemplar firmado de una limitada edición de seis poemas inspirados en José Tomás. Pasión común que nos ha unido también mediante esa firma llena de abrazos, entre dos desconocidos, que partieron de ese sur roteño, en el que el cantante se refugia en verano guardando el bombín en el baúl del atrezo y tocándose con un panamá, para llegar a esta Pontevedra en la que José Tomás y Sabina pisaron una misma arena, la de nuestra plaza de toros, en la que ambos ventearon sus talentos en varias ocasiones. Yo espero y hasta sueño algún día con poder contarle todo esto al propio Joaquín Sabina en persona, ahora que he ido cercando a varios de sus amigos, como Javier Rioyo, Luis García Montero, Antonio Lucas, Felipe Benítez Reyes, Benjamín Prado o el púber Jabois, es posible que en algún momento alguno de ellos me presente al cantante y ese mapa de coordenadas complete su ciclo. Mientras, seguiré saboreando ese ‘19 días y 500 noches’, reeditado y realimentado hace unos años con las alas negras impresas tras aliviar un luto afortunadamente fugaz, para retornar ahora a los escenarios travestido como ‘500 noches para una crisis’.
Primero lo hace en las tierras limeñas de su redentora Jimena, después en las sembradas por las caprichosas conchas de Pablo Neruda, también en las del inmenso Eduardo Galeano, y como no, en ese Buenos Aires, corrala de su vivienda madrileña. A buen seguro que regresará a esta España doliente para ser de nuevo él, el del mejor puñado de letras escritas en nuestro cancionero (Antonio Vega que está en los cielos me sabrá disculpar) desde los años ochenta, donde todo era más canalla y menos Benjamín Prado, para volver a abrigarnos en sus conciertos llenos de Dieguitos y Mafaldas, de Barbies Superstar, de Magdalenas y de rubias platino… pero también de nuevas canciones que vendrán a seguir alimentado ese imaginario sabiniano colmado de nubes blancas y negras de las que una vez nos colgamos algunos para no bajarnos jamás. 


Publicado en Diario de Pontevedra 23/08/2014
Foto: Joaquín Sabina en el concierto de la gira '19 días y 500 noches' celebrado en la Plaza de toros de Pontevedra en julio de 2000 (Xan Xiadas).

luns, 18 de agosto de 2014

¡Va por ti, flaca!




‘Tener y no tener’ y ‘Cayo Largo’, así, una tras otra. ¡Va por ti, flaca! Tres dedos de buen whisky y a disfrutar. Un homenaje a una actriz irrepetible, a un personaje singular de la historia del cine que apagó su vida esta semana para rascar de nuevo una cerilla y encender una luz eterna al lado de su otro yo, de un Humphrey Bogart que la vio con 19 años y que ya no la dejaría hasta su muerte.
Cada vez que fallece alguna estrella de cine, y más si esta procede del mejor cine hecho jamás, el nacido de los estudios del Hollywood clásico, intento realizar este modesto tributo basado en ver alguno de sus trabajos. Un canto final de agradecimiento a quienes me han hecho amar el cine y regalado alguno de los mejores instantes de mi vida. Ahora le tocó a ella, a una de las últimas damas de aquel tiempo, quizás la última, aunque nunca haya una última, ya que siempre surge algún nombre que hace que nos preguntemos: ¿pero todavía estaba viva/o? Con ambas películas, ya vistas incontables veces, uno vuelve a entender el porqué del éxito de una actriz de la que con 89 años podíamos contar con los dedos de las manos las películas de calidad que ha realizado. Un escaso número que aun así le ha hecho pasar a la historia del séptimo arte por sobrados motivos. Incluso podemos esconder una de esas manos y contar únicamente las cuatro que hizo al lado de Humphrey Bogart, junto a los dos títulos ya referidos: ‘Senda tenebrosa’ y ‘El sueño eterno’, para conformar así cuatro obras maestras en las que ambos actores compartieron instantes que atraviesan la pantalla para fundirse con el espectador en ese ritual que, como ningún arte lo puede lograr, nos emociona a la vez que sorprende.
En ‘Tener y no tener’, el debut de Lauren Bacall en el cine, tarda 13 minutos en aparecer en pantalla y lo hace oculta tras una puerta hasta que es descubierta por un Humphrey Bogart paralizado por la esbelta figura de esta mujer que enciende un cigarrillo con una cerilla, alumbrando así su rostro y esos dos haces de luz que son unos ojos a los que el aturdido protagonista es incapaz de dejar de mirar entre la sorpresa y la turbación. Unos instantes después canta una canción apoyada en un piano y ya nada volverá a ser igual. Ambas personas se convertirán en uno solo y durante trece años en una pareja de referencia en un Hollywood donde la palabra pareja siempre fue una rareza. Comprometidos con la vida y con ciertos idearios tan sólidos como de difícil defensa en aquellos tiempos, les hicieron ganarse la consideración de todos sus compañeros de profesión. Pero vuelvo a las imágenes ya que en ellas radica la verdadera razón de ser de todo lo que rodea a una actriz, en ellas su elegancia, su glamour o su mirada hipnótica compiten a partes iguales para convertir cada plano en el que asoma en un plano único. Ya poco importa lo que hubiese hecho tras esas cuatro películas, en ellas se condensa de una manera brutal y arrebatadora la esencia del cine más puro, ese en el que las luces y las sombras se enfrentan entre sí para debatir sobre el ser humano y que, con su femenina presencia, fascinante, inteligente y retadora, se lograba una intensidad pocas veces vista.
Bogart fue lo primero y lo demás se quedó en algo secundario. En ‘Tener y no tener’ comenzó esa conexión de manera explosiva, se nota algo intangible en esas secuencias en las que comparten, miradas, diálogos, gestos… contribuyendo a que ambos, tanto juntos como por separado, alcanzasen esa condición de mitos que solo el cine puede ensalzar con tal fuerza y durante tanto tiempo.
Muchos ya se habrían olvidado de ella, es posible que otros, seguramente los más jóvenes-por desgracia tan alejados de este tipo de cine, siendo no toda la culpa suya, ya que debería ser parte de sus temarios de estudio- sean desconocedores por completo de su talento y no entiendan el revuelo causado por su muerte. Pocas invitaciones puede haber mejores para adentrarse en ese cine clásico que compartir alguna de estas películas comunes, inmiscuirse en esas miradas entre cortinas de humo y la luz que proyecta una lámpara a la altura de los ojos dentro de una oscuridad de la que ya solo se puede salir convertido en leyenda. Lauren Bacall lo era y su muerte ha venido a confirmar ese pasaporte hacia la eternidad.


Publicado en Diario de Pontevedra 16/08/2014

xoves, 14 de agosto de 2014

El silbido eterno





-          “¿Por qué has hecho eso?
-          “Me preguntaba si me iba a gustar”.


Estará contento el bribón de Bogart, tras décadas silbando, por fin, tras esa puerta la verá a ella. Cuántas veces la habrá abierto tras oír en su mente ese “¿Sabes silbar, verdad? Juntas los labios… y soplas”. Alta y enigmática, atractiva y bella, felina y dulce… sería interminable la retahíla de adjetivos que se podrían aplicar a Lauren Bacall, la mujer que conquistó a Humphrey Bogart al tiempo que debutaba en un cine en blanco y negro que, gracias a ella, parecía ya en color. Sus ojos brillaban al tiempo que los que se ponían ante ella parecían mejores actores de lo que ya eran. Su figura alargada, que le valió el apodo de la ‘flaca’, irradiaba una luminosidad que engrandecía a los que se colocaban a su alrededor.
Howard Hawks le arrancó una revista de las manos a su mujer al ver esa figura todavía juvenil, sabía que ella sería el contrapunto preciso para un Humphrey Bogart ya maduro que vio como en un solo plano aquella chica se convertía en una mujer rodeada de sombras y de volutas de humo en ‘Tener y no Tener’(1936). Una película que es un continente en sí mismo, allí nació la pareja, allí se volcó el talento de nombres como los de Howard Hawks, Hemingway y Faulkner, y todo para parir un monumento del cine y también de la vida, porque de esa película nació la vida en pareja de Bacall y Bogart convertidos en un único ser en los trece años siguientes hasta la muerte del actor. La pareja siguió presente en el cine: ‘El sueño eterno’ (1946), ‘Senda tenebrosa’ (1947) y ‘Cayo Largo’ (1948), prolongando ese incomparable cruce de miradas y diálogos, asentados en los espléndidos guiones y en el universo de luces y sombras de un cine negro que con ellos alcanzó su cima mítica.
En los años cincuenta, y ya con el refulgente brillo de sus ojos y su melena en la pantalla, participó de varias películas de importancia: ‘Como casarse con un millonario’ (1953), Escrito en el viento’ (1956) o ‘Mi desconfiada esposa’ (1957). En ese año de 1957 falleció Humphrey Bogart y ya nada fue igual. Hollywood ignoró su presencia y ella se fue refugiando en el Teatro y en la memoria permanente de aquel tiempo pasado que de vez en cuando recuperaba con alguna película menor, un libro de memorias y el Oscar honorífico que la Academia le había negado en cuatro veces, tantas como ocasiones compartió pantalla con Bogart. Esas cuatro actuaciones son ya parte de la historia del cine, un póker incontestable por ninguna otra actriz de la que no existe ningún caso de una irrupción tan fulgurante en una pantalla de cine.
Se dice que Bogart regaló en su boda a Bacall un silbato de oro con la inscripción “Si me necesitas, silba” y que ese silbato fue depositado en el ataúd del actor. A buen seguro que ese silbato, gastado ya de tanto uso, dejará de silbar tras el segundo encuentro de ambos. El primero lo fue para siempre, éste lo será para la eternidad.

Publicado en Diario de Pontevedra 14/08/2014

mércores, 13 de agosto de 2014

Mr. Keating


Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela. (R. Herrick)



Ni mucho menos era uno de mis actores favoritos, normalmente sobreactuado en la mayor parte de sus papeles, siendo muchos de ellos propicios para que se diese esa circunstancia. Así que la catarata de adjetivos y bondades actorales las tendrán que buscar en los artículos laudatorios que llenarán las páginas de los periódicos de hoy y las entradas de Facebook y Twitter de ayer.
Pero Robin Williams sí que tuvo la fortuna y el acierto de reencarnarse en dos o tres papeles de esos que no se pueden despegar de tu vida, interpretaciones que se incrustan en un interior todavía en formación y que logran que se estremezca el alma cada vez que se repiten por televisión, imposible entonces cambiar de canal, o si decides hacer uso de una videoteca que siempre estará incompleta sin ellos. Sus trabajos en ‘Good morning Vietnam’, ‘El club de los poetas muertos’ o ‘El indomable Will Hunting,’ son parte de la filiación cinematográfica de la generación que se encontró con esos estrenos en la pantalla grande. Tres papeles que quizás nunca haya podido superar y que hicieron de Robin Williams el actor de una única generación, mientras las restantes lo iban enclaustrando en sus papeles más comerciales y menos agradecidos con sus innegables cualidades actorales. Y es que si me apuran, de esos tres trabajos es tal el peso del segundo de ellos, el encarnado por ese profesor Keating abriendo a la vida desde la literatura a un grupo de alumnos de un estricto colegio, que los demás también se vienen abajo.
Ya sé que es injusto valorar toda una vida en base a un único trabajo, pero basta darse un garbeo por las redes sociales para que ¡Oh capitán, mi capitán! resuene por todos los lados como el resumen de toda una carrera artística. Esa es parte de la magia del cine, de una capacidad evocadora siempre latente en el interior del ser humano hasta el momento en el que algo provoca una detonación que nos conduce a reivindicar todas esas vivencias obtenidas en la oscuridad de una sala de cine. Escuchar, como sucedió ayer, desde primeras horas de la mañana, ese ¡Oh capitán, mi capitán!, te impulsa más que nunca a subirte a una mesa y desde allí arriba dirigir una mirada de agradecimiento al actor que ha dejado en nuestro interior una semilla ya eterna de amor por el cine y, por lo que es realmente importante en la vida, aquello que nos mantiene vivos, la poesía, la belleza, el romanticismo o el amor.


Publicado en Diario de Pontevedra 13/08/2014