martes, 23 de decembro de 2014

La Venuspasión de Diego Moldes

Rue Saint-Antoine nº 170
Literatura ▶ El próximo viernes 26 en la Casa das Campás el pontevedrés Diego Moldes presentará su último trabajo relacionado con el cine y la literatura. Dos enfermedades que casan muy bien y con unos síntomas que producen joyas creativas como este libro, absolutamente cautivador por lo que enseña, pero también por lo escrito.


No por ser de sobra conocida la anécdota dejas de estremecerte cada vez que recuerdas a Sthendal sufriendo el síndrome al que dio nombre en pleno éxtasis, mareado, observando la iglesia de la Santa Croce en Florencia. Pocas veces un libro te puede provocar algo similar a ese síndrome que se produce ante una masiva acumulación de belleza. Mareos, sudores fríos, estremecimiento y admiración, pero sobre todo, mucha admiración, se van sucediendo en un carrusel de emociones al que te hace subir Diego Moldes en este trabajo que rinde tributo a uno de los más portentosos imanes del mundo del cine: sus mujeres. Para los que amamos este arte, para los que nos emocionamos cuando vemos una pantalla en blanco y negro peleando con la oscuridad para transportarnos a un mundo repleto de magia y emoción, este libro es una suerte de inmenso regalo. Y formalismos aparte ¡es una pasada!
El soberbio catálogo de imágenes de las más bellas artistas del mundo del cine se suceden así, en una espiral salvaje que solo Alfred Hitchcock ha podido emular cuando nos incrustaba en el moño de Kim Novak en ‘Vértigo’. Pero pese a lo que suele suceder en este tipo de libros de magníficas ilustraciones, en las que el texto se somete a la imagen, convirtiéndose en un desvaído apoyo que poco o nada te dice, en esta ocasión los textos tienen una capital importancia ya que nos abren infinitas puertas de la Historia del Arte y del cine, haciéndolo desde una perspectiva plenamente rigurosa y con numerosas aristas de buena literatura.

La mujer en el arte. El hermoso prólogo realizado por el poeta Luis Alberto de Cuenca nos abre un mundo literario que demuestra las más que probadas habilidades como escritor de Diego Moldes, del que ya conocemos numerosos ensayos de cine, obras sobre baloncesto y una novela. Ese afacetamiento de la escritura sirve para componer todo un conjunto de textos muy diferentes entre sí que evitan caer en la monotonía cada vez que te enfrentas a las vidas de estas artistas y permiten que el resultado final sea de lo más agradable. Pero antes de llegar a esos textos, que completan los diferentes capítulos de las artistas, surgen, como los picos de una gran cordillera, varios textos sobre la mujer en la Historia del Arte en los que con un rigor extraordinario se aproxima a elementos tan aclaratorios como la mitología de la mujer en Occidente y Oriente, la sensualidad y la sexualidad o el erotismo, y todo ello para concluir en las actrices de cine como parte de un proceso natural de la Historia del Arte que, desde la pintura o la escultura, desembocó en el gran arte del siglo XX, el cine.  Incluir a todos esos nombres como una parte de todo ese proceso es una brillante iniciativa que sirve para explicar desde criterios historicistas lo que el cine, y sobre todo desde el Hollywood clásico, pretendía evocar desde unas películas surgidas como parte del componente espectacular del cine, pero que ha derivado en su comprensión como hecho artístico de primer nivel. Una vez planteado ese texto el autor nos cita a todas aquellos que no han podido incluirse en este volumen, ausencias lloradas que rápidamente se olvidan cuando avanzas en las siguientes páginas las de las Venus del cine, la Venuspasión de Diego Moldes.


Venus. De Greta Garbo a Maggie Cheung, la actriz de Deseando amar (In the Mood for Love), se abre un abrumador ramillete de actrices cuyas caras y cuerpos resplandecen como solo ellas lo han podido hacer, ayudadas por una industria que sabía del potencial de atracción que tenía en sus rostros y sus cuerpos. Es peligroso hablar de cuerpos cuando estaba en vigor el Código Hays pero muchas veces los directores se servían de esas restricciones de la censura para sacar más punta a sus actrices y mostrárnoslas repletas de una belleza que se incrementaba ante la precisión de sus sugerencias.
Una tras otra estas páginas te convierten en el Sthendal del que hablábamos al principio, absolutamente impresionado, pensando en cada uno de los momentos que has pasado junto a ellas gozando de un cine que, y todos los sabemos, no ha vuelto a repetirse. Diego Moldes hace algo que no es nada fácil y es el diversificar el planteamiento de sus textos, empleando voces diferentes, narradores singulares, poesías, cartas... todo vale y todo es literatura para aproximarse a este universo icónico que ha marcado la vida de tantos y que aquí se traduce en las experiencias que el propio autor ha tenido en sus aproximaciones a los títulos en que estas aparecen, o en elementos de la literatura que se pueden compaginar con la propia actriz.
Estas geografías humanas, otrora Venus mitológicas recreadas en los siglos sucesivos por la mano de un sinfín de pintores, se convierten aquí en Venus de una actualidad que ha tenido en el cine su fiel reflejo como casi ningún movimiento artístico, con la excepción del impresionismo, lo ha sabido hacer. Estas actrices representaron los sueños de numerosas mujeres por ser como ellas, por vestir, moverse, sujetar un cigarrillo o mirar a un hombre como ellas lo hacían en la pantalla, pero también por los sueños de unos hombres que  contemplaban abducidos como estas mujeres les dejaban con la boca abierta para protagonizar otros sueños de mucho mayor voltaje.

Mujeres, bellezas, venus pegadas a nuestra memoria y a las que gracias a este libro podemos tener entre nuestras manos (aunque no  tal y como hubiésemos querido) para renovar nuestro compromiso con ellas. Diego Moldes ha afrontado una empresa mayúscula, de la que seguro ha disfrutado muchísimo, ya que si el lector lo hace es porque antes un autor lo ha hecho forjando esas ilusiones. Aquí son muchas las ilusiones presentes, faltan algunas. Nunca te perdonaré, querido Diego, que una de esas ausencias sea la de Katharine Herpburn, un lunar pelirrojo que no ensombrece un trabajo ante el que solo se puede decir una cosa: gracias.




Publicado en Diario de Pontevedra 22/12/2014
Fotografía: Portada del libro Venuspasión y una imagen de Greta Garbo.

Ningún comentario:

Publicar un comentario