miércoles, 4 de febrero de 2015

Fugas familiares



Pocos viajes hay más complejos para el ser humano que el que realiza hacia el interior de uno mismo. Ese itinerario se convierte en una mezcla de alegrías y tristezas, de melancolías y realidades que convergen en un proceso de excarcelación de demonios, pero también de caricias y afectos a aquello que nos hizo felices en algún momento. Carlos Pardo nos propone, a través de este libro sorprendente, sobre todo para quienes no conocíamos su escritura, uno de esos cruceros íntimos y por lo tanto sinceros a lo que puede ser su propio itinerario vital (uno siempre intenta ver la proximidad entre el autor y el relato). El protagonista está cerca de cumplir los cuarenta años, como este autor que se adentra por un complejo bosque lleno de peligros que acechan a la consolidación de la persona, formando parte de un proceso de aprendizaje que no siempre es fácil.
La familia emerge, entonces, como gran aglutinante de todo ese territorio experimental. Las relaciones entre cinco hermanos, el divorcio de los padres, sus enfermedades... en definitiva, un paisaje que muda, y sus protagonistas con él, transformando percepciones e identidades, en definitiva, renovando nuevos tiempos en lo que son las etapas por las que la vida, caprichosa ella (por no calificarla de otra manera), nos obliga a pasar, en muchos casos como peaje por ese milagro en que tantas veces se convierte nuestra existencia.
Y en medio del relato, como una gran brecha metafórica, se abre otro texto breve que narra un episodio histórico, como fue la marcha a la localidad de Lübeck de Johann Sebastian Bach para suceder a otro gran organista, aunque completamente sepultado por Bach, como fue Buxtehude, un viaje que nos evade durante unas páginas de lo que nos estaba envolviendo con anterioridad, el tránsito de una familia por su propia identidad. Por aquello que sus miembros han ido conformando con aciertos y errores, con unas decisiones que los han puesto en muchas ocasiones en el borde del precipicio y el cual hay que superar de la manera menos dolosa posible.
Carlos Pardo emplea toda una serie de fugas que, como el aire que expulsa cada uno de los tubos de un antiguo órgano, emite una sonoridad diferente, una válvula de escape a todo lo que se está cociendo en un interior que los años han ido cocinando a fuego lento y del que solo los libros, la música, los amores... permiten evadirse de aquello que se está convirtiendo en drama. Una disolución de la tristeza en el siempre efectivo bálsamo del humor que permite al autor, con este relato, enfrentarse a aquello que no es nada fácil llevar a cabo. Su lenguaje fresco y dinámico, sin pretensiones sofisticadas, incide en esa sensación de humanidad que pende de cada una de estas líneas convertidas en fugas de una vida condensada en el clan familiar.



Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 1/02/2014

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