martes, 10 de febrero de 2015

Un crimen sorprendente


Bow, un barrio londinense de  finales del siglo XIX. Una espesa bruma, una casa de huéspedes y una habitación cerrada por completo. En su interior se comete un crimen. ¿Cómo se ha podido acceder a una habitación aparentemente cerrada a cal y canto?
Esa pregunta es la que se mantiene vigente página tras página de esta novela que Ardicia (una vez más hay que aplaudir lo milagroso de esta editorial con sus publicaciones de escritores poco conocidos pero que dejan en nuestras manos unos textos fantásticos y con una edición más que cuidada y atractiva). Lo había dejado en Ardicia y como esta novela nos lleva a sumergirnos en aquella Inglaterra victoriana, en las calles de un Londres repleto de ecos dickensianos y con el efecto que todavía en el lector de hoy se mantiene vivo de los actos de Jack el Destripador (esta novela se publicó en 1892, mientras los sucesos de Whitechapel tuvieron lugar tan solo cuatro años antes). Esa atmósfera, en la que cualquier relato de asesinatos e investigaciones está abocada al éxito, es la que nos pone en las manos este libro en el que el lector disfruta de los acontecimientos y de cómo éstos se van sucediendo para intentar explicar un suceso que nos parece inexplicable.
Su autor, Israel Zangwill, nacido en Londres y miembro de una familia judía de inmigrantes rusos, consiguió con sus obras grandes éxitos de lectores. Sus obras fueron muy populares en ese Londres de finales del siglo XIX, pero quizás sea esta novela ‘El gran misterio de Bow’, muy valorada por Jorge Luis Borges que dijo de ella: «Una de las soluciones más brillantes al juego del cuento policial», la que aporte una mayor lucidez a este tipo de novelas por plantear ese suceso en un ambiente aparentemente imposible y con un rasgo importante, como es el naturalismo y la aproximación a la vida cotidiana de los personajes y de la ciudad, lo que le otorga una mayor verosimilitud al relato, distanciándose en esa alineación con lo real del gran maestro Edgard Allan Poe, al que alude el propio autor a lo largo del relato.
Y es que ese relato juega también con los propios antecedentes de estas novelas de misterio, no rehúye el citar al propio Poe así como el dejar constancia de otras actividades como la del periodista, el político... u otras disquisiciones más secundarias sobre las amas de casa, los poetas, los sindicalistas, la belleza. Se compone así un fresco humanizado a base de pizcas de un humor lleno de sarcasmo, que se mueve en el londinense barrio de Bow, que acaba siendo un personaje más por cómo se mueven en él los actores principales hasta esa parte final, absolutamente magistral, y sin duda lo mejor del libro, en el que se desarrolla el juicio y posteriormente se produce el esclarecimiento de los hechos, una convulsión del relato repleto de giros inesperados pero lógicos. En definitiva, un hallazgo más en el vasto océano de lo literario. ¡Bien por Ardicia!




Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 8/02/2014

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