domingo, 17 de julio de 2016

Clanes y clones

Incautación de cocaína en el barco South Sea en 2003 (Marloy)

No es fácil encontrar un libro sobre lo que supuso el narcotráfico en Galicia. Menos aún que ese libro esté tan bien escrito que se convierta en una excitante invitación a leer y a leer todo su contenido lo más rápido posible, y el más difícil todavía, que ese libro alcance una quinta edición. Pues todo ese fardo es el que nos coloca entre las manos Nacho Carretero, en un alarde de periodismo, literatura y valentía, todo ello cortado a partes iguales y servido en pequeñas dosis.
Con ‘Fariña’, editado por Libros del KO y a través de los diferentes capítulos o entradas en que se divide el libro, se encierra, no solo lo que significó el tráfico de drogas en Galicia, sino mucho de una idiosincrasia como comunidad, como agrupación de individuos capaces de convivir con una enfermedad endémica a la que no solo no se le hizo frente, sino que, en muchos casos, se convivió de manera feliz con ella intentando aprovecharse de sus réditos económicos, mientras teníamos medio cuerpo metido en el lodazal de la miseria moral.
En él se nos explica la implantación del narcotráfico como la culminación de un proceso orgánico, surgido de la carestía de postguerra y el estraperlo de productos de primera necesidad, pasando por el contrabando de tabaco, el hachís y finalmente la cocaína. Una especie de evolución natural del tráfico de sustancias que fue enquistándose en Galicia, y concretamente en las Rías Baixas, para degenerar en un narcofolclore de nuevos ricos, personajes excesivos, mansiones, coches de lujo, ajustes de cuentas, implicaciones políticas y víctimas. Estas últimas fueron las grandes damnificadas de la droga, miles de personas anómimas que vieron truncadas sus vidas y las de sus familias bajo el lazo corredizo del enganche a lo que para otros se traducía en millones y millones de pesetas primero y euros después.
Todos tenemos nuestra mayor o menor culpa en lo que supuso el tráfico de drogas en Galicia. Los datos de este libro estremecen al ponerle números y palabras a todo lo que nos rodeaba, generando un hábitat en el que el abismo se encontraba muy cerca, pero del que no nos preocupábamos mientras nosotros o los nuestros estuvieran alejados de él. Nuestra connivencia con aquello que en un principio, en los tiempos del contrabando de tabaco, se consideraba una actividad asumible, se fue pudriendo con el hachís y estalló en la locura de las drogas duras en una espiral que hizo que la policía, los jueces y los políticos se pusieran las pilas para impedir que todo lo que aquí sucedía llegase a un punto de no retorno. Los tentáculos de los protagonistas del tráfico de drogas fueron tocando todos los espacios de la sociedad, impregnándola de un hedor del que nos despertamos siempre demasiado tarde. Pero la droga y sus portadores seguían ahí y continúan estando. Esta semana se ha desmantelado a una organización que movía cien kilos de ‘fariña’ al mes desde la ría de Arousa.
Las acciones de la fuerzas de seguridad con el respaldo de jueces tan necesarios y que asumieron su responsabilidad, como Vázquez Taín o Baltasar Garzón, así como la suelta de amarras de la política con aquellos que durante años habían aportado dinero sucio a los partidos políticos, alivió a una sociedad que gritó a través de sus madres para poder decir basta. Al final siempre las madres son las que nos limpian el culo. Aquellas ‘Madres contra la droga’ asumieron el papel de la dignidad, del que gran parte de nuestra sociedad había dimitido enfrentándose a los clanes de la droga y a sus clones. Un relevo generacional e interfamiliar que llega hasta nuestros días, no tan alejados del ruido y la furia, del dolor y la vergüenza, de aquello que fuimos para calibrar parte de los que somos.

Nacho Carretero ha puesto negro sobre blanco a las crónicas periodísticas de aquel tiempo, a las voces de varios de sus protagonistas y también a las voces bajas, como podría escribir Manuel Rivas, de ese inframundo que convivió con el nuestro en feliz armonía y en simbiosis autodestructiva. Muchos se quedaron en el camino, y a ellos se les debía este libro, para que no suceda lo que se adivina tras la cita de Dwight D. Einsenhower que nos encontramos a la hora de iniciar el libro, pronunciada tras la liberación de Auschwitz: «Graben todo. En algún momento algún bastardo se levantará y dirá que esto nunca sucedió».


Encerrado en un Libro III. Publicado en Diario de Pontevedra 16/07/2016

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