domingo, 18 de septiembre de 2016

La carretera manda


Anda estos días el Grupo Deportivo Supermercados Froiz enfrascado en la última competición de la temporada, la Vuelta Ciclista a Galicia. No ha sido éste un año fácil para el equipo ciclista, contratiempos como lesiones o caídas han hecho que el equipo que dirige Evaristo Portela no haya conseguido los triunfos a los que nos había tan bien acostumbrado en las últimas temporadas. Pero esto es deporte, y el deporte depende de numerosas variables que condicionan cualquier actividad, cualquier competición, por mucho favoritismo que tengas o por mucho que tu palmarés te convierta en el rival a batir. El deporte es día a día, y en este caso, pedalada a pedalada.
Es precisamente cuando las cosas no vienen bien dadas cuando se demuestra el carácter del competidor y hasta el verdadero amor por su deporte. Entre laureles, aplausos y oropeles todos nos desenvolvemos con suma facilidad, pero, ¡ay, cuándo vienen mal dadas! El equipo que patrocina Supermercados Froiz, y por extensión Magín Froiz, fiel depositario en su propia empresa de las virtudes que el ciclismo precisa, trabajo, tesón, sacrificio y honestidad en su labor, ha venido liderando durante los últimos años el palmarés de su categoría. Un orgullo permanente para esta ciudad que tiene en este conjunto a uno de sus máximos exponentes deportivos, pero también de consistencia y honradez en una idea a través de un trabajo constante.
Afortunadamente los triunfos han ido llegando a lo largo de los años y solo una temporada aciaga como ésta, nos ha puesto ante el lado amargo de este deporte, pero aprovechémoslo para buscar ese lado positivo, el de la resistencia ante la adversidad, porque si algo pueden tener claro es que no escucharán una excusa ni una queja de su director deportivo. Quién en la victoria se ha comportado siempre como un señor, fijándose siempre en el trabajo de los suyos, y no en el de los demás, ahora fiará todo a que estos incidentes son cosas de las carreras, parte de un deporte peligroso y exigente que, de vez en cuando, se cobra un peaje por su belleza. Horas antes del inicio de esta Vuelta, el propio Evaristo Portela declaraba a este periódico que «Lucharemos por ganarla, después la carretera nos pondrá en el lugar en el que debemos estar». De nuevo la carretera, el valor de la carretera como elemento de incertidumbre en cualquier prueba ciclista, el lugar en el se que gana y se pierde, y en ocasiones hasta en el que se sobrevive. Y es que Evaristo Portela sabe bien de lo que habla, cada carrera, cada semana, cada temporada, es diferente, y es ese asfalto el que, como el alambre de un equilibrista, hace que uno se tambalee y caiga, o que permanezca en pie hasta llegar a la meta.
Acostumbrados a ganar y tras resistir, tras el crujir de dientes, el Super Froiz afronta la Vuelta a Galicia como todo un reto, el de una carrera exigente con un equipo repleto de juventud, un equipo de esos que cada año se saca de la chistera su director deportivo para seguir soñando con el ciclismo. «Que nadie nos impida soñar», es el titular que le regaló Evaristo Portela a Gemma Martínez horas antes del inicio de esta carrera. Y es que Evaristo Portela sueña en ciclismo. El ciclista que él mismo fue, el director que es y el equipo que ahora dirige forman parte de de ese sueño que todo ciclista de raza tiene, incluso más que por ganar, por subirse a una bicicleta, algo que legitima cualquier derrota ante la dureza de este deporte. Esta temporada muchos de esos sueños han sido pesadillas y preocupaciones, pero no duden que este equipo saldrá reforzado, que las enseñanzas habrán sido muchas y la próxima temporada será la de regresar a lo más alto de un ranking que esta escuadra ha comandado muchos años. 
Ahí tiene ustedes a Jonathan Castroviejo, contrarrelojista de calidad, que ha perdido varias medallas en Campeonatos del Mundo y en Juegos Olímpicos (la más reciente la de bronce en Río de Janeiro) por un puñado de segundos y que acaba de proclamarse primer campeón de Europa en esa especialidad. Seguro que mientras recogía su premio en el podio recordaba cada una de esas carreras en las que no pudo vencer, en las que estuvo tan cerquita de la gloria y ésta le rehuía. Una gloria tan difícil de calibrar pero en la que solo manda, quien si no, la carretera.


Publicado en Diario de Pontevedra 17/09/2016
Fotografía. David Freire


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