viernes, 14 de julio de 2017

«La vida es un reportaje que no se acaba nunca»

 Será mañana a las doce, en el Centro Social del Mar de Bueu, y bajo la organización de la Librería Miranda, cuando Juan Cruz reflexione sobre la vida y el periodismo, caras de una existencia que a veces recibe duros golpes. De eso se habla y se escribe en ‘Un golpe de vida’.



ES parte esencial del periodismo cultural de este país. En sus reportajes y preguntas se han explicado cientos de los mejores escritores del mundo a lo largo de casi cinco décadas de periodismo. Juan Cruz (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1948), acaba de recibir el Premio de Honor de la Asociación de la Prensa de Madrid en reconocimiento a su trayectoria profesional. Ahora presenta ‘Un golpe de vida’ (Alfaguara), una radiografía íntima, pero también del país en que nos encontramos. Un texto con un pie en el periodismo y otro en la vida, y en el medio alguien al que esta vez le ha dolido escribir. 
¿Qué puede esperar el lector de un libro en el que su autor escribe: «Este libro es lo más verdadero que he escrito en mi vida. Lo que más me ha dolido escribir»?
Cuando yo escribí este libro estaba en una situación humana tan dura que todo lo que escribía entonces estaba marcado por esa situación. Me sentí muy solo. El dolor de los demás te lleva a una soledad muy grande. No es una frase, es la muestra de una herida. El dolor de mi hermana no se me olvida nunca, ni un día, ni la incertidumbre que había sobre mi hija. Esos dos hechos que marcan el libro son para mí inolvidables a cada instante y eso me ha hecho la persona que soy ahora.
¿En qué momento fue usted consciente de la necesidad de escribir este libro?
En Perugia, en un castillo que, como se cuenta en el libro, fue donde se empezó a escribir lo que quería ser un libro sobre cómo a mí me había hecho un ser humano el periodismo. Y la verdad es que cuando estaba empezando recibí noticias duras de la vida, y ahí entró esa vida, y entró como un golpe. El libro ya se hizo otro. Este libro hubiera sido como ‘Egos revueltos’ o como ‘Especies en extinción’, referido al periodismo. 
¿Usted ha hecho del periodismo una manera de vivir?
El periodismo es mi vida. Yo desde que me levanto hasta que me acuesto estoy pendiente del periódico (Juan Cruz trabaja en El País desde su fundación en 1976) y no sé si esto es saludable. Es como una enfermedad venial, algo que te queda de la infancia o como el asma. Creo que el periodismo está siendo suplantado por artes que no tienen que ver con la linotipia, que es rabiosamente humana, sino con los algoritmos. Le decía hace unos días a mi primer director en Alfaguara, Emiliano Martínez, que hablaba de los algoritmos y de la edición literaria, que sólo una cosa que empieza por ‘algo’ es importante y es... algodón.
Usted todavía, tras tantos años en ejercicio, sigue transmitiendo la ilusión por el periodismo. ¿Cuál es la medicina para preservar esa ilusión?
Creer que la vida es un reportaje que no se acaba nunca. A mí cuando me piden que haga un reportaje, aunque sea un reportaje banal, me entra un entusiasmo inmediato, como si me estuvieran encargando que haga un avión. El encargo más importante para mí, aparte de la entrevista que hago siempre con gusto, es el reportaje. Soy feliz haciendo reportajes.
En el libro hay una frase maravillosa: ‘Periodismo es lo que pasa. Literatura lo que me pasa’. Explíqueme que hay detrás de esa frase.
Yo no soy un escritor cuando estoy en el periódico. Yo soy un escritor cuando voy en un tren de noche, y no entiendo lo que pasa, entonces escribo. Hubiera resuelto todos mis libros en cuatro o cinco poemas, pero me pongo a escribir y surgen asociaciones de ideas, hechos que han ocurrido y que son para mí importantes y regresan mientras leo. Mi literatura tiene que ver con la palabra yo, pero no es sobre yo, es contra yo. No soy una persona que se cree pagada de si misma, creo que la mayor parte de las cosas que hago, incluso trabajar, es porque no estoy seguro de estar haciéndolo bien.
¿Qué le debe aportar el periodismo a la sociedad? ¿Y ese aporte lo está viendo en nuestro país?
Para mí el periodismo debiera aportarle a la sociedad el sosiego de la veracidad. Nos estamos alejando de ello, por la influencia de la política, de las redes sociales, y también por la influencia de los periodistas que han creído que todo se puede decir sin haberlo confirmado, simplemente porque otro también lo va a decir.
¿Las redes sociales deshacen más que hacen?
Yo creo eso también. Las redes sociales son un instrumento para comunicar. Igual que el tren te lleva, pero si tú no vas de pasajero el tren no te lleva. Tú mandas una carta pero si va vacía no comunicas nada, pero el instrumento de comunicación funciona. Twitter, que es lo que más uso, es una caja que puede estar llena de virtudes... y de mierda.
¿Tras toda la vida preguntando quedan aún preguntas por hacer?
Sí, quedan todas las preguntas. Me acuerdo de un grafiti que vio Jorge Enrique Adoum, un poeta ecuatoriano, y que me lo contó Benedetti. Ahora muchos lo narran como si fuera de otros, y decía: «Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas». La pregunta, Ramón, siempre es inédita, tanto como la respuesta.
Usted que ha entrevistado a los más grandes escritores de las últimas décadas. ¿Cuál de ellos le ha impactado más por su personalidad, más allá de su obra literaria?
Tengo una larga serie de ellos. Nunca lo nombro, pero Le Clézio es formidable. Mario Vargas Llosa, es extraordinariamente auténtico, no dice nada que no esté pensando, y no es nada políticamente correcto, lleva hablando a favor del divorcio, del aborto o de los homosexuales desde siempre, no se guarda nada sobre aquello que tú le preguntes, a no ser que no sepa. Juan Carlos Onetti era maravilloso. Me gustó mucho el pintor Francis Bacon, era un ‘destroyer’, y Rulfo, es que son muchos.
Esta quizás sea la pregunta más difícil de responder para alguien que ha leído tanto. ¿Qué tres libros no se cansaría nunca de leer?
(Sorprendentemente rápido en su respuesta) ‘El extranjero’ de Albert Camus, ‘Tres tristes tigres’ de Guillermo Cabrera Infante y ‘El pez en el agua’ de Mario Vargas Llosa.
Si antes hablábamos de lo que le debería aportar el periodismo a la sociedad, ¿Qué le aportan los libros al ser humano?
El sueño de otros. La aventura ajena. Las dudas del prójimo. Cada libro es un soplo de vitalidad, una apelación a la tolerancia, un río de agua de todos los colores.
Regresemos para terminar a ‘Un golpe de vida’, un texto en el que usted no renuncia a radiografiar lo que sucede en nuestra sociedad. ¿Cómo siente Juan Cruz esta España que nos toca vivir hoy?
Creo que es una España rota por la banalidad, sometida a tópicos que son herederos de la banalización creciente de la política. Se ve en los debates parlamentarios, en el trabajo público de los políticos y de muchos periodistas. Configuran un momento extraordinariamente bajo que se transparenta en la conversación de la gente. Creo que la conversación no está a la altura del problema.

Suena un móvil al otro lado del teléfono, es la llamada del periodismo. Juan Cruz cierra una entrevista, otra más, antes de despedirse de ésta en la que él mismo es el protagonista, eso sí, antes de agradecer, con ese dulce soniquete canario que brinca siempre entre sus palabras, como el imperturbable rastro de la infancia, la atención prestada a su libro. Un libro de vida y periodismo escrito a partes iguales, como se escribe la vida de Juan Cruz.


Publicado en Diario de Pontevedra 14/07/2017

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