miércoles, 17 de febrero de 2016

El reino de la imaginación

Rue Saint-Antoine nº 170
Pintura Más conocido por su labor cinematográfica Mario Iglesias se evidencia como un poderoso pintor a partir de un bestiario impactante y unas geografías llenas de misterio e incertidumbres que nos transportan al territorio más necesario para el ser humano, el de la imaginación. Hasta el 29 de febrero en la Galería Sargadelos de Pontevedra.



Respiradero de su actividad como cineasta, seguro que mucho más autónoma y alejada de las carestías que el mundo de la cámara conlleva, la pintura en Mario Iglesias emerge con la fuerza de abanderar un reino de la imaginación. Un tentadero de experiencias, de visiones arrancadas del subconsciente o de quien sabe que rincón de su cerebro para exponer ante nosotros un delirio repleto de felices consecuencias. Como aquellos bestiarios medievales, o aquellas miradas solitarias al infinito de los pintores románticos, las escenografías hechas pinturas son todo un desafío para el espectador a la hora de contemplar un infinito abrumador. 
Ciudades flotantes, arquitecturas irreales, seres fantásticos.... son las y los protagonistas de estas piezas que, desde diferentes tamaños, se relacionan entre sí como componentes de un todo, ahora fragmentado en las diferentes miradas que representan este universo alumbrado por los pinceles en un estudio de pintura. Pocos espacios más genuinos que los estudios de los pintores para estrechar los márgenes de la realidad, para concebir espacios increíbles y para sugerir que nuestras miradas corran libres por donde nunca antes lo han hecho. Cada uno de los cuadros de Mario Iglesias son un receptor de miradas aburridas y cansadas de ver lo mismo, una realidad diaria que nos agota desde su propio agotamiento. Pensarse en el interior de esas naves surcando las olas, enfrentándonos a esas bestias marinas, o recorriendo esas arquitecturas imposibles no es tanto un desafío como una posibilidad. Una posibilidad para que nuestra mente y nuestra imaginación, en permanente estado de fosilización, se sacudan durante unos instantes esa esclerosis y vuelen durante unos minutos. No se me puede ocurrir mejor destino para una pintura, la de servir de ventana hacia la libertad. Y Mario Iglesias logra, además, desde su habilidad pictórica, que esas espumas o esas brisas marinas sacudan tu rostro y te hagan formar parte de un relato que tiene mucho de aventura juvenil, de aquellos libros, de aquellas lecturas que nos forjaron como lectores y a las que debemos estar siempre agradecidos. Seguro que el pintor también lo está, como también es seguro que muchas de aquellas narraciones forman parte del sustrato que motiva este conjunto de piezas sin muchas más pretensiones. Una vuelta a la infancia, al rescate de aquellos territorios que, una vez navegados o caminados, es imposible no volver a recorrer en algún momento de nuestra vida.
Y es, ya dentro de ellos, cuando surge ante nosotros la naturaleza. Auténtica medida del ser humano, y quizás la única. Una medida ante la que siempre acabaremos perdiendo para que así seamos conscientes de nuestro irrelevante papel ante ese medio, de nuestra finitud ante lo que nos rodea. Mario Iglesias se aproxima a unas naturalezas abisales, en efervescencia, panorámicas abruptas sobre mares embravecidas, cielos tumultuosos y oleajes que convierten a la naturaleza en un permanente duelo entre si misma y sus componentes. Y nosotros, empequeñecidos ante el espectáculo, asombrados por su inmenso e incontrolable poder, solo nos cabe pensar en que para lo poquito que somos lo mucho que nos creemos. Como aquel hombre de espaldas a nosotros asomado inmóvil ante el espectáculo de la naturaleza, el icónico personaje de Friedrich con su casaca y la melena al viento, en medio de un universo incontrolable al que nuestra presencia apenas incomoda. Es por ello que la pintura de paisajes está muy presente en el trabajo de Mario Iglesias, el captar los efectos del medio marino, los matices infinitos, las transparencias, las luces entre las brumas y las nubes, son parte de un complejo proceso de representación. 
Hace unas semanas escribía de El Bosco con motivo de la celebración del V centenario de su muerte e intentaba explicar su pintura, como una interpretación y visualización de los textos religiosos y escrituras tan presentes en la Edad Media. Recordemos como la pintura de El Bosco está repleta de espacios y seres inverosímiles. Con todas las distancias que ustedes le quieran poner, el imaginario de Mario Iglesias también actúa como un elemento de ignición de su pintura, a través de la interpretación de sus lecturas y experiencias, de aquello que le interesa del mundo de la pintura y que en conjunto converge hacia unos lienzos que provocan una sensación de turbiedad que engancha, precisamente por esa incapacidad de asimilar ciertas escenas, sin entender que, para su visión, debemos poner la distancia necesaria para sentir la pintura como una experiencia interior de quien la hace y la construye con las armas que él mismo necesita.

La Galería Sargadelos se abre como un gran mirador desde el que observar, hasta el 29 de febrero, una exposición repleta de fantasías, de miradas íntimas hacia un universo personal en el que confluyen numerosas cuestiones. De su decantación e interpretación a través del pincel emergen estas obras tan enigmáticas como cautivadoras ya que es precisamente, aquello que escapa de nuestro control, lo que nos provoca más curiosidad y en este reino, en el de la imaginación, la curiosidad es el pasaporte preciso.



Publicado en Diario de Pontevedra 15/02/2016
Fotografía: Javier Cervera-Mercadillo

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