lunes, 19 de diciembre de 2016

Equinoccio


Siempre es una buena noticia para una ciudad la apertura de un nuevo espacio cultural. Un refugio en el que ampararse de la que está cayendo ahí fuera gracias a la caricia que ofrece cualquier disciplina artística. Partiendo de esa situación la alabanza se incrementa cuando te encuentras un espacio como Nemonon, una nueva oferta que parte de la arquitectura, disciplina de trabajo de su propietario, Mauro Lomba, pero que se expande desde ese término griego que alude a la negación de la nada, es decir al todo, para proponernos un parnaso artístico, una acción global en la que pueden tener cabida todas las disciplinas humanísticas. Y como las cosas se pueden hacer bien, mal o regular, con entrar en esa sala de exposiciones uno ya se da cuenta de que aquí se han hecho de manera brillante. Una sala recuperada magníficamente como ámbito expositivo en la que las ventanas de su arquitectura dirigen nuestras miradas hacia un entorno privilegiado: los Jardines de Vincenti, el Instituto Valle Inclán, las copas de los camelios de la calle Frei Tomás de Sarria, es decir, Pontevedra por todas las esquinas que rodean a este edificio emblemático, Villa Pilar, en el que parece que el tiempo se ha detenido y te adentras en una nueva realidad subiendo sus monumentales escaleras, pasando junto a una bellísima escultura de un trabajador portando una luz, la perfecta metáfora de la fusión entre el mundo de las ideas y del trabajo. Ya solo gozar de lo que supone habitar una arquitectura con tanto peso es una bendición, pero cuando accedes a la sala de exposiciones esa sensación de sosiego que solo el arte es capaz de producir se incrementa gracias a la obra de Xaquín Chaves, el artista que con buen tino inicia la andadura de esta sala, y es que el lirismo pictórico de las obras de Xaquín Chaves le concede al espacio una sensación de levedad asombrosa. La interpretación que de diferentes momentos de la naturaleza se traducen en sus pinturas y esculturas son un puro goce estético de un pintor que cada vez pinta mejor, que cada vez condensa de una manera más emocionante lo que sucede a su alrededor y que cada vez se expresa de una manera más poderosa a partir del material, ya sea éste materia pictórica o elementos de la naturaleza que revitalizan su dimensión originaria para reinterpretarse como objetos artísticos.

Ejercicios lumínicos, nubes, paisajes, territorios entre lo real y lo irreal conforman esta exposición que el pintor de Vilaxoán integra de manera perfecta en las paredes de la sala, buscando la conexión con el exterior, con las palmeras y con esas camelias que se lanzan a brotar cuando el invierno anuncia de manera definitiva su presencia. Colores de un exterior que comparamos con los de los cuadros del pintor, con esas pinceladas que se apoderan de una superficie convertida ya en un territorio puramente emocional, en el que la tradicional impresión pictórica buscada en un instante concreto al enfrentarse con el medio natural se convierte en una poetización de lo visto, o mejor dicho, de lo sentido. Al fin y al cabo lo que Xaquín Chaves consigue es pintar sentimientos, rimarlos como versos a través de una gestualidad que queda impresa en un cuadro que discute sus propios límites plásticos para sugerir esa narrativa de lo vivido. Con independencia de su tamaño, desde el enorme Equinoccio, que le presta su título al conjunto de la exposición, hasta otras pequeñas piezas que colonizan otras estancias de Villa Pilar, esa sensación se consigue y se transmite plenamente a un visitante que, por otra parte, no deja de fijarse en los detalles de ese interior de Villa Pilar adecuado a la nueva arquitectura que Mauro Lomba integra en la original de principios del siglo XX resucitada un siglo después. En esas piezas Xaquín Chaves también baliza sus referentes culturales, Oteiza, Rothko... miradas a esas otras esencias de la admiración y del aprendizaje, que se van integrando con la de esa gran maestra que es la naturaleza, protagonista absoluta de esta exposición que inicia una andadura como galería esperemos que a la altura de este debut magnífico y que ojalá haga de Villa Pilar un punto de acción clave en la cultura de una ciudad que vive una agitación en ese aspecto llena de posibilidades, con nuevos proyectos, nuevos agentes, en definitiva, con nuevos protagonistas.



Publicado en Diario de Pontevedra 17/12/2016
Fotografía David Freire

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