luns, 15 de xuño de 2020

Poesía a ras de suelo


[Ramonismo 28]
La poesía de Ben Clark es una búsqueda en la exploración de la vida desde el verso, generando así un permanente destello



REGRESAR de la muerte es improbable./ Regresar del amor, un imposible». Así comienza uno de los poemas del último libro de Ben Clark, ‘¿Y por qué no lo hacemos en el suelo?’, recientemente editado y puesto en la calle dentro de la colección Espasa de poesía. Ese salir a la calle tiene en la poesía de Ben Clark mucho de regreso, como en el inicio de su poema, ya que la poesía de este autor nacido en Ibiza en 1984 e hijo de padres británicos, tiene un férreo hilo que la sujeta con la calle, es decir, con cada uno de nosotros, sin impostaciones ni altisonantes palabrerías. Cada poema de Ben Clark es una búsqueda constante de ese poema que, como un planeta, orbita a nuestro alrededor para explicarnos, para intentar hacer de nosotros un destello en esa constelación de vidas que es nuestra sociedad.
Ben Clark logró ya, pese a su juventud, importantes reconocimientos, los premios Hiperión (2006), El Ojo Crítico (2014) y el Premio Loewe (2017). Este último por el libro ‘La policía celeste’ (Editorial Visor), uno de esos poemarios que hay que guardar a buen recaudo, un telescopio convertido en una constelación de poemas que uno rastrea como si lo hiciera en la búsqueda de un planeta por descubrir. Y es que muchas veces un poema es eso, un astro desde el que recoger la vida para entender la existencia propia, mientras, a su alrededor, orbitan diferentes satélites como la intimidad, la familia o el amor.
Ese amor es el que en ‘¿Y por qué no lo hacemos en el suelo?’, se convierte en ese gran astro luminoso que todos conocemos, aunque nunca del todo. Dedicar un libro de poemas al amor es recuperar una parte de la poesía que en los últimos años se ha visto distraída entre otras pretensiones consideradas como más necesarias o que le otorgarían al poeta una mayor consideración por la crítica, no pasando la presencia del amor de un par de poemas dentro de un conjunto amplio de textos. Ben Clark recupera, por lo tanto, esa consideración del amor como uno de los grandes temas de la poesía, quizás incluso como el origen de la misma y uno de sus máximos catalizadores a lo largo de los tiempos. Sería interminable el listado de poetas que del amor hicieron tema, desde el primigenio Petrarca que discutió la oscuridad del amor divino con el amor terrenal, pasando por Lope de Vega, los simbolistas franceses, Neruda, Cernuda o Gil de Biedma, por dejar anotados algunos nombres. A ellos se le suma Ben Clark con este itinerario amoroso que él mismo entiende como una compañía y cómo, a partir del disfrute del amor, podemos sentirnos vivos. Es cierto que cada amor es una vida entera, un proceso de aprendizaje que se fragua entre dos a partir de la experiencia compartida. Sobre ese trayecto común se balizan estos poemas donde transitamos entre batallas de besos, sufrimientos y perdones, caricias y portazos, culpas y recorridos por esa geografía de la piel que tanto nos turba, pero que solo el poeta es quien de convertir en palabra y en esa mirada precisa y sólida que consigue este lenguaje que Ben Clark convierte en destello gracias a su maestría y a esa reducción a lo importante conseguida en cada palabra y en cada verso medido hasta la emoción desde la pregunta: ¿Y por qué no lo hacemos en el suelo?, y la respuesta: «ya solo hay que ascender».


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 13/06/2020

Ningún comentario:

Publicar un comentario