lunes, 5 de enero de 2015

Con un poema nunca es tarde




OCHO años sin publicar poesía. Ocho años sin ejercer de poeta público. Ocho años pensándose a sí mismo e intentando componer un itinerario vital a base de palabras en privado, pero sobre todo, a base de palpar la vida. Con un poemario bajo el brazo nunca es tarde para descubrirse, para intentar entender el momento al que se llega tras revisar esos ocho años en los que todo se puede haber puesto patas arriba.

Y algo así se parece detectar en este poemario con el que se coloca en nuestras manos un hatillo de poemas que parecen resumir esa cronología provocadora de una piel erizada que presagia que no todo ha sido bueno. A ella, el bálsamo de la poesía le sirve para suavizar ese discurrir vital, para convertir en silencio el ruido que tantas veces nos confunde y así, desde ese silencio convertido en ecosistema para el poeta, ejercer su pensamiento como baliza de un itinerario íntimo establecido a base de unos poemas estremecedores, repletos de frases de esas que uno se tatuaría en el alma para entender mejor al ser humano o, simplemente, para disfrutar con la capacidad de la poesía para radiografiar nuestros sentimientos, nuestras pasiones y también, como no, nuestras frustraciones.

Benjamín Prado nos va a aproximar a territorios tan reveladores de la personalidad como las lecturas (apoteósico y emocionante ese ‘Libro de familia’) o los viajes (¡qué ganas de partir a conquistar todas esas patrias!), pero también, las amistades (o como escribe el poeta ‘Los camaradas’), el desamor (el rastro de los barcos quemados) y el amor (esa única bandera); ambos, amor y desamor, enarbolados como tira y afloja que tantas veces nos sacude hasta el punto de dejarnos sonados. Y es que no hay poco amor en este libro, ¡qué sería de un poeta sin amor! Se palpa el rastro del amor pasado, clausurado y agotado en sí mismo, fagocitador de almas y cuerpos; pero también está presente el renacer al amparo del nuevo amor, la recuperación de la ilusión y la redención del hombre.

Sobre ese nuevo amor se erige firme todo este poemario, ya que ese vendaval que se palpa entre los versos impulsa esta nueva singladura por la poesía, esta recuperación del poema como terapia contra el olvido, como victoria frente al tiempo y como búsqueda de ese silencio cauterizador de lo que nos agrede. Poemas que tienen algo en su conjunto de redondez, de un trabajo muy preciso y medido, una rotundidad que se traslada al lector que, al poco tiempo, tras rastrear los cinco o seis primeros versos, incluido ese honesto poema umbral, ‘Cuestión de principios’, percibe que esto va en serio, que este libro no es un poemario más, significándose como un jalón en la vida, una nueva dirección en el caminar acompañado de un equipaje mucho más pesado, pero mucho más saludable y provechoso. Un petate que se mueve con una ligereza asombrosa... y al final, quién si no, María.






Publicado en Diario de Pontevedra y
El Progreso de Lugo 4/01/2014

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