viernes, 30 de enero de 2015

Del Urbanismo a la pintura de fondo

Rue Saint-Antoine nº 170

Pintura ▶ De dirigir el urbanismo de Pontevedra a finales de los años noventa a vivir ahora un intenso momento como artista plástico. Fernando Lafuente comienza el año con numerosos proyectos que confirman la reinvención de un hombre que abandonó la política para caer en brazos de la pintura. Una dama que nunca defrauda.


Una licenciatura en Belas Artes, un Premio Novos Valores, veinticinco kilos menos y dieciocho maratones después arranca un frenético año para Fernando Lafuente con dos exposiciones, una abierta actualmente en la sede pontevedresa de la Xunta de Galicia y otra que se inaugurará el 3 de febrero en la Casa de Galicia en Madrid. A ambas hay que unirle la apertura de un espacio en la calle Manuel Quiroga, ‘Piso dos’, junto a otra creadora, Rosa Neutro, también salida de la facultad de Pontevedra, dedicado a ofrecer un espacio a quienes tantas dificultades tienen para visibilizar su talento. Algo que le preocupa mucho a Fernando Lafuente al ver como varios de los que estudiaron junto a él están dedicándose a otras labores, desanimados por esa falta de oportunidades. A esa facultad llegó para resolver una inquietud y lo que hizo fue abrirse un nuevo futuro con la pintura como pasión y la exigencia como guión.
Atrás queda su etapa como concejal de Urbanismo en el Concello de Pontevedra, bajo el mandato de Juan Luis Pedrosa, y llega la decisión de aprovechar la presencia en Pontevedra de una facultad de Belas Artes. Dejar el Concello le permitió descubrir la cantidad de tiempo de que se puede disponer a lo largo de un día para dedicarse a otras facetas de la vida que colmen las apetencias y necesidades del ser humano. Es entonces cuando el mundo de la plástica, siempre muy presente junto a su formación como arquitecto, asoma para realizar una de esas llamadas decisivas. «De pequeño pinto en las mesas en las que trabajo, mis libros están dibujados y me dedico a la arquitectura, una carrera muy exigente con el dibujo y quedas un poco harto de esa limitación. Siempre tuve una gran preocupación por el arte, por asistir a exposiciones, y un buen día decido aprovechar la oportunidad de ampliar conocimientos en una facultad muy cómoda para mí por la proximidad a mi vivienda y a mi estudio. Sin más pretensiones», comenta Fernando Lafuente. Pero esas pretensiones se fueron convirtiendo en un reto y también en una obligación moral con uno mismo al ver como muchos posibles alumnos se quedaban fuera de entrar en esa carrera. «Si alguien se ha quedado fuera porque yo he entrado creo que debo ser consecuente con mi decisión. Y es cuando me lo tomo más en serio de lo que pensaba, pasando de aquella intención de asistir a un par de clases a la semana a no perderme ninguna», recuerda el artista, al tiempo que hace balance de su relación con el resto de sus compañeros, mucho más jóvenes que él: «Al principio hubo una cierta fricción, muchos pensaban que el profesor era yo, me preguntaban cosas, me decían que mañana no podrían venir a clase, me veían como un padre, cuando muchos de ellos buscaban huir de la presencia paterna.  También yo hacía muchas preguntas a los profesores, era muy exigente con ellos, y ahí también me podían ver como un poco repelente. Pero todo eso fue cambiando, aquel Fernando paso a ser Fer, y soy uno más. Hoy mantengo muy buena relación con ellos y sigo lo que hacen».
Y de los alumnos a los profesores y ahí Fernando Lafuente no encuentra calificativos suficientes para valorar todo lo aprendido. Enseñanzas de unos, los alumnos, y de otros, los profesores. Todo ello cristaliza en una licenciatura y en plantearse un camino desde la plástica, sobre todo basado en el material y ciertas resistencias de materiales que veía eran complicadas para sus compañeros. Buscar la tensión desde el soporte, y es cuando Fernando Lafuente comienza a pintar sobre la madera que irá descomponiendo. «Pintar, cortar y componer otra vez. Es un proceso de destrucción y construcción». Explica el autor sobre el proceso de un trabajo que hasta el 30 de enero podemos ver en la sala de exposiciones de la Xunta de Galicia en Pontevedra, con doce grandes piezas en las que se empieza a trabajar pero no se sabe como va a concluir. Piezas libres, que huyen de sus bordes, de espacios contenidos y buscan su libertad compositiva, desde una crítica personal que lleva hasta el extremo y que era algo en lo que insistía a sus compañeros de promoción: «Tenéis que ser críticos. No todo vale, hay que seguir investigando, no todo lo que hacemos es válido». Yo nunca me conformo con el resultado, siempre busco algo con la esperanza de no encontrarlo nunca. Si lo encuentro lo dejo», explica Fernando Lafuente como esa gran meta que nunca se debe atravesar.
Sí que cruza otras metas quien tiene en el deporte, y en correr maratones, otra de sus vertientes, tan terapéutica como la pintura. Lleva ya 18 finalizados y mientras corre piensa en cual va a ser su próxima obra, su próximo desafío en esa pintura de fondo.






Publicado en Diario de Pontevedra 25/01/2015
Fotografía: Fernando Lafuente ante una de sus obras (Rafa Fariña)

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