miércoles, 14 de enero de 2015

París, geografías humanas



No son estos días los más favorables para las calles de París, para sus incomparables rincones y escenarios míticos. Cuando el horror y el terror se han apoderado de una ciudad hecha luz, la lectura del último libro publicado del recientemente galardonado con el premio Nobel, Patrick Modiano, es un ejercicio de reconciliación con París y con esas calles. Escenario de infinitas aproximaciones literarias, en pocos autores como en éste la ciudad toma cuerpo como un personaje más, una especie de itinerario pegado a la vida y las vidas de los diferentes protagonistas que la convierten en parte de su existencia.
Cada novela de Patrick Modiano es una exaltación de la ciudad como mapa existencial, una acumulación de hitos que se fijan en el discurrir de los personajes y sus circunstancias. Circunstancias como la de un accidente de tráfico en el centro de París capaz de provocar que el protagonista deba recorrer un doble camino; uno, establecido por el pasado y los recuerdos que la turbación surgida de ese accidente han provocado en él; y otro, actual, generado por la búsqueda de la mujer que participó de ese accidente, resuelto bajo una nebulosa que pretende aclarar días después la persona afectada.
Esa situación es la que permite al autor actuar desde ese ejercicio memorialístico tan presente en su obra, una memoria entendida como explicación del presente, un presente nocturno y lleno de sombras, de escenarios por donde se sabe que se ha pasado como parte de ese devenir que te hace llegar a un punto, no tan físico como humano, no tan geográfico como vital. Desde esa meta se interroga por la propia conducta y aquello que le rodea.
Como sucede habitualmente con Patrick Modiano sus novelas son breves, pero llenas de recursos, de momentos literarios espléndidos donde consigue fundir lo real con lo imaginado, o lo que no está realmente claro que haya sucedido. Una incertidumbre que te acompaña a lo largo de todo el relato y que lejos de distraer la atención del lector lo que consigue es hacer que forme parte de esa pátina de duda. Ahí es donde te encuentras envuelto por la evocación prosística del autor francés, por la confabulación literaria que es capaz de sustraerte de lo real para hacerte caer en lo mitológico, allí donde los siglos y los años han ido sedimentando nuestra conciencia como sociedad y a la que volvemos en un recorrido expiatorio cuando algo nos sobresalta.
Aquí ese sobresalto procede de un accidente, de un accidente nocturno, cuando las luces de los coches y la ciudad iluminan la oscuridad de la noche que nos envuelve y en la que solo somos sombras, gestos de una personalidad que necesita saber mucho de lo pasado para entender el hoy y pensar el futuro. Un futuro que debe seguir instalado en el fragor de la Libertad, en la capacidad de la Igualdad y en la necesidad de la Fraternidad. Y todo eso es París.




Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 11/01/2015

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