domingo, 2 de agosto de 2015

Duende Neville

Encerrado en un libro V



Sombrero hongo, bigotillo recortado, bastón fino, traje ancho y polvoriento y unas viejas botas. Es evidente, hablamos de Charles Chaplin, pero, ¿quién es ese apuesto joven que se sienta junta a él en esta fotografía? A buen seguro muchos de ustedes lo desconocerán, su nombre, Edgar Neville (1899-1967), uno de esos personajes que la cicatera historia de este país se ha dedicado a orillar, primero por unos, y luego por otros, porque este país se mueve así, por lo de los unos y lo de los otros. Los que pensaron que Neville, por desarrollar su labor en el cine que le tocó vivir en los tiempos de Franco, era un adscrito al Régimen y a ese cine que tan frívolamente se calificó como de exaltación a base de recreaciones históricas y folclorismos varios y los que desde dentro del Régimen consideraron que sus excesos vitales, los constantes enfrentamientos con la censura y mucho de lo que pasaba en sus películas, obras de teatro y novelas, no casaba bien con sus postulados patrióticos. Así las cosas entre unos y otros Neville se fue considerando un outsider, quizás el primer cineasta de autor del cine español, y el que junto con Luis Buñuel, Luis García Berlanga y de manera reciente Pedro Almodóvar han creado una trayectoria más singular y poderosa dentro de la cinematografía española. Esto lo digo yo, no lo dice ningún libro de cine, porque en esto ya sabe que cada uno tiene sus filias y sus fobias y sus querencias.
Una de las mías es la obra cinematográfica de Edgar Neville a la que llegué de manera inocente en una mañana de martes de un día inolvidable en la que en la asignatura de Historia del Cine Español, nuestro profesor, el catedrático de cine, Ángel Luis Hueso, tuvo a bien proyectar en clase uno de sus títulos más conocidos, ‘La vida en un hilo’ (1945). Sí, el mismo título que tiene este comentario periodístico, ya lo saben ustedes, secreto desvelado tras muchos años de preguntas de por qué se llama así. Retomo el hilo, ya que el día anterior, otro de esos milagros que de vez en cuando asoman por nuestra televisión, el programa de José Luis Garci, ¡Qué grande es el cine! emitió una película de un director norteamericano autor de comedias de las llamadas sofisticadas: ambientes elegantes, brillantes diálogos, excelente trabajo de actores y un inteligente guión lleno de giros,  ‘Al servicio de las damas’ (1936) de Gregory La Cava. Tras ver esta fantástica película, de un director también injustamente olvidado en aquel Hollywood irrepetible y tras compararla con ‘La vida en un hilo’, lo cierto es que no había tantas diferencias, algo sorprendente tras oír machaconamente el prejuicioso estribillo sobre el cine español de los años cuarenta. Ahí se despertó en mí una curiosidad que, con el conocimiento y el tiempo, se convirtió en admiración por una trayectoria llena de puntos álgidos con obras como ‘La señorita de Trevélez’, ‘La torre de los siete jorobados’, ‘Domingo de carnaval’, ‘El crimen de la calle de bordadores’, ‘Nada’, ‘El último caballo’, ‘El baile’ o ‘Mi calle’. En todas esas películas hay una filiación con el universo de Hollywood, tanto en los métodos de trabajo como en la importancia del guión o en la narración, un espacio que el director conoció tras varias estancias allí, en las que merced a su carácter, rápidamente estableció afinidades con los más importantes nombre del star system como Charles Chaplin, Douglas Fairbanks o Mary Pickford entre otros y que supo adaptar al universo social y visual español.

La vida de Edgar Neville daría para una película por su cosmopolitismo, miembro del cuerpo diplomático, escritor, jugador internacional de hockey sobre hielo, apasionado de la buena vida, amigo de personajes como Lorca, Ortega y Gasset o Ramón Gómez de la Serna, espíritus incorporados a su obra... y así seguiríamos hasta formar un cóctel apasionante. Pues a esa pasión nos conduce de manera magistral el autor de este libro ‘Edgar Neville. Duende y misterio de un cineasta español’, Christian Franco Torre, quien de manera no sólo didáctica sino brillantemente estructurada, escrita y repleta de datos e información nos transporta en un viaje surgido de una tesis doctoral pero que desde ya es un manual imprescindible para los amantes del cine, los que conocían y los que no a Edgar Neville, quien, desde que tomen este libro en sus manos, se convertirá en un director imprescindible. Un director con duende.




Publicado en Diario de Pontevedra 1/07/2015
Imagen: Charles Chaplin y Edgar Neville en Hollywood en 1928

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