miércoles, 13 de diciembre de 2017

«Mi relación con Pontevedra es instintiva. Cuando vengo siento que soy de aquí »

Rue Saint-Antoine nº 170
Jorge Castillo (Pontevedra, 1933) exhibe en el Museo de Pontevedra una exposición retrospectiva en la que se puede rastrear su larga y exitosa trayectoria. El más internacional de nuestros artistas propone así un viaje junto a sus seres y formas unidas a través de los años por una irrenunciable búsqueda de la emoción, la misma que busca en el espectador.

Jorge Castillo ante el mítico tríptico 'Palomares' (1969). Gonzalo García

Como dos amantes que se encuentran cada cierto tiempo Pontevedra y Jorge Castillo se convocan durante las próximas semanas para seguir entendiéndose. Y para ello la pintura es el mejor motivo, el lubricante necesario para que esa pasión siga viva. Jorge Castillo se instala en el Museo de Pontevedra para sorprender y admirar, pero sobre todo para convencer a los pontevedreses, sus vecinos, de que la suya es una pintura de la emoción.
¿Cómo siente usted Pontevedra?
Pues con mucha fuerza. Cuando vengo siento que soy de aquí. Es algo instintivo y a través de esta ocasión tan bonita es más intensa esa fuerza.
¿Cómo ha sido su relación con esta ciudad a lo largo de los años?
Yo he mantenido una relación con la ciudad que se ha prolongado a lo largo de los años, algún año no he podido venir, pero creo que en los últimos treinta años he hecho uno o dos viajes al año a Pontevedra. Pero muchas veces los he realizado no para encontrarme con alguien sino para ver la ciudad.
¿Y estos días preparando la exposición que le ha llamado la atención de la ciudad y cual es su espacio preferido?
Una situación que me ha llamado siempre la atención es un aire de tranquilidad extraordinario. Hay una sensación de humanidad en toda la ciudad, en la manera de la gente de hablar, de moverse. Para mí la iglesia de la Peregrina siempre ha sido un punto muy atractivo. Tan alta, estrechita, como una hermosa mujer.
Su vida se ha caracterizado por la itinerancia. ¿Qué le ha aportado esa situación a su pintura?
Todas las ciudades grandes o pequeñas tienen algo que aportar y siempre es mucho, y eso siempre se pega y te influye.
¿Cómo recuerda Jorge Castillo el inicio siempre complicado de un artista?
Es cierto, todo comienzo, sobre todo desde el punto de vista material, es problemático, pero ya está olvidado y cuando veo un cuadro realizado en los años cincuenta siento una gran emoción, la misma que sentí en aquel momento. Esa es la búsqueda de mi pintura, la de la emoción.
¿Quizás lo más complicado haya sido encontrar un lenguaje propio?
Por supuesto. Yo no tengo maestros. Todos los grandes pintores de la historia han sido mis maestros. Me interesan todos los movimientos artísticos, sin pertenecer a ninguno, y me he quedado con lo realizado por mis antecesores. Desde el principio he encontrado un estilo personal que me ha causado muchos problemas, pero sí, la satisfacción es ese camino propio y singular ya que la originalidad no está muy bien vista.
A lo largo de tantos años de trayectoria ha conocido ha muchas personalidades de la cultura. ¿Quién le ha impresionado más?
Han sido muchísimos, pero creo que quien más me ha impactado ha sido Giacometti. Fue una relación breve, en Ginebra. A él le gustaban mucho mis dibujos y me animó a que hiciese escultura, como así fue. Yo era muy joven, tenía treinta años, él era alguien muy inteligente y extraordinariamente sutil, alguien muy conciso que me aportó mucho. Y tampoco me puedo olvidar de Sartre. Fue alguien con quien discutí bastante y de quien se aprende. Son personas que permiten desarrollarte en una gran medida.
¿Qué supone para Jorge Castillo ver tanta obra reunida en un lugar especial como Pontevedra?
Me encanta. Esa cantidad de piezas, 87, de diferentes épocas reunidas en mi ciudad. Es una gran alegría, aunque ya se han hecho más exposiciones retrospectivas y siempre son impactantes, en Pontevedra es muy especial.
¿Y de que se siente usted más satisfecho en medio de tantas piezas?
Me siento satisfecho del camino realizado. Cuadro por cuadro es normal que unos se impongan a otros, y además mi juicio no es el mejor, es un juicio, un crítico tendría otro, pero lo importante es el proceso realizado a lo largo de ese camino tan satisfactorio.
¿Qué le preocupa a Jorge Castillo cuando comienza una obra?
El ser capaz de captar esa emoción de la que hablábamos antes. Una figura, un objeto o un paisaje, eso da igual, lo que busco es que a mí me produzca una emoción y que eso logre una misión. Las formas académicamente pueden ser muy diversas, pero yo rechazo el academicismo y si esa forma no me emociona la abandono.
En la exposición se han intercalado cuadros de diferentes épocas, sin un criterio cronológico lineal
Claro. El montaje lo he planteado yo mismo y no tengo en cuenta para ello las fechas. Para mí el arte es una cuestión de espacio y de pensamiento. También entiendo que las personas no son viejas por su edad y sí lo son por su espíritu. He distribuido las obras por las relaciones que ese establecen entre las diferentes piezas ya que mis cuadros son una gran familia de seres autónomos.
¿Semeja un universo muy singular de personajes que viven una realidad paralela a la nuestra?
Me alegro mucho de que usted lo vea así, porque en mi obra se produce esa mezcla de personas que actúan entre sí y viven diferentes existencias.
¿Jorge Castillo sigue pintando cada día?
Sí, cada día. Bueno, cuando no lo hago escribo, y escribo mucho además. Pero es lo mismo cuando pinto o cuando escribo, ya que para mí son situaciones que van de la mano. Yo escribo en el sentido no estrictamente literario de la palabra, trato escribir cosas que tengan que ser dichas por la voz humana y eso se relaciona de manera muy directa con lo que pinto.


Publicado no Diario de Pontevedra 11/12/2017


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