luns, 6 de maio de 2019

Un hito en el camino

Rue Saint-Antoine nº 170
Memoria. El año 1999 asistió, mes a mes, hasta su inauguración en julio, a la configuración del conjunto escultórico que ocupa la Illa do Covo y, desde entonces, también conocida como Illa das Esculturas. Doce de los mejores creadores del mundo dejaron su impronta en Pontevedra para la historia. La primera de ellas fue la de Ulrich Rückriem


Pocas ciudades del mundo pueden hablar en los términos que podría hacerlo Pontevedra con una conjunción de creadores de la magnitud de los que en 1999 se pusieron manos a la obra para generar la Illa das Esculturas. Y digo que podrían hablar porque en Pontevedra se habla poco de la Illa das Esculturas, un espacio más activo y aprovechado desde su función natural, como ámbito de esparcimiento urbano o como escenario de citas musicales, que como un reducto cultural de inmensas posibilidades, de haber apostado por su difusión, explicación e incorporación al patrimonio artístico de la ciudad.
Intenten buscar otro lugar en el mundo en el que Richard Long, Giovanni Anselmo, Robert Morris, Jenny Holzer, Francisco Leiro o Fernando Casás coincidan con su trabajo en un único espacio. Pero es que a ellos debemos sumarle a Enrique Velasco, Ulrich Rückriem, Ian Hamilton Finlay, Dan Graham, José Pedro Croft y Anne & Patrick Poirier. Doce nombres colosales del trabajo escultórico en la naturaleza, muchos de ellos inscritos ya en la historia del land art, cuyas acciones se estudian en cualquier Facultad de Bellas Artes o de Historia del Arte de todo el mundo. Pues los doce están a unos pocos pasos del centro de Pontevedra y allí comenzaron a llegar hace justo veinte años.
Bajo el comisariado de Rosa Olivares y Antón Castro, y con el impulso de la celebración del Año Xacobeo de 1999, surgió este proyecto que venía a reivindicar a la naturaleza como escenario, pero también como protagonista, y a nuestro granito, como material irrenunciable para crear, al igual que Italia pueda hacerlo con el mármol. Homenaje también a nuestra larga trayectoria vinculada al mundo ancestral de los canteiros, ahora revisitada desde la escultura que, desde mediados del siglo XX, desafío al mercantilismo de las galerías de arte y al acomodo especulativo de miles de artistas. Movimientos como el land art o el arte póvera pusieron en discusión esa situación del arte y, desde una depuración formal, plantearon un lenguaje con mucho de primitivo, pero también con una poética del paisaje llena de potencialidades para su disfrute. El acto creativo tomaba así una enorme importancia, más que el futuro final de la propia obra. Un lenguaje procesual que posteriormente la naturaleza sería quien de rematar y reinventar.
La primera de las piezas que se instalaron en Pontevedra, con la inestimable participación de la Escola de Canteiros, fue la del alemán Ulrich Rückriem. Su obra ‘Sin título’, colocada en una intersección de caminos es una gran estela de granito rosa de Porriño compuesta por seis grandes cubos, cinco de los cuales ascienden desde la superficie, mientras bajo tierra un sexto bloque hace las funciones de las raíces de este árbol pétreo en que parece convertirse la pieza, ubicada cerca de un grupo de árboles que se mecen al viento. Una obra que recupera ese valor simbólico de las antiguas estelas de las culturas primitivas que señalaban un territorio natural, una especie de imposición del ser humano ante la libertad de la naturaleza y la domesticación de ese espacio abierto. La obra multiplica sus significados con el juego permanente entre su verticalidad y la horizontalidad del río al que se asoma, del mismo modo, su contundencia e hieratismo parece diluirse frente al continuo fluir de las aguas del Lérez.
Fue, y conviene recordarlo, agredida a los pocos días de su creación con sucesivas pintadas, ataques vandálicos que poco a poco han ido desapareciendo de un espacio felizmente aceptado por la ciudadanía que lo respetaría y valoraría todavía en mayor medida si realmente fuese consciente del valor de todas estas piezas.
Con un recubrimiento antigrafiti y con la ignorancia sobre lo sucedido con su ‘estela’, el artista alemán llegó a Pontevedra para inaugurar su obra en el mes de mayo. Todavía recordamos los que allí estuvimos su carácter jovial y desenfadado. Un hombre feliz ante los resultados de su trabajo: «no suelo volver nunca más a los sitios donde instalo mis columnas, pero creo que esta vez lo haré», declaró a los medios entre gestos de felicidad. Al lado de su escultura, en la que esos orificios entre los bloques son la señal de la maquinaria, del trabajo del cantero o del operario en la propia naturaleza, algo que siempre está presente en su labor, se acompañó por el alcalde de la ciudad, Juan Luis Pedrosa, el conselleiro de Cultura, Jesús Pérez Varela y la delegada provincial de Cultura, Pilar Rojo quienes, junto a los comisarios, pusieron el primer hito en el camino. El primer hito en la Illa das Esculturas.



Publicado en Diario de Pontevedra 6/05/2019
Fotografía. Autoridades atendiendo a las explicaciones del artista alemán Ulrich Rückriem ante su pieza en la Illa das Esculturas de Pontevedra. (Rafa Fariña)


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