martes, 17 de junio de 2014

300 años



Pocos entes o instituciones en nuestra ciudad pueden presumir de cumplir 300 años de existencia. La Iglesia de San Bartolomé los cumple en este verano que asoma con fiereza durante estos días, y recuerda su consagración el 12 de agosto de 1714. 300 años que obviamente dan para mucho, desde el apartado artístico al religioso, pasando por la llegada de la Compañía de Jesús a nuestra ciudad, la presencia de la fábrica de tejidos de los Hermanos Lees, el colegio de Gramática o el Instituto Provincial en la segunda mitad del siglo XIX. A todo eso y más rinde tributo una extraordinaria exposición que, de la mano del equipo del Museo de Pontevedra, con el comisariado de Mª Ángeles Tilve Jar, se muestra dentro de sus propios muros. Muros rehabilitados y resucitados para una ciudad que ha tenido el acierto de recordar esta efeméride. Y lo ha hecho de una manera ejemplar, como transmitió en la inauguración de la misma el párroco de San Bartolomé, Raúl Lage Radío, quien puso de manifiesto la colaboración entre instituciones y lo fructífero que eso resulta para la comunidad. Tiene toda la razón, y ojalá eso se vea en más ocasiones, como también es una pena que esta exposición, con un largo esfuerzo tras ella, y que se reconoce a lo largo de la misma, se clausure ya este próximo domingo. Solo 16 días después de su apertura. Una lástima.
Todo el corpus que centra la exposición se centra fundamentalmente desde el punto de vista del tratamiento histórico y científico del nacimiento del templo jesuítico, creado a imagen y semejanza de la casa matriz de la Compañía, la Iglesia del Gesú de Roma, uno de los edificios barrocos que más consecuencias han tenido en arquitecturas posteriores, ya que interpretaba de manera certera los nuevos postulados de la Iglesia tras el Concilio de Trento con la potenciación de la misa y la acogida de fieles. También su evolución a lo largo de los siglos desde su construcción por el arquitecto Pedro de Monteagudo, los variados usos del conjunto o el ingente material artístico que se guarda entre sus paredes, tienen el necesario reconocimiento.
Pero junto a esos apartados las iglesias parroquiales trascienden de esas situaciones para implicarse en la vida de todos nosotros. Marco de bautizos, comuniones, confirmaciones, bodas o funerales una iglesia en diferentes ocasiones a lo largo de nuestras vidas es mucho más que una arquitectura o una historia secular, formando parte fundamental de nuestro recorrido por este mundo. De ahí que, con indiferencia de los valores religiosos que maneje cada uno, las iglesias poseen un valor sentimental innegable. Por eso, cuando uno recorre y ve todas esas preciosas imágenes recientes realizadas por Miguel Vidal, junto a las de otros fotógrafos que a lo largo de la historia han hecho de San Bartolomé objetivo de sus creaciones, tiene sensaciones que son imposibles de encerrarse dentro de una vitrina. Saber que tus padres se han casado en ese templo, que tus hijas se han bautizado bajo esa impresionante cúpula a la que poca gente honra levantando la cabeza para contemplar su majestuosidad o que durante estos años se encuentran en ella preparando su Primera Comunión, no hace más que afianzar lazos entre ese latir interno de la vida de una ciudad. También se me antoja importante el honrar a quienes en situaciones de gran riesgo dedicaron su máximo empeño a salvar el templo, y ahí, la figura del arquitecto pontevedrés Enrique Barreiro no debe ser olvidada, como no lo es en la exposición ni en el catálogo creado a tal efecto, destacando su labor para salvar el templo del peligro de derrumbe por un problema ya detectado desde sus primeros años de vida, como es su delicada cimentación, próxima al cauce del Lérez. Esa labor que durante dos años, entre 1976 y 1978, supuso la restauración integral del templo, y el realce de su cimentación, fue imprescindible para llegar a esta celebración y quizás para repetirla dentro de otros 300 años.
Para ese siglo serán otros muchos los protagonistas, los que sentirán como su vida ha estado estrechamente vinculada a un edificio religioso pero que es mucho más que eso, es parte de una ciudad, de su ciudad. Ustedes tienen ahora la ocasión de ver muchas de las riquezas de la iglesia de San Bartolomé, los profesionales ponen ante su vista lo que le confiere importancia como centro artístico y cultural, pero seguro que cada uno de ustedes tiene un granito de arena que aportar a esos 300 años del templo parroquial de San Bartolomé.

Publicado en Diario de Pontevedra 17/06/2014
Imagen: Cúpula de la iglesia de San Bartolomé. (Rafa Fariña)

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