martes, 24 de junio de 2014

Prensa

“Nunca existieron en el mundo dos opiniones iguales, como dos cabellos o dos granos de cereal. La cualidad más universal es la diversidad”. (Montaigne)


Hace treinta años, Mariano Rajoy, como presidente de la Diputación de Pontevedra, inauguraba en esa sede la ‘Semana de la Información’. Cinco jornadas para calibrar el estado de la prensa, pero también  para pensar y discutir su función y su relación con la sociedad así como los problemas que los profesionales se encontraban para llevar a cabo su trabajo. Tres décadas después Mariano Rajoy es presidente del Gobierno de España y la prensa no hace más que buscar oxígeno para evitar perecer de inanición ante una sociedad en la que parece sentirse incómoda y sin encontrar un camino fundamental para la salud de ésta.
En una de aquellas jornadas se sentaron ante una mesa del Palacio Provincial el director de Diario de Pontevedra, Pedro Antonio Rivas Fontenla; el director de Radio 80, Valentín Carrera; el delegado de Faro de Vigo, Javier Sánchez de Dios; el delegado de La Voz de Galicia, Rafael López Torre y el Jefe de Informativos de Radio Pontevedra, Eugenio Giráldez, y todos ellos bajo la moderación de Rafael Landín Carrasco. Ya ven ustedes qué colección de ‘cráneos privilegiados’, pasado pero también presente del periodismo en nuestra región y de los que todavía seguimos aprendiendo... y por muchos años. Aquellas jornadas se publicitaron a través de una imagen concebida por Manuel Moldes, y que, pintada en las propias escaleras de la Diputación Provincial por encargo de Valentín Carrera, presidente de la Unión de Periodistas de Pontevedra, fue utilizada como reclamo de los diferentes actos que integraban aquella ‘Semana de la Información’ celebrada en los últimos días de junio de 1984. Días en los que la prensa festejaba el ascenso del Pontevedra c.f. a Segunda División B y se daba cuenta del regreso de los restos mortales de Castelao a Galicia.
Esa espectacular pieza, que en aquel momento pasó inadvertida y con escasa repercusión, sigue viva, y todavía hoy nos recibe a la entrada de Diario de Pontevedra, tras su rescate desde los antiguos talleres de la calle Secundino Esperón y su afortunada restauración para lucir ahora en la recepción de este medio. Esa gran columna-árbol llena de referencias culturales y visuales, tal y como gusta de hacer el pintor pontevedrés en sus obras, es un canto visual al papel de la prensa, a su labor de difusión de informaciones y en la que la libertad de prensa y de opinión deberían coronar cualquier iniciativa periodística.
Estos últimos meses nuestro país ha estado repleto de sobresaltos, muchos de ellos para la propia prensa. La sonora salida de Pedro J. Ramírez de la dirección de El Mundo, los temores de los medios ante la irrupción de nuevos partidos políticos que ponen en peligro el cómodo sistema actual, el cambio de portadas en El Jueves o la sucesión del rey, sin apenas roces o valoraciones distintas de lo políticamente correcto con el que se va y con el que llega, han suscitado que la prensa se haya arrinconado en un territorio lleno de dudas y complejos que, como no se atajen rápido, la harán competir con los políticos y su baja valoración entre la ciudadanía.
Se ha acelerado demasiado una uniformidad en los contenidos de las diversas cabeceras con escasas voces discordantes que se han vuelto más evidentes tras los últimos acontecimientos. Y es que el periodismo se ha ido desplazando de calles y redacciones hacia los consejos de administración de las grandes compañías capaces de mover el capital necesario para la supervivencia de las cabeceras en un mundo que cada vez más está dejando de ser el que todos conocimos y en el que el papel parece convertirse, como el cuadro de Moldes, en una visión que nos conduce a un pasado demasiado lejano. El sonido de las cornucopias cada vez atrae a menos lectores, las bocas se muestran más tapadas y la flecha que te conduce a la verdadera información, aquella que te debe hacer dudar para que nos preguntemos y cuestionemos todo lo que sucede a nuestro alrededor, nos dirige a lugares alternativos, como lo puedan ser unas redes sociales en las que parece que es donde se está interpretando la realidad. No sé si con más o menos acierto, pero sí, por lo menos, donde reside esa necesaria cualidad, como escribía Montaigne, para cualquier sociedad, la diversidad. Cuanto más iguales seamos peor comunidad seremos. Opinar diferente y contrastar ideas son las mejores raíces para una sociedad y para su prensa.


Publicado en Diario de Pontevedra 24/06/2014
Fotografía: El pintor Manuel Moldes en la recepcion de Diario de Pontevedra ante la pieza anunciadora de la 'Semana de la Información' (1984). Rafa Fariña

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