lunes, 29 de septiembre de 2014

Los poetas y sus cosas...



Ganadora del Premio Biblioteca Breve de novela que la editorial Seix Barral entrega de manera meritoria cada principio de año, ‘Ávidas pretensiones’ despliega ante nosotros un esperpéntico teatrillo de poetas que, concentrados durante tres jornadas, escenifican muchos de los vicios de los componentes de esa rama literaria. Un texto que derrocha humor y muchas cargas de profundidad, con claves que solo el autor maneja, dirigidas hacia quienes están en permanente estado de evanescencia creativa en busca de una gloria y una brillantez que, en realidad, rara vez se suelen lograr.
En ese convento, en medio de la naturaleza sin más contacto humano que un pequeño pueblo, se despliega un conjunto de relaciones que girarán en torno a la poesía y en el que, a diferencia de sus protagonistas, tan preocupados por la excelencia creativa y el superar a su «colega», al autor en realidad lo que le preocupa es presentar ante nosotros un relato lleno de una sátira que ha abandonado, en demasiados casos, a nuestras letras, también imbuidas en la búsqueda de la excelencia. Fernando Aramburu escapa de esa condición y se inclina por una lectura más desenfadada en la que un lenguaje en permanente estado de gracia logra que se pase de la sonrisa permanente a la carcajada ante las circunstancias que acaecen en ese encierro literario y por las acciones de unos protagonistas que, a buen seguro y pese a su hábil enmascaramiento, tienen nombres y apellidos auténticos. Es parte de la audaz propuesta el ir poniendo verso y jeta a algunos de los protagonistas.
El ardiente poeta, el veterano, el ciego, el que se ve acompañado por una joven mujer, la poeta solitaria, un par de lesbianas... todos ellos forman parte de la novela y de como interactúan entre sí surge una acción en la que el lector se siente como un asistente más a esas jornadas. Diferentes disquisiciones sobre la poesía ponen sobre la mesa mucho de lo que le sucede hoy a la poesía en este país, tan canalla para muchas cosas y en el que los egos tienen un papel nuclear.
Fernando Aramburu compone, por lo tanto, una gran novela que muestra su compromiso con lo literario como un hito más dentro de una carrera llena de galardones. Asomarse a estas páginas, viajar hasta Morilla del Pinar, es formar parte durante unos instantes de ese universo literario que al lector le parece algo mágico, pero que luego, se muestra como un territorio más humano de lo que parece. No está nuestra literatura muy sobrada de novelas que busquen la sonrisa, esa feliz aliada del lector inteligente y que, tal y como se maneja en su interior, también nos parece un recurso de un autor inteligente que, como un trueno, se apropia de toda una concentración de poetas. ¡Ahí es nada!

Publicado en Diario de Pontevedra y El Progreso de Lugo 28/09/2014

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