sábado, 4 de junio de 2016

Fin de fiesta

«En sus jardines azules, y entre los susurros, el champán y las estrellas, los hombres y muchachas iban y venían como mariposas»
[‘El gran Gatsby’. Francis Scott Fitzgerald]

 
Afición del Teucro en un partido de Liga (Rafa Fariña)
Hora de recoger el confeti, de limpiar bien la barra y guardar los bafles. Es el final de la fiesta que, para un equipo como el Teucro, debe suponer todo paso por la máxima categoría del balonmano español. Lejos de lamentos, lágrimas de pena y maldiciones malsonantes, las condiciones en las que se encuentra ahora mismo la Sociedad Deportiva Teucro nos obliga a valorar cada logro que se consigue y, ante las adversidades, actuar con cabeza y primar, por encima de todo, una supervivencia que te conducirá, sin duda alguna, a vivir tiempos mejores.
Cierto que la temporada arrancó como un tiro, que este equipo, como siempre en perfecto orden de revista desde el primer minuto de la liga gracias a la mano de Toño Puga, nos hizo pensar que tras un conjunto modesto y con poca profundidad de plantilla, podía esconderse el milagro de la salvación y en ciertos momentos de euforia pensar incluso en llegar más arriba. Pero la realidad es la que es y la pelotita y las posibilidades de los equipos que te rodean te colocan en un lugar del que nadie dentro del club perdió, afortunadamente, la dimensión de lo que sucedía. Reforzar la plantilla, como hicieron otros equipos, se volvía misión imposible, a costa de hipotecas que serían insalvables a corto plazo, así que solo quedaba confiar y dejar parte del destino deportivo en ese ingrediente al que solo se abocan los desesperados: la suerte. Y ésta falló en momentos claves de una segunda vuelta horrorosa, ante la que es imposible poner alguna excusa. Los partidos en casa ante Puente Genil (20-21), Go Fit (30-30) y Benidorm (28-29) demostraron que esta vuelta no sería como la primera, que tocaba sufrir y mucho. Pero más allá de los resultados evidenciaron un tope deportivo tras el cual la salvación se convertía en una quimera. De todas maneras la entrega y la lucha en cada partido dejaron patente las condiciones de un equipo forjado para el salto de categoría que se logró el pasado año, pero que para ASOBAL, incluso para esta ASOBAL empequeñecida en relación a hace unos años, no iba a ser suficiente.
David se enfrentaba cada fin de semana a un Goliat distinto y pese a ese esfuerzo individual y colectivo, era imposible asestar un golpe que doblegase al gigante y permitir así al equipo tomar aire para cuando el calendario volviese a las fechas de la ilusión. Pero a esas alturas la música había dejado de sonar, las chicas no eran tan bellas y el champán ya estaba caliente. La fiesta iba tocando a su fin y la melancolía se hacía evidente en todos los invitados: directivos, cuerpo técnico, jugadores, aficionados y medios de comunicación.
Hoy es el momento de recordar lo que nos ha dejado esta temporada, hacer memoria de lo bueno y lo malo y sobre todo de saborear el regusto de sentirse parte de la élite del balonmano. A expensas de los líos económicos que durante las próximas semanas nos meterán pajaritos en la cabeza sobre posibles bajas, lo cierto es que hoy se acaba el paso del Teucro por esta fiesta del balonmano. El año que viene tocará hacer campaña en una categoría durísima y llena de sinsabores que solo tiene una alegría a lo largo de todo el año: el ascenso. Aplaudan a este equipo (yo no podré hacerlo, esfuércense por mí) y despidan a sus jugadores como se merecen con una batería de ovaciones. Varios han anunciado esta semana su marcha del club, a todos ellos, gracias. Imposible negarles un futuro mejor. Se irán pero, como les ha pasado a otros muchos, nunca olvidarán lo que ha significado pasar por el Teucro y vivir en esta ciudad.
El año que viene, a estas mismas alturas del curso, volverá la música a sonar y Quique Domínguez, cuya renovación en medio de la desolación fue una de las pocas buenas noticias de la temporada, volverá a coger el micrófono en la plaza del Teucro para brindar por un nuevo ascenso, para demostrar así que esta liga necesita al balonmano pontevedrés para ser mejor categoría y que el Teucro ha hecho, esta vez sí, el papel que le corresponde. Y que no es más que el del equipo favorito para regresar al hábitat de los mejores. Allí estaremos para verlo y  para brindar por el inicio de una nueva fiesta que tampoco sabremos cuánto durará, pero que nos volverá a hacer felices porque estar entre los mejores siempre es la mejor música para bailar.




Publicado en Diario de Pontevedra 4/06/2016

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