venres, 21 de outubro de 2016

Los profetas de Pontevedra


Rue Saint-Antoine nº 107
Escultura. El ‘Maestro Mateo en el Museo del Prado’ se convertirá, a partir del 29 de noviembre, en todo un hito expositivo.  Desde Madrid se redimensionará así la importancia del arte gallego que no se entendería sin la huella de uno de los grandes genios de la escultura. Dos de sus piezas, presentes en la exposición, duermen en nuestro Museo.
Enoc y Elías en el taller de Restauración
del Museo de Pontevedra (Gonzalo García)

Enoc y Elías son un singular caso bíblico. Ambos, profetas, no murieron, y sin embargo fueron ascendidos a los cielos en un suceso único en todas las Escrituras. Esa inmortalidad se ha visto renovada cuando el Maestro Mateo y su círculo de artistas decidieron incorporar sus presencias pétreas al Pórtico de la Gloria compostelano. Hablamos de una fecha entre 1188 y 1211, y de un estilo, el Románico, que prendió en Galicia con una fuerza inusitada, en buena medida por los ecos de la presencia jacobea y como no, por el trabajo de un taller artístico sin parangón en su entorno, capaz de singularizar el Románico gallego en virtud de la mano de un creador, no exento de dudas y misterios, conocido como Maestro Mateo. Los siglos y los requiebros de la historia han hecho que ambos profetas prolonguen su inmortalidad bajo los techos del Museo de Pontevedra, un Museo que tiene todo preparado para su salida hacia El Prado como parte de una exposición impulsada por la Real Academia Galega de Belas Artes y que será la primera que desde el prestigioso centro artístico madrileño se dedique a un artista gallego.
En esa muestra los profetas de Pontevedra estarán acompañados por otras piezas procedentes del Pórtico de la Gloria que, o bien forman parte del Museo catedralicio, o están depositadas en manos de particulares o instituciones. Así los Reyes David y Salomón, Abraham/Jeremías, Isaac/Ezequiel, una hipotética reconstrucción del rosetón de la fachada o varias dovelas con el castigo de la lujuria, serán las grandes protagonistas de la muestra junto con piezas del Coro Pétreo de la Catedral, como un San Mateo o los caballos del cortejo de los Reyes Magos. La exposición se completará con documentación acerca del Maestro Mateo, como el original que, firmado por Fernando II, le concedía una renta vitalicia al responsable de las obras en el templo jacobeo.
Pero nuestros dos ilustres vecinos son suficiente motivo como para centrarnos solo en ellos. Con detenernos unos minutos ante su imponente presencia ya podemos calibrar su importancia y su calidad formal. El trabajo de los pliegues de los ropajes da cuenta de la destreza del artista, y emparentan estas piezas con otras tan famosas como el David de Platerías. Otro rasgo de modernidad en relación a su tiempo, y por lo tanto de genialidad en su tratamiento, es la humanización de la figura. Esa mano acariciándose la barba deja atrás a muchas de las hieráticas figuras del Románico. Aquí se concede vida a las esculturas y el granito vuelve a sonreír, como lo hace en el que fue su compañero de ubicación, el burlón Daniel.
Orgulloso de poder contar con estas piezas, uno de los incontables tesoros que se guardan en el Museo de Pontevedra, su director, Carlos Valle, ubica las piezas en su emplazamiento original: «Estaban situadas en las jambas que flanqueaban la puerta central de acceso al Pórtico. Un Pórtico de la Gloria que era abierto desde su construcción, hasta que a partir de 1520 se cierra para controlar el acceso y buscar protección de la meteorología». Especialista en Arte Románico, Carlos Valle también acota el itinerario temporal de las piezas hasta llegar al Museo: «Tras ser retiradas no se tienen noticias de ellas hasta la Exposición Regional Gallega de 1909. Llegan de la mano de López Ferreiro, comisario de la sección artística, procedentes del Pazo de los Condes de Ximonde, en donde debían estar desde finales del siglo XVIII, cuando se asientan allí los condes y dentro de ese interés ilustrado por las piezas del pasado. En los años veinte están en el Museo de la Catedral y se recuperan por sus propietarios que, a principios de los cincuenta, las ponen en venta. Tasadas en 250.000 pesetas el Estado decide adquirirlas pero cede sus derechos, por interés lógico dada su proximidad, al Museo de Pontevedra, quien se subroga en ese compromiso y acaba adquiriéndolas en 1956, cuando entran en el Museo». 
Restauradas hace tres años en los propios talleres del Museo a cargo de Óscar Taboada para ser ubicadas en la colección permanente, esperan pacientes, desde ese cielo suyo de gloria y eternidad, su inminente marcha a Madrid para mostrarse en todo su esplendor en una exposición que Carlos Valle califica de «muy importante por la difícil reunión de esas piezas dispersas y por permitir reflexionar  sobre lo que es hoy el Pórtico. Completará, además, la espléndida labor de recuperación de ese entorno por la Fundación Barrié de la Maza y servirá para que en Madrid y desde Madrid, estamos hablando de El Prado, se aproximen a este tesoro de nuestro paisaje cultural».




Publicado en Diario de Pontevedra 17/10/2016

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