domingo, 5 de abril de 2015

Rivas, política en la frontera


A estas horas los editores de nuestra tierra se deberían estar peleando por conseguir publicar bajo su sello las memorias políticas de José Rivas Fontán que está escribiendo Adrián Rodríguez. Pocos políticos actualmente pueden acumular un bagaje tal de experiencias, contactos y relatos sobre esa parte inherente a nuestras vidas que este hombre clave en la política local, enmarcándose todas ellas en unos años cruciales para la democracia y lo que somos hoy.
El pasado martes, dentro del ciclo de ‘Conversas na UVI’, organizado entre la Vicerrectoría del Campus de Pontevedra de la Universidad de Vigo y Diario de Pontevedra, tanto José Rivas Fontán como Adrián Rodríguez nos regalaron una hora y media deliciosa, tras la que a los que allí estábamos al acabar nos daban ganas de echarnos a una librería y pedir el libro para devorarlo en esta Semana Santa. Hablamos de un trabajo que se adivina como imprescindible para descubrir al que fuera tres veces alcalde de Pontevedra, entre 1979 y 1991, así como su paisaje político en un tiempo de asonadas y pactos, de perfiles políticos de heterogéneos pelajes, casi todos con una importante formación académica y gran talla intelectual, y con una misión común, la de convertir la democracia en aquello que Adolfo Suárez definía como «el pasar de una democracia partidaria a una democracia ciudadana». Y es que si algo denunció sobre la política de hoy el exalcalde durante su conversación es el peso de la maquinaria de los partidos sobre las personas, utilizando a sus candidatos y cargos para gobernar más en beneficio de los partidos que en defensa del ciudadano.
Libre de ataduras políticas y alentado por la confianza adquirida durante horas y horas de conversaciones privadas con Adrián Rodríguez, el político de Xeve, aquel maestro que a finales del franquismo se fue a Francia a manifestarse por la enseñanza y que llegó a la alcaldía para sorpresa de muchos, se muestra como un político deambulando por el territorio de la frontera, como ese héroe del Oeste que se mueve en los espacios límite, en los márgenes de la sociedad a la que sirve dejando las huellas de la amargura sobre la tierra. Una situación que le llevó a concurrir a tres comicios locales en tres partidos diferentes, a sentirse como un outsider en busca de su sitio en un lugar en el que los sitios suelen estar todos marcados, como las cartas de póquer de los tahúres. Si nos detenemos un momento a cavilar viendo la imagen que de Adolfo Suárez y Rivas Fontán enmarcó aquel acto, parece brotar la sensación de ser dos hombres en una misma dirección, con sus ideales por encima de tantas cosas y con el ejercicio de la función pública como única guía. Alejándonos de los panegíricos gratuitos es real el uso que hacemos de nuestros políticos con el paso del tiempo, enjaulándolos en la celda de la ingratitud, encerrados como pajarillos en unas jaulas venteadas por la brisa del olvido de lo que han hecho en beneficio de la comunidad. Si el ejemplo de Suárez es más que evidente, también la política local tritura a los que fueron sus máximos representantes, no solo José Rivas Fontán, sino que también habría que hablar, ya con el devenir del tiempo como lupa, de los legados de alcaldes como Francisco Javier Cobián Salgado o Juan Luis Pedrosa. Todos ellos parte de nuestra historia y cada uno con sus indiscutibles méritos en busca del bien común, pero a los que las miserias partidistas, no solo de sus contrarios, sino también de sus propias organizaciones (solo hay que recordar aquello de Pío Cabanillas del «cuerpo a tierra que vienen los nuestros») han ido consumiendo lentamente hasta ser un puñado de arena en el desierto.
Si escuchar a José Rivas Fontán a los que allí estábamos nos animó a interesarnos por aquel tiempo, muchos también descubrimos a un político del que solo por medio de nuestros padres sabíamos de su figura, y si algo comprendimos fue aquella idea contada una y otra vez sobre ese maná que en la política es tan importante y que escasea como el oro en las aguas del Lérez: el carisma. Aquello de saber comunicar, el conquistar a la gente a través de la palabra bien armada y con argumentos interesantes sobre los que dialogar. ¿Cuántos políticos hoy en día carecen de estos pilares de la política? ¿Muchos, verdad?
Poco más de una hora fue suficiente para darnos cuenta de que José Rivas Fontán podía inventarse otras siglas y con su cuarto partido presentarse a unas elecciones locales con dos o tres concejales de salida en el bolsillo. ¡Pero no, candidatos, estén tranquilos! José Rivas Fontán ya no está para esto, él seguirá transitando por el terreno de la frontera, el mismo del Ethan Edwards de 'Centauros del Desierto', enmarcado por las sombras de esa puerta que la sociedad le obliga a atravesar una y otra vez tras haberse servido de él. Y sí, en el libro se hablará de la cocina.


Publicado en Diario de Pontevedra 28/03/2015
Fotografía: José Rivas Fontán en un instante de su conversación con Adrián Rodríguez. (David Freire)

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