jueves, 25 de mayo de 2017

El grito como palabra

Rue Saint-Antoine nº 170
Poesía. La presentación en la tarde de hoy en la Casa das Campás del nuevo poemario de Manuel Pérez Lourido nos cita con una poesía que domestica el grito a través de la palabra. Que pone la caricia sobre una escritura que se adentra en el ser humano para medirlo ante el abismo, pero también para proponer un desfiladero hacia la esperanza.


Leo la poesía de Manuel Pérez Lourido como una especie de paréntesis. Un descanso en medio de la agonía del día a día, de las absurdas noticias que nos asaltan y que consiguen preocuparnos e inquietarnos, tenernos agazapados frente a tantos medios de poder, frente a tantas mediocridades. Políticos incapaces de honrar esa palabra que define su labor desde los tiempos de la Grecia clásica, de seres humanos cada vez más inhumanos y de un planeta que tiende irremisiblemente a la agonía. La poesía de MPL nos dirige a ese espacio de intimidad que surge de la propia intimidad del poeta, de un escritor a tiempo parcial que pasa muchas horas frente a sus alumnos viendo un futuro que sólo en la mirada de esos niños pudiera tener algún sentido. Pero también se adivinan las nubes negras, todo eso que vamos arremolinando unos y otros y que en algún momento será tormenta. Es, por lo tanto, su poesía el rayo que antecede al trueno, ese destello de luz que nos deja paralizados, en este caso frente a un conjunto de poemas que, sin sentido de grupo, sí que se van arrimando unos a otros en una necesidad, la de hacer de esa intimidad del autor una manera de enfrentarse al mundo, de posicionarse ante él, de irlo alumbrando como aquel hombre que entró en la caverna con una tea en la mano. Luz en la oscuridad. Palabra en el ruido. 
Cada página que pasamos, cada poemas que leemos, cada línea por la que nos movemos, nos acerca más a nosotros mismos. Es la capacidad de la poesía para exigirle a la realidad, para, no sólo intuirla, sino para intentar comprenderla. Con lo difícil que es. Hace unas páginas MPL le respondía a mi compañera Belén López que él «Sentía la poesía como una terapia», la avezada periodista ya tenía su titular y el poeta la excusa para seguir entendiendo la poesía. Una excusa que le lleva a hacer del verso una especie de pértiga para que la utilicemos como los equilibristas sobre el alambre, una manera de buscar la verticalidad cuando nuestro suelo se tambalea, cuando la inercia de los tiempos nos sitúa una y otra vez ante un abismo que finalmente se ve sustituido por la esperanza. «¿Qué puede hacer un hombre/sino albergar esperanza?». Poco más que apuntar. El hombre como esperanza de sí mismo, el poeta evitando el descalabro, eludiendo la penumbra.
Es la necesidad de la esperanza, a partir de la palabra o del amor. Complementos idóneos en la vida de cada uno de nosotros, asideros desde los que hacernos fuertes. Muros de piedra en los que apoyarnos para contener lo que la vida nos echa encima, poco a poco o de manera abrupta. Y es que ‘Después daré un grito’ (Editorial Discursiva), nombre del poemario, es también un diapasón de toda una vida. Los años que se suman, las canas que asoman ante el espejo, las arrugas que nos hacen aproximarnos a ese mismo espejo a leer en ellas. Lo que no duda en hacer el poeta a riesgo de encontrarse con todo aquello a lo que solemos volverle la vista. Los momentos amargos, las pérdidas, el dolor, la ausencia, la jodida ausencia. Todo eso también es poema, y rima con sonrisa y esperanza, como nuestra existencia. Luces y sombras a empujones día tras día. «Cuando la tibia mano del tiempo/empieza a hacerte sangre en las mejillas/es quizás el momento idóneo/ para recordar cuál es tu patria», escribe MPL, dejando suspendido, entre poema y poema, este rastro que seguir, esa huella sobre la que poner nuestra pie. Es cuando se erige la memoria cuando los blancos del papel envuelven lo escrito, esa memoria irrenunciable que da sentido a lo realmente importante, a aquello que se conserva, a aquello que pensábamos olvidado pero que de repente se acciona como tras activar un resorte impensable. Resorte en forma de piel, de aroma, de sabor, de viaje o, como no, de escritura. Una depuración neuronal que MPL traslada a sus versos. Desterradas las grandes metáforas, sin sentido la ampulosidad gramatical. Todo va tendiendo a una simplificación que hace trascender la pureza de lo íntimo, aquello que para ser descrito simplemente necesita de un ejercicio de honestidad. Y si algo tiene todo este poemario es honradez, es decir, palabras desde la que intentar trasladar una autonomía personal frente al colectivo, sin pretensiones ni confusiones para agradar a los demás, simplemente para escribir poesía.
En la Casa das Campás a las 20.00 horas MPL presentará el poemario y junto a él un buen amigo y creador, Mario Iglesias, que también ha participado de la confección del libro con el diseño de la portada y una serie de ilustraciones que salpican los versos. Pequeños apuntes que sintetizan estos versos que se convierten en el previo al grito, en la palabra a punto de ser altavoz de un hombre que en una habitación numerada quiso medirse con la vida. Verso a verso. Palabra a palabra. Grito a grito.



Publicado en Diario de Pontevedra 15/05/2017


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