domingo, 17 de febrero de 2013

Cadáveres


Mientras a Ramón Gómez de la Serna todavía le quedaba lejos lo de irse al Retiro a cacarear como una gallina o vendernos sus monóculos sin cristales, Perfecto Feijóo paseaba el cadáver de su loro por las calles de Pontevedra adelantándose otros tantos años a los cadáveres exquisitos de aquellos surrealistas que hicieron entrar a París en una erupción de modernidad y transgresión artística que se extendió a la sociedad del momento. Del primero se dice que desde su cripta del Café Pombo insuflaba a sus acólitos los aires vanguardistas procedentes de Europa, y de los hijos de los dadaístas se afirmaba que la provocación y subvertir los convencionalismos eran la base de un discurso tan artístico como vital. Nuestro boticario, con el brillante gesto de dar laureada y popular sepultura a su compañero, lo que hizo fue colocar a este rincón peninsular a la altura de tantos y tantos puntos de  Europa que, durante las décadas iniciales del siglo XX, renovaron un paisaje que amenazaba con volverse demasiado plomizo para el ser humano. Ravachol, entendido de manera común como un simpático emblema del carnaval local, debería ser por fin reivindicado como parte de aquellos istmos, y quizás como una de las primeras experiencias vanguardistas surgidas en España. Una historia que está todavía pendiente de ser escrita.

Publicado en Diario de Pontevedra 16/02/2013
Fotografía: Rafa Fariña

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