domingo, 10 de febrero de 2013

Évole


Évole somos todos. Así nos sentimos cuando presenciamos a ese hombre menudo frente a todos aquellos ante los que nos querríamos colocar en la búsqueda de respuestas a este momento, tan atiborrado de preguntas como carente de contestaciones útiles. Jordi Évole ha vuelto, y lo ha hecho por la puerta grande, hablando de educación, el pilar de cualquier sociedad, ahora talado por la orgullosa y desvergonzada ignorancia de los que rigen los destinos de algo en lo que ni confían ni apuestan por su mejora. Se nos cayó la baba viendo y oyendo a los finlandeses con su educación cien por cien gratuita, con sus beneficios sociales aplicados a quienes deciden ser padres y demás símbolos del verdadero progreso del ser humano. Como se nos cae la baba cada domingo viendo a Jordi Évole con sus camisas de cuadros y sus zapatillas New Balance, un atrezo infinitamente más efectivo que los trajes y corbatas de esos periodistas que establecen una distancia tal con el entrevistado que al final cada uno habla de lo que le parece, pero nunca de lo que le parece al espectador. Con el regreso de Jordi Évole el ciudadano por fin se ve salvado en un ambiente al que cada vez más le cuesta permanecer atento, hastiado por los comportamientos de unos y otros y en donde solo parece que el periodismo, tantas veces fustigado, es capaz de desbrozar la estúpida vegetación.

Publicado en Diario de Pontevedra. 9/02/2013

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