sábado, 9 de noviembre de 2013

¡Pudimos!

 
 
Caían los minutos de manera vertiginosa cuando, tras dominar el Teucro el marcador durante gran parte del segundo tiempo, el Cuatro Rayas Valladolid abría una brecha de tres goles que parecía definitiva. En ese momento Pillo esbozaba una sonrisa, zorro como es, intuyendo que el partido iba a permanecer vivo hasta el último segundo; Puga calibraba el fondo físico de los jugadores ante el brutal desgaste ante el que estaban siendo sometidos; Javier Barrios dinamitaba sus cuerdas vocales exigiendo intensidad y cabeciña (¡qué importante es ésta en el deporte!, bueno y en todo en general); varios directivos del club abandonaban sus asientos, incapaces de contener sus emociones, y el público, ¡ay! el público, recordaba aquellas noches de blanco satén vividas en el Municipal. Noches de tronío, de batallas contra gigantes a las que las desigualdades presupuestarias volvían siempre desiguales. Pero en esas noches si algo caracterizaba al equipo teucrista-antes de esa calificaciones apocalípticas de héroes o guerreros azules- era la lucha y el empuje desde una afición que en cuanto le tocas las palmas se pone a echar humo y te monta un incendio de grado uno. Ahora venimos de atravesar un desierto, un prolongado arenal que en ocasiones debe sortear arenas movedizas, lodazales de angustiosas cifras económicas que impiden levantar el vuelo de la gloria pero, y esto sería muy aplicable a estos tiempos de crisis, el resurgimiento que se atisba en el club parte de la confianza en gente anónima, amamantada en la propia tierra y en este deporte maravilloso, y cuya solvencia ha quedado más que acreditada con el trabajo y la brega que hay detrás de actuaciones tan fastuosas como la del pasado miércoles.
Los que acudimos, casi como en un mecánico acto de fe desde el descenso de ASOBAL, semana tras semana a ver sus encuentros disfrutamos con un equipo que nunca baja los brazos, consolidándose desde la anterior temporada en la búsqueda de una madurez que este año puede conseguir metas realmente hermosas, y el año que viene Dios dirá, eso sí, a ser posible que diga que no se mueva nadie de esta plantilla. Y es que este equipo es la prueba palpable de lo importante que es la confianza en las personas, y eso, desgraciadamente, la mayoría de las veces surge de los estados de necesidad, de ese caos económico en el que hay que dar lo mejor de uno mismo. No quiero destacar nombres individuales, el trabajo ofrecido ante el Valladolid parte de un grupo, y siempre sería injusto citar a unos sí y a otros no, pero ver jugar y crecer a varios de los integrantes del equipo es todo un orgullo para sus aficionados. Como tampoco quería detenerme demasiado en Javier Barrios, artífice de ese tipo de milagros que, como hicieran antes Modesto Augusto o Pillo (vean el lío que está montando el de San Roque en Cangas, que cualquier día lo sacan a hombros del Gatañal como a José Tomás de Las Ventas del Espíritu Santo), conforman lo que se puede definir como entrenadores estilo McGyver, los que con dos alambres y una pila te ponen un cohete en la luna... y son capaces de hacerlo regresar a la tierra. Todos ellos muchas veces menospreciados por las chequeras y las búsquedas de absurdos glamoures, pues ¡toma glamour! una vez más.
Pocos podrán olvidar lo vivido esta semana, y a buen seguro que pasará a formar parte de ese imaginario colectivo de la entidad. Claro que los tiempos no son los mismos, que este Valladolid viene exprimido por la crisis hasta quedarse en los hollejos de la buena uva de Ribera de Duero que lo sostenía, pero es que el Teucro tampoco es el que era, por lo que ver los carnets de identidad de este equipo, junto con el coraje exhibido, no hace más que llevarte a pensar en un futuro esperanzador. Dejémoslo ahí.
Hoy, mientras esperamos por el mágico sorteo, toca Liga, el fuego real no lo olvidemos, el que de verdad hiere y mata. El lunes sabremos que equipo vendrá a mantener este revival de lo que fuimos, rejuvenecido desde el carácter de una nueva generación que no llegó en el 2010, pero que llega en el 2013. ¡Bienvenida sea!
 
 
Publicado en Diario de Pontevedra 9/11/2013
Fotografía: Javier Cervera-Mercadillo

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