lunes, 18 de noviembre de 2013

Sueño y despertar


"Su talento era tan natural como la huella que deja el polvo en las alas de una mariposa. Hubo un tiempo en que él no se percataba de ello, como tampoco lo hace la mariposa, y no supo cuándo falló. Más tarde se dio cuenta de que las tenía estropeadas, de cómo estaban construidas, y aprendió a pensar, y entonces no pudo volar porque el amor del vuelo había desaparecido y solo era capaz de recordar el tiempo en que echaba a volar sin esfuerzo". Con estas palabras, tan hermosas que uno ha sido incapaz de recortar la cita de Ernest Hemingway, el que fuera uno de los pocos autores admirados por el egocéntrico Scott Fitzgerald criticaba la apertura de sus carnes y el corazón magullado del autor de ‘Suave es la noche’. Hemingway recriminó públicamente que Fitzgerald hubiese publicado esa "sórdida bazofia personal" que constituyeron una serie de relatos escritos para la revista Esquire entre 1934 y 1936 y que ahora, dentro de esa revisión ‘ Fitzgeraliana’ que ha supuesto el estreno de la última versión cinematográfica de ‘El gran Gatsby’, nos trae la bulliciosa Editorial Funambulista en una edición tan manejable como reveladora de lo que supone uno de esos momentos críticos en la vida un genio, de un personaje capaz de tocar el cielo con su escritura y su vida dorada, pero también de descender hasta los infiernos de la mente en base a su propia situación personal.

A través de ‘El hundimiento’ (‘CrackUp’) Scott Fitzgerald nos coloca ante la sucesión de golpes que el autor reconoce en su persona, el declive de ideas y escritura brillante que curiosamente camina a la par de una sociedad norteamericana duramente golpeada por el crack del 29. Nada ni nadie fue ajeno a ello y la personalidad de este tipo de seres se dejan arrastrar dentro de esa postura de divinidad azotada por las tormentas de la sociedad que por un lado casi consideran obligadas sufrir dentro de su proceso de escritura. Lejos iban quedando aquellos años veinte, la relación feliz con Zelda, las alegres temporadas en la Costa Azul, el sentirse el centro de las letras del universo y todo comenzaba a sepultarse en litros de alcohol, noches de insomnio y la pérdida de confianza en su propia actividad como escritor. "Está claro que vivir consiste en hundirse poco a poco. Los golpes que uno va encajando de manera más espectacular, los golpes más inesperados y duros que vienen de fuera, esos que no se olvidan…", así iba calibrando y aceptando el escritor norteamericano lo que sucedía en su vida y, sobre todo, la consideración de que "nunca más seremos quienes éramos". Un corolario final abrumadoramente duro y que dejaba a Fitzgerald sumido en una desesperación y un caos de los que ya no podría desembarazarse. Todas estas sensaciones alcanzan mediante su escritura la constitución de un texto literario de primer orden, sobre todo por esa inmediatez y cercanía que le otorga la primera persona y el saber que quien sufre es uno de los grandes talentos de la historia de la literatura. Sufrimiento convertido en literatura. Y es que cada uno de esos renglones respiran la mejor escritura, evocando toda una vida de subidas y bajadas, sus relaciones con otros autores, con personas en maravillosas cenas, su cercanía a Hollywood, la familia y el despertar a ese sueño. Esta edición se ve completada con un magnífico postfacio firmado por Isabel Lacruz en el que se explica ese proceso humano que llevó al autor a confeccionar cada uno de estos relatos, sumergiéndose en su interior, algo que, gracias a la literatura, ahora podemos tener entre nuestras manos. La editorial Funambulista nos ofrece un regalo en una edición que se puede convertir en una inigualable compañía.


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 17/11/2013

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