miércoles, 6 de noviembre de 2013

Sentimientos en 24 horas


Hay novelas en las que tras leer sus primeras páginas el lector ya se da cuenta de que va a verse envuelto en una historia que se convertirá en imborrable. En ‘Al envejecer, los hombres lloran’ no es que suceda esto con las páginas iniciales sino que tan solo con leer el abrumador primer párrafo ya se define claramente lo que nos vamos a encontrar en su interior. Se convierte así este libro en uno de esos felices descubrimientos que, sin apenas publicidad, caen en tus manos para darte de bruces con una historia cargada de sentimientos que te conduce directamente a la comprensión del ser humano y todo ello enmarcado en un periodo temporal muy concreto, como es la Francia de los años sesenta y planteándola a través de una historia focalizada en un pequeño pueblo rural, pero cuyas ramificaciones, a través de una familia, llegan hasta el conflicto de Argelia.
Pero será en el seno de esa familia en el que se encuentre el epicentro del conflicto a través de las relaciones planteadas entre sus miembros. Diferentes generaciones, sentimientos encontrados y el terrible paso del tiempo marcando desavenencias y nuevas distancias que propician la mentira, el engaño y marcarán el desenlace de la novela. Y todo ello en apenas veinticuatro horas en las que el autor concentra toda la narración dividiendo el relato en diferentes partes del día. A lo largo de esa jornada todo lo que sucede se acrecienta de manera exponencial para mostrarse de manera devastadora a partir de un lenguaje directo y sin distracciones que exprime a cada uno de los protagonistas sin dejar nada oculto. El ser humano expuesto ante unas circunstancias vitales que no por previsibles son menos trascendentes y permiten a su escritor ofrecernos una exhibición de caracteres personales mediante una prosa cautivadora que nos descubre a un escritor desconocido. Jean-Luc Seigle, autor de tres novelas, habiendo recibido ésta que nos ocupa el premio RTL-Lire, que conceden lectores y libreros franceses, una circunstancia que, tras la lectura del libro, no debería extrañar a nadie debido a la calidad del texto y a cómo consigue este autor pellizcar la fibra del lector.
Ese 9 de julio de 1961 se convertirá en un gran día para la familia Chassaing y los habitantes del pequeño pueblo en el que viven, ya que ese día llegará el primer televisor de la comunidad y en él podrán ver las imágenes del hijo mayor de esa familia, destinado a la guerra de Argelia. Un conflicto de carácter internacional, pero al tiempo, en ese microcosmos se estaba viviendo otro conflicto, desapercibido para el resto del mundo, pero con unas consecuencias asoladoras para esa familia.
Los afectos y desafectos entre los miembros de esa familia son el impulso de la narración en la que el autor es capaz de conmovernos, no solo por lo que describe sino también, y quizás en mayor medida, por aquello que podemos desentrañar entre líneas, entre los silencios que, de manera magistral, se van tejiendo entre sus integrantes, traspasando lo que puedan ser las páginas de un libro para convertirse en un relato vívido de una existencia ante la que uno puede sentirse increíblemente cercano. Jean-Luc Seigle pisa con fuerza dentro del mundo editorial con esta novela que a buen seguro le situará en una posición de honor, no solo en el parnaso francés, sino en el del resto del mundo en cuanto comience a darse a conocer y se hable de esas vidas inscritas en un tiempo y un momento de abruptos cambios en todos los niveles de la sociedad. Derivas humanas que, como si del cauce de un gran río se tratase, acaban afectando a los más pequeños afluentes que a él llegan para componer un relato trágico, moderno y abrumadoramente impactante.


Publicado en Revista. Diario de Pontevedra 3/11/2013 y El Progreso de Lugo

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